lunes 29 de noviembre de 2010

Entrevista con Carmen Amoraga, finalista del Premio Planeta 2010


Entrevistar a Carmen Amoraga, recién finalista del Premio Planeta, es como reunirse con una colega en alguna cafetería de cualquier barrio: se pone cómoda en el asiento, se pide una Coca-Cola light y arranca a hablar de sus inquietudes como si nos conociésemos de toda la vida (y lo curioso es que uno realmente tiene la sensación de conocerla de siempre). Su naturalidad, esa que muestra en sus novelas, hace de ella una persona accesible, poco dada a los artificios. Tras ser finalista del Nadal en 2007 con Algo tan parecido al amor, ahora presenta El tiempo mientras tanto, novela con la segunda edición ya en marcha y que gira en torno a diferentes personajes que se replantean si han tenido la vida que ellos querían mientras ven cómo lentamente la joven María José, en coma irreversible por un accidente de coche, se está muriendo.

"Espero que esta novela sirva para que mi hija se plantee las mismas cosas que me he planteado yo con mis padres"


Manel Haro. Barcelona
(Texto y foto) [Publicada en Llegir en cas d'incendi]

Hace unos años dijo que se presentó al Nadal con la esperanza de que alguien leyera su novela, hiciera un buen informe y la pudiera publicar después del premio, pero consiguió ser finalista. Supongo que al Planeta se ha presentado con más seguridad...

Sí, esta vez iba más segura y confiaba en llegar a las diez novelas finalistas, porque ésta es una novela que me gusta mucho. Supongo que escribimos lo que nos gusta leer y si yo no fuera la autora de esta novela, sé que me gustaría, sin ser presuntuosa. De todos modos, no esperaba llegar tan lejos.

¿Sabe si Eduardo Mendoza ya se ha leído su novela
?

Sí y es algo que le preocupaba. Temía que no le gustara mi libro porque nos esperaban unos cuantos días juntos de promoción y le daba un poco de reparo estar tanto tiempo con una escritora cuya novela no le había gustado. Pero la leyó, la gustó y me dejó un mensaje en el contestador, tan largo que agotó el tiempo de grabación y luego tuve que llamarle. La verdad es que se tomó muy en serio lo de instruirme literariamente. Me da muchos consejos y ahora puedo decir que Eduardo Mendoza es mi maestro.

Permítame la curiosidad... ¿cómo es Eduardo Mendoza en persona?


¡Es muy bienpensado! Incluso se le ve inocente, en el buen sentido de la palabra. Desde el primer momento Mendoza me ha mostrado una calidad humana, además de la literaria, que ha sido para mí como un máster de literatura y de vida. Conocía al escritor, pero no a la persona y solamente por cómo se desenvuelve, me ha hecho aprender mucho y, probablemente, sin que él lo sepa.

Decía Mendoza en una entrevista hace poco que el Planeta no se encarga, pero se sugiere. ¿A usted la sugirieron?

No, yo acabé de escribir mi novela cuando quedaba poco para que se cerrara el plazo del premio, así que hablé con mi editorial, Destino, y le pregunté si le importaba que probara con el Planeta y me dijeron que adelante. El plazo acababa el día 15 y yo la mandé el 14, aunque, eso sí, con pseudónimo, no fuese que no ganara (ríe).

En Algo tan parecido al amor, la novela con la que fue finalista del Nadal, los personajes se parecían bastante, pero en este caso cada historia, aun tratando un tema parecido, es muy diferente una de otra.

Sí, es verdad que en mi anterior novela los personajes eran bastante parecidos, pero supongo que era por una cuestión de observación de mi entorno y quizá no me di cuenta de que en la literatura se acusaba. Aunque la observación sea la vida, la literatura no tiene que reflejar necesariamente esa vida. Espero haber aprendido del error... (sonríe).

¿Se siente más implicada personalmente con esta novela que con las otras anteriores?

No, personalmente estaba más implicada con Algo tan parecido al amor, porque en ese momento, a mi alrededor, era rara la relación que no fuese de tres personas, pero emocionalmente estoy más implicada con El tiempo mientras tanto. Esta novela me ha servido para replantearme la relación con mis padres, que era muy buena, pero los he podido ver como personas y no solo como padres, y lo mismo me ha pasado con mi hija: espero que, con este libro, ella pueda verme en el futuro como persona también y se plantee las cosas que yo me planteo ahora.

A fin de cuentas, lo importante en esta novela es la reflexión que cada uno de los personajes hace consigo mismo...


Claro. A través de lo que le pasa a María José, los demás personajes entablan un diálogo con ellos mismos y es cuando se dan cuenta de los errores que han cometido, a los que ellos mismos se han llevado. A partir de ahí es cuando cada uno se dará cuenta de en lo que ha acertado en su vida, en lo que ha fallado o lo que podría haber cambiado.

Tengo entendido que para escribir la novela, entró usted en algún hospital para observar.

Sí, fui para ver lo que ocurría realmente en un hospital y ahí te das cuenta de muchas cosas: por ejemplo, ves a aquellos que han sufrido un accidente y están aprendiendo a vivir de otra manera, pero también ves a los que van allí a morir y se sienten contentos de saber que todavía siguen vivos. Hubo un momento, al marcharme del hospital, en que tenía a un lado la puerta que daba al jardín y al otro la del mortuorio. Ahí reflexioné mucho y en la novela aparece esa situación.

¿No teme que alguien busque semejanzas con Hable con ella, la película de Almodóvar?

Por esa razón he decidido citar directamente la película en la novela, para evitar comparaciones, porque El tiempo mientras tanto no trata sobre una chica en coma, sino en los personajes que están a su alrededor. María José es la excusa. Y, desde luego, no me he inspirado en Hable con ella, pero por si acaso alguien lo pensaba, preferí citar (sonríe).

En
Algo tan parecido al amor sus personajes femeninos utilizaban mucho la expresión "no soy tan hija de puta como para...", pero en El tiempo mientras tanto han pasado a "soy la hija de la gran puta que". No sé si es que al ser el Planeta, había que ir a lo grande...

(Ríe) No, no, la verdad no sé por qué me ha salido así. La expresión esa de "no soy tan hija de puta como para..." la oía mucho hace tiempo en mi barrio, incluso yo misma la decía, cuando estaba en el lado de las amantes. Vaya, que no por estar en ese vértice del triángulo había que serlo...

Tanto en esta novela como en la anterior, hay una contraposición entre diferentes generaciones: por un lado, la de las personas ya mayores que aguantan más los achaques del matrimonio, y por otro la de aquellos que se separan o divorcian más fácilmente...

¡Demasiado fácilmente!

...¿entonces cómo ve el futuro de la generación de su hija?

Me gustaría que hubiese un equilibrio entre la generación de mi madre, que aguantaban lo inaguantable, y la generación mía, donde a la mínima cada uno va por su lado. Supongo que las personas de mi edad creemos en los príncipes azules y parece que cuando el príncipe destiñe un poco, ya lo tenemos que apartar, y no debería ser así. Espero que la generación de mi hija no cometa ese error, yo creo en las segundas oportunidades y creo que de los errores se aprende y nos ayudan a crecer como personas.

¿Por qué todavía se estila eso de poner etiquetas de literatura para mujeres?

Yo me cabreo mucho cuando me dicen eso. Mendoza me dijo que esta novela sólo podría haber sido escrita por una mujer, pero eso no quiere decir que esté escrita solamente para mujeres. ¿O es que un alemán sólo escribe para alemanes? Los encasillamientos no son buenos, pero eso siempre es cosa de los lectores. Son ellos los que nos ponen en un lugar u otro, aunque luego ocurren cosas extrañas, como que en una librería de Alcoi una mujer preguntase que si al comprarse la novela, le regalaban la cafetera de la portada (ríe).

Finalista del Nadal, finalista del Planeta... ¿a por cuál va ahora?

Lo primero es que ahora tengo la responsabilidad conmigo misma de centrarme más en la literatura y de no dejar tanto margen al azar. La carrera de un escritor es a largo plazo y hay que demostrarlo novela a novela, porque aunque éste es mi quinto libro, para muchos lectores va a ser el primero y hay que pensar en ellos también.

Ha llegado usted a la segunda edición de la novela en muy poco tiempo. Algo me dice que dentro de unos años, Carmen Amoraga ganará el Premio Planeta...

Supongo que algún año me volveré a presentar (ríe), aunque esas cosas no se planifican con tanto tiempo. Yo seguiré escribiendo y en función de los plazos, lo pensaré, pero no me lo planteo para la siguiente novela, desde luego.


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jueves 25 de noviembre de 2010

'Sylvia', Leonard Michaels

Sylvia
Leonard Michaels
Editorial Viena
1ª edició, juny del 2010
Traducció de Dolors Udina
Gènere: Novel·la
156 pàgines
ISBN: 9788483306062


Hem hagut d'esperar fins el 2010 per poder llegir en català i castellà alguns dels textos de l'escriptor nordamericà Leonard Michaels (Nova York, 1933 - San Francisco, 2003), nom totalment desconegut al nostre país, però que als Estats Units se l'ha defensat en els darrers anys com una de les grans veus oblidades que cal recuperar. Ara, el segell Lumen publica en castellà Los cuentos, una antologia dels seus relats, mentre que l'editorial Viena posa a disposició dels lectors la traducció al català de Sylvia, una novel·la curta de caire autobiogràfic i d'una qualitat indiscutible.

A Sylvia, Michaels fa una recreació impecable de l'estil de vida que van duur molts joves americans als anys seixanta: drogues, sexe (i alliberament sexual), alcohol, música i fins i tot aquells excessos que van provocar morts massa prematures (com diu l'autor, eren els temps en què "els intel·lectuals francesos defensaven la lleialtat a Stalin i al marquès de Sade", "Ornette Coleman extreia l'essència del jazz" i "l'elegant president, John, F. Kennedy, es tirava actrius de cinema" i "tot era resplendent"). Per fer aquesta recreació, l'autor relata la història d'un jove que es casa amb una noia absolutament inestable amb qui té una relació d'amor-odi difícil de mantenir, però imposible de trencar. Ell és un aspirant a escriptor sense éxit i ella una estudiant convençuda de què el món està en contra d'ella, motiu que fa que aboqui el seu odi contra el seu xicot:
"La Sylvia apareix a la meva habitació.
- No puc suportar més el soroll de la màquina.

- Faré el mínim soroll possible.

- És igual. Existeixes" (Fragment de la novel·la)

Sembla impossible no deixar-se seduir per la prosa de Leonard Michaels i per aquesta història tempestuosa. Sylvia és una novel·la impactant, brillant i una bona manera d'entendre aquell jovent americà que començava a adonar-se de la seva independència i que mirava d'escindir-se d'aquella moral conservadora dels anys cinquanta que no els deixava ser ells mateixos. Queda dit: estem d'enhorabona per les traduccions que ens arriben de Michaels i per la força que transmeten els seus textos. Brutal!

lunes 22 de noviembre de 2010

Marta Pessarrodona posa color a les dones exiliades del 1939


"La por a parlar va fer que no hi hagués novel·la catalana d'exili"

Manel Haro. Barcelona (text i foto ©)

Ni les dones van ser alienes a la Guerra Civil ni l'exili va ser només cosa d'homes. Això últim és el que reivindica l'autora Marta Pessarrodona al seu nou llibre, L'exili violeta (El exilio violeta en castellà) on fa un repàs exhaustiu a les escriptores i artistes catalanes exiliades el 1939, just quan acabava la guerra. Al noms més coneguts, com la dramaturga Margarida Xirgu i les escriptores Mercè Rodoreda i Teresa Pàmies, s'afegeixen altres casos menys referenciats quan es parla de l'exili, com els de la pintora Roser Bru, l'autora Anna Murià o la poeta Clementina Arderiu.

Pessarrodona ha volgut recordar que "la por a parlar va fer que no hi hagués novel·la catalana d'exili" i ha puntualitzat que quan parla d'exili es refereix tant a l'interior com a l'exterior, ja que algunes de les dones citades al llibre també van patir a casa, com va ser el cas de l'escriptora Lola Anglada (autora del conte antifeixista El més petit de tots), que va haver de tancar-se a un pis de Barcelona durant un temps fins que va poder anar a viure a Tiana (Maresme).

L'autora, que el mes de febrer va publicar França 1939: la cultura catalana exiliada (Ara Llibres), recupera així dos dels seus temes predilectes: l'exili i la dona. De fet, alguns dels noms de L'exili violeta (Meteora) ja els va tractar a Donasses (Destino, 2006): Frederica Montseny, Aurora Bertrana, Irene Polo o Rodoreda. "L'exili violeta no és un llibre erudit, sinó més aviat una reflexió que en faig a partir de la informació que he anat acumulant des de què vaig escriure Mercè Rodoreda i el seu temps (Rosa dels Vents, 2005)", ha matisat Pessarrodona. Aquest nou llibre de l'autora ha estat coeditat juntament amb la ONG Dones per la Llibertat i la Democràcia.

Les noves 'donasses' de Marta Pessarrodona





Irene Polo / Mercè Rodoreda / Lola Anglada
Francesca Bonnemaison / Anna Murià / Teresa Pàmies
Maria Teresa Vernet / Margarida Xirgu / Clementina Arderiu


Les edicions del llibre



(Clicka sobre les portades per llegir el primer capítol)

jueves 18 de noviembre de 2010

Nick Hornby recupera el efecto 'fan' en su última novela

El autor esta mañana en Passeig de Gràcia de Barcelona / María Teresa Slanzi ©

"Quería retratar la vida que se esconde detrás del artista y hablar de las parejas que se replantean cuestiones importantes en sus momentos de crisis"



Manel Haro. Barcelona


El Nick Hornby que se pasea estos días por Barcelona parece más un hincha del Arsenal que un escritor de éxito: lleva la cabeza rapada, luce una chaqueta tejana, una sencilla camiseta gris y una incipiente barriga que probablemente se deba a que todavía está digiriendo el entusiasmo de la crítica y del público por su última novela Juliet, desnuda (Anagrama). Hornby es ambas cosas: seguidor de la Premier League y autor, tal como demostró en su relato autobiográfico Fiebre en las gradas (Anagrama), donde reflejaba la relación de los hinchas con el fútbol.

Con Juliet, desnuda (Juliet, Naked en Empúries en catalán) el autor ha vuelto a fijar su punto de mira en el terreno de los fans, pero esta vez se ha centrado en la música. En la novela, Tucker Crowe, un cantante que desapareció sin dejar rastro hace años reaparece, de repente, tras descubrir que, por muy acabado que creyese estar, en Internet todavía hay muchos admiradores que siguen preguntándose sobre su paradero y sobre sus discos. La reaparición de este cantante hará que la monótona relación entre Annie y Duncan se vea sacudida, lo que aprovechará ella para plantearse determinadas cuestiones sobre su pareja, un auténtico fan de Crowe.

"Lo que pretendía con esta novela era retratar a un artista que tuviera muchos fans, pero la parte que me interesaba era la vida normal, la de la persona corriente con problemas que hay detrás del artista", explicó Hornby, que añadió con ironía que el cantante que él ha imaginado, Tucker Crowe, está más cerca de Bob Dylan que de Bruce Springsteen, porque el primero es demasiado "oblicuo" y el segundo muy directo, por lo que "los fans necesitan rastrear en la vida de Dylan para saber más de él e incluso para entender sus canciones".

La otra línea argumental de la novela que quiso destacar el autor es la de una pareja que durante años vive anclada en su rutina, "yendo al trabajo y viendo la televisión hasta que descubren que llega un momento en que hay que replantearse algunas cosas como la de tener un hijo, y además se preguntan si esas dudas no tendrían que haber surgido mucho antes". De ese modo, "me interesaba hablar de un tipo de relación que viven muchos matrimonios, a pesar de que muchos periodistas y lectores me pregunten por qué me centro en este tipo de personajes; ¡cómo si mis protagonistas fuesen los únicos que viven momentos de crisis!", quiso puntualizar Hornby.

Lone Scherfig, la directora de An Education (cuyo guión, nominado al Oscar en 2009, era del propio Hornby), ha adquirido los derechos de Juliet, desnuda para adaptarla al cine, aunque como avisa el autor británico, "siempre se han comprado los derechos de todas mis novelas, pero pocas veces se ha acabado haciendo la película". Esta vez, en cambio, parece que el proyecto va camino de hacerse realidad.

Lee la reseña de Llegir en cas d'incendi


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miércoles 17 de noviembre de 2010

'La tumba del tejedor', Seumas O'Kelly

La tumba del tejedor
Seumas O'Kelly
Sajalín Editores
1ª edición, 2010
Trad. de Celia Filipetto

Género: Novela corta / Relato largo
77 páginas
ISBN: 9788493805104

Poco tiempo le dieron al irlandés Seumas O’Kelly para escribir un puñado de obras célebres como La tumba del tejedor; en 1918, cuando contaba 38 años de edad, fue asesinado en la redacción del diario Nationality, donde trabajaba, a manos de un grupo de soldados británicos que entraron por la fuerza. El legado de O’Kelly, viejo compañero de clase de James Joyce, no superó las dos novelas, unas cuantas obras de teatro y unos pocos libros de relatos. La tumba del tejedor (Sajalín Editores, 2010) es la primera de esas obras que vemos traducidas al español.

En esta breve novela, el absurdo acompaña a una viuda que no sabe dónde tiene que enterrar a su marido, el último tejedor de su estirpe. Dos ancianos del pueblo, un picapedrero y un fabricante de clavos, guían a la mujer y a los sepultureros por el laberíntico cementerio de Cloon na Morav para indicarles exactamente dónde se encuentra la tumba familiar del tejedor. Pero los ancianos ya no tienen tanta memoria y ninguno de ellos sabe a ciencia cierta dónde está ese punto concreto; sin embargo, el orgullo de volverse a ver útiles y la necesidad que tiene cada uno de ellos de ser la persona que haya dado con la tumba del difunto hace que entre ambos se creen grotescas disputas frente a los ojos de la afligida viuda y de los desesperados sepultureros.

Leyendo La tumba del tejedor es fácil acordarse de alguna obra dramática de Samuel Beckett, como Fin de partida, ya que el tono, la ironía y, sobre todo, el absurdo, son el leitmotiv de este relato. De hecho, la propia contraportada del libro ya apunta al “humor negro y metafísico” de Beckett y Flann O’Brien. Esta obra es precisamente eso: una reflexión mordaz sobre los efectos de la soledad y la senectud, sobre el delirio y el desvarío, pero sobre todo es una mirada tierna y absorbente sobre la necesidad que tenemos los seres humanos de no dejar nunca de ser útiles. Les recomiendo que se detengan una tarde a leer La tumba del tejedor: es una maravilla.

martes 16 de noviembre de 2010

'El rey siempre está por encima del pueblo', Daniel Alarcón

El rey siempre está por encima del pueblo
Daniel Alarcón
Editorial Alfaguara
1ª edición, octubre de 2010
Traducción de Jorge Cornejo
Género: Relatos
175 páginas
ISBN: 9788420406121


Pocas veces ocurre que un libro de relatos me deje completamente satisfecho de principio a fin sin que ninguno de los textos flaquee. Por norma general (hablo de mi experiencia lectora) en este tipo de libros me suelo encontrar el trigo y la paja sin separar: relatos brillantes al lado de otros que no se sostienen. Todo es cuestión de gustos, cierto, pero a veces la calidad de los textos es tan desequilibrada que desde hace tiempo, los libros de relatos y yo vamos por separado.

Dicho esto (como una confesión personal y no como una generalización), hoy debo reconocer que El rey siempre está por encima del pueblo es impresionante de principo a fin. Sin fisuras. Como si fuese una geografía de la frustración habitada por personajes que son conscientes de que se ahogan en su adusta cotidianeidad, el peruano Daniel Alarcón nos brinda un libro lleno de imágenes tremendas y profundamente significativas: en una de ellas, quizá la más efectiva, un joven latinoamericano que se ha ido a la ciudad a buscar un futuro mejor entra a trabajar en una tienda donde venden postales; en una de ellas puede leerse "el rey siempre está por encima del pueblo" y la imagen es la de un dictador al que han ahorcado mientras los ciudadanos, el pueblo, observan el cuerpo desde abajo.

Lo inteligente de esas imágenes no es que sean descripciones metódicas y el autor las convierta en los artefactos del libro, sino que aparecen con la misma naturalidad que le da a una chica que se masturba con un vibrador en un coche mientras su novio es consciente de que la ha perdido, lo cual demuestra que lo que pretende Alarcón es simplemente hablar de personas condenadas por sus propias vidas: en uno de los relatos, un niño espera en la entrada de un juzgado mientras juega con un teléfono móvil hasta poner nerviosa a su madre; en otro, un hombre se adentra en la vida de su padre, internado en un psiquiátrico, y la de sus tíos después de que estos hayan fallecido al caer por un puente en el que se había estrellado un vehículo; otro narra el intento de un joven actor de llegar a lo más alto mientras poco a poco sus ilusiones se van yendo a pique; y en el más irónico, el presidente de Estados Unidos moviliza a todo su equipo para que le encuentren la pierna que le acaban de amputar y que los revolucionarios le han robado y la pasean como un trofeo. Todos ellos conforman un mundo que, no sólo atrapa a los personajes, sino que agarra al lector desde el primer momento.

Los relatos que integran El rey siempre está por encima del pueblo, todos ellos excelentemente resueltos y luciendo una narrativa impecable, fueron publicados en inglés en diferentes medios como Esquire o The New Yorker. Alarcón (1977), aunque nacido en Lima, vive desde su infancia en Estados Unidos y fue nombrado uno de los mejores novelistas estadounidenses por Granta, la revista de referencia que destaca los nuevos talentos literarios. No hace falta ser un as para darse cuenta de que este autor promete. Al menos este libro así lo demuestra.

lunes 15 de noviembre de 2010

'El verdugo', Luis García Berlanga


Reconozco que de Luis García Berlanga, recién fallecido director de cine español, solamente he visto El verdugo. Protagonizada por Nino Manfredi, el filme relata cómo José Luis, un enterrador, se ve en la necesidad de convertirse en verdugo del Estado para acceder a una vivienda. Cuando él cree que nadie va a llamarle para requerir sus servicios, recibe un mensaje para que vaya a Mallorca a ejecutar a un preso mediante garrote vil. José Luis no quiere, pero su suegro, verdugo recién jubilado, le impulsa a que cumpla con su deber. A pesar de sus reticencias iniciales, accede a emprender ese viaje con la esperanza de que llegue el indulto y no tener que ejecutar al condenado.

La gran escena de El verdugo es, casi llegando al final, cuando aparecen en una sala blanca el condenado conducido por la Guardia Civil hacia el garrote vil y detrás el verdugo agarrado por funcionarios de la prisión. Ninguno de los dos quiere llegar al patio, uno porque va a morir y el otro porque va a matar. Esta escena es la que resume a la perfección la esencia de la película y es la primera en la que pensó Luis García Berlanga cuando un abogado le relató cómo había presenciado en una misma estancia el sufrimiento de una mujer a la que iban a matar y la angustia del verdugo que la iba a ejecutar.

La película es tremenda por varias razones. En primer lugar porque, a pesar de carecer de la perspectiva necesaria, refleja como nadie la sociedad española de los años 60. Amadeo (Pepe Isbert), el suegro de José Luis, representa a un hombre conservador, de poca cultura, de esos hombres de pueblo que iban con boina a todos lados. José Luis cumple con el perfil de hombre que renuncia a sus sueños por tal de guardar las apariencias. Él quiere marcharse a Alemania a trabajar, pero en un encuentro con la hija de Amadeo, la deja embarazada y se ve obligado a casarse con ella para satisfacer al suegro, que está demasiado preocupado por lo que pensarán los vecinos. De querer marcharse, José Luis acaba aceptando la boda e incluso la profesión que le impone Amadeo. Y Carmen (Emma Penella) es la típica española también de poca cultura cuya única preocupación es su familia: tener un piso en condiciones, cuidar de su hijo y que su marido traiga dinero a casa. La película refleja también de forma magistral la hipocresía de la sociedad española de entonces: aceptan la pena capital, pero que la ejecuten los demás. Los guionistas (entre ellos, Rafael Azcona) y el director supieron captar esa curiosa doble moral.

En segundo lugar, El verdugo es una dura crítica a la pena de muerte, aunque enfocado bajo un tono de humor negro. No hay que olvidar que esta película es de 1963, en plena dictadura franquista y cuando todavía se producían ejecuciones. García Berlanga supo darle el enfoque adecuado para mostrar cómo unos personajes ven en la pena de muerte algo normal y otros (el protagonista) algo abominable. El mensaje estaba claro: no nos gusta la pena de muerte, pero no nos queda más remedio que asumirla.

domingo 14 de noviembre de 2010

'L'illa / La isla', Giani Stuparich

L'illa / La isla
Giani Stuparich
Editorial Minúscula
1ª edició en català, 2010
1ª edició en castellà, 2008
Gènere: Novel·la curta
112 pàg. / 118 pàg.
ISBN: 9788495587602 (cat.)
ISBN: 9788495587398 (cast.)


Diu Claudio Magris a l’epíleg d’aquest llibre que L’illa és, probablement, l’obra més important de l’escriptor italià Giani Stuparich (Trieste, 1891 – Roma, 1961). En aquesta breu novel·la, de poc més de cent pàgines, un vell mariner demana al seu fill, que viu a les muntanyes, que l’acompanyi uns dies a l’illa on va néixer. El seu fill accedeix ja que el pare pateix un càncer i no li queda gaire de vida. Els dos compartiran uns dies on el mariner intenta transmetre al fill tot el que significa haver sigut de l’illa mentre aquest intenta que tot sigui el més natural possible per a què el pare no sospiti res de la malaltia que pateix i, de pas, que no tingui la sensació que aquella serà l’última vegada que trepitgi l’illa.

Aquest és un relat que llueix més pel que suggereix l’autor que pel que diu el narrador, ja que en aquests pocs dies de convivència entre pare i fill, en realitat, no passa res; en canvi, passa tot. La infància del vell mariner és a cada racó de l’illa, el lloc que deixarà en breu, mentre el fill fa una pressa de contacte amb les seves arrels on no acabarà de trobar-se del tot còmode. La vida del pare és en les petites coses que ja no utilitzarà, com els hams de pescar; tots els anys que ha viscut es condensen en aquells dies mentre que per al fill només seran uns dies de dur tràmit abans de la inevitable tragèdia.

L’illa té l’essència d’El vell i el mar d’Ernest Hemingway, tant per la història com per la forma, ja que Stuparich aplica la teoria de l’iceberg de Hemingway: que el relat només mostri la punta del bloc de gel; la resta s’ha d’imaginar i és la part més important de tot. Això és precisament aquesta breu novel·la: els lectors som com espectadors del que veuen els nostre ulls, però els sentiments, el que realment senten pare i fill, ja no és cosa del narrador, sinó que ho hem d’imaginar i, com els icebergs, és la part fonamental del relat.

viernes 12 de noviembre de 2010

Descàrrega del programa 'Llegir en cas d'incendi' d'ahir

Ja podeu tornar a escoltar el programa d'ahir, dijous, de Llegir en cas d'incendi. Vam entrevistar Andrés Barba, per la seva novel·la Agosto, octubre (Anagrama, 2010) i vam parlar dels premis literaris que havíem llegit: el finalista del Planeta (El tiempo mientras tanto, de Carmen Amoraga), el Ciudad de Torrevieja (Tan cerca del aire, de Gustavo Martín Garzo), l'Ateneo de Sevilla (Mitología de Nueva York, de Vanessa Montfort) i l'Ateneo Joven (Dicen que estás muerta, de María Zaragoza). També van ressenyar el llibre Marcos Montes de David Monteagudo (Acantilado i Quaderns Crema).


jueves 11 de noviembre de 2010

'Marcos Montes', David Monteagudo

Marcos Montes
David Monteagudo
Editorial Acantilado / Quaderns Crema
1ª edición, octubre de 2010
Trad. al catalán de Jordi Nopca
Género: Novela
120 páginas
ISBN: 9788492649662 (cast.)
ISBN: 9788477274926
(cat.)

Una vez que David Monteagudo ha digerido el éxito de su primera novela publicada, Fin (Acantilado, 2009), y ahora que acaba de salir la segunda, Marcos Montes, nos toca a los lectores valorar si este autor promete tanto como parecía o bien si el fenómeno Fin era un prematuro espejismo de algo que podría empezar a deshincharse con esta segunda novela. Sin embargo, hay algo que a priori juega en contra de David Monteagudo y es que lo que ahora acaba de publicar Acantilado no es la siguiente novela que ha escrito, después de Fin, sino que es una de esas obras que ya tenía acabadas y guardadas en su cajón antes de aquel primer éxito. Si a esto añadimos que la editorial ha vendido que lo que el autor tiene en ese cajón es una producción literaria de las que dejan sin aliento, la cosa entonces se pone seria por aquello de las expectativas generadas.

Marcos Montes
no tiene nada que ver con Fin. No, al menos, argumentalmente, aunque sí tiene una esencia tremendista y existencial que unen ambas novelas. En Marcos Montes el autor se centra en un derrumbe que tiene lugar en una mina donde quedan atrapados varios trabajadores. La novela, que tiene poco más de cien páginas, relata lo que Marcos Montes siente en todo momento, desde la soledad (y, en cierto modo, invisibilidad) en la que necesita cobijarse hasta su visión de la sociedad que le rodea.

No se trata de una novela profunda con aspiraciones metafísicas, sino más bien parece un relato largo que Monteagudo escribió para probarse a sí mismo y una vez había visto unas cuantas películas de terror e intriga, y cuyo único giro argumental (ya en el desenlace) remite, inevitablemente, a todas ellas. La historia, por lo tanto, no resulta original, sino que más bien se sustenta en un recurso narrativo demasiadas veces tocado en el cine (y últimamente en series de televisión) que hace que el lector pueda prever fácilmente cómo va a acabar la novela.

Pero además hay situaciones que chirrían en Marcos Montes: en ocasiones, parece que nos dejamos llevar por un relato juvenil con una mezcla de reflexión solemne que no acaba de funcionar y el ritmo, para ser en realidad un relato largo, tropieza demasiadas veces con diálogos que se alargan de forma innecesaria que hacen que el desarrollo vaya perdiendo fuerza progresivamente. Ésta no es, por tanto, la obra de un autor que ha madurado tras el éxito de una primera novela, sino que es una pieza de esas que se escriben "antes de" y que si no se publicase bajo el auspicio de los más de 30.000 ejemplares vendidos de Fin, probablemente pasaría completamente desapercibida. Dicho de otro modo, David Monteagudo no sería el mismo si en lugar de Fin hubiese arrancado con Marcos Montes (empezando porque quizá la exigente editorial Acantilado no la hubiese publicado). Habrá que estar atentos a la tercera novela de este autor, pero quizá debería reflexionar si lo que tiene en el cajón (esa supuesta mina de oro literaria) lo va a publicar el escritor o el fenómeno editorial. A veces el producto puede devorar al creador.

LA OTRA NOVELA



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Entrevista con Ricardo Menéndez Salmón, autor de 'La luz es más antigua que el amor'


Ricardo Menéndez Salmón ha vuelto a la carga con La luz es más antigua que el amor (Seix Barral, 2010), una novela que reflexiona sobre la belleza y la condena que conlleva el talento. Después de su trilogía del terror (La ofensa, Derrumbe y El corrector), el autor gijonés ha querido dar un pequeño cambio a su obra, aunque sin olvidar que, como dice él nada más empezar la entrevista, la belleza siempre ha estado presente en sus libros como oposición al terror.

"Esta novela me ha regalado la felicidad de la escritura"

Manel Haro. Barcelona / Foto: Susana Carro ©

Ha dado usted un salto del terror a la belleza. ¿Le seduce más lo segundo?

No ha sido un salto muy acusado. La belleza siempre ha estado presente en mis libros. Ahí está la música en La ofensa o la literatura en El corrector. De hecho, la belleza se ha propuesto siempre en mis textos como oposición al terror. En cuanto a seducirme, lo que me fascina es el diálogo entre lo oscuro y lo luminoso.

Después de la trilogía del terror, ¿se atreve con una trilogía sobre la belleza?

No sé sobre qué tratará mi próximo libro. Los libros van surgiendo con mucha mayor espontaneidad que la que se percibe desde fuera.

Le gusta la frase de Roberto Arlt «sólo el mal afirma la presencia del hombre sobre la tierra». ¿En qué posición deja el don de la creación al hombre?

La frase de Arlt, como toda máxima, resulta perversa sacada de contexto, aunque ilustra cuál es su concepción del hombre, desde luego cercana a la mía. Respecto al don de la creación, imagino que es la otra cara de la moneda. Este libro es un intento por reflexionar sobre esa dialéctica entre luz y tinieblas que el hecho creativo conlleva. El talento es sin duda un regalo, pero también tiene mucho de condena.

Bocanegra es el personaje que, dentro de la novela, escribe La luz es más antigua que el amor. No le pregunto si usted es Bocanegra; le voy a preguntar si le gustaría llegar a ser él.

No me gustaría tener que pasar por las experiencias personales de Bocanegra para encontrarle sentido al mundo. Bocanegra es un hombre desesperado al cual, en un momento determinado de su vida, el arte le echa un capote. La metáfora funciona a la hora de ilustrar los poderes del arte, pero no me interesan especialmente las tragedias. En mi vida personal el pathos es mucho más morigerado.

Una vez me dijo que el personaje de esta novela respondería al nombre de RMS (sus iniciales). En cambio, se llama Bocanegra... ¿Quería tomar algo de distancia con el texto?

Los libros se hacen y deshacen tantas veces... En cualquier caso, la expresión «distancia con el texto» se me hace compleja de entender. Estoy tan contaminado por esta historia que la distancia se me antoja imposible. De todos modos, buscar la identificación autor/narrador es mucho menos fructífero que, por ejemplo, intentar comprender la significación del discurso que Bocanegra pronuncia cuando recibe el Nobel.

Eso se lo dejaremos al lector, no vayamos a desvelar sorpresas, pero ya que lo dice, ¿se imagina que en el futuro le dieran el Nobel a usted? Apuesto a que su discurso sería el mismo que el de Bocanegra...

Sería distinto, créame, pero estoy seguro de que en él, de un modo u otro, hablaría de los creadores que me acompañaron a lo largo de mi vida, y es posible que alguno de los protagonistas del libro —Kafka o Faulkner— aparecieran citados.

Ha elegido tres pintores que son víctimas de su propio estatus. Dos de ellos son inventados y el otro es Rothko. ¿No ha encontrado otros dos artistas que pudiesen competir con Rothko en la novela o es que éste se le coló en la ficción?


Hay muchos pintores que podrían haberle disputado a Rothko su lugar en la novela, pero no conviene olvidar que hay mucho de real en los personajes de los pintores ficticios. Cualquier lector informado sabrá detectar la huella de Anselm Kiefer en el personaje de Semiasin o cómo la figura casi legendaria de Andrei Rubliov recorre todo el texto. Al final, he tenido la sensación de que Rothko se convertía en un personaje de ficción tan poderoso, o tan frágil, como sus compañeros de andanzas.

Me ha sorprendido lo que el narrador ve en los cuadros de Rothko o, cuanto menos, cómo los describe. ¿Se ha dejado influir por interpretaciones de otros o sencillamente es lo que usted ve en sus obras?

No soy experto en artes plásticas: ni en su historia ni en el lenguaje con el que la crítica ha trabajado sus frutos. Lo que yo quería era contar mi Rothko, qué es lo que experimento ante sus pinturas, por qué demonios ese ensamblaje de color y forma, reiterado una y mil veces, provoca en mí semejante conmoción.

Tengo la sensación de que esta novela le ha ayudado a usted como autor y le ha dado fuerzas (quizá incluso seguridad) para seguir escribiendo unas cuantas más. ¿Me equivoco?

La novela me ha regalado la felicidad de la escritura, cosa que no puedo decir de mis libros anteriores, pero al mismo tiempo me ha dejado exhausto. Ahora mismo estoy, como quien dice, aprendiendo a juntar letras.

Una pregunta típica: ¿Es el éxito la principal amenaza para un artista/autor?

El éxito es siempre relativo. Quizá sea la palabra más relativa que existe. Imagino que para Pérez Reverte vender 50.000 ejemplares de una novela es un fracaso, lo que para 99 de cada 100 escritores españoles constituiría el éxito de su vida. Para un escritor como Ricardo Menéndez Salmón, ¿dónde se cifra el éxito? Pues en seguir contando con la confianza de una gran editorial, en tener un grupo de lectores más o menos fieles, en poder ser leído en otras lenguas y, sobre todo, en dar lo mejor de mí mismo en cada libro. No engañarse; quizá ese sea el único éxito que he cosechado durante estos años.

Debo reconocer que, aunque me han gustado sus libros de la trilogía del terror, tenía la sensación de que iba a decepcionarme con ésta, le ruego me disculpe la absurda desconfianza. En cambio, ha sabido reinventarse y seguir sorprendiendo a la crítica. Se nota que, además de escribir con solvencia, es un tipo listo. Parece como si sus novelas hubiesen sido pensadas hace años y antes de escribirlas, llevaran en su cabeza mucho tiempo. ¿Cuándo empezó a pensar en esta historia?

Freud sugeriría que su desconfianza escondía un deseo de fracaso...

¡Todo lo contrario!

Ya sabe que en este país nos gusta ver caer a la gente, lo cual a lo mejor nos permite encontrar una nueva definición del éxito del que hablábamos: «El éxito consiste en molestar a los otros». En fin, vuelvo a su pregunta. La primera chispa del libro fue provocada por la contemplación en directo de una obra de Rothko en el Guggenheim de Bilbao; la segunda, por la historia que leí a propósito de su viaje, de niño, en tren, a través de Estados Unidos. La colisión entre lo subjetivo (que Rothko me fascina como pintor) y lo objetivo (que la vida de Rothko aúna una serie de elementos dramáticos de primer orden) fue la que puso en marcha el libro.

¿Es muy diferente el autor Ricardo Menéndez Salmón antes de La ofensa y el de ahora?

El autor, no, aunque ahora creo ser capaz de sacrificar una buena página en nombre de la inteligibilidad de una idea; la persona, sí. Hoy tengo dos hijos y responsabilidades de las que antes carecía. He perdido la invisibilidad del escritor desconocido pero a cambio la literatura me ha regalado un puñado de amigos y de afectos. Como diría Bocanegra, sigo sin ser feliz, pero estoy más satisfecho que en 2007.

Esto me hace pensar que concibe sus novelas, no sólo mucho antes de ponerse a escribir, sino también para que duren mucho después de aparecer en librerías. Ya le digo que me parece usted un tipo listo...

Gracias, Manel. Hace muchos años que mi madre me dice lo mismo...

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La reseña de la novela



(Clicka sobre la portada para leerla)

miércoles 10 de noviembre de 2010

'Los ojos de Julia', Guillem Morales


Ayer me dejé vencer por la tentación y entré al cine a ver Los ojos de Julia, la última película protagonizada por Belén Rueda, a pesar de que las críticas eran devastadoras. Rueda hace de Julia, una mujer que está a punto de quedarse ciega por una enfermedad crónica y que antes de perder la visión quiere saber qué paso realmente con su hermana Sara, ya que no cree que se suicidira aunque todo parece apuntar que así fue. En esa batalla, Julia se verá envuelta en una peligrosa carrera contrarreloj donde descubrirá la verdad y las mentiras de las últimas semanas de la vida de Sara.

Una vez vista la película, debo decir que salí del cine mucho más satisfecho de lo que me esperaba (quizá porque no me esperaba nada). El guión, de Guillem Morales (también director del film), depara varias sorpresas al espectador, pero lo importante (y difícil) es que desde el principio la película está llena de sutiles pistas que pueden ayudar al público a adelantarse al desenlace, aunque debo reconocer que yo no me adelanté a nada (será que estoy en baja forma porque las críticas también apuntaban a que la trama era más que previsible). Es cierto, en cambio, que Los ojos de Julia requiere en varios momentos la benevolencia del espectador, ya que hay determinadas escenas que no se sostienen demasiado porque son inverosímiles y forzadas, aunque personalmente las perdono porque en conjunto no creo que la película esté tan mal, ni mucho menos.

Belén Rueda sigue demostrando que es una excelente actriz (se luce haciendo de invidente) y la participación de Lluís Homar (el grandísimo Lluís Homar) siempre es un aliciente para ir al cine. Guilem Morales no es un director (y guionista) experimentado y quizá ha querido llevar a cabo un proyecto demasiado complicado, buscando referentes en el cine de terror y de intriga de los años 70 (el giallo italiano he leído por ahí), pero yo creo que hay que ser justos: si vamos al cine con una libreta y un boli en plan "soy el crítico más exigente del mundo", podemos sacar los errores que queramos; pero si vamos al cine a pasar una tarde-noche entretenida, Los ojos de Julia cumple con las expectativas sobradamente. Yo la he disfrutado.

martes 9 de noviembre de 2010

El crimen se impone en los premios Ateneo de novela 2010

María Zaragoza y Vanessa Montfort hoy en Barcelona / M. Haro ©

La sangre, el asesinato y el azar son los ingredientes de este año en las novelas ganadoras del Premio Ateneo de Sevilla y Ateneo Joven 2010, que han ido a parar a manos de Vanessa Montfort y María Zaragoza respectivamente

Manel Haro. Barcelona (Texto y fotos) [Publicado en Llegir en cas d'incendi]

Una edición negra y criminal. Así se podrían definir este año los premios Ateneo de novela, ya que tanto en Mitología de Nueva York, de Vanessa Montfort, como en Dicen que estás muerta, de María Zaragoza, el asesinato es el eje principal de las tramas. En la primera, la autora ha querido crear un thriller psicológico que contenga ingredientes fantásticos además de una historia de amor tortuosa entre dos personajes que no estaban preparados para enamorarse y un viaje por la geografía cinematográfica y literaria de Nueva York.

Mitología de Nueva York narra la historia de Daniel Rogers, un ex ludópata que se infiltra en una sociedad criminal que elige a sus víctimas mediante partidas clandestinas de blackjack haciendo que estos pierdan todo su dinero e incluso la vida, el bien más preciado que se apuestan sobre el tapete. Para seguir las pistas, Rogers tiene que recorrer la ciudad de Nueva York, donde se encontrará con los grandes iconos del cine y la literatura, como a Holly Golightly comiendo un croasán frente a Tiffany, la escena que interpreta Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes. En esta geografía neoyorkina, Rogers también dará con algunos de los personajes que inventó Woody Allen, como Danny Rose, entre otros. "La novela está pensada como un juego y, de hecho, el blackjack es lo que estructura la novela", explicó hoy Montfort, quien se reconoce deudora de las películas Seven, La historia interminable y La rosa púrpura del Cairo.

Por su parte, María Zaragoza, ganadora del Ateneo Joven, ha elegido Madrid como ciudad donde situar su novela. En ella, una chica aparece muerta tras ser apuñalada con un cuchillo de un restaurante chino. Aunque en la trama, vestida de género negro, hay una búsqueda del asesino, lo importante será cómo poco a poco se van dando detalles de la identidad de la muerta. Madrid forma parte activa de la novela, ya que cada capítulo del libro se titula precisamente con el nombre de una calle de la ciudad. "Con esta novela he querido reflexionar sobre la dualidad que llevamos dentro: en el fondo, todos somos un poco asesino y víctimas a la vez, una parte bestia y otra humana, y depende de nosotros elegir qué camino tomar", afirmó Zaragoza, que ha tomado el título del libro de la canción ¿Dónde estás? de Jaime Urrutia («Dicen que estás muerta, las calles desiertas del olvido nunca sabrán que sigo el rastro de tu amor...»).

Las novelas, que han sido publicadas por Algaida, podrán adquirirse también en versión ebook y bajo impresión por demanda desde cualquier rincón del mundo, ya que la empresa Publidisa, que desde hace diez años se encarga de aplicar estrategias de las nuevas tecnologías al sector editorial, ha llegado a un acuerdo con el grupo Anaya para imprimir tantos ejemplares como peticiones haya desde cualquier país para que nadie se quede sin leer las novelas ganadoras.

Las obras

lunes 8 de noviembre de 2010

'El tiempo mientras tanto', Carmen Amoraga

El tiempo mientras tanto
Carmen Amoraga
Editorial Planeta
1ª edición, noviembre de 2010
Género: Novela
297 páginas
ISBN: 9788408097266

ISBN: 9788408100003 (versión ebook)

Ser finalista de un premio ganado por Eduardo Mendoza no tiene que ser nada fácil porque, aunque las comparaciones sean odiosas (o eso dicen), siempre se producen y el autor de La ciudad de los prodigios parte con la ventaja de una larga y consolidada carrera literaria a sus espaldas y su solvencia (léase entre líneas) es indiscutible. Ocurre además que el 2010 ha sido el año en que el Premio Nadal (el más antiguo de España) y el Premio de Novela Ciudad de Torrevieja (el segundo mejor dotado del país tras el Planeta) han eliminado la categoría de finalista de sus galardones (algo no les debía funcionar...), así que por esto sospecho que el de Carmen Amoraga no es un papel del todo fácil.

La autora valenciana ha apostado, con El tiempo mientras tanto, por una novela intimista (adjetivo que siempre me pone en alerta cuando de premios literarios va la cosa) sobre un grupo de personas que esperan, abatidos, la muerte de María José, en coma irreversible tras sufrir un accidente. Frente a la cama aguardan su padre, Paco; su madre, Pilar y su amiga Marga, entre otros conocidos y allegados. Es precisamente el hecho de saber que la vida puede escaparse en cualquier momento lo que detona las verdaderas (e irreconocidas) frustraciones de cada uno de los personajes: lo que han vivido (lo que son) frente a lo que ya no podrán vivir (ni ser). De ese modo, se establece una doble línea, digamos, psicológica y dramática: la de no poder hacer nada para evitar que María José muera y la de saber que ellos, en realidad, hace tiempo que empezaron a estar un poco muertos por dentro.

Una vez leída la novela, puedo afirmar sin ningún atisbo de duda que Carmen Amoraga no es una mera actriz secundaria en este premio Planeta: El tiempo mientras tanto es una novela brillante, brutal y arrolladora. Brillante porque una vez más Amoraga otorga una inteligencia a su escritura que no da tregua al lector: te mantiene en vilo como si de un thriller se tratara a pesar de que está hablando de sentimientos universales, tan sabidos por todos, pero a la vez tan difíciles de reconocer. Brutal, porque realmente te sacude (suena a tópico pero no lo es) como si fuese una terapia de reconocimiento de los límites y las debilidades del ser humano. Y arrolladora porque la autora consigue algo muy difícil: que nos sintamos implicados con cada uno de los personajes y sus correspondientes preocupaciones de forma que hagamos nuestras sus angustias. A todo ello hay que sumar un estilo narrativo con una personalidad que seduce desde la primera página, gracias también a que Amoraga, nuevamente, dota de una impecable naturalidad a los diálogos de la novela.

Se nota que detrás de El tiempo mientras tanto hay un trabajo serio y riguroso, lo cual me alegra enormemente porque la autora valenciana ha conseguido algo que pocos autores del círculo Planeta (esos que un año ganan el Nadal, otro el Planeta y poco después el Fernando Lara) logran: aprovechar el tiempo para mejorar. De Algo tan parecido al amor (finalista del Nadal en 2007) a El tiempo mientras tanto hay un abismo. Esta novela camina por sí sola, dentro y fuera del Planeta.

domingo 7 de noviembre de 2010

Descàrrega del programa 'Llegir en cas d'incendi' del 4 de novembre de 2010

Ja podeu tornar a escoltar el programa d'ahir, dijous, on vam entrevistar a Isabel del Rio, la nova revelació de la literatura juvenil, autora de La casa de la torre (La casa del torreón en castellà). També vam parlar del nou llibre de Manuel Rivas, Todo es silencio, i de les novel·les que reflecteixen la vida americana dels anys 30, 40, 50 i 60, com és el cas de Sylvia, de Leonard Michaels.

(Foto cedida per l'autora ©)


viernes 5 de noviembre de 2010

'Todo es silencio', Manuel Rivas

Todo es silencio
Manuel Rivas
Editorial Alfaguara
1ª edición, 2010
Género: Novela
250 páginas
ISBN: 9788420406640


Que una novela te mantenga sentado durante horas sin querer hacer otra cosa mas que seguir leyendo hasta acabarla es siempre buena señal. Pero que además logre que el lector siga con la novela en la cabeza durante los días siguientes y que cuando vea la portada recuerde lo bien que lo pasó leyéndola es algo que cae como una bendición. Y eso es lo que me ha ocurrido a mí con Todo es silencio, la nueva (y bendita) novela de Manuel Rivas.

El autor recrea la vida de Brétema, pueblo ficticio de la costa gallega dominado por Mariscal, un contrabandista que ha logrado levantar un imperio cuyas redes se extienden por todo el lugar. Brinco, Fins y Leda son tres niños que crecen en Brétema bajo la sombra de la corrupción y el poder casi omnipresente de Mariscal. Pero más allá de la inocencia de los tres pequeños, cada uno de ellos se hará adulto conscientes de las consecuencias de haber probado el poder de este contrabandista. Ninguno de ellos podrá ser ajeno a su pasado mientras Mariscal siga gobernando en la sombra Brétema.

Todo es silencio tiene la esencia de las novelas de Vargas Llosa (esa "cartografía de las estructuras del poder y acertadas imágenes de la resistencia, la rebelión y derrota del individuo" que decía el comité Nobel) y la fuerza evocadora de Juan Rulfo pero bajo el estilo personal y genial de Manuel Rivas. La obra está dividida en dos partes: en la primera, el autor nos muestra la contraposición entre unos personajes que caminan por la delgada línea que separa la inocencia de la indiferencia (a veces incluso consentimiento) en un pueblo afectado por la escasez de recursos de los tiempos de Franco; en la segunad mitad, Rivas dirige la novela hacia el género negrocriminal sin olvidarse que lo importante es la lucha interior que vive cada uno de los personajes de Brétema (no es casual que Brétema en gallego signifique "niebla").

Todo es silencio se impone por derecho como una de las obras más importantes de Manuel Rivas y demuestra la capacidad que tiene el autor gallego para crear historias y personajes que penetran, como una bala, en lo más hondo del lector. Ahora que ya estamos a finales del 2010, ya se puede empezar a hacer balance y decir que Todo es silencio es una de las grandes novelas de este año.

martes 2 de noviembre de 2010

'Los olivos de Belchite / Les oliveres de Belchite', Elena Moya

Los olivos de Belchite / Les oliveres de Belchite
Elena Moya
Editorial Suma de Letras (cast. y cat.)
1ª edición, octubre de 2010
Género: Novela
435 páginas
ISBN: 9788483651988 (cast.)
ISBN: 9788483651889 (cat.)


Pocas veces tendremos un caso tan claro de cómo las editoriales nos dan gato por liebre. Suma de Letras nos presenta este libro como una novela basada en los trágicos episodios de la Guerra Civil en Belchite, una historia de supervivencia "de tres mujeres que se enfrentaron al franquismo y a sus vestigios en la actualidad" (según dicta la contraportada). Pero uno lee la novela y se da cuenta de que Belchite aparece como podría aparecer cualquier otro rincón de España; que la Guerra Civil no es más que un lejano telón de fondo para decir que la madre y la abuela de la protagonista sufrieron las consecuencias del conflicto pero sin demasiado dramatismo; y que, en definitiva, es una novela que ni de lejos se corresponde con el texto de la contraportada en ningún sentido.

El argumento. Siglo XXI: María está a punto de casarse con el hijo de un empresario dedicado al negocio del cava. El futuro marido es uno de esos seguidores del Opus Dei que usan cilicio para evitar tener relaciones sexuales antes de llegar al matrimonio. María arde en deseos de acostarse con él porque ya tiene veintitantos largos y todavía es virgen, pero cuando se marcha a Londres para abrir un almacén de distribución de cavas descubre que la chica que gestiona la venta del local le produce algo más que amistad (¡sorpresa!). Por otro lado, la madre y la abuela de María viven en Belchite en una casa alejada del pueblo viejo, por lo que en realidad las bombas de la Guerra Civil no les afectaron. Pero el abuelo desapareció en aquellos años y ahí parece ser que radica el (brevísimo) misterio.

El marco temporal de la novela es la actualidad, no los años 30: ni hay flashbacks ni recreaciones de la guerra ni nada por el estilo. Los olivos de Belchite gira en torno a la confusión que siente María, que está a punto de casarse, pero no está muy segura de casi nada. Sin embargo, tenemos afirmaciones surrealistas como que las familias españolas no hablan de la Guerra Civil porque es "tabú" o porque "tienen miedo a las represalias" (sí, así es, como si nuestros padres y abuelos jamás se hubiesen desvivido por hablarnos de lo que sufrieron o como si viviésemos en un país donde no tenemos la Guerra Civil hasta en la sopa). Y eso por no mencionar otras extrañas ocurrencias de la autora, como que María trabaje para Banca Catalana, a pesar de que hace diez años que no existe.

Pero hay más. La autora se empeña durante toda la novela en que sus personajes se quejen de forma incansable del trato que reciben los catalanes por parte del resto de los españoles; que si el boicot de los productos catalanes, que si ahora uno se siente insultado porque un madrileño dice "cortijo" en lugar de "masía".... incluso nombra el Estatut, el Constitucional y los toros. En fin, toda una parafernalia que no viene a cuento pero que, en el caso hipótetico de que esta novela tenga éxito en España, habrá que tocar madera para que nadie saque conclusiones equivocadas. Pero esto no sería lo más preocupante, ya que si añadimos que la novela se publicó primero en inglés en Gran Bretaña, entonces hay que sumar que esta novela ofrece una imagen provinciana y exagerada de los españoles en general y los catalanes en particular. ¿Pero qué necesidad tenía la autora de perderse por estos caminos?

Dice Paul Preston en la contraportada que Los olivos de Belchite "es un milagro" (así, sin reparos). Y añade que "no sólo esgrime cómo la Guerra Civil destrozó miles de vidas y amores, sino que también trasluce cómo las consecuencias del conflicto todavía están muy presentes hoy. De una manera íntima, la novela ilustra las limitaciones que una democracia tan corta impone en la vida de todos los españoles". Créanme, parece que Preston esté hablando de otra novela. En fin, léanla si les apetece. Yo me he quedado perplejo: esta novela no tiene ni pies ni cabeza.