miércoles, 2 de febrero de 2011

Entrevista con Rosa Ribas, creadora de la comisaria Cornelia Weber-Tejedor


Rosa Ribas es una de nuestras escritoras de novela negra más internacionales. Aunque es catalana, actualmente reside en Fráncfort, lugar donde sitúa algunas de las tramas de sus novelas, como es el caso de la última aventura de la comisaria Cornelia Weber-Tejedor, que investiga una red internacional de tráfico de drogas que tiene su punto de entrada en Alemania en el aeropuerto de esa ciudad. Ribas ha conseguido que sus novelas sean traducidas al alemán, lo que motiva la curiosidad de los lectores, que ven a una española escribiendo sobre asesinatos en su tierra.

"En Alemania no hay un público que busque específicamente novela negra escrita en España"


Manel Haro. Barcelona (Para Llegir en cas d'incendi)

¿Cómo nace la comisaria Cornelia Weber-Tejedor?

Cornelia nació como personaje secundario en una novela –por suerte inédita- en la que investigaba el asesinato de un profesor universitario en Fráncfort. Como el protagonista y narrador de esa novela era un profesor visitante español, necesitaba un interlocutor que fuera bilingüe. Así surgió esta figura, que pasó a ser la protagonista de la serie en cuanto empecé Entre dos aguas. Dado que la novela se movía en el entorno de los emigrantes españoles en Alemania, una comisaria hija de padre alemán y madre gallega era la protagonista perfecta.

¿De dónde sale la idea de escribir sobre una red de tráfico de drogas en el aeropuerto?

Al documentarme sobre el trabajo policial mientras escribía Con anuncio, uno de mis informantes me contó varias historias relacionadas con el mundo del tráfico de drogas, que conocía de primera mano. Me impresionaron mucho. Poco después leí un par de noticias sobre el tema de las redes de tráfico y decidí que ése sería el ámbito en el que se movería Cornelia en su próxima investigación, pero no entre peces gordos, sino entre los últimos eslabones de la cadena.

Precisamente hace poco en España se desarticuló una red que operaba más o menos como en su novela. Parece que ha tocado un tema más común de lo que aparenta ser...

Los movimientos ilegales de productos (drogas, animales protegidos, tabaco, productos farmacéuticos…) en los aeropuertos son enormes. Y las bandas se valen de todos los trucos imaginables para eludir los controles policiales. Cuando me documentaba para la novela ya leí sobre casos similares al que mencionas y mientras escribía se dieron otros tanto en aeropuertos españoles como alemanes; algunos eran tan rocambolescos que pensé que no podría permitirme usarlos en una novela porque los lectores creerían que fantaseaba. En otros casos, realmente fantaseaba y al seguir buscando material descubría que eso ya se le había ocurrido antes a algún traficante. Así que se confirmaba la frase ya tópica de que la realidad siempre supera a la ficción. No es tópica, es cierta.

¿Se ha pasado muchas horas en el aeropuerto en tareas de observación?

Sólo en las terminales. Las zonas por las que se mueve Cornelia no son accesibles por motivos de seguridad, así que he tenido que construir esos escenarios a partir de las narraciones y las descripciones de personas que trabajan allí: personal de Lufthansa, policías, personal del aeropuerto. Me ayudó también haber trabajado hace unos años dando clases de español para el personal del aeropuerto, gracias a eso tuve acceso al centro de formación en una de las zonas de oficinas del interior del recinto.

El tema de la seguridad en los aeropuertos sale de vez en cuando a debate. Teniendo en cuenta que son puntos muy vigilados, ¿cómo es posible que se pueda delinquir en ellos?

Porque no sólo son muy grandes sino que también son muy complejos. Es muy difícil controlar por completo infraestructuras de tales dimensiones en las que hay un movimiento constante de personas, vehículos, mercancías, que están gestionadas por diferentes empresas. Siempre quedan huecos de seguridad, no sólo físicos, sino también por lo que atañe al personal. Como Cornelia reflexiona en un momento de la novela, no se puede controlar los movimientos de 70.000 personas, que son las que trabajan allí. Tanta gente como vive en mi ciudad natal, El Prat de Llobregat.

¿Esta novela se debe en parte a una necesidad suya de querer responder a preguntas que usted misma se hizo sobre estos temas de seguridad?


Más bien a la fascinación ante un microcosmos tan complejo como es un aeropuerto.

En la novela En caída libre Cornelia no busca un asesino, sino que se infiltra en la red de tráfico de drogas para saber hasta dónde llegan sus tentáculos. ¿Es más difícil escribir una novela negra de este tipo que si tuvieras que proponer al lector buscar un asesino?

Sí, porque es más difícil mantener la atención del lector y la tensión narrativa. Una parte se centra en la psicología de los personajes, en las dificultades que comporta infiltrarse en un entorno ajeno y hostil. En muchas narraciones se presenta como si fuera algo muy simple: “mañana te vas a disfrazar de prostituta / de camarera / de estibador del puerto o lo que sea”, y el protagonista sin más lo hace y todos se lo creen. Pero es en realidad un proceso muy complejo, que implica abandonar por un tiempo indeterminado tu vida y desempeñar un papel lo más perfectamente posible; algo que no pasa sin dejar huella en una persona. En esta novela hay también asesinatos, pero no están en primer término; es más importante el camino de la comisaria para conseguir entrar en la banda y lo que va descubriendo en ese proceso.

Precisamente en la novela veo un profundo trabajo de personajes, siendo esto tan importante como la trama en sí. ¿Cómo se trabaja ese aspecto en novela negra?

He intentado dibujar personajes completos, que no sean instrumentos de la trama, sino que con sus actuaciones y reacciones muevan la trama en una dirección u otra. No me gustan los personajes meramente funcionales: el amigo bueno pero un poco simple que sirve para mostrar lo listo que es el protagonista, el soldado de buen corazón con novia en el pueblo que muere o la anciana bondadosa que da un consejo vital a la protagonista, por poner un par de ejemplos. Intento que mis personajes den la impresión de que tienen vida antes y después de la novela. Ahora que he llegado a la tercera de la serie, tengo la ventaja de que los personajes fijos ya han tenido una vida antes de En caída libre, son personajes que han crecido y se han perfilado de novela a novela.

¿Es difícil retratar el lado humano de un delincuente?

Sí y no. Sí, porque es un trabajo de profundización en la mente humana que he querido llevar a cabo sin caer en tópicos. No, porque la delincuencia que retrato no es la “gran” delincuencia, sino que presento a personas muy cercanas que por una razón u otra son delincuentes. Podría ser cualquiera de nosotros. Me interesa mucho más que fantasear sobre mundos que no conozco: sea lo más sórdido o los entornos estilizados de la novela de enigma. Como en Con anuncio, no escribí sobre los grupos racistas neo-nazis organizados, sino sobre el racismo cotidiano, el que no se ve a primera vista, pero está ahí, en el día a día. Algunas de mis delincuentes en En caída libre son amas de casa, que limpian aviones en el aeropuerto.

¿Cómo ven los alemanes que una escritora española escriba sobre asesinatos en Alemania?

Con curiosidad. Para los lectores alemanes mis novelas aportan una perspectiva diferente. Aunque lleve veinte años viviendo en Alemania, sigo teniendo una posición de observadora y ésta se aprecia en las novelas. Más todavía en las dos últimas. Cuando al final de Entre dos aguas Cornelia acaba aceptando que una parte de ella es española, que no es “sólo” alemana, se vuelve también más observadora de su entorno y de sus compatriotas.

¿La detective miope fue una manera de darle tiempo a Cornelia o de darse tiempo a usted?

Sobre todo a mí porque las novelas de Cornelia me exigen un trabajo de documentación y planificación muy estricto. Especialmente en la fase final de la escritura, cuando hay que estar segura de que se han atado todos los cabos y hay que cerrar los hilos abiertos. Son, además, novelas con una perspectiva muy difícil porque sólo sabemos lo que sabe Cornelia y este punto de vista impone de qué manera se cuenta la historia y qué se deja saber a los lectores. La detective miope me permitió escribir de una manera menos controlada, más libre.

Con La detective miope demostró que se puede escribir novela negra y además dotarla de humor. ¿Repetirá la fórmula?

Por supuesto. Estoy en ello.

La detective miope
relataba la historia de una mujer que, a punto de quedarse ciega por enfermedad, tiene que encontrar a quien mató a su marido y a su hija. Pocas semanas después de publicarla, en España se estrenó la película Los ojos de Julia, cuya trama es muy parecida. Vaya gancho, ¿no?

Pues sí. El tema de la vista, más concretamente el de la ceguera, es una obsesión para mí. Es un miedo, por no decir una certeza, que me acompaña desde hace años. A ellos se une que me gustan las historias de venganzas. Y ya tenemos dos elementos motores de la novela.

¿Cómo se ve en Alemania la novela negra que se hace en España?

No se ve. España no se percibe como un país de novela negra, como por ejemplo los Estados Unidos o Gran Bretaña o, más recientemente Suecia o Noruega (aunque estos y otros vayan a veces en un paquete algo indefinido de escandinavos). En Alemanía, eso sí, hay algunos autores españoles que son bastante conocidos. Alicia Giménez-Barlett tiene mucho éxito y una gran comunidad de lectores. También han gustado mucho las dos novelas de Domingo Villar. Manuel Vázquez Montalbán es conocido. Se ha traducido a González Ledesma, a Lorenzo Silva y a muchos otros; del catalán a Teresa Solana o a Marc Pastor, por poner un par de ejemplos, pero no hay un público que busque específicamente novela negra escrita en España.

¿Nos recomienda alguna novela negra alemana?


Por supuesto las de mis dos compañeros de mesa en BCNegra. La serie protagonizada por Gereon Rath durante la República de Weimar de Volker Kutscher, cuya primera novela traducida al español Sombras sobre Berlín acaba de aparecer, me parece muy atractiva, tanto por su protagonista como por la época histórica. Y Sorry de Zoran Drvenkar me pareció un thriller sorprendente. También recomendaría las novelas de Ingrid Noll, Andrea Maria Schenkel, Gisa Klöne o Bernhard Schlink.