sábado, 1 de noviembre de 2008

Entrevista con Gabi Martínez (autor de 'Los mares de Wang')

Gabi Martínez se ha erigido en los últimos años como uno de los grandes nombres españoles de la literatura de viajes. Su anterior libro, Sudd, fue destacado como uno de los libros más importantes del año por la revista Qué leer y El Periódico. Es autor, además, de otras obras como Hora de Times Square, Ático, Diablo de Timanfaya y Una España inesperada.

Cuando llego al hotel se le ve relajado. Está ojeando un bloc de folios, que son las galeradas de su próximo libro. En cuanto me ve aparecer, no vacila en aparcar lo que está haciendo para saludarme y entregarse plenamente a la entrevista. Se le nota apasionado con lo que escribe y con sus viajes, síntoma de ello es que sus respuestas son largas y seguras.

La entrevista gira en torno a Los mares de Wang, su último libro, publicado por Alfaguara. En él relata su viaje a las entrañas de China acompañado por Wang, un joven universitario chino que le ayuda con la traducción. Gabi Martínez reconoce que ese viaje le transformó, metamorfosis que también experimentó Wang aunque éste en sentido contrario.

Manel Haro. Barcelona

¿Viajó a China con la idea del libro en la cabeza o eso surgió después?
Lo primero fue el interés que me despiertan los chinos porque forman parte de nuestra vida cotidiana, cada vez tienen más presencia en nuestros barrios. Pero el verdadero motivo es porque una productora me llamó para que guionizara una serie de documentales que debían dividir China en cuatro partes. Cuando ya estaba perfilado, derribaron las Torres Gemelas, Estados Unidos declaró la guerra a Afganistán y China cerró las fronteras del oeste porque tienen comunidades musulmanas allí y restringió la entrada a extrangeros. La historia se quedó entonces colgada, pero yo ya estaba enganchado a China y había leído bastante sobre el país. A partir de ahí, no pude dejar de leer más y más. Me di cuenta de que no había demasiada información sobre cómo son las personas.

Sorprende con todo lo que se ha escrito sobre China...
Sí, pero solamente nos llega información sobre cuestiones macroeconómicas o sobre el arte chino, pero no sobre las personas. Además, percibí que el estallido chino, el proceso de reciclaje del país, empezaba en la costa, que es la franja donde emigra el campesinado. Es, en definitiva, el punto principal desde donde se está renovando China, además de determinados focos del interior. Investigando más, me di cuenta que no había nada escrito sobre la costa de una forma sistemática. Yo quise contar esa nueva China.

¿La China que se encuentra es la que esperaba?
Yo creo que siempre vamos cargados de prejuicios. No obstante, hay que reconocer determinados detalles, como la facilidad que tienen los chinos para estafarme (risas). Debo decir que a mí siempre me estafan en los viajes, pero el caso de los chinos es algo asombroso; son unos maestros y me quito el sombrero. Mucha gente se queja de que en China escupen mucho en la calle, que en el metro te empuja mucho... y todo eso es cierto, pero no dejan de ser detalles que, superada la primera fase de cierta conmoción, encuentras la verdadera esencia del país. China es una civilización que ha resisitido siglos, quizá debido a su sentido del tiempo y su paciencia. Son muy relajados, aunque ahora esto se está rompiendo un poco con la entrada del capitalismo. Me sorprendió ver, por ejemplo, que los chinos tienen muy asumidos los diferentes ciclos de tiempo y ahora están en un momento de acaudalar dinero para cuando vengan las vacas flacas.

Entonces superó sus prejuicios...
Sí, al principio me preguntaba qué hacía allí, luego quise quedarme más tiempo.

Supongo que un país tan grande y diverso conlleva una multitud de perspectivas...
Sí, es enorme. Cuando pensamos en China, quisimos dividirla en cuatro partes para intentar encuadrar el país de alguna forma porque es descomunal. Estados Unidos, por ejemplo, es un país grande, pero ya está muy explotado. China, en cambio, empieza a romper su excesivo conservadurismo, lo que permite a los extranjeros que escriban más sobre el país. Esto permite colocar a China en un lugar distinto, pero depende también de lo dispuestos que estemos en occidente de asomarnos a los huecos que todavía quedan sobre su cultura. China es una inmensidad por descubrir que, por cierto, no podemos reducir por el conflicto con el Tíbet. Antes de juzgar a China hay que saber ser imparcial.

¿Por qué se juzgó a China por lo ocurrido con el Tíbet antes de los Juegos Olímpicos?
Porque cuando la voz popular o la de los medios pone su atención en algo, nadie se atreve a contradecirlo. Se trata de ir abriendo nuevas ventanas para dar nuevas perspectivas. Uno de mis principios es demostrar que hay noticias más allá de las noticias. Uno no puede resignarse a no tener más noticias sobre algunos países del mundo.

Es usted un nuevo Kapuscinki...
Kaupscinki es una referencia importante, él tenía una visión global y viajaba para tener, al menos, la panorámica e intuir por dónde van los tiros. No hay que encerrarse en algo, porque te falta el contraste.

Usted descubre una China desconocida, pero parece que Wang, su traductor chino, también lo hace.
Wang viene de una provincia interior, es hijo de campesinos. Cuando llegaba al hotel, ponía la tele directamente, pero nunca tomaba notas de nada. Sus intereses no eran escrutar la realidad. Él veía documentales históricos donde se criticaba mucho a Japón, shows musicales, deportes... Es decir, consumía fuentes oficiales. Cuando llegó a la costa, se encontró con una realidad diferente. Cada vez que llegábamos a un hotel, por ejemplo, nos ofrecían un masaje, pero en realidad nos ofrecían sexo. Él no quería verlo así y decía que los chinos daban grandes masajes. Tampoco aceptaba que yo hiciera determinadas preguntas. Además hay un detalle curioso en los chinos y es que tienen la venganza muy interiorizada; es decir ellos van guardándose lo que les molesta y llega un momento en que explotan a lo bestia.

Y Wang no fue una excepción.
Eso lo pasó a Wang, que se molestaba porque quería que yo conociera la China oficial que debía conocer, pero al mismo tiempo él estaba decubriendo un país diferente del que conocía. Su idea de comunismo chocaba con el capitalismo extremo que conoció en el viaje y eso no lo pudo digerir. Entonces explotó.

¿Vivió de cerca la censura en China?
Sí, había un periodista español en China que me dijo que estaba inestigando un tema durante ocho meses y que sólo lo sabían en Madrid. De pronto lo llamaron del ayuntamiento chino para decirle que si seguía por ahí, tendría problemas. Solamente podían enterarse porque le habían entrado en el ordenador o porque le habían intervenido el teléfono. La censura existe. Creo que China está abriendo ventanas nuevas, pero son víctimas del sistema. Es decir, si tienes un partido único, no puedes dar más vez de la que puedes dar. Un ejemplo: cuando apareció Operación Triunfo en China, se creó un problema porque la audiencia podía votar y eso de votar es algo que podía llegar a ser peligroso para el sistema.

Una cita de Javier Reverte: "no existe ningún viaje si cuanto sucede en el camino no te transforma en alguna medida". ¿Está de acuerdo?
Sí y en este libro en concreto le tengo un cariño especial. Los mares de Wang es el libro que más me ha transformado. Si para mí susupso un momento importante en mi vida, para Wang fue más que decisivo. No sé si para alimentar un rencor o para asomarse a ventanas nuevas. Pero que fue importante, seguro.

¿Es usted capaz de viajar dejando atrás la mirada analítica de escritor?
Es difícil sustraerse porque siempre estás viendo posibilidades para volver a ese lugar en otra ocasión. Haces un viaje como turista, pero piensas que puedes volver con un ojo más literario. De todos modos, una cosa es viajar solo y otra diferente es viajar con mi mujer y con mi hijo, porque ellos me hacen pensar en otras cosas. De ese modo, puedo disfrutar de un lugar como turista.

¿Dónde llevará a sus lectores en su próxima aventura?
Tengo acabado un libro documental sobre el Nilo. Ahora estoy trabajando en un libro sobre la Gran Barrera de Coral, en Australia. He visto que poéticamente me ofrece un lugar que puedo explotar de muchas maneras. Además voy a probar una estructura diferente que juega con el espacio y el tiempo. Todo forma parte de un proyecto que ya es vital, Anfibia, con el que pretendo trabajar con materiales diversos.

Esperaremos entonces su próximo periplo.
Sí, seguiré trabajando con ello.

1 comentarios:

mrcrazy dijo...

Bonito viaje, hablar de un pais tan grande en tan poco espacio debe ser tan complicado.