martes, 28 de abril de 2009

Entrevista con Frédéric Lenoir

La entrevista estaba fijada a las 11:30 horas en el hotel Hesperia Presidente de Barcelona. A las 15:30 horas él debía tomar un avión. En tan corto espacio de tiempo, Frédéric Lenoir (Madagascar, 1962) resolverá nuestra entrevista, se irá a comer a un restaurante del Barrio Gótico de Barcelona, dará una pequeña vuelta por los alrededores del local y se marchará a su casa en Francia.

Lenoir es, actualmente, el director de la revista Le monde des religions. Durante toda la entrevista no deja de insistir en que la religión hay que tomársela como un aspecto espiritual, nunca como dogma. Precisamente éste es un aspecto relevante de su última novela, El oráculo de la luna (Grijalbo, 2009), donde Giovanni, un joven campesino de Calabria, inicia un viaje por Italia en busca de conocimiento y del amor de su vida. En ese periplo, tomará contacto con la religión y aprenderá a discernir lo bueno y lo malo que hay en ella.

Manel Haro. Barcelona (Texto y fotos)

Estamos ante una novela donde hay una historia de amor, astrología, religión, ansias de conocer… todo dentro de una trama intensa que sucede en la Italia del siglo XVI. ¿Cómo se le ocurre esta mezcla de ingredientes?
Lo cierto es que no tenía programado todo lo que iba a suceder en la novela. De repente me asaltó la inspiración de escribir sobre la Italia del Renacimiento. Ésta es una época que me interesa especialmente. Al principio pensé en una historia de amor, pero luego se transformó más bien en un viaje iniciático, el del personaje, Giovanni. Luego, a medida que escribía, iban surgiendo nuevas ideas.

Precisamente, lo que diferencia esta novela de la anterior que escribió, La promesa del ángel (Grijalbo, 2005), es que El oráculo de la luna es más una obra de personajes que con una trama retorcida.
Sí, ésta es más bien una novela iniciática. Son 12 años de la vida de Giovanni, donde el personaje va experimentando una transformación. Empieza como campesino en una zona de Calabria y un día emprende un largo camino por Italia para encontrar a la chica que ama. A mitad de camino se encuentra con un filósofo con el que se queda para adquirir conocimiento. A partir de ahí, se verá inmerso en una trama que no voy a desvelar. La novela da giros y sorpresas que el lector no espera. De algún modo, he querido que el lector tuviera una doble lectura: la de la historia de amor y la otra más de suspense.

En su viaje, Giovanni lleva en su saco tres libros: El banquete de Platón, Ética a Nicómaco de Aristóteles y el Nuevo Testamento. ¿Por qué estos títulos? ¿Son acaso los libros que usted se llevaría a una isla desierta?
Son títulos que fueron muy importantes en la formación intelectual de aquella época. Es decir, en el Renacimiento son tan importantes los textos religiosos, como los filosóficos. Es decir, para entender bien el pensamiento del siglo XVI, hay que contemplar ambos textos. Luego, estos títulos han tenido mucha influencia en mi formación también, claro, pero no tanto como dogmas, sino porque son libros que enseñan a vivir. Y no olvidemos lo que ya dije antes, que ésta es una novela de iniciación, por lo que al personaje le va bien llevar consigo estos títulos.

¿Podríamos esquematizar la novela como un triángulo cuyos vértices son el conocimiento, el amor y la religión y la trama se va moviendo entre estos puntos?
Sí, ciertamente hay este triángulo. Dijo Sócrates que había que vencer la ignorancia y Giovanni se propone precisamente eso, no quiere encontrarse con su amada sin tener una base sólida de conocimiento. Me remito a lo que comentábamos antes, que no hay conocimiento sin amor. En cuanto a la religión, la verdad es que tiene también un papel importante tanto en el conocimiento como en el amor, pero, insisto, no tanto como dogma, sino como espiritualidad. La religión te da esa espiritualidad para poder amar. En cambio, si tomamos la religión como dogma, entonces el conocimiento es más inaccesible.

En la novela aparece el filósofo con el que se encuentra Giovanni en su viaje. Este filósofo vive aislado en el bosque, donde continúa formándose de forma autodidacta. ¿Es este personaje una metáfora más que un arquetipo?
Sí, el filósofo se aísla voluntariamente de la ciudad, quiere vivir alejado de ella para continuar su formación. Es en ese aislamiento donde Giovanni encuentra el conocimiento, cuando de repente da con el filósofo en mitad del bosque. Pero luego Giovanni se verá apartado en otro lugar, en un rincón sagrado, donde verá anulada su voluntad de amar a Elena. Pero afortunadamente, un encuentro con un monje propicia que vuelva a querer buscar el amor verdadero. Volvemos a lo de antes: la religión como dogma es privativa, hay que tomar su parte espiritual.

Hay un momento en la novela, donde Giovanni y otro personaje hablan de la Reforma de Lutero. De algún modo, critican los procederes de la Iglesia y ponen la vida de Jesucristo como ejemplo a seguir. ¿Detrás de este discurso se esconde también la ideología del autor?
La Reforma de Lutero fue un tema muy importante en esta época, al igual que la filosofía de Erasmo. Erasmo también proponía una reforma de la Iglesia, pero tenía aspectos críticos contra los protestantes, concretamente en el libre albedrío. Erasmo creía en ello, en la formación a través de la libertad, no en un dios que decidía todo y que anulaba a la persona. Lutero creía más bien en un Dios Todopoderoso, Erasmo no. Y detrás de todo este discurso está lo que piensa el autor, yo, que opino igual.

Hay un par de frases que aparecen en la novela, que me resultan casi lapidarias: una la dice un personaje, “lo único que debes mirar es el amor de dios… pues eres esclavo del miedo”; la otra es del Evangelio y dice “quien quiera salvar la vida, la perderá, pero quien pierda la vida por mi causa, la encontrará”. Intuyo que no son frases escogidas al azar.
Esta novela me ha llevado un trabajo de 15 años, así que nada está dejado al azar (sonríe). Son frases que me parecían especialmente interesantes, sobre todo la segunda, que pertenece a los evangelios. Desde luego, tienen que ver con el desarrollo de la novela. Giovanni se verá envuelto en una serie de problemas a lo largo de la novela, que tiene que ver con esto y que el lector irá descubriendo. De todos modos, me gustaría decir que siempre hay que mirar a dios, porque si nos limitamos a nuestros propios medios, quizá no consigamos lo que nos proponemos. Pero, insisto, no como una cuestión dogmática, sino espiritual.

He notado que en las novelas de transformación de personaje que se contextualizan en los siglos XI-XVI, un amplio margen, el amor es muy intenso y hay una correspondencia inmediata entre los enamorados. En el caso de su novela, Elena y Giovanni tienen un primer encuentro muy breve y, cuatro años después, se reencuentran con la mayor de las pasiones. ¿Acaso antes se amaba con más intensidad?
(Risas) Giovanni idealiza desde el primer momento a Elena. Desde ese primer encuentro, se enamora y no deja de pensar en buscarla. Eso ocurre en la actualidad, también; es decir, el amor es irracional, nos dejamos llevar por las emociones y actualmente hay gente que se enamora de una forma inmediata. Con la religión pasaba lo mismo: la palabra de dios podía cambiar la vida de los personajes. En la novela, tenemos ambos casos.

¿Cuando escribía, tenía una plantilla? Es decir, ¿tenía claro que debía incluir sangre, sexo y un misterio y que éste empezara lo antes posible para enganchar al lector?
No, cada novela que escribo es distinta. En este caso, empecé pensando en un viaje amoroso y acabé escribiendo un viaje iniciático. A partir de ahí, surgieron nuevas ideas: una carta que hay que entregar al Papa, unas muertes… No todo estaba proyectado. Mi próxima novela será muy diferente.

Parece que todas las novelas de misterios históricos ponen el foco de atención en la religión católica. Usted, que tiene una tesis doctoral sobre el budismo, ¿no se atreve a escribir una novela negra sobre budistas?
(Risas) Podría haber hablado del budismo en esta novela, pero no hubiese sido coherente, porque el budismo no se conocía en el siglo XVI. Pero casualmente puedo decir que mi próxima novela es un viaje iniciático de un personaje al Tíbet.

Ya veremos si se atreve a poner asesinatos y misterios.
Ya se verá (risas).

Su anterior novela, La promesa del ángel (Grijalbo, 2005), la escribió con Violette Cabesos y fue un éxito. ¿Por qué El oráculo de la luna no ha seguido la misma fórmula?
Porque esta novela estaba pensada antes de empezar a escribir La promesa del ángel. Yo ya tenía muchas cosas interiorizadas desde hace 15 años. Y esta novela encierra aspectos tan personales que es difícil compartirla con nadie a la hora de escribirla. No todas las novelas se pueden escribir a cuatro manos. Ésta, por ejemplo, no se podía.

¿Cuántos países han adquirido los derechos de traducción de El oráculo de la luna?
De momento 15 países, entre ellos Holanda, Alemania, España, Corea, Japón, Rusia y Grecia. En cambio, no se ha traducido al inglés todavía. A los americanos les cuesta (risas). Esperemos que con el tiempo se animen.