viernes, 5 de diciembre de 2008

Entrevista con Alejandro Palomas (Finalista VII Premio de Novela Ciudad de Torrevieja)

Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) me estrecha la mano con una amplia sonrisa en la cara. Se nota que es feliz por haber sido finalista del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja con El secreto de los Hoffman. Opina que es bueno que los premios apuesten por autores que escriben como él, que no son leídos por inmensas mayorías. Afirma, sin dudar, que el premio no le va a condicionar en un futuro, que seguirá escribiendo como hasta ahora.

Sorprende ver que habla igual que escribe. Sus respuestas son cortas, limpias –como a él le gustaría decir- y no se anda con excesivos rodeos. Se le ve con una gran confianza en sí mismo y se nota que cree en su novela.

Manel Haro. Barcelona

¿Cuándo escribía la primera página de esta novela, tenía toda la estructura pensada?

No. Lo primero que tengo es un título. A partir de ahí, no hay ninguna idea más. Me siento y empiezo a escribir sobre lo que no sé. En cuanto empieza la primera palabra, sigo. No hay ningún proceso como tal, sino muy inconsciente, muy desatado, pero no hay planificación ni estructura. Hay voces, a las que voy siguiendo, pero nada más.

¿De dónde sale el título, El secreto de los Hoffman?

No lo sé. Ninguno de mis títulos sé cómo se me ocurren. De repente voy paseando y lo oigo. Cuando lo oigo es que es y cuando es, tengo que escribirlo.
Usted dice siempre que tiene los personajes muy interiorizados. Si cuando escribe, no tiene ninguna idea de cómo van a ser sus personajes, ¿cuándo los interioriza?

Es que cada personaje soy yo. Entonces es muy fácil interiorizarlos porque ya los tengo dentro. Todas sus voces son la mía. Yo sé cómo soy porque tengo un trabajo personal más o menos bien hecho. Claro, juego con un poco de ventaja. Manejo como quiero a los personajes, porque me estoy manejando a mí. Me gusta mucho ese juego, que luego traslado a diferentes voces. Obviamente, los diálogos conmigo mismo no interesarían a nadie, así que tengo que montar una historia, una estructura. Pero todas las voces soy yo.


Veo en sus personajes que están muy dispuestos a dar ayuda, pero no a pedirla. ¿Por qué?

Sí. Esto es algo que me atrae mucho de la condición humana, la capacidad que tenemos de ofrecernos a dar ayuda y la poca capacidad que tenemos para mirar dentro y pedir. Es como si, pidiendo, entráramos en deuda con alguien. Quizá es una proyección personal, un miedo que he tenido muchas veces. Prefiero dar antes que recibir. Soy muy generoso, aunque hay una parte que es falsa generosidad porque es miedo a tener que oírte pidiendo cosas. Pedir significa reconocer que uno tiene carencias y entras en una serie de conflictos. Entonces es más fácil ofrecerte. Pero esa oferta a veces sirve para tapar ciertas cosas que es mejor no ocultar.

En la novela hay mucha soledad. ¿Por qué le gusta decir que esta soledad es como una bendición?

Así la vivo yo. Yo llevo la soledad como una bendición, sobre todo cuando es elegido. Yo la vivo como una oportunidad para descubrir muchas cosas: cómo miras el mundo, cómo lo recibes, cómo funcionas sin muchas interferencias. Cuando los personajes están solos es cuando se dan cuenta de muchas cosas porque es cuando tienen tiempo y espacio para verse y escucharse. Esa es la parte positiva que tienen los personajes y yo en referencia a la soledad. Son esos paréntesis en los que nos quedamos solos por alguna razón y cómo cambia nuestra percepción de las cosas.

Bueno, tiene usted un excelente animal de compañía. El premio se lo dedicó a su perro, Rulfo.

Es curioso esto de la dedicatoria a Rulfo, porque me lo han preguntado mucho. No es que yo esté solo y por eso le dedico el premio al perro (ríe). Es sencillamente que quiero mucho a mi perro y se lo merece. Él es quien me acompaña siempre. Cuando escribo, él pone la cabeza sobre mí. No hay nadie que me ponga la cabeza sobre las rodillas durante cinco horas mientras escribo y paso de él. Por eso pensé que se lo merecía.


¿Por qué ha escrito una novela coral?

Me gusta siempre que hay múltiples voces. En mis novelas siempre son así y creo que siempre será así. Me gusta que cada personaje tenga su voz, su forma de expresión. No me gustan las descripciones ni hablar directamente al lector. Me gusta entrar muy directamente en las cosas, como en la vida real. Quiero que cada personaje se haga cargo y sea responsable de su propia voz.

Debe ser síntoma de que detrás de esta obra hay un novelista, pero también un guionista.

Sí, claro. Esto se nota porque lo más me gusta hacer son los diálogos, me encanta trabajarlos. Me sale muy fácil, quizá por eso me gusta, porque es lo que menos trabajo me da. Y no me gustan nada las descripciones, las comparaciones, los detalles, los adornos… Quizá es por el cine, porque cuando escribes un guión, tienes que acotar mucho.

Cuando escribe, ¿piensa en el lector?

No, no tengo tiempo, porque como escribo tan rápido, no tengo tiempo para pensar en nada que vaya más allá de la novela. Es como cuando te metes en una película, estás en ese mundo, no en otro. Lo que pueda pasar después, yo no tengo ni idea ni lo pienso. Además, cuando termino de escribir y me voy a dormir, sueño con los personajes. No se me ocurre pensar en las secuelas de este mundo de los Hoffman.


¿No pretendía enganchar al lector con la palabra “secreto” en el título?

No, yo doy gracias a dios por tener la capacidad de provocar el enganche en un plano tan difícil como el emocional. Es más fácil enganchar en una novela de misterio o de aventuras, pero en el terreno emocional es difícil, sobre todo si no hay ningún asesinato por medio. Si yo me lo planteara, no me saldría, me estresaría. Simplemente escribo lo que me gustaría leer. Supongo que por eso engancha, a mí me engancha (ríe).

Hablemos del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja. Me sorprendió mucho que fuera usted uno de los ganadores.

Vaya, gracias (ríe). Debo decir que a mí también me sorprendió (ríe). Cuando sale mi nombre, yo no me levanto. Oigo mi nombre, pero no sé qué tiene el inconsciente que no registra según qué cosas. Tardé unos segundos en darme cuenta de que yo era uno de los ganadores, así que me levanté a por el premio. Yo soy un escritor de un determinado grupo de lectores y no por una inmensa mayoría. Será que no solo la novela es buena, sino que además hay una apuesta. Es bueno que desde arriba se apueste por gente que va por el camino por donde voy yo.

¿Habrá un antes y un después ahora que usted, seguramente, va a tener más lectores?

Si esto me hubiese llegado hace diez años, hubiese sido diferente, pero ahora no. No me condicionará en nada. Me da un empujón y una alegría, pero nada más.

¿Por qué decide presentar la novela al Premio de Novela Ciudad de Torrevieja?

Por fechas. La terminé y pensé que me apetecía presentarla a algún premio. De los que había en esas fechas, me fui al más grande. Tonto sería si no lo hiciera (ríe).