domingo, 28 de junio de 2009

Entrevista con Pep Blay

Pep Blay es escritor y periodista musical. Seguramente los fans de Bunbury lo conocen por la biografía que escribió y que publicó Plaza & Janés en 2007: Enrique Bunbury: lo demás es silencio. Tres años antes, Pep Blay había publicado en la misma editorial una novela de vampiros y música: Vampiria Sound. En 2009 llega con dos libros nuevos: una novela juvenil, Gotholàndia (Montena) y un libro de relatos eróticos, Erótica Mix (Plaza & Janés).

Pep Blay parece un niño con un juguete nuevo, no deja de sonreír y se le nota que es feliz digiriendo la buena marcha de ambos libros. Cuando presentó Erótica Mix en la sala Sidecar de Barcelona, dijo alto y claro: “saben mis amigos que a mí me gustaría vivir de la literatura”. Quizá por ello el pasado Sant Jordi fue un día especial para él, firmando libros a diestro y siniestro.

Después de haber escrito novela juvenil, relatos eróticos, biografías y novela vampírica, ¿se puede decir que haya algún escritor tan polifacético como él?

Manel Haro. Barcelona

¿Por qué ha decidido adentrarse en la literatura juvenil?

Quería reconciliarme con mi sobrino, ya que cuando él era pequeño no había podido prestarle demasiada atención porque vivíamos en ciudades diferentes. Cuando cumplió trece años, pensé en escribir un libro que le pudiera gustar, dado que él no lee normalmente. Él es un fanático de todo lo que lleve pilas, como las videoconsolas. Así que para captar su atención, pensé en una historia sobre videojuegos.

¿Y leyó la novela?

Es la primera vez que leía un libro entero sin dibujos. Además, va presumiendo de tío (risas). Luego pasaba el libro a sus amigos, antes de que se publicara. Pensé en una historia de monstruos y que fuera muy Tim Burton, que es un director que me influye mucho. Así la historia podía atraerle más.

De hecho, va usted hoy vestido como Eduardo Manostijeras.

¿Sí? (risas). La verdad es que me gusta mucho Tim Burton, Eduardo Manostijeras, Johnny Deep y la estética gótica japonesa.

¿Sabe que si los lectores disfrutan de Gotholàndia, buscarán el juego en las tiendas?

Sí, hace poco me dijeron que había una empresa que podría hacer un videojuego de la novela. Sería muy bonito que eso ocurriera, porque yo pensaba en una historia muy visual y verlo en la pantalla, de alguna manera, estaría muy bien.

Si con la novela juvenil quería reconciliarse con su sobrino, ¿con quién buscaba reconciliarse cuando escribió Erótica Mix?

Conmigo mismo, claro (risas). Yo lo pasé mal después de una separación, pero luego te das cuenta que hay que vivir la vida. Cuando escribí los relatos de Erótica Mix me reconcilié conmigo mismo de nuevo.

¿Es tan enamoradizo como sus personajes?

Sí, me lo paso bien queriendo y sintiendo que me quieren. Soy persona de amor intenso, me da igual si dura un día, veinticinco o toda la vida. Me gusta hacer mis películas. Yo soy el romántico del relato Cartas de amor a la Mujer Burbuja, pero también soy el personaje que sea pasea por los festivales. Hay que tener amor toda la vida, pero eso no significa que sea con la misma persona.

¿Qué pensaba cuando escribía Erótica Mix?

Quería demostrar que había muchos Pep Blay. El primer relato, Tuyyosomossexo.com, es más narrativa norteamericana, más directa; el segundo, Cartas de amor a la Mujer Burbuja, es un ejercicio de prosa poética, más romántico; el tercero, 7’’, lo pensé como un guión televisivo; el último, Erótica Mix, es más literatura tal como la entendemos.

¿Cuál de sus relatos ha tenido más éxito entre los lectores?

El gusto de los hombres no es iguales que el de las mujeres. Ellas prefieren Cartas de amor a la Mujer Burbuja. Ellos se decantan a 7’’ o Tuyyosomossexo.com. Me gusta que me digan que 7’’ es el preferido de los lectores, porque es el más creativo, no es autobiográfico como los otros tres. ¡Es un subidón!

El relato titulado 7’’ recuerda a Kill Bill.

Sí, reconozco que ese relato es muy Tarantino. Me gustan mucho Pulp Fiction, Kill Bill… Quizá mi subconsciente le ha rendido un homenaje. También le veo un punto Almodóvar.

¿Almodóvar? Al menos la portada seguro…

Sí (risas). A mí me gusta mucho Almodóvar y sus guiones histriónicos, exagerados y friky-domésticos. Los 80 me hicieron mucho daño (risas), y sobre todo la Movida Madrileña.

Dice en su libro que los relatos los escribió en pocos meses…

Los escribí en cuatro meses. Tenía una sinopsis de cuatro o cinco folios de cada una de las historias. Cuando empecé, sabía cómo empezarían y de qué irían. Llevaba ya un año dándole la vuelta a estas historias, pero las escribí en cuatro meses. Claro, que tuve que encerrarme y ponerme a conciencia. Tengo que ser metódico, porque me desconcentro fácilmente. Trabajo mejor si lo hago de forma intensa y con data límite. Si la editorial no me pone fecha de entrega, el libro no lo acabo, porque soy un desastre (risas).

¿Entonces ha sido más fácil escribir Erótica Mix que Gotholàndia?

Erótica Mix me ha costado más vivirlo, porque son reflexiones después de una separación. Yo sé que es así, aunque el lector no pueda saberlo. Hago una reflexión sobre el papel del sexo en la relaciones; si por culpa del sexo, la relación ha ido mejor o peor.

Gotholàndia, en cambio, no he tenido que vivirlo, es todo fruto de mi imaginación para incitar a mi sobrino a la lectura. En cambio, para escribir Gotholàndia he necesitado tres correcciones. Los relatos salían con facilidad, pero la novela juvenil tuvo que ser cambiada varias veces. Dominar el lenguaje juvenil es muy difícil.

¿Debe una novela juvenil tener moralina?

Yo cuando escribía pensaba en mis sobrinos leyéndola, pasándoselo bien y luego ver yo qué cara ponían. No hace falta incluir mensajes ocultos ni moralinas, basta con que sea una historia que les guste, que les entretenga. Hay un debate de fondo sobre los videojuegos y los libros, pero mi intención no es que sea un libro pedagógico. Tampoco se puede hacer mucha moralina, porque decir a un niño pequeño que no juegue a los videojuegos mientras los padres se pasan las horas de trabajo conectados al Facebook… De algún modo u otro, todos estamos enganchados a las tecnologías. La clave es hacerlo todo con medida.

Sin embargo, veo una reflexión interesante: los mismos padres que prohíben los videojuegos a sus hijos son quienes se lo regalan.

Sí, es normal que luego los niños piensen “en qué quedamos”. Quizá una buena manera de acercarse a los hijos es jugar a los videojuegos con ellos. Mi sobrino me decía que si sus padres jugasen a los videojuegos con él, quizá él leería los libros que sus padres le recomiendan. Claro, que luego seguramente él no cumpliría su parte del trato (risas).

¿Qué música escuchaba cuando escribía?

Para escribir Gotholàndia tenía puesto a Jaume Sisa, es una cuestión personal, por sus letras y los personajes que se inventaban. Sus letras me transportaban a un universo galáctico, de pequeño cantaba sus canciones e imaginaba sus personajes. Esa imaginación lo he aplicado a este libro. Además, al escuchar a Sisa, yo me transportaba a mi infancia, que la necesitaba para escribir la novela juvenil. También escuchaba Roger Mas, The Cure… Con Erótica Mix, escuchaba a Radiohead, Yann Tiersenn, David Bowie, Björk… Las canciones me sirven para entrar en el libro cuando me desconecto.

De hecho, en sus libros la música tiene mucha importancia. ¿Qué ocurre si un potencial lector no tiene tantos conocimientos musicales?

Absolutamente nada. Si son melómanos, bien; pero si no lo son, disfrutarán igual con los libros. Tampoco espero que un niño sepa quién es Jaume Sisa, por ejemplo.

¡No subestime a Sisa!

No (risas). Sea como sea, espero que jóvenes y adultos disfruten de Gotholàndia.