jueves, 29 de noviembre de 2007

Entrevista con Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña (directores de "La habitación de Fermat")

Hace un par de semanas se estrenó con bastante buena acogida La habitación de Fermat, dirigida por Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña.

Es el primer guión que escriben y la primera película que dirigen, pero ambos se conocen desde hace muchos años. Estudiaron juntos Comunicación Audiovisual en la misma facultad y han trabajado en El club de la comedia, Cruz y Raya, entre otros programas. Actualmente dirigen el programa Nada x aquí, en Cuatro.

Pero lo que nos ocupa en esta entrevista es hablar con ellos sobre el rodaje de su primera película: La habitación de Fermat. Carola Pérez-Badua y yo, Manel Haro, charlamos con Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña días antes del estreno.

ENTREVISTA

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Al ver la película, hemos recordado un libro: El tío Petros y la conjetura de Goldbach. ¿Lo leísteis antes de escribir el guión de la película?
Luis Piedrahita: Sí, por supuesto.
Rodrigo Sopeña: Sí, pero no ha sido tanto una influencia. A nosotros nos han influido más los libros de divulgación científica, autores como Martin Gardner, Ivars Peterson… Tienen libros de divulgación donde hablan de la personalidad del matemático, la búsqueda de un enigma y todo eso. Los tres enigmas matemáticos más míticos que hay son la conjetura de Goldbach, el enigma de Fermat, que ya está resuelto, y la hipótesis de Riemann. La conjetura de Goldbach se entiende muy fácil, hasta un niño lo entendería, y por esa razón está utilizado en esa novela que mencionas. El libro no tiene nada que ver con nuestra película, solamente que ambas parten del mismo hecho científico.
Luis Piedrahita: Claro, luego las matemáticas como excusa para contar una historia entretenida, pero que no es necesario ser matemático para entenderla.
Otro tema curioso de la historia de los matemáticos es el gran índice de suicidios.
L.P.: Sí, hay casos apasionantes. Por ejemplo el de Tuning, que se suicidó comiéndose una manzana envenenada. El caso de Kurt Gödel es curioso, murió porque decidió dejar de comer. Hay casos insólitos, como el de un alemán que decidió suicidarse al amanecer pero por la noche descubrió el enigma de Fermat, entonces cambió de idea y dedicó su vida a resolverlo, incluso primó con un millón de coronas a quien lo resolviera, porque ese enigma había salvado su vida. Los suicidios y las matemáticas han estado siempre unidos.

Una de los detalles de la película que habéis comentado en varias ocasiones es que todas las cartas están sobre la mesa, como las novelas de Agatha Christie. Hay muchas pistas que te llevan al desenlace.
R.S.: Sí, están todas las piezas visibles para que el espectador pueda resolver el final. Pero también hay muchas cosas engañosas para que haya despiste, claro.
Hay momentos en la película de contraposiciones, supongo que es para simbolizar el mundo de los matemáticos.
R.S.: Sí, los matemáticos combinan una gran frialdad y lógica con una enorme pasión, necesitan pasar a la historia antes de una cierta edad. Los matemáticos hacen los grandes descubrimientos antes de los treinta años, más tarde ya no tienen la mente para descubrir ciertas cosas. Muchos matemáticos, por lo tanto, viven en ese mundo de pasión y a la vez frialdad.
De hecho, la película está llena de simbolismo.
L.P.: Sí, por eso en los pases de prensa la gente pide segundos visionados, para no perderse ciertos detalles. No podemos detallarlos, porque el público tiene que descubrirlos (risas).
Se ha comparado vuestra película con Cube.
L.P.: La gente compara ambas películas antes de verla, luego cuando ve La habitación de Fermat descubre que no se parecen. Lo que tienen de semejante es el planteamiento de enigma y arquitectura trampa. Cube es ciencia ficción, por lo que puede permitirse un final abierto y sugerente, pero nuestra película no es de ciencia ficción, es más como las novelas de Agatha Christie, por lo que no podíamos permitirnos ese tipo de final. La habitación de Fermat es de género suspense, que es diferente a la ciencia ficción.
Sí hay semejanzas con el cine de Hitchcock.
R.S.: Sí, tiene algo de La soga y Crimen perfecto, también de La huella de Mankievich.
L.P.: Claro, antes de hacer una película que transcurre en una habitación, tienes que ver todas las películas que puedan ser parecidas. Incluso podríamos mencionar Última llamada, que transcurre en una cabina.
Además, el hecho del duelo es importante. Hay duelo en La soga y en La habitación de Fermat.
L.P.: Sí, efectivamente.
R.S.: En muchas de las películas clásicas, la puesta en escena es muy teatral. Nosotros queríamos que la habitación fuera un personaje más. Evoluciona la realización de más elegante a más bestia, al final la realización parece la serie 24. De hecho, a los cámaras les pusimos la serie 24 para que vieran un ejemplo de realización cruzada con dos cámaras sin que pareciera mareante.
¿Fue difícil rodar en un espacio tan pequeño?
L.P.: Horrible. Al principio se rodaba bien cuando la habitación tenía 50 metros cuadrados, pero cuando se reduce a cuatro metros cuadrados fue difícil, porque además de los actores, había 16 personas de equipo técnico, con dos cámaras cruzadas, con sus pertiguistas, sus palos, sus aparatos de iluminación… Hubo desmayos, ataques de nervios, accidentes…
R.S.: Sí, la caída de Elena Ballesteros en la película es real, cayó y se hizo daño de verdad. Tuvimos la buena suerte de que estaba en plano, le pedimos permiso para montarlo y está en la película (risas). Lo mismo ocurre cuando cae Alejo Sauras, que es una caída real.
Vaya, ya decíamos nosotros que la caída de Alejo Sauras parecía muy real.
R.S.: Sí, pero es que Alejo se pone en una situación límite en la que él puede sufrir un accidente y como actor le da igual. Él decide hacerlo a lo bestia, como debe hacerlo el personaje, y si se cae, se cae. Si en España se hicieran películas de acción, Alejo sería un actor ideal, nosotros lo llamamos la ardilla Alejo (risas).
¿Tuvisteis presión en el rodaje?
L.P.: Claro, porque en aquel plató entraba otra producción a rodar. Veíamos el plan de rodaje y las fechas que teníamos y nos dimos cuenta que no daba tiempo. Pensamos en parar la película, pero al final el ánimo y el apoyo de los actores y demás fueron fundamentales. Aquella película había que acabarla y se acabó.
Antes hablábamos de Hitchcock. Precisamente este director tenía tendencia a aparecer en sus películas. Tu imagen, Luis, aparece en La habitación de Fermat, mejor dicho, tus libros.
R.S.: Sí, es una broma que hizo el cámara, que vino con un libro de Luis y lo puso en el atrezzo. Luego nosotros seguimos la broma y metimos el otro libro de Luis y el de Pablo Motos (risas)...
L.P.: Y la mano que aparece al principio con el guante es la de Rodrigo, o sea que él también aparece.
¿Habéis contado con mucho presupuesto para le película?
L.P.: No lo sabemos, la verdad, solamente sabemos que cuando pedíamos más, nos decían que no había (risas). Eso sí, la productora nos dio todo lo que pudo y sobre todo libertad creativa absoluta.
R.S.: De todos modos, siempre pensábamos que se podía mejorar, pero teníamos problemas de tiempo. Incluso tuvimos que abrir la sala un domingo porque teníamos que llegar al Festival de Sitges, que llegó a las dos de la mañana del día que se proyectó. Nosotros la vimos ensamblada por primera vez ante 1.500 personas, antes no la habíamos visto entera.
¿Algún próximo proyecto?
L.P.: Sí, no tenemos nada todavía, pero hay un concepto entre manos, que es un robo a un banco multimillonario en el que no se pega ni un solo tiro.


Texto de Manel Haro y Carola Pérez-Badua.
Fotos de Manel Haro.

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