sábado, 23 de enero de 2010

'Nine'... ¡¡Uff!!

Me pregunto qué clase de perversión habré cometido durante la semana para llegar el viernes, meterme en el cine, y recibir tamaño castigo a través de mis ojos. Porque no puede haber otra forma de definir lo que he sentido con Nine, la última película de Rob Marshall.

El film se abre de inmediato con el desfile de un reparto "de lujo": Nicole Kidman (¿dije de lujo?), Marion Cotillard, Penélope Cruz, Judi Dench, Sophia Loren y el hombre de la película, Daniel Day-Lewis. Veo las primeras coreografías, las canciones, la increíble interpretación de Day-Lewis y pienso que la cosa promete. Incluso dejo que a lo largo de los minutos, la historia me vaya atrapando, aunque siempre esperando un giro necesario que nunca llega. La fotografía sugiere, las apariciones de la grandísima Judi Dench (¡qué gran actriz!) seducen... pero a la hora y cuarto de película, parecía que había pasado el triple de tiempo. Lentamente, algunos espectadores abandonaban la sala consumidos por la desesperación.

Y es que a mitad de la película, el interés cae en picado, el abuso de las canciones es machacante y el final se va prolongado hasta lo incomprensible. Y si además contamos que de repente la superartificial Nicole Kidman cobra una relevancia que el exceso de botox no le permite asumir (es como pedirle a una Barbie que muestre algo de expresión), entonces los efectos de la impaciencia ya se apoderan de mi ser. Que conste, no me parece una película terrible, sino solamente una experiencia eterna.

Buenas interpretaciones, buena banda sonora, buena fotografía, buena dirección artística... pero al final la película acaba siendo una tarta rebozada de caramelos de colores, pero con una masa incomestible. Con tan buenos ingredientes, la culpa la debe tener el que hace la tarta.

jueves, 21 de enero de 2010

'En jaque', Berta Marsé

En jaque
Berta Marsé
Editorial Anagrama
1ª edición, 2006
Género: Relatos
175 páginas
ISBN: 978-84-339-7131-9

La escritora Berta Marsé, hija del Premio Cervantes Juan Marsé, debutó en 2006 en el panorama literario con este libro de relatos. Lo compré entonces, pero no me ha dado por leerlo hasta ahora, fechas en que aparece su segundo libro, Fantasías animadas, también de relatos y también en Anagrama.

El libro se abre con el relato La tortuga, donde un ilustrador contratado para crear una tortuga que sea la imagen de la lucha contra el incivismo decide ir a un colegio para que los niños dibujen tortugas y así coger ideas. Pero uno de esos bocetos enciende determinadas luces de alarma. Para mí, uno de los relatos más impresionantes, perdón: IMPRESIONANTES, es el quinto, Primer amor, donde una niña que está entrando en la adolescencia se encuentra con un chico enamorado de ella, pero los adultos le piden que lo ignore por cuestiones de fuerza mayor. Ese hecho hace que la niña se vuelva adulta de forma inmediata y por necesidad. Otros textos que podemos encontrar en este libro son, por ejemplo, Te llamaré, en el que una mujer recibe una llamada de madrugada del dueño de la casa en la que trabaja: éste le pide que olvide la misteriosa llamada que recibió el día anterior por el bien de su esposa, que está en estado de shock.

Son en total siete piezas donde el misterio, el humor, el sarcasmo, la inocencia, el abuso, la mentira y tantos otros sustantivos de impacto van de la mano en textos que reflejan diferentes escalas de la miseria humana. Una mezcla que funciona a la perfección y que apenas flaquea en ningún relato. Berta Marsé consigue con historias atractivas y un lenguaje tan cercano como descarnado que una vez el lector empiece un texto, no lo deje hasta acabarlo. Siete pequeñas delicatessens que otorgan a su autora una personalidad narrativa y un estilo que parecen curtidos de hace años, y que harán que el libro no dure más de un par de días en las manos de cualquier lector.

viernes, 15 de enero de 2010

'La carretera', Cormac McCarthy

La carretera
Cormac McCarthy
Trad. de Luis Murillo Font
Editorial Mondadori / Edicions 62
1ª edición, 2007
Género: Novela
211 pgs / 236 pgs
ISBN: 978-84-397-2077-5 (cast.)
ISBN: 978-84-297-6008-8 (cat.)

Novela de terror postapocalíptico. Un padre y un niño caminan por una carretera de Estados Unidos. Transitan hacia el sur, el mar, sin un destino fijo y sin demasiadas esperanzas. Semanas atrás algo ha devastado la Tierra y ha calcinado a casi toda la población. Los pocos supervivientes que quedan viven bajo la constante amenaza de un grupo de personas que se han convertido al canibalismo ante la falta de alimentos. El niño es la imagen de la ingenuidad que, forzosamente, debe convertirla en madurez, mientras que el padre encarna a un hombre desesperado que aunque no sabe cómo seguir adelante, se ve en la obligación de hacerle mantener el optimismo a su hijo.

La novela narra un camino que no lleva a ninguna parte, porque elijan el camino que elijan, las imágenes se repiten constantemente: cabezas amputadas, cuerpos quemados, niños destripados por caníbales... Ni siquiera pueden atenerse a la esperanza, porque lo mejor que pueden encontrar es una casa donde puedan quedarse unos días, abastecidos de agua y comida.


Fotograma de la adaptación cinematográfica


La carretera da título a un trayecto gris, negro incluso, en el que el lector es espectador pasivo de la tragedia. Cormac McCarthy escribe con párrafos escuetos, imágenes duras y cortantes, como un cúmulo de flashes que van golpeando al lector. Esta novela, Premio Pulitzer 2007, ha seducido ya a miles de lectores en todo el mundo y en breve podremos ver la película en cines. Vale la pena acercarse a este mundo agonizante.

miércoles, 13 de enero de 2010

'Fin', David Monteagudo

Fin
David Monteagudo
Editorial Acantilado
1ª edición, octubre de 2009
5ª edición, enero de 2010
Género: Novela
351 páginas
ISBN: 978-84-92649-23-5

David Monteagudo trabaja en una fábrica de cartones en Vilafranca del Penedès (Barcelona), municipio donde reside. A sus 48 años ha escrito diez novelas, todas ellas rechazadas de forma impenitente por las editoriales a las que enviaba los originales. Todas menos una, Fin, que el editor Jaume Vallcorba (Acantilado) ha decidido sacar a la palestra lileraria.

Es su primera oportunidad y en un mes ha visto cómo la primera tirada se agotaba. En tres meses, la novela ya va por la quinta edición y, actualmente, está digiriendo el haber salido en las páginas de cultura de casi todos los periódicos nacionales con una colección de elogios que no le cabrían ni en diez de las cajas que (todavía) fabrica.

Fin es una novela de terror apocalíptico que, como han señalado con razón muchos críticos, recuerda a La carretera de Cormac McCarthy y al Mecanoscrit del segon origen de Manuel de Pedrolo. En Fin, un grupo de antiguos amigos, alejados entre sí por el tiempo, decide cumplir con una promesa hecha 25 años atrás: volver a reunirse todos juntos en un refugio en la montaña. Entonces eran jóvenes y creían en el futuro. El grupo consigue reunirse en ese lugar apartado. Todos menos uno, El Profeta, un chico tímido al que todos gastaron una broma demasiado pesada con consecuencias traumáticas que, 25 años después, nadie ha podido olvidar.

Lo que parece un fin de semana de nostalgia y viejos recuerdos se convierte, de pronto, en una experiencia angustiosa y devastadora. Algo está ocurriendo en la montaña y todos empiezan a pensar en una posible venganza de El Profeta. La desesperación y el desconcierto hacen que los miedos más escondidos emerjan en cada uno de los miembros del grupo, por lo que cada uno actuará según la capacidad de controlar sus temores.

Fin es una novela que esconde diferentes lecturas: es una inteligente mezcla entre el thriller, la ciencia ficción y una disimulada metáfora existencial. David Monteagudo la ha dotado de un ritmo trepidante, donde prima el diálogo y donde sobresale la compleja y perfectamente concebida psicología de los personajes. Fin es, a todas luces, una de las mejores novelas publicadas en 2009 y David Monteagudo uno de los descubrimientos más esperanzadores de los últimos años.

lunes, 11 de enero de 2010

Fallece Éric Rohmer, un grande de la Nouvelle Vague

Era un icono de la Nouvelle Vague y hoy ha muerto a los 89 años. El gran director francés Érich Romer era un maestro a la hora de reflejar la realidad a través del cine. Sus películas mostraban escenas tan cotidianas, que parecía que el director apenas interveniese en el filme: si quería mostrar la banalidad de una conversación a media tarde, no se anda con rodeos y nos mantenía atentos ante la pantalla durante varios minutos sin que aparentemente ocurriese nada. Hasta tal punto era así, que en ocasiones, parecía que estuviésemos viendo, más que una película, un fragmento documental sobre la vida de algunas personas.

Personalmente, recuerdo un par de películas que vi hace años, El rayo verde y El amor después del mediodía. La primera relataba la historia de Delphine (Marie Rivière), una chica que se siente sola y que no consigue encajar con nadie ni en ningún lugar. A última hora una amiga suspende el viaje que tenían planeado para el verano, por lo que intenta buscar otro sitio para pasar las vacaciones. No se atreve a viajar sola y las opciones que sus amigos le ofrecen no acaban de convencerle. A todo sitio donde va, no aguanta más de un par de días. Delphine pide a gritos un poco de comprensión, ni siquiera ella misma es capaz de entender por qué se siente tan sola y por qué la relación con otros chicos no acaba de consolidarse.

En el caso de El amor después del mediodía, tenemos a Frédéric (Bernard Verley), un hombre que lo tiene todo para ser feliz: está casado con una mujer estupenda, tiene un par de hijos y un negocio que le va muy bien. Es un hombre aburguesado, correcto, educado, pero le cuesta frenar su deseo hacia las mujeres. Una de ellas, Chloé (Zouzou), regresa a su vida después de muchos años y lo pone entre la espada y la pared. Chloé es una chica independiente, que rechaza los compromisos serios y dispuesta a entregarse a Frédéric. Pero éste mantiene una lucha consigo mismo para no perder el respeto ni la fidelidad a su esposa, aunque no pueda evitar soñar con caer en la tentación de Chloé.

Las películas de Rohmer reflejaban la lucha interna de los personajes, la cotidianeidad y, en definitiva, al vida de tantas personas. Hoy, por tanto, ha fallecido uno de los grandes directores del cine más realista francés.

viernes, 8 de enero de 2010

'Deseo de ser punk', Belén Gopegui

Deseo de ser punk
Belén Gopegui
Editorial Anagrama
1ª edición, septiembre de 2009
Género: Novela
189 páginas
ISBN: 978-84-339-7195-1

Con Deseo de ser punk Belén Gopegui vuelve a la carga con otro personaje acomodado que decide dar un giro drástico y repentino a su vida. Esta vez, la autora centra su atención en Martina, una adolescente ejemplar, buena hija y buena estudiante, que de repente pierde el interés por sus estudios y por mantener la convivencia en casa. La muerte del padre de una amiga, que trató a Martina por primera vez como a una adulta, le ha provocado un extraño desánimo. Martina se da cuenta de que, en el fondo, está desubicada en su propia vida, empezando por no tener una música que la defina. A lo largo de la novela, la adolescente divagará hasta intentar saber qué quiere hacer con su vida una vez ha muerto el padre de Vera.

Esta Martina viene a ser una mezcla entre Manuela y Susana, dos de los personajes femeninos principales de la anterior novela de Gopegui, El padre de Blancanieves. Manuela era una profesora adinerada que decidía cambiar de vida, abandonarlo todo y marcharse para ver las cosas de otra manera; Susana formaba parte de un grupo de jóvenes comprometidos con el mundo que creían que los pequeños gestos eran el primer paso para cambiar la sociedad. Martina tiene ese espíritu de cambio y de compromiso social. Por esa razón, Deseo de ser punk es algo así como una hermana pequeña de El padre de Blancanieves, pero sin la gracia de la mayor. Esta novela suena a repetida, a tirar del hilo sin tener muy claro qué se va a sacar. Más allá del inconformismo de una adolescente tipo Holden de El guardián entre el centeno y del hilillo rockero que constantemente suena en estas páginas, la novela no me ha ofrecido mucho más.

Deseo de ser punk me ha parecido una aventura algo dispersa, con un desarrollo bastante lineal y un desenlace extraño y forzado, que me recuerda más a la literatura juvenil que a la narrativa de adultos.

miércoles, 6 de enero de 2010

'Avatar', James Cameron

Cuando James Cameron golpea sobre la mesa, no hay duda de que quiere pegar fuerte. Avatar, su última fantasía, ya hace días que está sacudiendo las taquillas españolas. Con esta superproducción, el multi(multi, multi)millonario Cameron regresa a la ciencia ficción con una película futurista basada en la invasión de otro planeta (Pandora). Un amplio despliegue de americanos se ha instalado en Pandora para extraer un valiosísimo mineral que en la Tierra se paga a 20 millones el quilo. Pero el mayor yacimiento se encuentra bajo un poblado de nativos y las potentísimas armas de destrucción no dudarán en apuntar sobre ellos si no se retiran de allí.

Para conseguirlo, crean un avatar, un híbrido entre humano y nativo, que se encargará de mediar para que se marchen sin que llegue la sangre al río. Pero las criaturas azules no permitirán que el ser humano arrase la riqueza de sus bosques.

La película tiene varios aspectos que analizar. Para empezar, los efectos especiales son impresionantes, es innegable. Segundo, esos escenarios llenos de magia, de criaturas extrañas pero entrañables, de una flora que dan ganas de pasar horas observando y ese idílico respeto por la naturaleza que se respira, ya hacen que valga la pena pasar por el cine. Sin embargo, el guión flojea a veces por algunos tópicos tipo Pocahontas y El Señor de los Anillos, el desenlace más que previsible y las escenas llevadas al extremo del paroxismo. Necesidades comerciales para llegar al mayor número de espectadores.

Debo decir que, a pesar de los 160 minutos que dura la película, no me he aburrido en ningún momento y aunque para mi gusto hay un exceso de fantasía dentro de la fantasía (¿dónde está el límite entre la imaginación y la ingenuidad?), la inquietud de hacer turismo por Pandora, aunque sea mentalmente, hace que me quede extrañamente conforme con la historia. Son tiempos de soñar con mundos mejores.

lunes, 4 de enero de 2010

Uno, dos, Freddy viene a por ti...

Mis incursiones al cine de terror, cuando era pequeño, fueron con la serie Pesadilla en Elm Street, las películas protagonizadas por el invencible Freddy Krueger. Recuerdo que me daban auténtico pánico hasta el punto de ir a dormir con el temor de que en sueños se me apareciera Krueger y me asesinara con sus cuchillas. Concretamente, me aterraba el mometo en que movía sus manos cortantes como si abriera y cerrara un abanico y también aquella escena de las niñas saltando a la comba con la cancioncilla esa de "un, dos, Freddy viene a por ti; tres, cuatro, cierra la puerta; cinco, seis, coge un crucifijo; siete, ocho, mantente despierto; nueve, diez, jamás dormirás". No me negarán que todavía impone...

La cuestión es que viendo la serie unos años después, de adulto, me di cuenta de que el miedo se diluía por culpa de unos efectos especiales ya muy superados (y también por las camisas con hombreras, que asociaba con tiempos demasiado lejanos). El mítico Robert Englund en la piel de Krueger seguía inquietándome, pero algunas escenas eran más cómicas que terroríficas. Pero ahora, ahora... ¡¡VUELVE FREDDY KRUEGER!! Este año, en cines, podré volver a sentir ese terror de niño. Seré menos ingenuo, no hará falta ponerme la mano en los ojos entreabriendo los dedos, pero una parte de mi infancia regresará. Espero que el director, Samuel Beyer, no me decepcione después de las enormes ganas que tengo de recuperar un mito del cine de terror.

domingo, 3 de enero de 2010

El heterogéneo club de la Nocilla

He leído esta mañana un artículo en El Periódico con el siguiente titular: "'Nocilla Lab' consolida el rápido ascenso de una nueva generación". Se trata de un breve reportaje sobre el cierre de la trilogía nocillera de Agustín Fernández Mallo, que arrancó con Nocilla Dream, siguió con Nocilla Experience y concluyó en 2009 con Nocilla Lab (Alfaguara).

Yo me pregunto por qué razón, cuando un escritor hace una novela "diferente", se intenta buscar a otros autores jóvenes o noveles para meterles con calzador dentro de una generación. Cuando apareció Nocilla Dream, los periodistas y críticos juntaron a Fernández Mallo con Ricardo Menéndez Salmón, Lolita Bosch, Vicente Luis Mora, Eloy Fernández Porta, Manuel Vilas y unos cuantos más. Recuerdo concretamente un reportaje de la revista Qué Leer donde aparecían todos fotografiados. Unos años después de aquella fotografía y del nacimiento de la supuesta generación, pregunté a Menéndez Salmón, a propósito de su última novela, El corrector (Seix Barral), qué le parecía su participación en aquel grupo. Me dijo, con toda la razón del mundo, que quien había metido en el mismo saco su obra con la del resto es que, en realidad, no había leído sus novelas.

Qué tendrán que ver Fernández Mallo, Lolita Bosch y Menéndez Salmón, por citar unos pocos. Quizá la edad. Muchos de ellos ya habían publicado anteriormente, sólo que, por alguna razón, alguien decidió aprovechar el "boom Nocilla" para montar un fenómeno literario o, más bien, editorial.

De las últimas obras nocilleras, he leído la de Manuel Vilas (Aire Nuestro, Alfaguara), que no me entusiasmó; las de Menéndez Salmón, bastante correctas en general; y la última de Lolita Bosch (La familia de mi padre, Mondadori), que se me atragantó desde el principio. Entre ellos hay de coincidente una relativa juventud (rondando los 40 años) y cierto experimentalismo narrativo, cierto. Pero, de ahí a decir que todos pertenecen a un mismo grupo, creo que hay un camino largo. Y, que conste, que ni al propio Agustín Fernández Mallo parece convencerle eso de Generación Nocilla ni a muchos de los que han sido incluidos en ella. En cualquier caso, ese experimentalismo de las novelas pop, afterpop o cómo quieran llamarlas puede hacer que, con habilidad, las editoriales y algunos autores nos cuelen gato por liebre. Aunque hay calidad, no es oro todo lo que reluce.