miércoles, 31 de diciembre de 2008

'Memorias de un espectador', Carles Sentís

Memorias de un espectador
(Memòries d'un espectador)
Carles Sentís
Traducción de Germán Cánovas Hernández
Editorial Destino
Colección: Imago Mundi (124)
1ª edición, septiembre de 2007
Género: Memorias
352 páginas
ISBN: 978-84-233-3962-4

Podríamos decir que es un privilegio para los lectores del siglo XXI que gente como Carles Sentís siga, a sus 97 años, teniendo la mente tan lúcida, como para publicar sus memorias. Es una buena oportunidad, qué duda cabe, que un testimonio de la primera mitad del siglo XX siga vivo y quiera contarnos lo que se cocía en el periodismo catalán de aquellos tiempos y, de paso, en la sociedad barcelonesa de Cambó, de las revoluciones anarquistas y, más tarde, de Franco.

Sentís titula su odisea biográfica Memorias de un espectador, queriéndose situar detrás de la barrera para mirar el mundo con cierta distancia, aunque resulte difícil de conseguir si tenemos en cuenta que él es el protagonista del relato.

Es una delicia que este veterano periodista nos recupere nombres como Eugenio Xammar o Josep Pla y, de paso, es divertido que aproveche para defenderse de los ataques que antaño le hizo Xammar (por ejemplo, que era espía de Franco) y que hasta ahora el autor no había desmentido públicamente. Sentís intenta callar otros viejos rumores, como que fue uno de los saqueadores de la biblioteca personal de Juan Ramón Jiménez en Madrid.

Sentís está en su legítimo derecho de negar su participación en el saqueo de la biblioteca de Juan Ramón Jiménez y que fuese espía de Franco (como afirmaba Xammar). Pero no olvidemos que juega ahora con la ventaja de que Xammar y compañía andan, hace tiempo, muertos y no pueden rebatirlo. Así que nos quedamos con la duda.

En un artículo que publicó el lúcido Jordi Gracia en El País en enero de 2006, decía: “Carlos Sentís, neto franquista, uno de los saqueadores de la biblioteca personal de Juan Ramón Jiménez, en Madrid, periodista destacadamente estelar por razones políticas y no sólo profesionales desde la guerra (había ejercido también de espía, y seguramente de modo más fiable que Josep Pla), y secretario personal del héroe de guerra Rafael Sánchez Mazas mientras fue ministro sin cartera”.

Sentís reconoce abiertamente en el libro que estuvo al lado de Franco, aunque él dice que se debió más bien a la búsqueda de una vía de escape ante la antigua situación política que vivía Cataluña. También era un modo de acercarse a la vuelta de la monarquía, que deseaba.

Eso plantea una interesante pregunta: ¿una persona que ha estado al lado de Franco es franquista enteramente o podemos decir que algunos fueron víctima de las circunstancias? ¿Era Carlos Sentís, por tanto, un "neto franquista" como afirma Jordi Gracia? Nos queda la duda.

De cualquier modo, este volumen es interesante para enterarnos de curiosos detalles como cuando Gaziel –que dirigía La Vanguardia- le dijo que mejor siguiera con su carrera de abogado, que era más segura que la de periodismo. Además, podemos ver también la vida agitada de los periodistas de aquella época, que incluso podían ver su integridad en peligro, como Josep Maria Planas, que fue asesinado cuando dio a entender en un artículo que la FAI había matado al jefe de la policía de la Generalitat.

Que cada lector saque de estas Memorias de un espectador las conclusiones que crea oportunas, pero que ningún periodista se las pierda.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Me han robado la Navidad (reivindicación de las películas de siempre)

Así de claro: me han robado la Navidad. No me extraña que a la gente le guste cada vez menos estas fiestas, cómo disfrutarlas plenamente si las cadenas de televisión han decidido arrebatarnos parte del encanto navideño. Me explico, ¿dónde están las películas típicas de Navidad? ¿Dónde? Señores de Antena 3, Telecinco, TVE, ¿por qué habéis dejado de emitir La historia interminable? Recuerdo que antes, cada año teníamos los títulos de siempre. Aparte de la antes mencionada, teníamos también E.T. y Los fantasmas atacan al jefe con un Bill Murray sensacional. Y qué decir de Eduardo manostijeras, una película de Navidad por excelencia. Entiendo que ahora pasen Pesadilla antes de navidad, pero, hombre, Eduardo es Eduardo.



Recuerdo que cada año las veía pegado al televisor, cuando anunciaban la emisión de estos filmes, saltaba de alegría, pero ahora... ahora... ¡¡Y qué decir de Solo en casa!! ¿Por qué Macaulay Culkin ya no forma parte de nuestras navidades? ¿Y por qué no los Gremlins? Incluso si las cadenas se animaban, incluso daban Los cazafantasmas. Para mí una Navidad sin La historia interminable, Gremlins, Los fantasmas atacan al jefe, Eduardo Manostijeras, Sólo en casa y E.T. es como un verano sin María Garralón gritando aquello de "del barco de Chanquete, no nos moverán...".



Ahora forma parte de mis fiestas navideñas el bombardeo de Israel sobre Gaza, casos de mujeres maltratadas, pactos de financiación autonómica... ¡Diooooooooooooooos! Quiero volver a ser niño y disfrutar del cine fantástico, quiero que mi Navidad vuelva a estar llena de magia. Pero que nadie se queje, al menos ya no pasan Un padre en apuros, esa película en la que Arnold Schwarzenegger se viste de super héroe para dar un regalo a su hijo. ¿Se imaginan que los niños tuvieran a Schwarzenegger como héroe mientras en California firma sentencias de muerte?

viernes, 26 de diciembre de 2008

'Engany', Harold Pinter

Engany
(Betrayal)
Harold Pinter
Traducción al catalán de Miquel Berga
Arola Editors
Colección: Textos a part
1ª edición: diciembre de 2001
Género: Teatro
129 páginas
ISBN: 84-95134-78-0


Engany (Betrayal) pone en escena un triángulo amoroso. Emma y Robert están casados, pero ella tiene desde hace años una relación con el mejor amigo de su marido, Jerry. Años después de romper esta relación de amor clandestino, Emma vuelve a llamar a Jerry para contarle que su marido le ha sido infiel con otra mujer. Motivo por el cual, le ha explicado a Robert que ella también tuvo una relación con otro, con Jerry. A Jerry no le hace ninguna gracia que Robert, su mejor amigo, lo sepa todo y menos aún que lo acepte de forma natural.

Harold Pinter estrenó el 15 de noviembre de 1978 esta obra en el National Theatre de Londres. Arola Editors la recuperó en 2001 para los lectores que, de vez en cuando, nos apetece leer obras dramáticas. Lo bueno de leer teatro es que las acotaciones son mínimas, los silencios tienen un significado especial y los personajes se definen a sí mismos. En el caso de Harold Pinter todo esto cobra especial sentido. Las pausas tienen casi más peso en esta obra que los diálogos. En muchos momentos, los personajes tienen una difícil comunicación, no saben exactamente qué quieren decir o no escuchan a su interlocutor. Las conversaciones se ven trabadas e irremediablemente los silencios aparecen de forma constante.

Los personajes están perfectamente perfilados. Emma es una mujer de carácter fuerte, ella lleva las riendas de sus relaciones. Robert es un tipo más bien despreocupado y Jerry es quizá el más débil de los tres. Entre ellos se crea un triángulo dramático sumamente interesante: todos saben lo ocurrido, pero no rompen sus vínculos, lo que hace difícil disimular y, consecuentemente, conversar.

El tiempo dramático se desarrolla de forma más que sugerente: en vez de avanzar, va retrocediendo. Lo primero que sabemos es que Emma le ha confesado a Robert su aventura con Jerry y cómo éste reacciona. Esto ocurre en el año 1977. A partir de ahí, el autor nos invita a ir atrás, para que sepamos cómo se ha llegado a ese punto. Primero nos lleva a 1975, luego a 1971, a 1968… Así hasta el inicio del triángulo amoroso. Esta forma de presentar la obra es más interesante que hacerlo de principio a fin, ya que así lo primero que sabemos son las consecuencias de la infidelidad –del engaño- y luego vamos desgranando cómo empezó.

Así es el teatro de Harold Pinter, una obra dramática con carácter propio que le valió en 2005 el Premio Nobel de Literatura. Falleció el 24 de diciembre de 2008.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

La Pedrera muestra otra faceta de Mercè Rodoreda

Da gusto comprobar que la vida de un escritor no acaba el día que muere; su genio persiste durante años y los amantes de la cultura nos encargamos de mantenerlo latente. Un ejemplo de esto son las celebraciones de los centenarios. El pasado 10 de octubre se cumplieron 100 años del nacimiento de la escritora catalana Mercè Rodoreda, motivo por el cual se han organizado diferentes actividades en Barcelona. Hace poco os hablaba del musical que Dagoll Dagom representaba en el Teatre Nacional de Catalunya, una adaptación de la novela Aloma. Hoy os traigo una exposición que la Fundación Caixa Catalunya ha organizado en La Pedrera.

Por si todavía no lo sabían, Mercè Rodoreda también pintaba. Y cómo pintaba. La exposición reúne una colección de 33 pinturas y collages, la mayoría de ellos retratos, en los que se puede ver la influencia de Klee, Kandinsky, Miró y Picasso, sobre todo de este último. Las obras fueron creadas en Francia, donde Rodoreda se exilió en 1939. Se afincó en París, pero con la ocupación alemana, se marchó a Burdeos y luego a Ginebra. En el exilio escribió alguna de sus novelas, como La plaça del diamant, y también pintaba.

Ésta es una excelente oportunidad para acercarse a la obra pictórica de una de las escritoras más importantes de las letras catalanas, ya que la mayoría de los cuadros pertenecen a la colección privada de la familia Borràs-Gras. Ahora, permanecen expuestas al público en La Pedrera hasta el próximo 1 de febrero.

La exposición -comisariada por Mercè Ibarz- es más que sugerente y, desde luego, vale la pena visitarla. Seguro que después de entrar en la sala, sólo tienen en mente leer -o releer- las novelas de Rodoreda para relacionar obra prosaica y obra pictórica. No se la pierdan si están en Barcelona: L'altra Rodoreda: pintures & collages.

martes, 23 de diciembre de 2008

El 2008 entra en la recta final

El 2008, señores, toca a su fin. El sorteo de navidad indica que ya entramos en la recta final del año. Pasado mañana tenemos Nochebuena, luego Navidad y ya hasta Nochevieja y la entrada en 2009. Este año hemos tenido algunas noticias literarias importantes: Juan Marsé ganó, por fin, el Cervantes; el Nobel fue para el francés J.M.G. Le Clézio; el Planeta para Fernando Savater y el Nadal para un Francisco Casavella que, meses después, moría de un paro cardíaco con tan sólo 45 años.


De hecho, este año ha sido especialmente dramático para las letras. Nos han dejado Francisco Casavella, Ángel González, Michael Crichton, David Foster Wallace, Isaac Montero, Alexander Solzhenitsyn, Leopoldo Alas, Hugo Claus, Arthur C. Clarke, Josep Palau i Fabre y José Luis Giménez-Frontín. Todos ellos descansen en paz.



Pero lejos de quedarnos con el sabor amargo del año, vamos a hablar de los títulos que han salido este 2008. De los que yo he leído, me quedaría con los siguientes:

Narrativa:

- Los fantasmas de Edimburgo, Eloy M. Cebrián (Ed. El tercer nombre)
- L'africà, J.M.G. Le Clézio (Edicions 62)
- El emblema del traidor, Juan Gómez-Jurado (Plaza & Janés)
- Esta noche moriré, Fernando Marías (reeditado por Editorial 451)
- El pez dorado, J.M.G. Le Clézio (reeditado por Tusquets)
- Derrumbe, Ricardo Menéndez Salmón (Seix Barral)
- La escriba, Antonio Garrido (Edicions B)
- El día del oprichnik, Vladimir Sorokin (Alfaguara)
- Te daré la tierra, Chufo Lloréns (Grijalbo)

Poesía:

- Las letras de tu nombre, Pepe Viyuela (Amargord Ediciones)
- Funerales del caballo, Ángel Padilla (La Garúa)



No ficción:

- La sociedad de la decepción, Gilles Lipovetsky (Anagrama)

El próximo año seguro que nos esperan muchas más noticias y novedades literarias. De momento, sabemos que Alfaguara publicará a mediados de 2009 la segunda parte de las memorias de Günter Grass, que Tusquets ya ha comprado los derechos de traducción de la última novela de Le Clézio y muchas otras cosas. Estaremos atentos. De momento, disfrutad de la lectura estos días de descanso y regalad libros. No hay mejor inversión que la que se hace en uno mismo. ¡Feliz Navidad!

viernes, 19 de diciembre de 2008

La Virreina muestra con Joan Fontcuberta una exposición "engañosa"

Para los que piensen que el arte es aburrido, lo mejor es que se pasen por el Palau de la Virreina de Barcelona para disfrutar de una curiosa exposición de fotografía. El artista Joan Fontcuberta (1955), un gran maestro de la simulación y el engaño, propone un desafío al espectador, para que someta a juicio lo que ve. Si bien Roland Barthes opinaba que lo que la fotografía muestra es indiscutible porque es un fragmento de realidad y no se puede filosofar o reflexionar sobre el contenido más allá de la fotografía misma porque no existe, Fontcuberta demuestra que la fotografía es algo más que puro lenguaje deíctico.


Lo que el público ve no es lo que realmente es. Por ejemplo, podemos entrar en una sala con fotografías de estrellas, constelaciones, pero forzando la mirada, nos daremos cuenta de que se trata de un engaño: son manchas blancas sobre un fondo negro. Del mismo modo, Fontcuberta se inventa diferentes mundos de fantasía y fenómenos paranormales, como la historia de un tipo llamado Jean Fontana (véase la analogía con el nombre de Joan Fontcuberta), que descubre fósiles de sirenas de mar. Las fotografías parecen reales e incluso la explicación que se da sobre la vida de este Fontana resulta convincente, pero se trata obviamente de otro engaño.


Quizá la mayor mentira artística que Fontcuberta se sacó de la manga fue la historia de la desaparición del astronauta soviético Ivan Istochnikov (Joan Fontcuberta en ruso) en el espacio. Esto, mezclado con el secretismo del gobierno ruso que presuntamente intentó ocultar las pruebas, llevaron a Iker Jiménez y a su equipo de investigación de Cuarto Milenio a hacer un programa sobre este fenómeno. Incluso dijeron que podría tratarse de una abducción. Pero se trató de una broma de Fontcuberta, que incluso tuvo la osadía de ser él mismo el que pusiera la cara al supuesto astronauta. Iker Jiménez tuvo que reconocer más tarde que le habían metido un gol por la escuadra.


La gracia de la obra de Fontcuberta está en que presenta sus fotografías como si se trataran de documentos reales, pero la verdad es que es pura ficción. El artista afirma que hay una frase de Oliver North que le gusta: "yo no miento, administro la verdad". La exposición (comisariada por Iván de la Nuez) propone, por lo tanto, un juego de ingenio y una complicidad entre el artista y el espectador. De facto. Joan Fontcuberta 1982-2008 es una genial oportunidad para disfrutar del arte y además divertirse. Hasta el 8 de febrero en el Palau de la Virreina de Barcelona.

martes, 16 de diciembre de 2008

Creatividad ante la decepción social en el Festival de Arte Contemporáneo BAC!’08

En una gran pantalla, un grupo de modelos desfilan en una zona que parece industrial. Hay mucha gente aguardando la salida de las mujeres, incluso bomberos. Ellas salen con paso galopante, posan, dan giros, miran, sonríen y se dirigen hacia una pequeña hoguera. Sin demasiados rodeos, se quitan el vestido y lo arrojan al fuego. Finalmente y mostrando una entera satisfacción, regresan al backstage. Si el espectador se acerca al cartel situado al lado de la pantalla, verá que se trata de una artista búlgara que pretende reflejar la caída de los estereotipos, del sistema de sociedad patriarcal. La mujer ya no debe ser simplemente un objeto de deseo que tenga que colgarse sus mejores ropas y caminar de forma extraña para gustar al público masculino. La mujer se libera de los tapujos (los echa al fuego) y se marcha disfrutando de su autonomía.

Decía el sociólogo francés Gilles Lipovetsky que en tiempos hipermodernos aumenta la creatividad de los jóvenes como consecuencia de la insatisfacción social. El mejor ejemplo de esta actitud es el IX Festival de Arte Contemporáneo de Barcelona, el BAC!’08, que se puede ver en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). La obra visual antes citada forma parte del corpus artístico que se puede ver en este certamen.


Además de obras audiovisuales, hay expuestas pinturas, fotografías y otros materiales que exprimen al máximo la originalidad de los artistas. De tal modo, se intenta derribar algunas actitudes sociales como el exceso de competitividad, el consumismo, los cánones físicos… Es un arte, por lo tanto, que juega con los aspectos más cotidianos de la vida, los somete a crítica para invitar al espectador a la reflexión.

Para los que opinan que los jóvenes no se movilizan ante las injusticias sociales, lo mejor es que acudan a esta sorprendente y diversa muestra de protesta artística. Resulta difícil salir de la sala del CCCB sin un pensamiento en la cabeza, sin la voluntad de querer resumir mentalmente las sensaciones experimentadas ahí dentro. La exposición cerrará sus puertas el próximo 28 de diciembre. Quizá una fecha adecuada para pensar en cambiar algunos tabús sociales de cara al 2009.

sábado, 13 de diciembre de 2008

'La sociedad de la decepción', Gilles Lipovetsky

La sociedad de la decepción
(La société de déception)
Gilles Lipovetsky
Traducción: Antonio-Prometeo Moya
Editorial: Anagrama
Colección Argumentos (381)
1ª edición, mayo de 2008
Género: Sociología
127 páginas
ISBN: 978-84-339-6276-8

Lipovetsky es, seguramente, uno de los sociólogos de más prestigio internacional. Entre sus libros destacan La sociedad del vacío, Los tiempos hipermodernos, El imperio de lo efímero o El crepúsculo del deber. En ellos, Lipovetsky analiza los rasgos de la sociedad hipermoderna. Concretamente, su interés radica en el consumismo, el carácter individualista de las personas, la insatisfacción, el hedonismo y, en líneas generales, los valores humanos.

La sociedad de la decepción es una larga entrevista hecha por Bertrand Richard, que resume brevemente el trabajo de Lipovetsky. Aquí, el autor nos explica aspectos de la sociedad que nos resultan demasiado cercanos: ya no se cree en la política porque a pesar de que la democracia implica que la soberanía radica en el pueblo, en realidad los ciudadanos saben que quien realmente manda son los grandes ciclos económicos, mientras los políticos solamente se preocupan por dar un discurso políticamente correcto; en el amor ya no hay relaciones tan duraderas como antes, pero eso no implica que sean superficiales, pueden ser cortas pero intensas; el capitalismo se ha adueñado de la sociedad, ahora cuando un ciudadano está decepcionado o frustrado acude a consumir (una prenda de ropa, un viaje, un disco...); dado que hay una superoferta de productos, crece la decepción porque, cuanto más hay, más queremos comprar, sin que el ser humano acepte sus limitaciones; en la actualidad ha aumentado el individualismo...

Son solamente algunas pistas sobre temas que trata el libro. La sociedad de la decepción es un análisis de la sociedad, que nadie esperar encontrar soluciones o posibles vías de escape. El libro nos sirve para acercarnos a una radiografía bastante acertada de los rasgos de cómo somos y cómo convivimos. Lipovetsky ha ido profundizando sobre cada aspecto en sus diferentes libros y La sociedad de la decepción es la mejor oportunidad para acercarse a su pensamiento.

Se nota bastante que este libro ha sido escrito por encargo, dado que cada vez hay más lectores interesados en estos temas sociológicos. Imagino que la editorial pidió al autor un libro breve y fácil de leer para asegurarse ciertas ventas e intuyo que entre todos acordaron que fuera bajo una estructura de entrevista para que el escritor lo tuviera más fácil a la hora de ordenar su discurso. El resultado, en líneas generales, es bastante bueno a pesar de que el libro ha querido ser escrito con tanta sencillez, que incluso puede resultar demasiado obvio.

Como ya dije antes, Gilles Lipovetsky es de estos autores que ayudan a comprender al individuo en su entorno social. Vale la pena leer La sociedad de la decepción para luego profundizar con sus otros libros en cada uno de los aspectos que trata. Resulta una lectura con valor pedagógico que además te atrapa como si fuera una novela de misterio.

domingo, 7 de diciembre de 2008

'El niño con el pijama de rayas', John Boyne

El niño con el pijama de rayas
(The Boy in the Striped Pyjamas)
John Boyne
Traducción de Gemma Rovira Ortega
Editorial Salamandra
1ª edición, febrero de 2007
17ª edición, marzo de 2008
219 páginas
978-84-9838-079-8

Tenía una deuda pendiente con este libro y, por fin, la he saldado. Tiendo a desconfiar de los éxitos internacionales, porque ocurre demasiadas veces que suelen estar sobrevalorados. No obstante, me he enfrentado a la lectura de El niño con el pijama de rayas con la mente abierta, dispuesto a entrar en la novela como si nadie me hubiese contado nada antes.

El pequeño Bruno se ve obligado a dejar su enorme casa de Berlín para ir a vivir a Auchviz (Auschwitz), lugar donde su padre -un destacado comandante nazi- ha sido destinado. Bruno, que ha llegado con su familia, se siente solo porque no hay chicos de su edad con los que jugar. Pero su estado de ánimo cambia cuando, desde la ventana de su habitación, ve una extraña comunidad que vive dentro de una zona delimitada por alambradas. A Bruno le llama la atención que todos ellos lleven un pijama de rayas. Cerca de la valla, encuentra a un chico de su edad: Shmuel. Con él compartirá grandes momentos de tertulia y amistad. Bruno no dejará de preguntarse por qué no pueden estar juntos y porque hay una alambrada que los separa.

Dicho lo cual vamos a despejar expectativas. Me ha parecido una novela enternecedora. Me sorprende que todavía se puedan inventar historias sobre el tema de los campos de concentración y el nazismo. Me sorprende, sobre todo, porque cada vez quedan menos autores que hayan vivido en sus carnes el holocausto pero, a pesar de ello, las historias siguen surgiendo de mano de escritores jóvenes. Me alegra saber que seguiremos conmoviéndonos con historias como la de El niño con el pijama de rayas.

La historia está narrada con una sencilla extraordinaria, poniendo el foco de atención en la inocencia del pequeño Bruno, lo que hace que Auschwitz sea Auchviz y que el Führer sea el Furias. La relación entre los dos críos es preciosa, llena de ternura y el desenlace me parece una excelente manera de dar una lección de amistad y complicidad. Además, por supuesto, que el final invita a la reflexión.

Creo que escribir una historia con protagonistas infantiles es difícil, porque es complejo establecer una psicología de los personajes sin que el autor meta demasiada mano. Además, los diálogos son coherentes con la historia, otro aspecto difícil de conseguir. En general, me ha parecido una historia preciosa, necesaria y que valdrá la pena releer de vez en cuando.

'Las manos pequeñas', Andrés Barba

Las manos pequeñas
Andrés Barba
Editorial Anagrama
Colección Narrativas hispánicas (438)
1ª edición, octubre de 2008
Género: Novela
110 páginas
ISBN: 978-84-339-7176-0

Marina acaba de perder a sus padres en un accidente de coche. A sus siete años es ingresada en un orfanato, donde conoce a otras compañeras con las que mantendrá una ambigua relación. Por un lado, Marina se convierte en una atracción para el resto de chicas: todas desean estar con ella, la ven como una especie de líder. Pero por otro lado, ninguna reconoce ese interés por su amistad. La odian, sienten envidia por ella y la maltratan. Esa ambigua relación adquirirá, poco a poco, tintes demasiado oscuros.

Si echamos un vistazo a la contraportada del libro, veremos que se compara Las manos pequeñas con novelas tipo Los chicos terribles de Cocteau o El señor de las moscas de William Golding. Y la verdad es que entre estas páginas se respira el mismo malditismo. Marina encierra tanta perversión dentro de sí misma como el resto de sus compañeras. Todas forman un grupo de extraña violencia con juegos macabros.

Nada más abrir el libro, vemos una cita de Una mujer en Berlín (obra anónima), que el autor utiliza para introducirnos en Las manos pequeñas: “Y cuando la muñeca estuvo tan desfigurada que dejó de parecer un bebé humano, sólo entonces, la niña comenzó a jugar con ella”. Esta frase tan dura contiene perfectamente la esencia del libro de Andrés Barba. Esta pequeña novela, que se lee como si fuera un relato largo, crea una atmósfera tan asfixiante como morbosamente atrayente.

Creo que esta novela tiene las páginas necesarias, lo justo para configurar el ambiente adecuado para esta historia. Sin que ésta sea una obra maestra, sí puede ser una interesante oportunidad para adentrarse en la literatura de Andrés Barba. Dice Rafael Chirbes que Barba se le ha vuelto imprescindible. Si un autor de su talla dice esto, habrá que creerle. Yo me quedo con una sensación de querer indagar más en la obra del autor.

sábado, 6 de diciembre de 2008

'La Ola', Dennis Gansel

En un instituto de Alemania se organiza una semana de proyectos para explicar a los alumnos los valores de la democracia. Para ello, cada profesor hablará de un sistema de gobierno diferente. Al profesor Reiner Wenger le ha tocado tratar el tema del totalitarismo. Les pregunta a sus alumnos: ¿es posible una dictadura hoy? Los alumnos lo tienen claro: "No".

Al profesor Reiner se le ocurre un método drástico para captar la atención de sus alumnos: formar un grupo unido. El colectivo adopta un nombre (La Ola), un uniforme (tejanos claros y camisa blanca), un saludo y un símbolo. Reiner quiere que capten la idea de fidelidad y unidad, pero La Ola empieza a crecer demasiado rápido. Tanto que empieza a salirse del control del profesor Wenger. Los alumnos se obsesionan con su grupo y empiezan a crear una dictadura a pequeña escala. Cuando la violencia empieza a tomar forma, el profesor Wegner deberá impedir que un simple proyecto de clase se convierta en algo más peligroso.

Estos hechos están basados en una historia real, ocurrida en 1967 en un instituto de California. Ver esta película -dirigida por Dennis Gansel- es un interesante ejercicio de reflexión. Cualquier que oiga la pregunta de si es posible una dictadura en la actualidad en un país desarrollado, diría que no. Pero esta película te hace dudar, realmente hay miembros de la sociedad tan desorientados y necesitados de atención, que pueden llegar a ser capaces de cualquier cosa por formar parte de un colectivo.


Lo que no me ha convencido de esta película es el tiempo narrativo. Todo ocurre en tan sólo una semana. Me parece muy poco tiempo para que se monte una "ola" de estas dimensiones. No obstante, parece que los hechos reales ocurrieron en cinco días, así que poco podríamos criticar. La banda sonora me parece terrible, con una música dura insoportable, pero intuyo que Heiko Maile (encargado de la banda sonora) ha querido demostrar con esta música un determinado comportamiento de los jóvenes del instituto.

El desenlace de la película es brutal, te deja con los ojos abiertos como platos clavados en la pantalla. La fuerza de las imágenes y el contenido argumental de la película dejan un buen sabor de boca. Sin dudas, una película recomendable y necesaria.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Entrevista con Alejandro Palomas (Finalista VII Premio de Novela Ciudad de Torrevieja)

Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) me estrecha la mano con una amplia sonrisa en la cara. Se nota que es feliz por haber sido finalista del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja con El secreto de los Hoffman. Opina que es bueno que los premios apuesten por autores que escriben como él, que no son leídos por inmensas mayorías. Afirma, sin dudar, que el premio no le va a condicionar en un futuro, que seguirá escribiendo como hasta ahora.

Sorprende ver que habla igual que escribe. Sus respuestas son cortas, limpias –como a él le gustaría decir- y no se anda con excesivos rodeos. Se le ve con una gran confianza en sí mismo y se nota que cree en su novela.

Manel Haro. Barcelona

¿Cuándo escribía la primera página de esta novela, tenía toda la estructura pensada?

No. Lo primero que tengo es un título. A partir de ahí, no hay ninguna idea más. Me siento y empiezo a escribir sobre lo que no sé. En cuanto empieza la primera palabra, sigo. No hay ningún proceso como tal, sino muy inconsciente, muy desatado, pero no hay planificación ni estructura. Hay voces, a las que voy siguiendo, pero nada más.

¿De dónde sale el título, El secreto de los Hoffman?

No lo sé. Ninguno de mis títulos sé cómo se me ocurren. De repente voy paseando y lo oigo. Cuando lo oigo es que es y cuando es, tengo que escribirlo.
Usted dice siempre que tiene los personajes muy interiorizados. Si cuando escribe, no tiene ninguna idea de cómo van a ser sus personajes, ¿cuándo los interioriza?

Es que cada personaje soy yo. Entonces es muy fácil interiorizarlos porque ya los tengo dentro. Todas sus voces son la mía. Yo sé cómo soy porque tengo un trabajo personal más o menos bien hecho. Claro, juego con un poco de ventaja. Manejo como quiero a los personajes, porque me estoy manejando a mí. Me gusta mucho ese juego, que luego traslado a diferentes voces. Obviamente, los diálogos conmigo mismo no interesarían a nadie, así que tengo que montar una historia, una estructura. Pero todas las voces soy yo.


Veo en sus personajes que están muy dispuestos a dar ayuda, pero no a pedirla. ¿Por qué?

Sí. Esto es algo que me atrae mucho de la condición humana, la capacidad que tenemos de ofrecernos a dar ayuda y la poca capacidad que tenemos para mirar dentro y pedir. Es como si, pidiendo, entráramos en deuda con alguien. Quizá es una proyección personal, un miedo que he tenido muchas veces. Prefiero dar antes que recibir. Soy muy generoso, aunque hay una parte que es falsa generosidad porque es miedo a tener que oírte pidiendo cosas. Pedir significa reconocer que uno tiene carencias y entras en una serie de conflictos. Entonces es más fácil ofrecerte. Pero esa oferta a veces sirve para tapar ciertas cosas que es mejor no ocultar.

En la novela hay mucha soledad. ¿Por qué le gusta decir que esta soledad es como una bendición?

Así la vivo yo. Yo llevo la soledad como una bendición, sobre todo cuando es elegido. Yo la vivo como una oportunidad para descubrir muchas cosas: cómo miras el mundo, cómo lo recibes, cómo funcionas sin muchas interferencias. Cuando los personajes están solos es cuando se dan cuenta de muchas cosas porque es cuando tienen tiempo y espacio para verse y escucharse. Esa es la parte positiva que tienen los personajes y yo en referencia a la soledad. Son esos paréntesis en los que nos quedamos solos por alguna razón y cómo cambia nuestra percepción de las cosas.

Bueno, tiene usted un excelente animal de compañía. El premio se lo dedicó a su perro, Rulfo.

Es curioso esto de la dedicatoria a Rulfo, porque me lo han preguntado mucho. No es que yo esté solo y por eso le dedico el premio al perro (ríe). Es sencillamente que quiero mucho a mi perro y se lo merece. Él es quien me acompaña siempre. Cuando escribo, él pone la cabeza sobre mí. No hay nadie que me ponga la cabeza sobre las rodillas durante cinco horas mientras escribo y paso de él. Por eso pensé que se lo merecía.


¿Por qué ha escrito una novela coral?

Me gusta siempre que hay múltiples voces. En mis novelas siempre son así y creo que siempre será así. Me gusta que cada personaje tenga su voz, su forma de expresión. No me gustan las descripciones ni hablar directamente al lector. Me gusta entrar muy directamente en las cosas, como en la vida real. Quiero que cada personaje se haga cargo y sea responsable de su propia voz.

Debe ser síntoma de que detrás de esta obra hay un novelista, pero también un guionista.

Sí, claro. Esto se nota porque lo más me gusta hacer son los diálogos, me encanta trabajarlos. Me sale muy fácil, quizá por eso me gusta, porque es lo que menos trabajo me da. Y no me gustan nada las descripciones, las comparaciones, los detalles, los adornos… Quizá es por el cine, porque cuando escribes un guión, tienes que acotar mucho.

Cuando escribe, ¿piensa en el lector?

No, no tengo tiempo, porque como escribo tan rápido, no tengo tiempo para pensar en nada que vaya más allá de la novela. Es como cuando te metes en una película, estás en ese mundo, no en otro. Lo que pueda pasar después, yo no tengo ni idea ni lo pienso. Además, cuando termino de escribir y me voy a dormir, sueño con los personajes. No se me ocurre pensar en las secuelas de este mundo de los Hoffman.


¿No pretendía enganchar al lector con la palabra “secreto” en el título?

No, yo doy gracias a dios por tener la capacidad de provocar el enganche en un plano tan difícil como el emocional. Es más fácil enganchar en una novela de misterio o de aventuras, pero en el terreno emocional es difícil, sobre todo si no hay ningún asesinato por medio. Si yo me lo planteara, no me saldría, me estresaría. Simplemente escribo lo que me gustaría leer. Supongo que por eso engancha, a mí me engancha (ríe).

Hablemos del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja. Me sorprendió mucho que fuera usted uno de los ganadores.

Vaya, gracias (ríe). Debo decir que a mí también me sorprendió (ríe). Cuando sale mi nombre, yo no me levanto. Oigo mi nombre, pero no sé qué tiene el inconsciente que no registra según qué cosas. Tardé unos segundos en darme cuenta de que yo era uno de los ganadores, así que me levanté a por el premio. Yo soy un escritor de un determinado grupo de lectores y no por una inmensa mayoría. Será que no solo la novela es buena, sino que además hay una apuesta. Es bueno que desde arriba se apueste por gente que va por el camino por donde voy yo.

¿Habrá un antes y un después ahora que usted, seguramente, va a tener más lectores?

Si esto me hubiese llegado hace diez años, hubiese sido diferente, pero ahora no. No me condicionará en nada. Me da un empujón y una alegría, pero nada más.

¿Por qué decide presentar la novela al Premio de Novela Ciudad de Torrevieja?

Por fechas. La terminé y pensé que me apetecía presentarla a algún premio. De los que había en esas fechas, me fui al más grande. Tonto sería si no lo hiciera (ríe).

'Los Nenes', Patricio Fernández

Los Nenes
Patricio Fernández
Editorial: Anagrama
(1ª edición, septiembre de 2008)
Colección: Narrativas hispánicas (441)
Género: Novela
175 páginas
ISBN: 978-84-339-7179-1

Patricio Fernández se sitúa como personaje de esta novela para relatar de primera mano los andares de dos personajes peculiares. Uno es Gastón Miranda, un tipo que va dando tumbos entre sus amigos, soltando lindezas de todo tipo. El otro es Carlos Iribarren, un escritor que decide buscar a una ex pareja suya sin saber del todo para qué quiere hacerlo. Ambos, a pesar de que superan los setenta años, se comportan como críos –como nenes- que no saben lo que quieren, que van de un sitio a otro sin un objetivo demasiado claro. Fernández personaje escribe una novela sobre estos dos amigos suyos; el resultado es la novela que el lector tiene entre manos: Los Nenes.

Alguien dijo una vez que una novela debía ser como una butifarra: da igual lo que haya dentro, lo importante es que esté bien atada por el principio y por el final. Los Nenes sería más bien una hamburguesa estampada en el plato: da igual por dónde empieces, el sabor no cambiará. Da igual también si te dejas la mitad, porque el resultado para el paladar será el mismo. Lo mejor del asunto es que si no le hincas el diente a la hamburguesa puedes ahorrarte un empacho innecesario.

Eso es Los Nenes: una novela que, una vez leída, puede dejar cierta sensación de indiferencia. El relato que hace Patricio Fernández (autor, narrador y personaje) de Carlos Iribarren y Gastón Miranda es el de una extraña cotidianeidad. Iribarren está empeñado en conocer a una ex pareja a la que ha dedicado su último libro. Cuando se consuma el reencuentro, Iribarren se dará cuenta de que ha sido un error. Patricio Fernández nos cuenta el trigo y la paja sin hacer ese necesario ejercicio de criba. Lo mismo ocurre con la historia de Gastón Miranda, un tipo de un ácido humor que se mueve en pequeños círculos literarios lanzando dardos envenenados de perversión y envidia. Lo diferente es que aquí la paja se come al trigo.

Los dos personajes (los Nenes) me resultan de un aburrimiento pasmoso. Dos vidas poco atractivas contadas por un escritor que parece pecar de cierta pretensión. Apostaría a que Patricio Fernández ha querido escribir deliberadamente una historia corta pero tremendamente densa para que el lector capte el tedio de lo que cuenta.

Pero esa densidad puede apoderarse del lector desde la primera página hasta la última (salvo a los lectores, claro está, que les vaya este tipo de literatura). Personalmente, lo que narra me resulta tan poco interesante, sus personajes tan poco atractivos y su prosa tan cargada, que se me agotarían rápidamente los argumentos para recomendar este libro.

¿Por qué el autor ha evitado poner los diálogos de forma directa y los ha incluido en inacabables párrafos? ¿Por qué ha evitado poner más puntos y aparte? Son esas manías de algunos escritores que parece que escriban más para sí mismos que para los lectores. Ningún escritor debería olvidar que una novela no se consuma hasta que el lector la lee.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Desmontando "la cámara lúcida" de Roland Barthes


La cámara lúcida es una reflexión sobre la Fotografía en mayúsculas. Roland Barthes propone una visión personal de este arte huyendo de tópicos y teorías reduccionistas sobre lo que debe ser la observación de la Fotografía. Cada uno experimenta sensaciones diferentes cuando mira una foto y nadie tiene que atenerse a teorías o a esquemas. Cada uno tiene sus motivaciones y en cada uno la Fotografía provoca una reacción diferente. Ésta es la interpretación de Roland Barthes.

Como ya ha quedado claro, este libro es una reflexión personal. Por lo tanto no podemos echar abajo el contenido de un plumazo ni elevarlo a teoría. Lo que dice Roland Barthes es lo que él cree, su visión. Podemos, eso sí, compartirlo, aceptarlo, adaptarlo o rechazarlo. En mi caso no estoy demasiado de acuerdo con lo que dice. Por pasos:

1. Dice Barthes que “la Fotografía reproduce al infinito únicamente lo que ha tenido lugar una sola vez: la Fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente”.

Estoy de acuerdo y aplaudo esta reflexión. Lo que vemos en una foto no es más que la repetición de lo que ya fue (cada vez que lo miramos, se reactiva, pero jamás vuelve a ser).

2. Continúa: “Una fotografía se encuentra siempre en el límite de este gesto. La fotografía dice: esto, es esto, es asá, es tal cual, y no dice otra cosa; una foto no puede ser transformada filosóficamente, está enteramente lastrada por la contingencia de la que es envoltura transparente y ligera”.

Esto no lo comparto. No puedo aceptar que la Fotografía sea simplemente una exposición deíctica (aquí una tienda, aquí un coche, aquí una calle y aquí una persona). La Fotografía es más, mucho más. Ver estas fotos de Cartier-Bresson y limitarse a decir que no hay mayor contenido que lo que el ojo humano puede ver es tan injusto como reduccionista. Cuando miro las fotos de Cartier-Bresson, Willy Ronnies, André Kertész o Robert Doisneau, mi mente activa una representación de esa realidad que me pertenece como espectador.


3. “La Fotografía nunca es más que un canto alternado de vea, ve, vea esto, señala con el dedo cierto vis-à-vis y no puede salirse de ese puro lenguaje deíctico. Es por ello que, del mismo modo que es lícito hablar de una foto, me parecía improbable hablar de la Fotografía”.

No estoy en absoluto de acuerdo. Me parece inasumible decir que la Fotografía nunca es más que un canto del “pase y vea, pero no saque mayores conclusiones”. Existe la foto y existe la Fotografía.

4. “Cuando me siento observado por el objetivo, todo cambia: me constituyo en el acto de posar, me fabrico instantáneamente otro cuerpo, me transformo por adelantado en imagen. No soy en la foto ni sujeto ni objeto, sino más bien un sujeto que se siente devenir objeto, vivo entonces una microexperiencia de la muerte, me convierto en espectro”.



Me parece una buena reflexión, por eso precisamente los fotógrafos huyen de los posados. La naturalidad es lo que aporta vida y realidad a la fotografía. En el momento en que uno posa, se adentra en una metamorfosis en que pasa de sujeto a “sujeto-objeto”. La foto captará un momento que no se volverá a repetir; será, de algún modo, ese espectro de uno mismo.

5. "La Fotografía me permite el acceso a un infra-saber; me dice mejor que los retratos pintados cómo se llevaban las uñas en tal o tal época. La Fotografía es a la Historia lo que el biografema es a la biografía”.

Lo es. Pero no sólo eso. Es apasionante encontrar una foto antigua y ver cómo viste la gente, cómo se peina, cómo lleva las uñas. Pero no solamente por lo que muestra la foto, sino por lo que nosotros imaginamos a partir de esos detalles. Por eso no podemos reducir la foto al lenguaje deíctico.

6. "No tan sólo la Foto no es jamás, en esencia, un recuerdo, sino que además lo bloquea, se convierte muy pronto en un contrarrecuerdo”. “La Fotografía es violenta no porque muestre violencias, sino porque cada vez llena a la fuerza la vista y porque en ella nada puede ser rechazado ni transformado”.


Lo que Barthes expone es que en el momento en que vemos una fotografía (una muestra de realidad objetiva), ya no podemos transformar nuestros recuerdos, porque la imagen es tan cercana a lo que fue en realidad, que la mente no tiene mucho margen de maniobra para transformarlo. Pero yo me pregunto, ¿no es un recuerdo algo muy cercano a la realidad? La foto es solamente una chispa que activa el motor de la memoria. Yo me veo a mí, de pequeño, jugando en la playa y más allá de la imagen, empiezo a reconstruir mis recuerdos. Una foto jamás puede ser un contrarrecuerdo.

7. “Si no se puede profundizar en la Fotografía, es a causa de su fuerza de evidencia. En la imagen, el objeto se entrega en bloque y la vista tiene la certeza de ello, al contrario del texto o de otras percepciones que me dan el objeto de manera borrosa, discutible, y me incitan de este modo a desconfiar de lo que creo ver”.

Sigue la estela del último punto. Si pretendemos acercarnos a la realidad, ¿por qué rechazar un instrumento –la fotografía- que nos ayuda a configurarla?


8. “Todos esos jóvenes fotógrafos que se agitan por el mundo consagrándose a la captura de la actualidad no saben que son agentes de la Muerte”.

Muerte es aquello que jamás va a volver a cobrar vida. Cuando un joven fotografía algo, en realidad guarda un retazo de realidad que más tarde podrá recuperar para mantenerlo con vida. La Fotografía, una vez más, activa el motor de la memoria. Ese instante, cierto, no podrá repetirse, es un espectro, pero sí podrá rememorarse. Un fotógrafo no es un agente de la muerte, sino un capturador de instantáneas que más tarde conformarán, de nuevo, vida. No puedo decir que La cámara lúcida sea un mal libro, porque ayuda a reflexionar. Incluso contradiciendo a Barthes uno aprende a organizar su posición ante la Fotografía. Yo amo este arte y no puedo conformarme con ver lo que la imagen me muestra. Si me cortan las alas de la reflexión, la imaginación y la recreación, ¿para qué fotografiar?

Ficha del libro:
La cámara lúcida
Título original: La chambre claire
Autor: Roland Barthes
Traductor: Joaquim Sala-Sanahuja
Editorial: Paidós Ibérica (2ª edición, 1992)
Colección: Paidós Comunicación (43)
Género: Ensayo (Fotografía)
ISBN: 84-7509-621-2
207 páginas
Fotos:
1 y 2: Henri Cartier-Bresson.
3: Robert Doisneau.
4. André Kertész.
5. Robert Capa.
6. Agustí Centelles.