martes 24 de febrero de 2009

Vlkolinec, un pueblo Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

Siempre he pensado que la auténtica esencia de cada país no está en las capitales, sino en los pequeños pueblos. Las grandes ciudades son, grosso modo, parecidas entre sí: cada una tiene sus monumentos, sus calles, sus gentes, pero todas guardan la semejanza de ser grandes urbes llenas de movimiento, centros históricos aguijoneados por tiendas de souvenirs y miles de turistas haciendo fotos. En cambio, al dejarse perder por pequeños pueblos donde el turismo se ve como una feliz coincidencia es cuando nos encontramos con el auténtico tesoro de cada país: la esencia incorrupta de la historia.


Estos días he estado en un pequeño -pequeñísimo- pueblo de montaña anclado en los Cárpatos eslovacos. Se llama Vlkolinec, tiene solamente 35 habitantes y es, desde 1993, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Este diminuto pueblo tiene actualmente unas 45 casas, de las cuales unas cuantas están construidas solamente con troncos de árboles recubiertos de yeso. Y, para más señas, están pintadas cada una de un color.




Vlkolinec nació en el siglo XV y pertenecía a la ciudad de Ruzomberok (actualmente, a unos 6 kilómetros montaña abajo). Su nombre parece ser que procede de la palabra "lobo" en checo, ya que entonces era muy normal ver lobos paseándose por el pueblo. Este pequeño núcleo de casas tenía 117 habitantes en 1766; 334 en 1825; 345 en 1869; 265 en 1930; 203 en 1950 y 172 en 1971. Actualmente solamente unos 35, de los cuales 12 son niños en edad escolar.





Para subir a Vlkolinec hay dos opciones: recorrer a pie los 6 kilómetros desde Ruzomberok montaña arriba (en invierno, hay que contar con la nieve y las temperaturas bajo cero) o coger el City Bus. Este medio de transporte cuesta actualmente 0,33 euros y tiene poca frecuencia: solamente tres al día van a Vlkolinec y vuelven. Por ejemplo, se puede subir en el City Bus de las 10:45h y volver en el de las 15:10h. Pero hay que tener en cuenta que el pueblo se ve en menos de una hora y luego hay que esperar a la intemperie a que llegue el siguiente coche. Si está nevando y hace un frío imposible, las horas se hacen especialmente largas, porque no hay ningún lugar donde cobijarse (en Vlkolinec no hay cafeterías ni tiendas). En este pueblo, además de las casas y una iglesia, hay un modesto museo que muestra una vivienda original por dentro. La entrada es gratis, pero es de cortesía comprarle al hombre que te abre la puerta algún pequeño souvenir que tiene a la venta.





Si uno sube en invierno verá a los niños lanzarse en trineo, a los hombres apartando la nieve de las puertas de sus casas con las palas y a alguna mujer mayor lavando la ropa en el riachuelo de heladas aguas. Es, sin dudas, un pueblo con encanto, muy recomendable de visitar, dado que guarda la esencia de la historia, de cómo era antes un pueblo apartado en las montañas de Eslovaquia. Aunque ese encanto quede un poco descafeinado al ver los coches aparcados al lado de las casas hechas de troncos de madera.

lunes 23 de febrero de 2009

'El curioso caso de Benjamin Button' se tropieza con la alfombra roja

Después de que la alfombra roja encaminara al elenco de cineastas al Teatro Kodak de Los Ángeles, ya podemos hacer balance de cuáles han sido las películas más premiadas. Antes de hacer cualquier mención, quiero hacer cura de humildad y reconocer que, de las nominadas, solamente he visto Vicky Cristina Barcelona (Penélope Cruz optaba y ha ganado la estatuilla a Mejor Actriz de Reparto), Mi nombre es Harvey Milk (Sean Penn se ha llevado el Oscar a Mejor Actor) y El curioso caso de Benjamin Button. Lamento ahora no haber visto Slumdog Millionaire (la gran triunfadora).

Como ya he hablado en este blog de la película de Woody Allen y de la de Gus Van Sant, no me queda más remedio que hablar del filme dirigido por David Fincher, El curioso caso de Benjamin Button. Esta película competía en 13 nominaciones, pero se ha llevado solamente tres premios llamados menores (Mauillaje, Efectos Especiales y Dirección Artística).

¿Qué nos cuenta esta película? El filme está basado en un relato del autor americano Francis Scott Fitzgerald: un recién nacido es abandonado en las escaleras de una casa. Una pareja lo recoge cuando ve que, aunque tiene cuerpo de bebé, su cara parece la de un hombre anciano y desgastado. El pequeño Benjamin tiene el crecimiento invertido: en lugar de envejecer, rejuvenece a medida que pasa el tiempo. De ese modo, nace con aspecto de un hombre octogenario, pero sus arrugas desaparecen con los años.

Lo que estaba claro es que el Óscar a Mejor Maquillaje y Mejores Efectos Especiales se los iba a llevar. Lo que era más difícil era que se llevara los otros (aunque no esperaba que el fracaso fuera tan mayúsculo). Personalmente, me parece una buena película, la disfruté mucho. Pero hay un par de cosas que no me gustaron en absoluto.

En primer lugar, creo que la evolución biológica de los personajes es demasiado desigual. Hay un momento en que Button se encuentra con un viejo amor. Button aparenta más de 50, mientras que ella unos 30, como mucho. En el transcurso de los siguientes minutos, Button ha rejuvenecido 20 años, pero ella se mantiene prácticamente igual. Al final de la película, el proceso se invierte casi con la misma velocidad. Creo que en este aspecto al director le ha faltado coherencia.

Tampoco me ha gustado las poses de Brad Pitt en plan "fíjense qué guapo estoy ahora con mi chupa, mis gafas de sol y sobre mi moto". Cada vez que Pitt aparecía con esa disposición, la sala se reía. Me gustaría pensar que ha sido todo pura ironía del director, David Fincher, para exagerar algunos rasgos del personaje.

Pero, por lo demás, El curioso caso de Benjamin Button es una película con un buen argumento, una historia emotiva y tierna, unas buenas interpretaciones (aunque el genio de Button radique más en el maquillaje que en las cualidades de Brad Pitt, de las que no dudo) y excelentes efectos especiales. Así que adelante con la película para los que todavía no la han visto.

domingo 22 de febrero de 2009

'Llámame por tu nombre', André Aciman

Llámame por tu nombre
(Call me by your name)
André Aciman
Traducción de Guillermo Díaz Ceballos
Género: Novela
Editorial: Alfaguara
1ª edición, junio de 2008
277 páginas
ISBN: 978-84-204-7389-5

Como cada verano, Elio –un chico de diecisiete años- espera la llegada de algún joven creador a su casa de Italia. Su padre, catedrático, acoge cada año a algún estudiante universitario o futuro escritor para que le ayude en sus actividades culturales y, de paso, que disfruten de un descanso en Italia. Ese año llega Oliver, un joven autor estadounidense. Elio siente rápidamente un incontrolable deseo sexual hacia él y, aunque con cierto miedo, acaba reconociéndoselo. Oliver no quiere caer en la tentación, pero también él se siente fascinado por Elio. Ambos empiezan una historia de amor y pasión intentando aprovechar el tiempo al máximo ya que saben que, al final del verano, Oliver tendrá que volver a Estados Unidos.

Llámame por tu nombre es una intensa historia de amor entre dos jóvenes, como ya ha quedado dicho en el argumento. Quizá la originalidad de esta novela esté en que los amantes son dos chicos homosexuales (o, al menos, bisexuales), porque historias como ésta, con un amor de verano se habrán escrito cientos. Y seguramente tampoco sea muy originalidad, uno no está puesto en novelas de amor homosexual, pero tanto se ha escrito, que tiene que haberlas a montones.

Si la historia no es, por lo tanto, original, nos queda esperar que, al menos, esté bien escrita o que conmueva al lector de alguna manera. Lo primero lo tenemos, está bien escrita; Aciman escribe como si él mismo hubiese vivido cada cosa que cuenta, por lo que resulta convincente. Y a la vez conmovedor, no es difícil que el lector le coja cariño a Elio y quiera que sus deseos se vean satisfechos (sobre todo, imagino, si el lector es también homosexual). Pero, cuidado, no seré yo quien encasille esta novela como "literatura gay"; este tipo de etiquetas me sacan de quicio. Es, ante todo, una historia de amor.

Lo reprochable en esta novela es el manejo del tiempo narrativo. El autor tarda 240 páginas aproximadamente en contarnos una historia de tan sólo unas semanas veraniegas y, en cambio, en las últimas 30 ó 40 páginas pasan quince años de repente, casi sin que al lector le dé tiempo a asimilar que el verano se ha acabado. Justo en ese punto es cuando la novela se me caía de las manos, perdía interés y lo que es peor, toda credibilidad. Como si el autor hubiese querido rizar el rizo de una forma innecesaria y se hubiese cargado una potente historia de amor con un desenlace descuidado. Quizá la novela hubiese estado mejor sin esas últimas 40 páginas.

domingo 15 de febrero de 2009

'Llenos de vida', John Fante

Llenos de vida
Full of Life
John Fante
Traducción de Antonio-Prometeo Moya
Editorial: Anagrama
Colección: Panorama de Narrativas
1ª edición, junio de 2008
160 páginas
ISBN: 978-84-339-7484-6

Llenos de vida nos presenta a dos escritores. Por un lado John Fante, autor de la novela; por otro, John Fante, protagonista de la historia, también dedicado a la literatura. Pero entre ambos no hay ninguna relación, no es una obra autobiográfica. El autor hace un nuevo reflejo de la sociedad americana de los años cincuenta: un hombre con ganas de prosperar en la vida se instala con su esposa en un barrio residencial. Él ha tenido un golpe de suerte con sus novelas y parece que todo está encarrilado, pero un hecho aparentemente banal (el suelo de la cocina se viene abajo por las termitas), hace que Fante (personaje) contacte con su padre para que le haga de carpintero, lo que supondrá retomar el contacto con su pasado y volver a viejos valores familiares y religiosos. El protagonista, que tiene un carácter liberal, tendrá que enfrentarse al american way of life, el acceso a las entrañas de la América profunda.

Los afortunados que ya conocemos la literatura de John Fante, no nos extrañará la calidad de esta novela. Hay diferentes rasgos en Llenos de vida que recuerdan inevitablemente a anteriores obras del autor. Por ejemplo, el padre del protagonista casi siempre es un albañil aficionado al alacohol, del que sus hijos se distancian con el tiempo (por ejemplo, así ocurre en las novelas La hermandad de la uva o Un año pésimo). La figura de la madre es casi siempre la de una mujer muy religiosa que acepta sin más el sistema patriarcal que le ha sido impuesto: la mujer debe satisfacer al hombre. Y luego están los protagonistas masculinos, en este caso un tal John Fante (personaje), un tipo que, aunque intenta luchar contra la circunstancias, el conformismo se va apoderando de él. Así ocurre también en las novelas protagonizadas por Arturo Bandini.

Adentrarse en la literatura de John Fante es sumergirse en un mundo de personajes anclados en una sociedad americana de adustos valores morales, donde es casi imposible llevar a cabo un proyecto sin tener en cuenta el entorno (sociedad, familia, religión...). El lector verá, cuando acabe la novela, lo paradójico del título: Llenos de vida. No olvidemos que Fante es el creador del realismo sucio, el escritor que empezó a mostrar las auténticas entrañas de la América de los años 50 a través de la literatura y sus personajes son un ejemplo de ello.

Llenos de vida es tan recomendable como La hermandad de la uva, Un año pésimo o cualquiera de la saga Bandini, como Espera a la primavera, Bandini o Pregúntale al polvo. Todas ellas publicadas por Anagrama.

viernes 13 de febrero de 2009

'Moments feliços', Oriol Izquierdo

Moments feliços
Oriol Izquierdo
Editorial: Edicions 62
1ª edición, octubre de 2008
Género: Poesía
93 páginas
ISBN: 978-84-297-6155-9

Aunque Moments feliços (Momentos felices) sea el primer poemario que se publica de Oriol Izquierdo, lo cierto es que este escritor ya llevaba tiempo componiendo versos. Como suele suceder muchas veces con otros autores, Izquierdo daba forma a un yo poético que luego encerraba bajo llave en algún cajón de su despacho. A finales del año pasado, ese cajón se abrió para liberar, por fin, los poemas y Edicions 62 ha sido el encargado de sacarlos a la luz.

Un tema determinante se pasea a lo largo de estos Moments feliços: la muerte prematura de la hija del autor, Carla. El poemario está dividido en cuatro partes, en las tres primeras hay una diversidad de emociones que son solamente premonitorias de lo que nos vamos a encontrar en la cuarta parte: el dolor por la pérdida.

El yo poético empieza errático, algo desubicado en el mundo en el que se encuentra, por lo que inicia una búsqueda. Mira el paisaje desde la distancia, se abstrae de la realidad, pero sabiendo que la vida es lo que es y que es difícil huir. Aunque ese yo poético queda a veces agotado a mitad del camino, sabe que debe perseverar, quizá sabiendo que, finalmente, nos salvan las palabras.

En la segunda parte nos encontramos con la insatisfacción con el entorno: una multitud mirándose el ombligo, gente que habla por no callar, la insolidaridad, la capacidad de crueldad, la incomunicación, la muchedumbre invisible y la obstinación por ser un disfraz de uno mismo.

Pero llega el deseo en la tercera parte, dando una sensación de plenitud y de paz, como si el yo poético se asentara en el paraíso. El deseo se mezcla con cierto temor a morir, pero quizá también a vivir. Es difícil mantener el equilibrio ante estos momentos felices.

Seguramente muchos lectores pueden estar desconcertados ante el título, pero el autor tiene una explicación: ¿no es, acaso, relativa la felicidad? ¿No puede ser uno igual de feliz ante una ausencia que te acerca a la plenitud y a la paz? En la cuarta parte cae como una losa la tragedia: la muñeca queda tirada en el suelo, al lado de la cama, como advertencia de lo que acaba de ocurrir: la muerte de la hija. El poema Cançó (Canción) atraviesa al lector como una lanza y lo sacude hasta el final.

Pero ante la ausencia, quedan dos opciones: la angustia o la búsqueda: el sentimiento de que todavía está ahí. La sensación de que en las pequeñas cosas está encerrado el recuerdo mágico del ser querido desaparecido, esperando a ser descubierto y, al hacerlo, nuevamente la paz.

Estamos seguramente ante un poemario circular: volver al principio después de leer los últimos versos de Moments feliços es comprobar que la nueva lectura es diferente de la primera, que hay otro contenido, otra esencia y otro yo poético. De alguna manera, son dos poemarios en uno: el primero –le lectura- es el que provoca la llaga y el segundo –le relectura- el que ahonda en ella o el que la cicatriza, depende del lector. Sea como sea, resulta imposible no sucumbir a estos momentos felices.

jueves 5 de febrero de 2009

'Dora Bruder', Patrick Modiano

Dora Bruder
Patrick Modiano
Traducción de Maria Pino
Editorial: Seix Barral
Colección: Biblioteca Formentor
1ª edición, enero de 2009
Género: Novela
127 páginas
ISBN: 978-84-322-2842-1

Dos hechos encuadran esta historia: en 1941 el periódico francés Paris-Soir publica un anuncio de unos padres que buscan a su hija adolescente desaparecida; unos meses más tarde, la niña, Dora Bruder, aparece en la lista de deportados a Auschwitz. A partir de aquí, Patrick Modiano reconstruye la historia de esta chica judía de 15 años. ¿Cómo desapareció? ¿Qué ocurrió después? ¿Cómo fue deportada a Auschwitz?

La historia de por sí ya promete. Una niña que desaparece en la época de la Francia ocupada, unos padres que la buscan desesperadamente, pero que tienen que luchar también contra el antisemitismo. Y un resultado trágico: Dora Bruder aparece en las listas de deportados a Auschwitz. No les he revelado nada que no podamos leer en la contraportada de la novela. La fuerza de esta obra radica en la reconstrucción de los hechos, en cómo Patrick Modiano rastrea e investiga para mostrarnos esos instantes intermedios llenos de tintes dramáticos.

No es de extrañar que el lector espere una historia de tormentos, de episodios trágicos y de extrema dureza. Pero lo que encontramos en Dora Bruder no es una recreación macabra de una agonía familiar, sino más bien un compendio de datos y tristes anécdotas que permiten entender mejor la situación que vivieron los judíos de la Francia ocupada. Sí que en las primeras 70 páginas es difícil soltar el libro, mientras vamos profundizando en la vida de Dora Bruder, pero, a partir de ahí, el autor empieza una serie de divagaciones sobre sí mismo e inicia un resumen de documentos sobre otros judíos que no vienen al caso con la vida de la niña desaparecida. Esto provoca inevitablemente que la novela vaya perdiendo fuerza, sobre todo teniendo en cuenta que ya conocemos, grosso modo, el desenlace desde la primera página.

La sensación es que la novela promete más de lo que en realidad ofrece. Estamos tan acostumbrados a las historias de niños judíos en la literatura y en el cine, que esta novela de Patrick Modiano me resulta algo descafeinada.

lunes 2 de febrero de 2009

'Converses amb Hannah Arendt', Adelbert Reif (ed.)

Converses amb Hannah Arendt
(Gespräche mit Hannah Arendt)
Adelbert Reif (ed.)
Traducción de Ramón Farrés
Editorial: Lleonard Muntaner
1ª edición, octubre de 2006
Género: Conversaciones / Teoría política
197 páginas
ISBN: 978-84-96664-13-5

Es éste un libro de conversaciones y ponencias que Hannah Arendt llevó a cabo entre 1964 y 1975. Organizado el material en dos partes, en la primera la autora toca temas como la importancia de la lengua materna, la repercusión que tuvo su libro sobre el caso Eichmann y la importancia de la revolución en la política. En la segunda parte, Arendt habla de los síntomas de la crisis en la democracia occidental y de la legitimidad de la mentira en la política.

La propia Arendt lo avisa en la primera conversación: ella no es filósofa, sino que se dedica a la teoría política. Un caso extraño, tratándose de una mujer judía nacida en 1906 en la ciudad alemana de Hannover. Pero su pensamiento no fue reprimido porque en los años 30 se exilió a París y, tras la ocupación nazi de la capital francesa, se marchó a Estados Unidos.

Nadie duda de la claridad del pensamiento de Hannah Arendt, autora leída hasta la saciedad en las universidades de todo el mundo. En sus palabras podemos ver un análisis diáfano y exhaustivo de la modernidad política.

En el primer punto, donde trata el tema de la lengua, Arendt explica que muchos alemanes renunciaron a la lengua alemana para tapar el trauma, como si la lengua hubiese sido el motor de la tragedia. Pero Arendt avisa: “no ha sido la lengua la que se ha vuelto loca”. Para ella una de las gratas sensaciones de volver a la Alemania de la posguerra, fue darse cuenta de que la lengua alemana (su lengua materna) persistía a pesar del nazismo. Y fue ésa una gran alegría. De algún modo, Arendt explica que la lengua alemana es la misma antes, durante y después de la tragedia, a pesar de que muchos la dejaran por una cuestión de pudor o reparo: “la lengua alemana es lo más esencial que ha quedado”. Y añade que ella ha mantenido siempre conscientemente la lengua alemana.

Interesante es también su visión sobre la mentira, la que califica como una posible amenaza para la sociedad. Los medios de comunicación o incluso la clase política pueden vendernos interpretaciones como si fueran verdades absolutas. Dice Arendt: “El hecho de que la persona pueda mentir significa que no es del todo prisionera de las realidades”. Esto implica que si se puede mentir es porque se tiene la libertad para hacerlo. Pero hay dos tipos de mentira: la que se produce por necesidad para buscar un bien (puede ser tolerada) y la que se produce por sistema. Ésta está condenada al fracaso. “En los lugares donde reina el terror, la mentira puede ser impuesta como principio general, en otros lugares no”, dice Arendt. Solamente a través del terror, la mentira puede tener cierto éxito, pero a largo plazo acaba perdiendo efecto.

Contra la mentira se puede luchar y esto lo consigue un movimiento político espontáneo que actúa por razones morales. Las revueltas estudiantiles –la public happiness- han hecho que los jóvenes se hayan dado cuenta de que “cuando actúan públicamente, acceden a una determinadas dimensión de la existencia humana que, de otro modo, le queda oculta y que de alguna manera forma parte de la felicidad plena”. Es decir, una fuerza política importante son las concentraciones de estudiantes o jóvenes formadas de manera espontánea y que combaten la mentira o van contra ciertos aspectos de la política. Esa actuación pública da resultados y eso les lleva a la satisfacción, a sentir que, de alguna manera, el poder no solamente viene del pueblo, sino que es del pueblo.

Son simplemente unas breves referencias de lo que podemos encontrar en este más que interesante volumen de conversaciones donde Arendt deja manifiesto su pensamiento sobre la crisis de la política moderna.