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jueves, 7 de octubre de 2010

'Rebeldía de Nobel: Conversaciones con 16 premios Nobel de literatura', Xavi Ayén y Kim Manresa

Rebeldía de Nobel: Conversaciones con 16 premios Nobel de literatura
Xavi Ayén (texto) y Kim Manresa (fotografías)
Editorial El Aleph
1ª edición, noviembre de 2009
Género: Reportajes / Literatura / Entrevistas
175 páginas
ISBN: 9788476698914


Esta reseña no podía salir otro día que no fuese hoy, cuando la Academia Sueca anuncia quién es el nuevo Premio Nobel de Literatura. Había muchas maneras de hablar de los Nobel, pero el periodista de La Vanguardia Xavi Ayén y el fotógrafo Kim Manresa nos sirven una oportunidad inmejorable para llevar a cabo nuestro homenaje. Hasta 16 nombres son los que contiene este volumen; 16 autores a los que Ayén ha entrevistado durante los últimos cuatro años y a los que ha convertido en personas accesibles y humanas.

Wole Soyinka, Doris Lessing, José Saramago, Nadine Gordimer, Gao Xingjian, Toni Morrison, Naguib Mahfuz, Günter Grass, Gabriel García Márquez, V.S. Nipaul, Imre Kertész, Kenzaburo Oé, Derek Walcott, Orhan Pamuk, Wislawa Szymborska y Darío Fo son captados por la doble mirada de Ayén y Manresa. Lo que presenta este libro en gran formato son exhaustivos retratos de los Nobel más allá de formalismos y fuera de los ambientes académicos a los que parecen estar anclados los galardonados con el premio gordo de Estocolmo.

La Doris Lessing de Ayén y Manresa es una autora como cualquier otra que vive en una casa desordenada por centenares de libros; el José Saramago es un hombre de barrio que pasea con su mujer como si de un desconocido se tratase; y el Imre Kertész es uno de tantos comensales de cualquier restaurante de Budapest. Este resultado tiene el mérito del trabajo bien coordinado entre un periodista que se mueve como pez en el agua ante los grandes de la literatura y un gran fotógrafo que hace más cercanos a quienes retrata (un Kenzaburo Oé viajando en metro o un Darío Fo besando a su mujer en una esquina).

Pero no se confundan, cada uno de los 16 reportajes no olvida su misión: la de exprimir cada rincón de la vida y la obra de estos Nobel. Si les gusta la fotografía o les apasiona la literatura, acérquense a este libro lo antes posible, porque tiene toda la pinta de ser el típico volumen que por no querer comprarlo ahora, uno acaba pagando cantidades desorbitadas cuando dentro de diez años sea difícil de encontrar. Es un aviso y una recomendación de la que no se arrepentirán.

domingo, 25 de julio de 2010

El imprescindible Turner

Estos días, aprovechando que estaba en Madrid, he pasado por el Prado para ver la exposición Turner y los maestros, para mí una cita ineludible, puesto que me fascina, casi de una forma incontrolable, Turner. Poder estar cara a cara con sus cuadros, expuestos de forma permanente en Reino Unido, Holanda, Francia, Estados Unidos y unos cuantos países más, es una oportunidad que no hay que dejar escapar.

La décima plaga de Egipto, JMW Turner. Óleo sobre lienzo, 143.5 x 236.2 cm. 1813.Londres, Tate

La exposición propone un recorrido en el que se pueden comparar las piezas de Turner con los originales en los que se basó para sus propias obras. Turner, consciente de su potencial y siempre necesitado de reconocimiento, reinventaba las obras de Claudio de Lorena, Canaletto, Watteau, Rembrandt, Veronese o Poussin, entre otros. De tal forma, por ejemplo, Turner imponía su estilo sobre el perfeccionismo de Canaletto y creaba una nueva escena veneciana que destacaba por una atmósfera más cálida y personal que algunos críticos de entonces calificaron como superior respecto a la del pintor italiano. En total son 80 obras, 42 de las cuales son de Turner.

Snow Storm-Steam-Boat off a Harbour's Mouth. JMW Turner. 1842. Óleo sobre lienzo

La exposición no es sólo la oportunidad de encontrarse con el pintor británico, conocer su personalidad y trabajo, sino también para iniciarse en la obra de los maestros que, sin ser tan conocidos por el gran público, dejaron una obra fascinante. Personalmente, todavía no me he recuperado del impacto que me supuso descubrir la obra de Claudio de Lorena y Jacob Ruysdael. En definitiva, Turner y los maestros es una de esas exposiciones ineludibles que a uno le gustaría ver varias veces si la tuviera más cerca. Si estáis por Madrid, no dejéis de pasar por el Prado. Tenéis hasta el 19 de septiembre.



lunes, 19 de octubre de 2009

Una mínima selección de arte islámico pasa por CaixaForum Barcelona

CaixaForum Barcelona expone hasta el 17 de enero Los mundos del Islam, un conjunto de piezas de arte islámico propiedad del futuro Museo Aga Khan de Toronto (Canadá). La muestra, que llega tras pasar por Madrid, reúne vasijas, tapetes, retratos, manuscritos y vigas, entre otros objetos, procedentes de diferentes épocas y puntos geográficos.

Cuando salgo de ver una exposición, siempre me gusta haber encontrado respuesta a tres cuestiones: ¿cuál es el objetivo de la exposición?, ¿qué novedades aporta? y ¿qué he aprendido? Para empezar, el recorrido es demasiado difuso para mi gusto: aquí hablamos del Magreb, aquí de misticismo, aquí del arte mudéjar... y esto ocurre porque, en el fondo, no parece que haya un recorrido claro, sino que el eje es la simple muestra (acumulación) de objetos sin un hilo conductor definido.

Mi decepción parte del título: Los mundos del Islam suena a demasiado ambicioso y eso me ha generado unas expectativas que luego no se han cumplido, porque al final resulta que "los mundos" sólo son una colección de materiales que, por muy interesantes que sean, no arrojan ninguna novedad sobre el arte islámico.

Además de los objetos, se proyecta un audiovisual sobre las mezquitas del mundo. Y aunque las mezquitas son focos de gran riqueza cultural, la proyección sólo ofrece una vista aérea de las ciudades y un par de fotos de cada una de ellas (básicamente de los exteriores, a pesar de que lo más interesante está en el interior).

La sensación que me queda es que, para todo lo que prometía el título, el resultado me ha sabido a poco (muy poco). No he aprendido nada, no me han aportado ninguna novedad que uno no pueda saber a golpe de Google y no veo mayor objetivo que la básica exposición de piezas (sin discurso ni recorrido).

sábado, 26 de septiembre de 2009

Fallece la gran maestra del piano Alicia de Larrocha

Cuando Alicia de Larrocha tocaba el piano, todo lo demás se detenía. Bastaba ver sus manos deslizarse por las teclas, la expresión de su cara totalmente entregada a las melodías que interpretaba para no querer prestar atención a nada más. Fueron más de sesenta años de trayectoria recuperando piezas clásicas de los grandes maestros de la historia de la música, que le han valido los más prestigiosos premios del mundo, como cuatro Grammy, tres Edison o el Príncipe de Asturias de las Artes (1994). Todo un torrente de fuerza y lirismo que hoy ha llegado a su fin. Ha muerto la pianista barcelonesa Alicia de Larrocha a la edad de 86 años.




Sobraban las palabras cuando ella tocaba y sobran ahora porque sus interpretaciones seguirán sonando. Que su música hable ahora y siempre.



sábado, 19 de septiembre de 2009

Bajan a Jean Nouvel de las alturas (otra vez)

El arquitecto francés Jean Nouvel debe pensar que el mundo conspira contra él. Si hace poco se sabía que el príncipe Carlos de Inglaterra había hecho todo lo posible por vetar uno de sus proyectos al considerarlo demasiado moderno, ahora el golpe le llega desde Manhattan.

Su Torre Verre iba a competir directamente en altura con el Empire State Building, de 381 metros sin contar la antena y de 102 plantas. Sin embargo, Nueva York considera que hay que mantener el estatus de su torre insignia como el pico más alto de la ciudad y ha decidido recortar 61 metros del edificio de acero y vidrio de Nouvel. Así lo leo en un artículo de Francesc Peirón en La Vanguardia.

Pero lo anecdótico es que ésta no es la primera vez que a Nouvel lo bajan de las alturas arquitectónicas: su Torre Agbar de Barcelona también fue recortada. El arquitecto francés quería dar un golpe de efecto al skyline neoyorkino con su nuevo proyecto y situarse como otra de las banderas de la Gran Manzana, pero Nueva York no parece estar de acuerdo.

Sin embargo, esta construcción que albergará apartamentos, restaurantes y una ampliación del Museo de Arte Moderno (el MoMA) todavía no ha dicho la última palabra, ya que el MoMA está ejerciendo toda la presión posible para que no se le apliquen recortes a Nouvel y poder hizarse conjuntamente en el panorama arquitectónico y museístico.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Fangoria se conformó con su repertorio en Villarreal

Este fin de semana me he estado por las fiestas de Villarreal (Castellón) y he podido asistir al concierto que Fangoria dio en la plaza del Labrador, justo al lado de El Madrigal. Nunca la había visto en directo y le tenía ganas. A medida que cantaba, me asaltaba la sospecha de que actuaba en playback y la verdad es que tuve que esforzarme mucho para convencerme de que estaba equivocado.


Sin embargo, nadie puede negar que Fangoria se conformase simplemente con su repertorio. Salió, cantó y se fue. Tan sólo una vez se dirigió al público, tras la primera canción, para dar las buenas noches. No volvió a hablar. Su guitarrista mostraba una constante cara de angustia que no acabé de entender; el pianista iba a lo suyo, no levantaba la vista del teclado; el corista le ofrecía un enorme colchón a la cantante y, mientras tanto, dos bailarines amenizaban la sesión. Olvido cantaba y daba la espalda al público tras cada canción yendo al rincón (incluso una vez se agachó mostrando trasero). Dicho de otro modo, Fangoria en ningún momento se esforzó por complacer el público.



La prueba más palpable de ello es que, al acabar, nadie pidió otra canción, nadie gritó que cantara A quién le importa o Bailando. El público aceptó que el único "éxito de siempre" que cantara fuese Mil campanas. Un error, si se tiene en cuenta que el concierto era gratuito y que, por lo tanto, el público abarcaba diversas generaciones. Así fue, se conformaron con cumplir, no se les vio con ganas y eso se notó.

jueves, 20 de agosto de 2009

Arquitectura hipermoderna

Hace unos días aparecía en los medios que el principe Carlos de Inglaterra había intentado vetar un proyecto de Jean Nouvel por considerarlo demasiado moderno. Se trata de un edificio al lado de la iglesia de Sant Paul en Londres. Charles, que ya arremetió contra un proyecto de Richard Rogers hace poco, es un enemigo declarado de la arquitectura moderna, porque teme que el patrimonio de su ciudad quede en segundo plano al lado de proyectos actuales.

Este tema presenta un interesante debate. ¿Debe conservarse el aspecto tradicional de las ciudades? ¿Un edificio moderno es una amenaza para la imagen de la arquitectura de un país? No es la primera vez que la arquitectura genera esta reflexión. El puente de Santiago Calatrava en Venecia levantó ampoyas, y todavía lo hace, en la ciudad de los canales.




¿Tiene cabida este hipermoderno puente al lado de las clásicos puentes venecianos? ¿Es una forma de abrir la ciudad a la modernidad o una manera de desgarrar su imagen?




Otro ejemplo es la Dancing House de Frank Gehry, en Praga. Los coloridos y clásicos edificios de la capital checa dan carácter y personalidad a una ciudad reacia a lo extranjero. Sin embargo, cerca del río Moldava, se puede ver esta impresionante casa de Gehry, que imita un paso de baile de la pareja artística Ginger Rogers y Fred Astaire. ¿Tiene cabida un Gehry en Praga? Podríamos trasladar la pregunta a un lugar más cercano: Bilbao. Arquitectónicamente, ¿el museo Guggenheim supone una ruptura demasiado radical? Personalmente, aprecio los nuevos proyectos y veo con buenos ojos que las ciudades se abran a la modernidad. Pensar en Venecia es pensar en el Renacimiento. Desde Calatrava, hay algo más en lo que pensar. ¿Positivo o negativo?

lunes, 17 de agosto de 2009

La arquitectura "democrática" y funcional de Palladio, en CaixaForum

CaixaForum Barcelona mantiene abierta hasta el 6 de septiembre la exposición sobre el arquitecto italiano del siglo XVI, Andrea Palladio. Los amantes de las grandes villas del Véneto y la arquitectura tienen la oportunidad de ver de cerca el proceso de su construcción gracias a la colección de maquetas y planos que reúne esta muestra.


Villa Barbaro (Maser, 1554)

La exposición sirve para que el público entienda el entorno de Palladio y cómo pasó de trabajar en una cantera a ser uno de los grandes arquitectos de la Venecia del Renacimiento. En todo el Véneto este artista construyó villas funcionales; es decir, lujosos palacetes que debían asumir perfectamente sus funciones en el campo: como granjas o graneros. De ese modo, Palladio se dejaba de ornamentos que no eran necesarios quedándose con columnas de orden dórico, las más sencillas, y atendía a cuestiones prácticas. Un ejemplo de esa simplicidad es la Villa Barbaro: un palacete con ventanas sin ningún tipo de ornamentación, pero guardando todo un lujo artístico en su interior gracias a una colección de pinturas venecianas. Pero a la vez, Palladio era capaz de crear grandes edificaciones de imponente presencia, como la Iglesia de San Giorgio Maggiore.


Iglesia de San Giorgio Maggiore (Venecia, 1576)


Como indica el tríptico de la exposición, Palladio "democratizó la arquitectura al reivindicar el valor de las edificaciones domésticas, considerando que granjas, graneros y puentes eran obras tan valiosas como las iglesias y los palacios, y que cualquier edificio podía ser bello sin necesidad de emplear materiales costosos". Sin duda, un tipo muy consciente de lo que quería conseguir con sus obras.

sábado, 11 de julio de 2009

CaixaForum recupera el fauvismo de Vlaminck

CaixaForum Barcelona ha estrenado hace poco más de una semana su nueva exposición de pintura: Maurice de Vlaminck, un instinto fauve. Según el marchante Ambroise Vollard, que compró entonces gran parte de la obra del pintor, Vlaminck (1876-1958) era uno de los fauves más radicales.

Orillas del Sena en Chatou, 1906

Entre las obras que se pueden ver en CaixaForum hasta el 18 de octubre, hay cuadros tan cromáticamente explosivos como El castañal de Chatou (1905), propiedad del Museo de Arte Moderno de Troyes; Veleros en el puerto de Le Havre (1906) (colección particular) o El puente de Londres (1911), procedente del Michele and Donald d'Amour Museum of Fine Arts de Springfield.

El castañal de Chatou, 1905

En una misma sala podemos ver un interesante mapa de contrastes, entre pinturas que reflejan el otoño (como el citado El castañal de Chatou), la nieve del invierno, paisajes florales u otros marítimos más propios del verano. Además, se contrapone el trazo grueso de obras como Naturaleza muerta con frutero (1905) con la geometría de Vinos, licores (1910). Además, la exposición, comisariada por Maithé Vallès-Bled, reserva un apartado para las pinturas sobre cerámica que también realizó Vlaminck y para la colección de "arte negro" (piezas de África) del pintor.

Vinos, licores, 1910


Naturaleza muerta con frutero, 1905

miércoles, 24 de diciembre de 2008

La Pedrera muestra otra faceta de Mercè Rodoreda

Da gusto comprobar que la vida de un escritor no acaba el día que muere; su genio persiste durante años y los amantes de la cultura nos encargamos de mantenerlo latente. Un ejemplo de esto son las celebraciones de los centenarios. El pasado 10 de octubre se cumplieron 100 años del nacimiento de la escritora catalana Mercè Rodoreda, motivo por el cual se han organizado diferentes actividades en Barcelona. Hace poco os hablaba del musical que Dagoll Dagom representaba en el Teatre Nacional de Catalunya, una adaptación de la novela Aloma. Hoy os traigo una exposición que la Fundación Caixa Catalunya ha organizado en La Pedrera.

Por si todavía no lo sabían, Mercè Rodoreda también pintaba. Y cómo pintaba. La exposición reúne una colección de 33 pinturas y collages, la mayoría de ellos retratos, en los que se puede ver la influencia de Klee, Kandinsky, Miró y Picasso, sobre todo de este último. Las obras fueron creadas en Francia, donde Rodoreda se exilió en 1939. Se afincó en París, pero con la ocupación alemana, se marchó a Burdeos y luego a Ginebra. En el exilio escribió alguna de sus novelas, como La plaça del diamant, y también pintaba.

Ésta es una excelente oportunidad para acercarse a la obra pictórica de una de las escritoras más importantes de las letras catalanas, ya que la mayoría de los cuadros pertenecen a la colección privada de la familia Borràs-Gras. Ahora, permanecen expuestas al público en La Pedrera hasta el próximo 1 de febrero.

La exposición -comisariada por Mercè Ibarz- es más que sugerente y, desde luego, vale la pena visitarla. Seguro que después de entrar en la sala, sólo tienen en mente leer -o releer- las novelas de Rodoreda para relacionar obra prosaica y obra pictórica. No se la pierdan si están en Barcelona: L'altra Rodoreda: pintures & collages.

viernes, 19 de diciembre de 2008

La Virreina muestra con Joan Fontcuberta una exposición "engañosa"

Para los que piensen que el arte es aburrido, lo mejor es que se pasen por el Palau de la Virreina de Barcelona para disfrutar de una curiosa exposición de fotografía. El artista Joan Fontcuberta (1955), un gran maestro de la simulación y el engaño, propone un desafío al espectador, para que someta a juicio lo que ve. Si bien Roland Barthes opinaba que lo que la fotografía muestra es indiscutible porque es un fragmento de realidad y no se puede filosofar o reflexionar sobre el contenido más allá de la fotografía misma porque no existe, Fontcuberta demuestra que la fotografía es algo más que puro lenguaje deíctico.


Lo que el público ve no es lo que realmente es. Por ejemplo, podemos entrar en una sala con fotografías de estrellas, constelaciones, pero forzando la mirada, nos daremos cuenta de que se trata de un engaño: son manchas blancas sobre un fondo negro. Del mismo modo, Fontcuberta se inventa diferentes mundos de fantasía y fenómenos paranormales, como la historia de un tipo llamado Jean Fontana (véase la analogía con el nombre de Joan Fontcuberta), que descubre fósiles de sirenas de mar. Las fotografías parecen reales e incluso la explicación que se da sobre la vida de este Fontana resulta convincente, pero se trata obviamente de otro engaño.


Quizá la mayor mentira artística que Fontcuberta se sacó de la manga fue la historia de la desaparición del astronauta soviético Ivan Istochnikov (Joan Fontcuberta en ruso) en el espacio. Esto, mezclado con el secretismo del gobierno ruso que presuntamente intentó ocultar las pruebas, llevaron a Iker Jiménez y a su equipo de investigación de Cuarto Milenio a hacer un programa sobre este fenómeno. Incluso dijeron que podría tratarse de una abducción. Pero se trató de una broma de Fontcuberta, que incluso tuvo la osadía de ser él mismo el que pusiera la cara al supuesto astronauta. Iker Jiménez tuvo que reconocer más tarde que le habían metido un gol por la escuadra.


La gracia de la obra de Fontcuberta está en que presenta sus fotografías como si se trataran de documentos reales, pero la verdad es que es pura ficción. El artista afirma que hay una frase de Oliver North que le gusta: "yo no miento, administro la verdad". La exposición (comisariada por Iván de la Nuez) propone, por lo tanto, un juego de ingenio y una complicidad entre el artista y el espectador. De facto. Joan Fontcuberta 1982-2008 es una genial oportunidad para disfrutar del arte y además divertirse. Hasta el 8 de febrero en el Palau de la Virreina de Barcelona.

martes, 16 de diciembre de 2008

Creatividad ante la decepción social en el Festival de Arte Contemporáneo BAC!’08

En una gran pantalla, un grupo de modelos desfilan en una zona que parece industrial. Hay mucha gente aguardando la salida de las mujeres, incluso bomberos. Ellas salen con paso galopante, posan, dan giros, miran, sonríen y se dirigen hacia una pequeña hoguera. Sin demasiados rodeos, se quitan el vestido y lo arrojan al fuego. Finalmente y mostrando una entera satisfacción, regresan al backstage. Si el espectador se acerca al cartel situado al lado de la pantalla, verá que se trata de una artista búlgara que pretende reflejar la caída de los estereotipos, del sistema de sociedad patriarcal. La mujer ya no debe ser simplemente un objeto de deseo que tenga que colgarse sus mejores ropas y caminar de forma extraña para gustar al público masculino. La mujer se libera de los tapujos (los echa al fuego) y se marcha disfrutando de su autonomía.

Decía el sociólogo francés Gilles Lipovetsky que en tiempos hipermodernos aumenta la creatividad de los jóvenes como consecuencia de la insatisfacción social. El mejor ejemplo de esta actitud es el IX Festival de Arte Contemporáneo de Barcelona, el BAC!’08, que se puede ver en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). La obra visual antes citada forma parte del corpus artístico que se puede ver en este certamen.


Además de obras audiovisuales, hay expuestas pinturas, fotografías y otros materiales que exprimen al máximo la originalidad de los artistas. De tal modo, se intenta derribar algunas actitudes sociales como el exceso de competitividad, el consumismo, los cánones físicos… Es un arte, por lo tanto, que juega con los aspectos más cotidianos de la vida, los somete a crítica para invitar al espectador a la reflexión.

Para los que opinan que los jóvenes no se movilizan ante las injusticias sociales, lo mejor es que acudan a esta sorprendente y diversa muestra de protesta artística. Resulta difícil salir de la sala del CCCB sin un pensamiento en la cabeza, sin la voluntad de querer resumir mentalmente las sensaciones experimentadas ahí dentro. La exposición cerrará sus puertas el próximo 28 de diciembre. Quizá una fecha adecuada para pensar en cambiar algunos tabús sociales de cara al 2009.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Desmontando "la cámara lúcida" de Roland Barthes


La cámara lúcida es una reflexión sobre la Fotografía en mayúsculas. Roland Barthes propone una visión personal de este arte huyendo de tópicos y teorías reduccionistas sobre lo que debe ser la observación de la Fotografía. Cada uno experimenta sensaciones diferentes cuando mira una foto y nadie tiene que atenerse a teorías o a esquemas. Cada uno tiene sus motivaciones y en cada uno la Fotografía provoca una reacción diferente. Ésta es la interpretación de Roland Barthes.

Como ya ha quedado claro, este libro es una reflexión personal. Por lo tanto no podemos echar abajo el contenido de un plumazo ni elevarlo a teoría. Lo que dice Roland Barthes es lo que él cree, su visión. Podemos, eso sí, compartirlo, aceptarlo, adaptarlo o rechazarlo. En mi caso no estoy demasiado de acuerdo con lo que dice. Por pasos:

1. Dice Barthes que “la Fotografía reproduce al infinito únicamente lo que ha tenido lugar una sola vez: la Fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente”.

Estoy de acuerdo y aplaudo esta reflexión. Lo que vemos en una foto no es más que la repetición de lo que ya fue (cada vez que lo miramos, se reactiva, pero jamás vuelve a ser).

2. Continúa: “Una fotografía se encuentra siempre en el límite de este gesto. La fotografía dice: esto, es esto, es asá, es tal cual, y no dice otra cosa; una foto no puede ser transformada filosóficamente, está enteramente lastrada por la contingencia de la que es envoltura transparente y ligera”.

Esto no lo comparto. No puedo aceptar que la Fotografía sea simplemente una exposición deíctica (aquí una tienda, aquí un coche, aquí una calle y aquí una persona). La Fotografía es más, mucho más. Ver estas fotos de Cartier-Bresson y limitarse a decir que no hay mayor contenido que lo que el ojo humano puede ver es tan injusto como reduccionista. Cuando miro las fotos de Cartier-Bresson, Willy Ronnies, André Kertész o Robert Doisneau, mi mente activa una representación de esa realidad que me pertenece como espectador.


3. “La Fotografía nunca es más que un canto alternado de vea, ve, vea esto, señala con el dedo cierto vis-à-vis y no puede salirse de ese puro lenguaje deíctico. Es por ello que, del mismo modo que es lícito hablar de una foto, me parecía improbable hablar de la Fotografía”.

No estoy en absoluto de acuerdo. Me parece inasumible decir que la Fotografía nunca es más que un canto del “pase y vea, pero no saque mayores conclusiones”. Existe la foto y existe la Fotografía.

4. “Cuando me siento observado por el objetivo, todo cambia: me constituyo en el acto de posar, me fabrico instantáneamente otro cuerpo, me transformo por adelantado en imagen. No soy en la foto ni sujeto ni objeto, sino más bien un sujeto que se siente devenir objeto, vivo entonces una microexperiencia de la muerte, me convierto en espectro”.



Me parece una buena reflexión, por eso precisamente los fotógrafos huyen de los posados. La naturalidad es lo que aporta vida y realidad a la fotografía. En el momento en que uno posa, se adentra en una metamorfosis en que pasa de sujeto a “sujeto-objeto”. La foto captará un momento que no se volverá a repetir; será, de algún modo, ese espectro de uno mismo.

5. "La Fotografía me permite el acceso a un infra-saber; me dice mejor que los retratos pintados cómo se llevaban las uñas en tal o tal época. La Fotografía es a la Historia lo que el biografema es a la biografía”.

Lo es. Pero no sólo eso. Es apasionante encontrar una foto antigua y ver cómo viste la gente, cómo se peina, cómo lleva las uñas. Pero no solamente por lo que muestra la foto, sino por lo que nosotros imaginamos a partir de esos detalles. Por eso no podemos reducir la foto al lenguaje deíctico.

6. "No tan sólo la Foto no es jamás, en esencia, un recuerdo, sino que además lo bloquea, se convierte muy pronto en un contrarrecuerdo”. “La Fotografía es violenta no porque muestre violencias, sino porque cada vez llena a la fuerza la vista y porque en ella nada puede ser rechazado ni transformado”.


Lo que Barthes expone es que en el momento en que vemos una fotografía (una muestra de realidad objetiva), ya no podemos transformar nuestros recuerdos, porque la imagen es tan cercana a lo que fue en realidad, que la mente no tiene mucho margen de maniobra para transformarlo. Pero yo me pregunto, ¿no es un recuerdo algo muy cercano a la realidad? La foto es solamente una chispa que activa el motor de la memoria. Yo me veo a mí, de pequeño, jugando en la playa y más allá de la imagen, empiezo a reconstruir mis recuerdos. Una foto jamás puede ser un contrarrecuerdo.

7. “Si no se puede profundizar en la Fotografía, es a causa de su fuerza de evidencia. En la imagen, el objeto se entrega en bloque y la vista tiene la certeza de ello, al contrario del texto o de otras percepciones que me dan el objeto de manera borrosa, discutible, y me incitan de este modo a desconfiar de lo que creo ver”.

Sigue la estela del último punto. Si pretendemos acercarnos a la realidad, ¿por qué rechazar un instrumento –la fotografía- que nos ayuda a configurarla?


8. “Todos esos jóvenes fotógrafos que se agitan por el mundo consagrándose a la captura de la actualidad no saben que son agentes de la Muerte”.

Muerte es aquello que jamás va a volver a cobrar vida. Cuando un joven fotografía algo, en realidad guarda un retazo de realidad que más tarde podrá recuperar para mantenerlo con vida. La Fotografía, una vez más, activa el motor de la memoria. Ese instante, cierto, no podrá repetirse, es un espectro, pero sí podrá rememorarse. Un fotógrafo no es un agente de la muerte, sino un capturador de instantáneas que más tarde conformarán, de nuevo, vida. No puedo decir que La cámara lúcida sea un mal libro, porque ayuda a reflexionar. Incluso contradiciendo a Barthes uno aprende a organizar su posición ante la Fotografía. Yo amo este arte y no puedo conformarme con ver lo que la imagen me muestra. Si me cortan las alas de la reflexión, la imaginación y la recreación, ¿para qué fotografiar?

Ficha del libro:
La cámara lúcida
Título original: La chambre claire
Autor: Roland Barthes
Traductor: Joaquim Sala-Sanahuja
Editorial: Paidós Ibérica (2ª edición, 1992)
Colección: Paidós Comunicación (43)
Género: Ensayo (Fotografía)
ISBN: 84-7509-621-2
207 páginas
Fotos:
1 y 2: Henri Cartier-Bresson.
3: Robert Doisneau.
4. André Kertész.
5. Robert Capa.
6. Agustí Centelles.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Jóvenes creadores

Beber y comer por amor al arte

Muchos artistas exponen sus obras en bares y restaurantes

Manel Haro. Barcelona

El sueño de cualquier joven artista es exponer en una de las grandes salas de su ciudad. En el caso de Barcelona, ver la obra de cada uno en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) o CaixaForum es una meta que, incluso para los más optimistas, queda demasiado lejos.

MACBA

Por esa razón exponer en pequeñas salas alternativas o en cafeterías y restaurantes es la oportunidad que tienen los jóvenes creadores para dar a conocer sus obras y, de paso, venderlas. Cuando se les pregunta qué esperan cuando cuelgan sus cuadros o fotografías en las paredes de un local de copas, la mayoría lo tiene claro y afirma, sin vacilación, que esperan causar impacto al público mientras toman una cerveza. Lo cierto es que muy pocos afirman que lo hacen por dinero porque, dicen, es prácticamente imposible vivir del arte.

En el distrito de Ciutat Vella, en el centro de Barcelona, se encuentra el núcleo de talleres de jóvenes creadores, de salas alternativas y de locales de restauración donde se pueden exponer las obras de estos artistas. Uno de los restaurantes con más solera en el tema de exposiciones, debido a la gran afluencia de comensales y al éxito de las compras de obras de arte, es el Guixot, situado en la calle Riereta, próximo a la Rambla del Raval. Actualmente hay expuesta una muestra fotográfica de Guille Moreno y Xisca Sorell. Son artistas de poco más de veinte años, él es estudiante de Bellas Artes y ella de Matemáticas; los dos se declaran amantes de la fotografía. “Nosotros –dice Guille Moreno- no pretendemos vivir de esto, exponemos y vendemos lo que podamos, que suelen ser unas tres fotografías por exposición”. Sus obras van de los 100 euros a los 200 euros. “Lo peor de ser artista –dice Xisca Sorell- no es que no tengas sitio donde exponer, porque ahora mismo estamos en dos locales y ya preparamos otros proyectos, sino que el público piensa que ellos podrían hacer lo mismo que nosotros y, por eso, creen que las fotografías no tienen valor creativo”.


Haciendo una visita al Guixot, se puede ver que ya hay vendidas más de tres fotografías, una de ellas compradas por uno de los camareros del restaurante. Cuando se les pregunta a estos chicos qué les cobran por exponer en estos lugares, explican que depende de cada encargado. Algunos lo hacen de forma altruista, otros cobran unas tasas de alquiler y algunos van a comisión. En el caso del Guixot, el dueño explica: “Nosotros no cobramos nada, nos conformamos con que llenen nuestras paredes, el dinero que ganen es íntegro para ellos”.

En la calle Ferlandina hay un bar de copas, La Serilla, que quiere autodefinirse como asociación cultural. De hecho, al entrar no es de extrañar que los encargados asalten a los visitantes con una libreta y un bolígrafo pidiendo el DNI para “institucionalizar” su proyecto cultural. Para exponer en La Serilla hay que llevar una muestra de la obra de los artistas; si al encargado le gusta, se expone. Este sistema es, por norma general el que se sigue en todos los locales, y según la lista de espera de cada uno, el artista deberá aguardar más o menos. En el caso de La Serilla hay que esperar varios meses. La diferencia de este bar de copas es que aquí sí cobran, se llevan un 30% de comisión por cada venta. Actualmente hay una exposición de Roger Casas i Capdevila.

Muchos artistas son reacios a pagar comisiones que consideran muy altas, pero otros tantos aceptan a regañadientes pagar esas tarifas por ver expuestas sus obras. En Lletraferit, en la calle Joaquín Costa, también se cobra un 30% de comisión. Actualmente Esther Milena tiene colgada una muestra de acrílicos sobre tela. Cada cuadro cuesta, de media, unos 1.000 euros. Un poco más abajo, en la Granja Gavà (lugar de infancia del escritor Terenci Moix), el actual dueño, un joven irlandés que adquirió el local hace unos años, explica: “Nosotros no cobramos absolutamente nada, el dinero que ganen es para ellos”. Pero rápidamente delata otra manera de obtener beneficio a cambio: no cobrar nada, pero quedarse una de las obras en propiedad.


Este sistema es muy utilizado en locales y galerías de arte. No cobran nada, ni alquiler, ni comisión, pero a cambio se quedan una obra, la que los propietarios del local elijan antes de exponer. Si una obra cuesta, por ejemplo, 150 euros, lo que el artista está pagando con su creación es, en realidad mayor, que pagar una comisión o un alquiler. Y, sobre todo, si se tiene en cuenta, como explica el vicepresidente del Gremi de Galeries d’Art de Catalunya, Marc Domènech, que “una obra jamás pierde valor, sino que con el tiempo resulta ser una buena inversión”.

Muchos artistas evitan poner precio a sus cuadros y prefieren dejar el teléfono o el mail de contacto. Como explica Guille Moreno, “consideramos que poner un precio es desvirtuar un poco el arte, nosotros queremos impactar con la imagen y negociar el precio con el interesado”. “Si nos pregunta el precio un estudiante que no tiene mucho dinero -añade- pero que realmente quiere nuestra fotografía, nosotros bajamos el precio; si nos lo pregunta un ejecutivo que quiere hacer un regalo a su esposa, sin reparar demasiado en la obra, no dudamos en subir el precio”.

Los galeristas siempre animan a los interesados a que pregunten el precio de las obras porque hay arte para todos los bolsillos, pero en general la gente que va a un bar, piensa que el arte es demasiado caro y, si no hay precio expuesto, ni se molestan en preguntar porque prefieren evitar la incomodidad de que el coste de la obra supere demasiado su capacidad adquisitiva.


Estos jóvenes creadores viven con la ilusión de ver un día expuesta su obra en el CCCB o el MACBA, pero saben que les queda mucho camino. Algunos ni siquiera se lo plantean. Son pocos los que reconocen que lo hacen por dinero, la mayoría prefiere decir que se conforman con exponer. De hecho, en muchos locales, los artistas solamente exponen. En la Granja Gavà, explica el propietario, algunos no quieren vender, solamente enseñar su obra.

La mejor sensación que les queda, después de vender una obra, no es el dinero que se llevan, sino la satisfacción de que su creación haya conmovido a alguien lo suficiente, como para llevarse esa obra a casa y exponerla en sus paredes para verla todos los días. Y eso, como afirmaría cualquier artista, no tiene precio.

jueves, 30 de octubre de 2008

CaixaForum trae a Barcelona el arte de los Uffizi con la exposición 'El pan de los ángeles'

Qué maravilla poder revisitar la colección de arte de los Uffizi (Florencia) sin salir de Barcelona. Gracias a CaixaForum, los barceloneses tenemos la gran oportunidad de hacer un repaso por los cuadros más representativos del arte religioso del museo florentino.

Última Cena, tapiz tejido en bajo lizo de Guasparri Papini (1591-1593)

Bajo el título de El pan de los ángeles, la exposición recoge 45 obras que exponen el sacrificio de Jesucristo, que redime a los hombres del pecado original. De ese modo, la muestra sugiere un más que coherente recorrido desde la expulsión del Paraíso de Adán y Eva hasta el Descendimiento de la Cruz.

Natividad con los pastores, Alessandro Bonvicino, óleo sobre lienzo (1545-1550)

Después del pecado original y la expulsión del Paraíso, la armonía entre Dios y el hombre se rompió y sólo se restablecerá con el sacrificio de Jesucristo en la Cruz. Esta anotación, que acompaña la exposición es el eje de la muestra, que cuenta con cuadros de Boticelli, Boschi, di Rodolfo, Allori o el gran, grandísimo, Luca Giordano. Las obras son todas de los siglos XV al XVII.

Subida al calvario, Luca Giordano, óleo sobre tela (1685-1686)

El gran valor de El pan de los ángeles no es sólo haber traído una fascinante representación de una de las pinacotecas más importantes de Europa, sino la claridad y la coherencia del recorrido propuesto: pecado original, expulsión del Paraíso, Anunciación, Natividad, Última Cena, Pasión, Crucifixión y Descendimiento. Es decir, un exposición con valor artístico y pedagógico, doble mérito para el comisario Antonio Natali. Sin lugar a dudas, ésta es una de las más interesantes exposiciones pictóricas que podemos encontrar en Barcelona estos días. Estará en CaixaForum hasta el 8 de febrero.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Entrevista a José Ramón Huidobro

José Ramón Huidobro nació en Madrid en 1966. Su currículo académico y laboral se divide en disciplinas tan diferentes entre sí como su ingreso en una Academia Militar, su matriculación en Ciencias Físicas, su licenciatura en Periodismo, su trabajo en una ONG, su vocación poética, su empleo como jefe de prensa en unos premios de música, su ejercicio como operario de pista en el aeropuerto de Barajas y su afición a la fotografía.

Tener una mente tan inquieta lo llevó a hacer un viaje en tren por la India, donde tomó todas las fotografías que pudo -se trajo unas tres mil imágenes-, y donde escribió sus impresiones en forma de versos. Poesía y fotografía se han juntado en Sleeping train, un libro donde recoge ese reportaje fotográfico y sentimental de una increíble experiencia vivida en ese enigmático país.

José Ramón Huidobro es, además, autor de otras obras como El hombre ausente (Ellago Ediciones) o Africano (Ediciones Vitruvio). Amargord Ediciones es el sello editorial donde acaba de publicar Sleeping train.

Aprovechamos la oportunidad de charlar con él sobre este viaje a la India.

ENTREVISTA
Manel Haro: José Ramón, ¿de verdad tu vida profesional ha dado tantas vueltas: periodista en una ONG, poeta, jefe de prensa de unos premios de música, operario de pista en el aeropuerto en Barajas…?
J.R. Huidobro: Tengo una extraña relación con el mercado laboral. Me gustan los trabajos que empiezan y acaban. Eso ha provocado épocas de escasez en la cuenta corriente y aceptación de cometidos en los que mi formación o experiencia es contraproducente. Nunca he superado una entrevista personal.
Manel Haro: No podemos negar que eres una persona inquieta.
J.R. Huidobro: Más que inquieta soy alguien con tendencia a seguir adelante. No sé qué voy a hacer el próximo mes y cada vez me preocupa menos. Tampoco tengo hipotecas, coche o cargas familiares. Por ahí fallo a la sociedad del guión.
M.H.: Entremos en materia. ¿De quién fue la idea de editar un libro con tus impresiones en este viaje?
J.R.H.: Cuando viajaba pensaba en un libro pero no sabía sobre qué. Las poesías no salían. Estaba muy ocupado en avanzar. No soy un fotógrafo profesional y además no controlaba la cámara recién comprada. A la vuelta pregunté al editor gráfico del libro si veía posibilidad a las fotos que saqué. Ya había escrito el poemario. Ahí empezó la aventura.
M.H.: ¿Y a quién se le ocurrió hacer este formato de libro: un libro con dos portadas; si lo abrimos por una tenemos el poemario y si lo abrimos por la otra, tenemos las fotografías?
J.R.H.: Fue idea del editor gráfico, Jorge Moreiro. Yo aporté no incluir pies de fotos ni titular poemas o dar una descripción del contenido. Quería que el lector fuera libre de hacer con el libro lo que quisiera.
M.H.: ¿Y qué es lo que has querido mostrar con Sleeping train?
J.R.H.: El libro tiene dos viajes. Uno literario y otro fotográfico. Le pedí a Jorge Moreiro que relatara un viaje sin interferencias con lo que había escrito. Después el diseñador del libro, Álvaro Cal, interpretó los poemas con su maquetación sin que yo le diera una pauta. Traté de ver cuál era la lectura de mi viaje por su parte. Con los lectores me sucede lo mismo. Me importa el viaje de los demás. De esa manera comprendo algo.
M.H.: En Sleeping train aúnas poesía y fotografía. ¿Qué dirías si te menciono ese refrán “vale más una imagen que mil palabras”?
J.R.H.: Las palabras son un punto de mira en un detalle invisible de la imagen. La imagen es la garantía del recuerdo que se difuminará en un silencio.
M.H.: Buena reflexión. Una de las frases que más suenan con respecto a un fotógrafo es que éste ve lo que los demás no son capaces de ver. ¿Estás de acuerdo?
J.R.H.: Un fotógrafo tiene una herramienta certera. Sin embargo creo que las mejores fotografías son las que nunca se han hecho, las que se quedan en la impronta del futuro. Todo el mundo ve su mundo diferenciado. Sólo que no siempre pueden trascender.
M.H.: ¿Tuviste dificultades en tomar fotografías o la gente mostraba reticencias a ser retratados?
J.R.H.: Ninguna. Tal vez porque confiaban en mí o porque les encanta ser retratados. Había casos de paciencia infinita en los modelos cuando la cámara fallaba y no pestañeaban hasta que hacía clic.
M.H.: ¿Para hacer una foto, hay que pedir permiso antes o eso rompe la naturalidad de la fotografía?
J.R.H.: Hay que probar la invisibilidad y salir de puntillas de la escena.
M.H.: ¿Cuál es la foto más arriesgada que has hecho?
J.R.H.: En la India es muy arriesgado hacer fotos en crematorios. Puedes meterte en un buen lío porque te chantajean y llegan a ser violentos. Fotografiar sube la adrenalina cuando te dejan mirar donde nunca pensabas que lo harías.
M.H.: De todo lo que has visto en la India, ¿qué es lo que más te llamó la atención?
J.R.H.: En la India los estímulos te ametrallan en cualquier lugar. Me llamó la atención la inmovilidad de los pasajeros del tren en trayectos eternos. Al final aprendes su secreto.
M.H.: He podido comprobar que tanto en los versos como en las fotografías abundan las sonrisas y la alegría. Parece que no hay demasiado lugar para la tristeza.
J.R.H.: En el Primer Mundo asociamos la alegría con el estatus económico. Siempre escucho que los niños estarían mejor con nosotros que en su lugar de origen por las oportunidades que llegarán a tener. No estoy de acuerdo. En la India, como en África, por ejemplo, tienen las miradas limpias y gastan grandes sonrisas. Aquí se va al psicólogo por el mínimo problema.
M.H.: En las fotografías vemos que todos los ciudadanos indios son personas agradables, que se muestran abiertas al turista de occidente. ¿Es algo general o es lo que tú, como fotógrafo, has querido captar?
J.R.H.: En lo que a mí respecta puedo decir que la amabilidad y simpatía era una constante. También descubrí que el indio es un viajero nato. La religión les hace peregrinar y por ello son conocedores de su país. Es el país perfecto para sumergirte. Nunca estás solo. Ni aunque lo pretendas.
M.H.: ¿Y qué sensación te ha dejado la India una vez has salido de este país?
J.R.H.: Me da la sensación que nunca regresé.
M.H.: ¿Hay muchos soñadores en la India?
J.R.H.: Los hay que se dejan llevar desde que pisan el aeropuerto por el misticismo y la magia de ese país. En mi caso sólo fui consciente al regreso. Los occidentales tienen un paraíso en la India.
Es fácil dejarse llevar.
M.H.: Eres una persona a la que no le gusta estar cargado de responsabilidades y que ama la libertad, antes lo hemos visto. Sleeping train plasma perfectamente esas ansias de libertad: recorrer un país con la cámara y un cuaderno para tomar notas, sin más preocupaciones que integrarte en el país.
J.R.H.: Ojalá pudiera caminar con una cámara en todo momento. No precisaría nada más. La única responsabilidad es la de vivir la vida deseada. El olvido de ese objetivo es mi irresponsabilidad.
M.H.: ¿Estás de acuerdo conmigo en que ambos géneros creativos no están tan separados?
J.R.H.: Es un error dividir el arte por géneros. Todo sirve, incluso el silencio o los ojos cerrados.
M.H.: Viajar por la India en tren. ¿Es mejor dejar la primera clase y mezclarse con la auténtica esencia de los ciudadanos indios?
J.R.H.: En el tren indio se viaja tumbado. Apenas se ve el paisaje. Es mejor tener una buena entrada para ver la vida en un vagón.
Con estas impresiones nos quedamos…

La dedicatoria:
Manel Haro.
Entrevista para Anika Entre Libros.
Fotos cedidas por el autor.
Puedes leer una reseña de su libro en este mismo blog.