martes, 30 de septiembre de 2008

'Esta noche moriré', Fernando Marías

Esta noche moriré
Fernando Marias
Editorial 451 Editores
Colección 451.http://
Género: Novela negra
ISBN: 978-84-96822-39-9

142 páginas

Delmar, un policía obcecado en la detención de un importante delincuente, se encuentra, 16 años más tarde de que consiga meterlo entre rejas, con que éste ha urdido un estratégico y macabro plan para vengarse. Aunque Delmar no es capaz, siquiera, de imaginar lo que le espera cuando recibe una larguísima carta, la estratagema del delincuente pretende cortar por lo sano cualquier posibilidad de subsistencia en él instándolo a que se suicide. El preso quiere mostrarle a Delmar hasta qué punto ha sido capaz de manipular su vida desde hace ya unos cuantos años.

Con un inicio tan enigmático como "me suicidé hace dieciséis", Fernando Marías echa a andar una novela inquietante y brutal. Un hombre que se suicida y escribe lo que debe ocurrirle a Delmar en los próximos dieciséis años y cómo sus intenciones se van cumpliendo paso a paso en un juego de extraña perversión. En 142 páginas, el autor consigue que el lector asista a escenas tan macabras que bien podrían haber salido de la mano del mismísimo Boris Vian. Porque en esta breve novela hay encerrado sadismo, sangre, sexo y venganza. Una genial obra de género negro.

La editorial 451 Editores ha recuperado esta obra publicada originariamente en Destino en 1996. Una brillante decisión si tenemos en cuenta lo impactante del relato y lo estupendamente bien definida que está la novela. Fernando Marías demuestra su sobriedad en la escritura y su dominio literario al hilvanar una trama que, como avisa el mismo libro, componen su novela "más maldita". Sobran más comentarios sobre Esta noche moriré; solamente señalar lo recomendable que resulta para los amantes de las emociones fuertes.

No obstante, una anécdota: cuando Esteban Martín, autor de La clave Glaudí (Plaza & Janés, 2007), me vio leer en un hotel de Torrevieja este libro, me dijo: "cuando yo era jurado del premio literario que organizaba la editorial Juventud, nos llegó esta novela de Marías. Yo dije al editor que esa novela debía ser la ganadora, que era la mejor, pero él se negó diciendo que era demasiado dura y que no se vendería nada. Yo me enfadé y me resigné a que el ganador fuera otro". El tiempo, en cualquier caso, ha dado la razón a Esteban Martín: la novela merecía ser premiada.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Juan Gómez Jurado se lleva el Premio de Novela Ciudad de Torrevieja

Como ya habréis leído en algún medio, los ganadores del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja fueron Juan Gómez Jurado y Alejandro Palomas (éste en calidad de finalista). Juan Gómez Jurado (autor de Contrato con Dios) se llevó el galardón (360.000 euros) con la novela El emblema del traidor, un thriller ambientado en la Alemania de entreguerras donde un personaje encuentra una noche en las costas del sur de España un grupo de náufragos alemanes y decide salvarlos y llevarlos a Portugal. Uno de los alemanes le da un emblema al capitán del barco (el capitán González) y le pronuncia dos palabras en alemán: salvación, traición. Éste no le dará importancia hasta que, tiempo más tarde, abandona la profesión marinera para montar una librería. El ex capitán González le regala el emblema a su hijo, Juan Carlos. Éste se encuentra un noche con un escritor, al que decide mostrarle el emblema.

Alejandro Palomas y Juan Gómez Jurado atendiendo a los medios

Un argumento anecdótico si tenemos en cuenta que Juan Gómez Jurado empezó a pensar en esta novela cuando en la Casa del Libro de Vigo un librero le dijo que tenía una buena idea para una novela. El librero empezó a contarle precisamente esta historia, que es completamente cierta. A partir de ese momento el escritor (Juan Gómez Jurado) empieza a investigar y a escribir El emblema del traidor.

Juan Gómez Jurado (en el centro) con su esposa y conmigo

Alejandro Palomas fue finalista (125.000 euros) con la novela El secreto de los Hoffman, una obra que, según el miembro del jurado J.J. Armas Marcelo, destaca por su limpieza y por su calidad. Esta novela narra la historia de una familia marcada por el dolor que intenta seguir adelante en un ejercicio de superación. A finales de octubre aparecerán ambas novelas.

A la gala asistieron algunos nombres conocidos como Nerea Riesco, Paloma Gómez Borrero, Baltasar Magro, Jorge Bucay, Ildefonso Falcones o Eugenia Rico. El Premio de Novela Ciudad de Torrevieja es el segundo certamen mejor dotado de las letras españolas.

A la gala también asistimos Anika Lillo y yo

Y, aunque quizá quede mal decirlo, después de lo solemne de la gala, nos fuimos todos a Pachá Torrevieja a soltarnos un poco. Por si alguien lo dudaba, los escritores también son personas y si les ponen un poco de música, incluso bailan.

La escritora Nerea Riesco, yo y el periodista Álex Salmon en Pachá

lunes, 22 de septiembre de 2008

'Mamma mia!', la película

"So when you're near me, darling can't you hear me, SOS. The love you gave me, nothing else can save me, SOS...". Ésta es una de las letras que Meryl Streep y Pierce Brosnan cantan en la película Mamma mia! (2008), que adapta el musical internacional que en España protagoniza Nina. La película tenía varios ingredientes que llamaban mi atención: en primer lugar ver una nueva versión del musical, después de haber visto en Barcelona la obra de Nina; en segundo lugar, que proceso una profunda admiración por Meryl Streep y me moría por verla cantar; por último, tenía también curiosidad por ver a Pierce Brosnan, a Collin Firth y a Stellan Skarsgard en un género diferente.

Fui al cine, preparado para llevarme una desilusión -teniendo en cuenta que el musical del teatro me encantó a pesar de Nina- ya que obviamente una película no puede provocar tantas emociones como una actuación en directo. Pero confiaba en Meryl Streep y compañía y tenía la esperanza de que no me defraudaran. Y no, no me defraudaron. Aunque la película no pueda compararse con el fenómeno universal Mamma mia!, creo que como comedia musical, el producto es bastante bueno.

Entusiasma ver cómo el reparto más veterano interpreta los éxitos de ABBA con más gallos que afinación, con toda la naturalidad del mundo y sin pretensiones de impresionar con grandes voces. Además, me fascina el maquillaje, precisamente por lo naturales que salen los actores. A Meryl Streep se le ve demacrada, arrugadísima (la mujer ya tiene 59 años), lo mismo que a Pierce Brosnan, que ya no aparece como un galán seductor, sino como un digno cincuentón. Bravo por ellos.

En general, la película es muy fiel al musical, tanto que incluso las coreografías son, en muchas ocasiones, calcadas. También la escenografía/puesta en escena. Imagino que la directora, Phyllida Lloyd, no ha querido arriesgarse a decepcionar al público. Aunque lo cierto sea que habrá opiniones para todos los gustos, creo que la película es bastante respetable y cumple, grosso modo, con las espectativas. Si aguantasteis la sobreactuación de Nina en el musical, no os perdáis a la Donna que interpreta Meryl Streep. ¡Fantástica! ¡Qué mujer!

domingo, 14 de septiembre de 2008

'Las letras de tu nombre', Pepe Viyuela

Las letras de tu nombre
Pepe Viyuela
Editorial: Amargord Ediciones
(1ª edición: Madrid, 2008)
Género: Poesía
80 páginas
ISBN: 978-84-87302-86-2

Aunque cuando muchos oigan el nombre de Pepe Viyuela, lo asocien con su papel en la serie de televisión Aída o por sus interpretaciones en las películas de Mortadelo y Filemón, lo cierto es que Viyuela, además de actor, es poeta. Prueba de ello es su reciente poemario publicado por Amargord Ediciones: Las letras de tu nombre.

En este poemario, el yo poético se debate entre la necesidad de expresar unos sentimientos y la imposibilidad de transmitirlos. El deseo queda contenido en el silencio y apenas puede configurarse en palabras y menos en versos. Pero ese yo poético es correspondido precisamente por la mirada, ese flujo de información que resulta más poderoso que el lenguaje oral. En el abismo de unos ojos el poeta se reconoce y averigua que siempre ha habido un amor correspondido, aunque no encontrado: dos personas que se buscan mutuamente, pero que no se encuentran.

Hay un cierto lamento por esa contención, por las palabras no dichas, por las caricias no liberadas. El yo poético, en ocasiones, demuestra que con suerte solamente puede expresar escribiendo versos en la arena, pero el agua de las olas rápidamente borra ese esfuerzo. Otras veces las palabras se quedan pegadas al paladar y se deshacen porque no son dichas, ni son escuchadas por nadie, conformando así el pesar por el silencio envolvente.

El mar es, precisamente, un lugar de unión simbólica, una inmensidad donde zozobrar ante ese amor contenido. El mar es el sitio donde sentirse náufrago, apartado del mundo, sin querer en ningún momento regresar a la normalidad de las ciudades. El yo poético se muestra como un ser ahogado, que busca “encontrar un rincón sin referencias” y “un lugar no inventado / que se abre exclusivo para el verso, / inaccesible, en el que nadan / los dioses por las tardes”.

Las letras de tu nombre resulta ser un grito de amor descarnado. Tiene el punto justo de sencillez expresado con el tono poético adecuado. Unos versos equilibrados, pero a la vez llenos de fuerza. Interesante espectáculo poético el que nos brinda Pepe Viyuela con su último libro.

martes, 9 de septiembre de 2008

'Los fantasmas de Edimburgo', Eloy M. Cebrián

Los fantasmas de Edimburgo
Eloy M. Cebrian
Editorial El Tercer Nombre
1ª edición, abril de 2008
Género: Novela
ISBN: 978-84-96693-36-4
477 Páginas

Luis Miguel Ortiz es un prometedor profesor universitario de literatura norteamericana. Aunque su relación con los alumnos no es nada del otro mundo, lo cierto es que tiene posibilidades de ascenso laboral. Pero todo se viene al traste cuando un perro entra en su clase y vomita una rata. Este episodio tan aparentemente absurdo supone un descenso a los infiernos para Luis Miguel Ortiz. Nada sabe él en ese momento de que en Edimburgo un extraño tipo llamado Ben el Ladillas le tiene preparado un plan especial para cambiar su existencia.

Luis Miguel Ortiz podría darse por satisfecho con su vida: está casado, tiene un hijo, la relación con su hermana es buena y puede presumir de carrera docente. Pero nada parece satisfacerle, sobre todo después de la surrealista visita del perro a su clase. Ése será precisamente el punto de partida para que el narrador -el propio Ortiz- nos cuente la historia de su pasado: su adolescencia, su infancia, su relación con el Opus Dei, su coqueteo con la política y sus desastres sexuales que, dicho sea de paso, no tienen desperdicio.

Luis Miguel Ortiz -alter ego del autor- os da la bienvenida a una vida llena de episodios catastróficos que no podían acabar de otro modo que en un encuentro imprevisto con el excéntrico Ben el Ladillas, un tipo que tiene un concepto diferente de vivir la vida.

Voy a hacer un ejercicio de autocomplacencia. Cuando leí El fotógrafo que hacía belenes (Zócalo Editorial), lo avisé: ojo con este autor, tiene mucho que decir. Y no hay mayor satisfacción para un lector (llámenlo crítico, si lo desean) que prever que un autor se acabará imponiendo y demostrará al público su potencial. Dicho de otro modo, es reconfortante cuando uno apuesta por alguien y éste no le falla. Esa es precisamente la sensación que me queda después de haber leído la última novela de Eloy M. Cebrián, Los fantasmas de Edimburgo (El tercer nombre).

No me extrañó nada cuando el autor me comentaba que su novela iba quedando en buena posición en premios de primera línea de nuestro país. Fue finalista en 2007 del Premio Herralde de Novela (Anagrama) y del Fernando Lara (Planeta). Tampoco me extraña, mal que me pese, que ninguna de estas editoriales confiara lo suficiente en Los fantasmas de Edimburgo como para editarla. Sinceramente, ellos se lo han perdido.

En esta novela, Eloy M. Cebrián eleva a la máxima potencia su fina ironía, su capacidad narrativa para, en pocas páginas, mostrarnos la más cruda realidad y a la vez sacarnos una carcajada. Porque, créanme, habrá episodios en Los fantasmas de Edimburgo en que no podrán parar de reírse y otros en que se solidarizarán con el protagonista por su mala suerte. Pero si en un momento determinado de la novela, sienten compasión de Luis Miguel Ortiz, poco más adelante quizá noten un odio visceral por él. Así es Eloy M. Cebrián, un autor imprevisible, que juega con el lector hasta el punto de hacerle aflorar los sentimientos más contradictorios hacia un mismo personaje.

Eloy M. Cebrián es bueno, es muy bueno. No hace falta ser un genio para saber que este autor tiene que acabar siendo un nombre de primera línea literaria. Eloy M. Cebrián no tiene nada que envidiar a otros autores quizá más conocidos. Podríamos decir que es un firme descendiente del realismo sucio norteamericano, heredero de escritores como Bukowski o John Fante. ¿Sabría eso el profesor de literatura norteamericana Luis Miguel Ortiz?

Ante tan prometedora carrera literaria, resulta extraño que las editoriales importantes (Anagrama y Planeta, sin ir más lejos) no le presten más apoyo. A uno no le cuesta imaginar que el problema de peso no es su demostrada capacidad narrativa, sino que, como ya saben, un nombre poco conocido requiere una campaña de marketing mayor (en consecuencia, más gasto para la editorial). Claro que el éxito, como ya ha quedado demostrado a lo largo de la historia, es relativo. ¿Acaso no es un éxito que haya un sólo lector en España que espere ansioso leer la última novela de un autor? Desde luego que lo es. Mientras haya un lector que crea que una novela ha valido cada uno de los euros que ha pagado, esa obra ha sido un éxito. Lo demás es puro marketing. Al leer Los fantasmas de Edimburgo he sentido que cada minuto que he pasado enganchado al libro, que cada página que pasaba, que cada vez que sujetaba en mis manos el volumen y que cada vez que me fascinaba por la capacidad del autor de mezclar el humor más ácido con la más cruda realidad, mi tiempo había valido la pena. Yo, por lo tanto, sigo apostando por Eloy M. Cebrián.

Decía Francisco Candel, un escritor que a base de empeño acabó consiguiendo su objetivo de publicar en grandes editoriales: "seguiré escribiendo, escribiendo, presentándome a concursos, siempre a los concursos, hasta que me caiga de viejo, o me muera, o yo que sé". Se tratará pues de eso, de seguir escribiendo, de sentirse vivo a través de la escritura y hacer sentir vivos a los demás a través de la lectura. ¿No es acaso éste el fin último de la literatura?

lunes, 8 de septiembre de 2008

'Te daré la tierra', Chufo Lloréns

Te daré la tierra
Chufo Lloréns
Grijalbo (1ª edición: febrero de 2008)
Género: Novela histórica
745 páginas
ISBN: 978-84-253-4197-7

Martí Barbany apenas es nadie cuando llega a Barcelona recién cumplida la mayoría de edad. El depósito que su padre le dejó en herencia, no obstante, le permite empezar su andadura hacia un futuro prometedor. Para ello cuenta con la inestimable ayuda del cura Eudald Llobet –antiguo compañero de armas del padre de Martí- y las gestiones del judío Baruj Benvenist, una eminente personalidad del Call de la Barcelona del siglo XI.

Para darse a conocer en la ciudad, el padre Llobet le recomienda que vaya al mercado de esclavos para hacerse con alguno. Martí se encapricha de Aixa, una musulmana con dotes para el canto y la música, por lo que no duda en pujar fuerte. En el mercado, Laia -la hija del consejero económico del conde de Barcelona- también parece arder en deseos de comprar a Aixa. La curiosidad de Martí por saber el motivo de su insistencia lo lleva a querer ver el rostro de Laia, momento en el que queda prendado por ella.

Para que Martí pueda traer mercancía de ultramar con sus recién estrenados barcos, necesita el visto bueno precisamente del consejero económico, Bernat Montcusí. Martí no dudará en ganarse el favor de Montcusí y, de paso, el corazón de Laia. Pero para el consejero lo único importante es asegurar sus ganancias e impedir que nada vulnere su estabilidad económica y familiar.

Martí se marchará a tierras lejanas para traer sus productos con la esperanza de ganarse el honor de ser el esposo de Laia, sin saber que lo único que tiene asegurado es un duro enemigo cercano el conde de Barcelona.

A Chufo Lloréns le han dicho por activa y por pasiva que su novela se parece demasiado a La catedral del mar, de Ildefonso Falcones. Él lo niega, dice que nada tiene que ver lo que ocurre en el siglo XI en Barcelona que lo que ocurre en el XIV. Lo cierto es que sí hay alguna similitud en cuanto al eje argumental: en ambas se narra cómo un joven personaje llega siendo un desconocido y, prácticamente sin recursos, lucha por ser alguien en Barcelona. Ambos son buenas personas, no discriminan por cuestiones de religión o clase social. Los dos defienden los derechos de los esclavos e intentan aportar un bien a la ciudad… Aunque Chufo Lloréns lo niegue, sí hay ciertas similitudes. ¿Significa esto que el autor ha aprovechado el boom Falcones para vender sus libros? En modo alguno. Cuando La catedral del mar salió en librerías, Lloréns ya había agotado varios botes de tinta escribiendo Te daré la tierra.

Si bien hay que reconocer esta similitud entre ambas novelas, hay una diferencia muy clara y remarcable: Te daré la tierra sí es una buena novela. Lloréns tiene ya una trayectoria novelística a pesar de que sea un gran desconocido para muchos. Por ello, en su novela no vemos errores típicos de los que empiezan en el género histórico: no hay un abuso excesivo de las descripciones, no hay repeticiones innecesarias y, sobre todo, no hay esa sensación de aburrimiento propio de los autores que se centran demasiado en el contexto histórico y descuidan la esencia argumental de la novela. Lloréns sabe que el contexto sirve para situar la novela, no para reventar el libro con páginas más propias de un ensayo sobre cómo se vivía en la Edad Media. Y además el autor nos avisa al final: me he tomado estas licencias, pero que nadie se me enfade que lo he hecho por el bien de la narración. Es decir, que esto es ficción pero de paso a ver si podemos aprovechar la novela para que el lector se interese por una apasionante etapa de la historia de Barcelona.

Te daré la tierra es una novela escrita con inteligencia y cariño. Uno lo nota cuando a medida que lee, siente odio en el estómago cuando el malo del libro hace de las suyas y cuando tiene que contener las lágrimas en escenas apasionadas. Es decir, el puro placer de la lectura. Y cuando el lector acaba la novela, todavía siente que Martí Barbany le es alguien cercano, familiar, y no un simple personaje de ficción: algo realmente difícil.

domingo, 7 de septiembre de 2008

'La escriba', Antonio Garrido

La escriba
Antonio Garrido
Editorial: Ediciones B (1ª edición: junio de 2008)
Género: Novela histórica
575 páginas
ISBN: 978-84-666-3772-5

En el año 799 el escriba Gorgias recibe el encargo de Carlomagno de traducir unos documentos de vital importancia para la cristiandad. El mediador es el conde Wilfred, de la ciudad de Würzburg, que no duda en ejercer toda la presión posible al escriba para que cuando llegue el gran Carlomagno, el documento esté listo. Pero el trabajo de Gorgias se ve interrumpido cuando un desconocido intenta asesinarlo en plena calle y cuando su hija, Theresa, huye de la ciudad para evitar que la acusen de algo que no ha cometido.

Gorgias, que cree muerta a su hija, apenas puede seguir adelante con su trabajo. La traducción del manuscrito se verá interrumpida cuando Gorgias desaparezca misteriosamente. Por su parte, Theresa empieza a recorrer caminos solitarios aun a riesgo de ser asaltada por los sajones. Aunque la joven pretende llegar a Aquis-Granum, en Fulda encuentra la ayuda necesaria para volver a Würzburg e intentar encontrar a su padre. Y es que Theresa, mujer luchadora donde las haya, no quiere creer los rumores que le llegan de Würzburg. ¿Hasta dónde estará dispuesta Theresa para encontrar a Gorgias? ¿Será capaz ella de salvar el trabajo encargado por Carlomagno?

"El mercado editorial es muy hermético, para publicar en las grandes editoriales o eres un escritor conocido o no te comes una rosca". ¿Cuántas veces han escuchado esto? El caso de Antonio Garrido demuestra justo que si una novela tiene perspectivas de éxito, se acaba publicando. Al menos así lo decía Jorge Herralde –editor de Anagrama- una vez: "si una novela es buena, a la fuerza se tiene que publicar". Quizá la novela de género tiene más posibilidades de acabar en las librerías, sobre todo si tiene pintas de acabar siendo un best seller. La escriba (publicado por Ediciones B) y bajo el beneplácito de la factoría de Carmen Balcells llegó como una apisonadora hace unos meses a las librerías de toda España.

Antonio Garrido es un escritor desconocido, tanto que ésta es su primera novela, pero para miles de lectores el nombre ya les empieza a sonar. ¿Qué tiene esta novela para que guste tanto? La escriba es una profesional mezcla de rigor histórico, una trama retorcida hasta el extremo, unos personajes bien definidos y una capacidad narrativa impresionante (se nota que antes de escritor, Antonio Garrido ha sido y es un voraz lector). Pero además hay una humildad encomiable en él, que podemos comprobar al leer el cierre del libro, Todo es una novela. Aquí, por si nos quedaba alguna duda, vemos que no estamos ante un escritor pretencioso sino ante una persona ilusionada como un chiquillo con zapatos nuevos. Quizá debido a esa conciencia de lo que uno es y de lo que no debe ser, la novela no falla en ningún momento y la laboriosidad de la documentación se nota hasta en el más mínimo detalle.

Cuando el lector se adentra en una novela de género histórico no debe sentir que está haciendo un ejercicio de lectura, sino que está viviendo en primera persona la aventura que le propone el autor. Para ello, los requisitos que hay que cumplir es que el escritor no se meta más de lo necesario en la narración (fuera lucimientos y ornamentos innecesarios), que los diálogos sean creíbles, que los personajes tengan personalidad, que no haya errores históricos y que la trama atrape desde la primera página. He aquí que Antonio Garrido ha unido todos los cabos y nos presenta una maravillosa novela. Qué digo novela, aventura magna.

La escriba es una novela que va más allá de su trama, es una novela de personajes donde la protagonista, Theresa, experimenta una transformación tal que sólo con acompañarla en su odisea, la lectura ya merece la pena. Antonio Garrido ha sido valiente al escoger un personaje femenino como protagonista, al elegir una etapa de la historia donde no abunda la documentación y recrear la novela en un escenario que nos es desconocido –podría decir incluso exótico- como es Würzburg.

Al tanto pues con Antonio Garrido porque si con su primera novela viene pisando tan fuerte, puede acabar siendo un terremoto en la geografía literaria. Sirva La escriba como recomendación para disfrutar de la auténtica esencia de la literatura: disfrutar, viajar, emocionarse, imaginar... No lo olviden: La escriba, de Antonio Garrido.

martes, 2 de septiembre de 2008

'Ácido sulfúrico', Amélie Nothomb

Ácido sulfúrico
(Acide sulfurique)
Amélie Nothomb
Traductor: Sergi Pàmies
Editorial: Anagrama (1 edición, 2007)
Colección: Panorama de narrativas, 658
167 páginas
ISBN: 978-84-339-7121-0


Pannonique es arrestada un día sin saber por qué y llevada a un campo de concentración. Aunque ella todavía no lo sabe, va a ser protagonista de un reality show que consiste en la recreación de los campos de exterminio nazis. Pannonique tendrá que abandonar su nombre para ser conocida como CKZ 114, al igual que el resto de personas que se encuentran en su misma situación. Ella ha sido llevada al campo por azar, después de una redada de los organizadores del programa. No hay ningún juicio de selección más allá que el puro azar.

A partir del momento en que entra a ese infierno, deberá vivir bajo las mismas circunstancias que los judíos de Auschwitz o Mauthausen. Pannonique –CKZ 114- se verá sometida a golpes, al hambre, verá cómo sus compañeros son llevados al paredón y, para colmo, tendrá que enfrentarse al deseo sexual de una de las kapo que la vigilan, Zdena. Y todo mientras decenas de cámaras lo graban todo. Pannonique se erigirá rápidamente como auténtica protagonista del programa.

Ácido sulfúrico es una novela tan sencilla como corta. Amélie Nothomb aprovecha la historia del Holocausto para hacer una dura crítica a los programas tipo Gran Hermano o Supervivientes. El programa pensado por la autora es un campo de concentración con cámaras 24 horas. Las condiciones en las que tienen que vivir los concursantes son las mismas en las que se encontraron los judíos. Este reality show cuenta con la permisividad de los políticos y con las cotas de audiencia más altas de la historia (hasta el punto que el 100% de la población en un determinado momento está pegado a la pantalla).

La protagonista de la novela, Pannonique, llega a dirigirse a los espectadores y les increpa diciéndoles que son ellos los auténticos culpables de que ese programa se está llevando a cabo. Entre los compañeros de Pannonique discuten quién tiene más culpa de todos: los kapos –que les golpean y deciden quién debe morir-, los organizadores del programa –por tan macabra idea-, los políticos –por permitir el espacio- o los espectadores. Esa discusión es la que podemos trasladar a la actualidad, con los programas de televisión de ahora y donde el morbo parece no tener límites. La insensibilidad del espectador crece frente al ansia de ver sufrir al prójimo (ver cómo padece hambre en una isla, ver cómo dos concursantes se enzarzan en una pelea, etc.). Ni los escritores de ciencia ficción y aventuras más retorcidos de hace décadas podrían haber imaginado una cosa así. Si levantara la cabeza George Orwell (autor de 1984) o Daniel Defoe (autor de Robinson Crusoe)…

Amélie Nothomb plantea una reflexión sobre lo que estamos permitiendo como espectadores. Lo que ahora nos parece extraño y aberrante –un programa que imite los exterminios nazis- en un futuro, quizá no muy lejano, puede que sea factible. Ácido sulfúrico es un breve relato que tiene más valor por lo simbólico que por lo que dice en sí, a pesar de que Pannonique no duda en gritar al gran público lo que está provocando al dar audiencia a ese programa.

Analogías y críticas al margen, la novela en sí es bastante fácil. Basta con escribir un relato sobre el Holocausto con la diferencia de que se incluyen cámaras. Y lo demás ya viene solo, sobre todo si tenemos en cuenta que el lector que lee este libro, no se considerará espectador de los reality shows de actualidad, por lo que habrá una rápida complicidad lector-autora. La relación entre los personajes permite a la autora reflejar la fragilidad y la crueldad humana, pero sin llegar a pretender que el lector se arranque a llorar ni nada por el estilo. Ácido sulfúrico es la excusa para que nos planteemos hasta dónde seríamos capaces de llegar y hasta dónde será capaz de llegar la televisión. Esperemos que ningún día tengamos que decir aquello de "si Primo Levi levantara la cabeza…".