lunes, 31 de marzo de 2008

'El padre de Blancanieves', Belén Gopegui

El padre de Blancanieves
Belén Gopegui
Editorial Anagrama
Colección: Narrativas Hispánicas
1ª edición, 2007
Género: Novela
352 páginas
ISBN: 978-84-339-7157-9

Manuela es una profesora madrileña que lleva una vida acomodada, sin sobresaltos, casada con un hombre adinerado y altamente aburguesado, Enrique. Ambos son los padres de tres hijos, de los que destaca la figura de Susana, una joven concienciada con los problemas sociales que está integrada en una asociación clandestina para luchar contra las emisiones de gases a la atmósfera, contra el capitalismo más exacerbado, etc.

Enrique parece preocupado por el camino que está tomando su hija y para evitar que siga por él no dudará en tomar cartas en el asunto: investigará las acciones llevadas a cabo por la asociación en la que milita Susana e intentará bloquear su buena marcha.

Manuela, por su parte, verá cómo su concepción de la vida cambia cuando se queja al encargado de un supermercado porque uno de sus dependientes, un inmigrante ecuatoriano, se ha despreocupado de su pedido. El ecuatoriano será despedido, hecho que motiva que cada día se plante frente a la puerta de Manuela para exigirle un trabajo, dado que su familia podría pagar las consecuencias de la falta de ingresos en su casa. Será el detonante para que Manuela sienta la necesidad de ver la vida de otra manera.

El padre de Blancanieves es una novela coral, donde cada personaje explica de distintas maneras cuál es su papel en el mundo. Manuela lo escribe en un cuaderno; Enrique mantiene una relación epistolar con Goyo, amigo de Susana y miembro de la asociación; otros personajes lo hacen a través del diálogo directo, etc.

Estamos, sin lugar a dudas, ante una novela ambiciosa y profundamente arriesgada. Detrás de los personajes se esconden los perfiles de los distintos tipos de personas que nos encontramos en la sociedad y de algunos ideales frustrados. Enrique es el hombre con dinero que no es demasiado feliz y angustiado con su trabajo, pero que prefiere conformarse con la vida que le ha tocado vivir antes de apuntarse el cambio. Manuela, sin embargo, es una mujer que sí quiere probar una manera de vivir diferente y no dudará en replantearse su posición para intentar comprender cuál es su papel en la vida. Susana responde al ideal de la juventud concienciada con los problemas del mundo que poco a poco nos van acechando, pero que, sin embargo, sus buenas intenciones no consiguen motivar ningún cambio significativo en la sociedad. Hay otros personajes que tendrán su importancia en la novela, como los que se ven entre la espada y la pared ante la posibilidad de aceptar un trabajo que vaya contra sus ideales pero que ofrecen un buen sueldo.

Detrás de estos jóvenes comprometidos se podría esconder un lema popular, del tipo Yes, we can; es decir, podemos hacerlo, podemos cambiar las cosas, no hay que conformarse. Por pequeña que sea la iniciativa, ya es una señal de inconformismo, de desacuerdo con las circunstancias. Pero, como sabemos, esto es más bien un ideal, un ánimo por parte de la autora, que una realidad, dado que en la actualidad estamos asistiendo a cierta indiferencia por parte de la juventud ante sus problemas más inmediatos. De forma individualizada es difícil afrontar un cambio y colectivamente no garantiza el ser escuchado.

Belén Gopegui ha querido prescindir de una trama clásica, con un principio, nudo y desenlace. En El padre de Blancanieves, hay más bien un desfile de voces que perfilan diferentes caracteres. Esos personajes –Enrique, Manuela, Susana, Goyo…- se entrecruzan y van configurando un mundo que es, a fin de cuentas, el que vivimos, el de la realidad y el de los ideales. La novela podría haber tenido cincuenta páginas más o cincuenta más, y el contenido argumental no variaría demasiado.

La autora ha demostrado con esta novela gran habilidad literaria, aunque a algunos lectores les pueda parecer una obra algo densa o lenta de leer. No obstante, hay que valorar de forma muy positiva que una autora apueste por una forma de entender la literatura en un momento en que parece que es necesario hablar de catedrales medievales para demostrar que uno vale para esto de escribir libros.

viernes, 28 de marzo de 2008

'Los siete alhaicales', de Xavier Casassas Canals


Los siete alhaicales y otras plegarias aljamiadas de mudéjares y moriscos
Xavier Casassas Canals
Editorial Almuzara (1ª edición, junio de 2007)
Género:Historia de las religiones
144 páginas
ISBN: 978-84-96710-83-2
18 euros


Los siete alhaicales es una antología de plegarias aljamiadas (versos de lengua romance escritos en alfabeto árabe) que utilizaban los musulmanes de los siglos XV-XVII para rezar a su Señor y pedir así protección ante determinadas adversidades. De ese modo, podemos ver algunos ejemplos de oraciones a las que recurrían moriscos y mudéjares para pedir soluciones contra la sequía, asegurarse el perdón, honrar a Allah, pedir refugio y protección ante determinadas amenazas… Cada aspecto de la vida tiene su particular rito o plegaria (‘ibādāt). Un tipo de plegaria es el alhaical, que es expresada para evitar las manifestaciones del mal.

Quede claro que no estamos ante un libro que analice a fondo el modo de vida de los moriscos y mudéjares de los siglos XV-XVII. El objeto del libro es reunir en un volumen una antología de plegarias aljamiadas. En estas plegarias podemos ver de forma más o menos clara la devoción de la cultura musulmana hacia Allah, su dios. Pero la obra no va mucho más allá de ser un libro de referencias.

La antología tiene una introducción bastante sencilla de lo que nos vamos a encontrar en las páginas siguientes. De hecho, cada plegaria tiene un breve comentario previo para que el lector no se pierda. No obstante, estas anotaciones antes de cada plegaria resultan a veces demasiado vagas, el autor podría haber hecho más hincapié en el contexto de esta plegaria. Quizá al lector no le baste con saber que lo que viene a continuación es para pedir protección contra las manifestaciones del mal, sino que es necesario saber más concretamente qué son esas manifestaciones y así se entenderá mejor la plegaria. O si nos habla de la perfección espiritual por la vía mística, el autor podría haber dado más juego y dar alguna anotación más sobre la cultura morisca / mudéjar. Las introducciones son tan breves, que un lector normal no saca demasiado partido a este libro si su interés es adentrarse en la cultura musulmana.

Los siete alhaicales queda más bien como una obra de consulta puntual para lectores que estén estudiando este aspecto de la cultura musulmana. El primer capítulo nos remite constantemente a los lugares donde se han encontrado los manuscritos aljamiados con referencias que más bien deberían estar en un apéndice al final del libro.

El hecho es que la edición en sí no convence demasiado. En este libro hay muchas palabras que un lector no especializado no entiende y para ello hay un pequeño índice léxico al final para aclarar dudas que inevitablemente surgen. Es un incordio tener que ir constantemente a las páginas finales para salir de dudas. Lo más adecuado quizá hubiese sido utilizar la nota a pie de página, que agiliza la lectura. Motivo que certifica, de algún modo, que no es un libro para leer del tirón, sino para consultar de vez en cuando si se tiene interés en el tema de las plegarias aljamiadas. Para los interesados sí será una obra útil, dado que es una buena oportunidad de leer varios ejemplos reunidos de esta manifestación cultural y religiosa.

No estamos, por lo tanto, ante una obra de divulgación amena, sino ante una antología de plegarias para gente que realmente tenga interés en las plegarias aljamiadas.

miércoles, 26 de marzo de 2008

'Asuntos privados en lugares públicos', de Alain Resnais

Tiendo a pensar que todo lo que llega del cine francés a España es bueno porque sí. También me pasa con las películas de la Europa del este y las de Italia. Es como un seguro de vida, miro su procedencia y pienso inmediatamente: "esta película será buena". Claro que de vez en cuando me doy cuenta de lo absurdo de mis interpretaciones previas. Sería como si un francés pensara que todo el cine español es bueno y acaba viendo Las 13 rosas.

No obstante, lo que a mí me ha ocurrido este fin de semana con Asuntos privados en lugares públicos no es tan grave como lo que sentí viendo la película de Martínez Lázaro. La película francesa -el título original es Coeurs- está dirigida por Alain Resnais, el director de films tan mundialmente famosos como Hiroshima mon amour, y es un relato entrelazado de varias historias protagonizdas por personajes angustiados por la soledad.

Por un lado tenemos a una pareja de novios a punto de casarse: él es un ex militar, aficionado a la bebida, sin trabajo, y ella es una chica emprendedora que busca piso para construir una familia con su novio. Pero el alcoholismo y la desidia de él, hará que se replantee la relación.

Por otro, un hombre mayor, de unos sesenta años, que vive con una hija que se cita con hombres que se anuncian en revistas de contactos. El hombre es agente inmobiliario, en su oficina trabaja con una mujer muy beata en apariencia, pero extrañamente morbosa en privado. Ambos mantendrán una extraña relación que desconcierta al hombre.

Finalmente otro hombre, jefe de camareros de un hotel de cuatro estrellas parisino. Es viudo y está al cuidado de un padre agresivo y gruñón. El hombre no puede atender las 24 horas de su padre y busca desesperadamente a una cuidadora que no huya a las dos horas. Parece que la suerte le sonríe.

Y todo eso bajo un espeso temporal de nieve que cubre todo París. Sin duda, el director ha querido dar un toque romántico a la película a la vez de exaltar la sensación de frialdad, que siempre aumenta la angustia por la soledad. Con el frío, uno tiende a refugiarse en casa, necesita el calor de otra persona a su lado y de ahí el patetismo de estar solo. Lástima que Resnais abuse demasiado de la nieve. En alguna escena incluso la nieve entra en casa y hiela un momento de ternura entre dos personajes.

No dudo de las buenas intenciones del director y, de hecho, la película no es del todo mala si no es por ese abuso del recurso de la nieve como transición y unión de escenas y porque el final carece de un colofón necesario para culminar una película que, a ratos, se hace demasiado larga. Claro que de eso habría que rendir cuentas con el guionista, Alan Ayckbourn, que ha escrito un guión lleno de tópicos.

De todos modos, tiendo a ser positivo e incluso de las películas poco convincentes, saco la parte buena. Hay algunos personajes que no están mal, las interpretaciones son, en general, muy correctas (sobre todo los papeles masculinos). Algo es algo...

jueves, 6 de marzo de 2008

'Mujeres que hacen el amor y sus maridos cornudos', Pierre de Bourdeille

Título: MUJERES QUE HACEN EL AMOR Y SUS MARIDOS CORNUDOS
Título original: Sur les dames qui font l'amour et leurs maris cocus
Autor: Pierre de Bourdeille (Seigneur de Brantôme)
Traducción: Marta Subra
Género: Narración erótica
Editorial: Arcopress (1ª edición, julio de 2007)
Colección: Clásicos del erotismo
136 páginas.
ISBN: 978-84-96632-25-7

Pierre de Bourdeille (1540-1614) fue un escritor e historiador francés que entre sus actividades histórico-literarias, escribió este libro, Mujeres que hacen el amor y sus maridos cornudos. Aquí, el lector encontrará un curioso recorrido por historias sobre mujeres y hombres infieles. Hombres malvados que tienen amantes ante los ojos de sus mujeres y damas honradas que tienen amantes a escondidas de sus maridos. Señoras lesbianas que gozan del placer de la carne con otra mujer sin que lo sepan sus respectivos esposos. Y sobre todo la venganza, la necesidad de verter la sangre cuando el marido descubre que es cornudo.

Un ejemplo peculiar de este libro es el caso de un hombre que llega a casa y descubre que su mujer está en la cama con su amante. El marido entra en cólera y decide asesinar al amante. No contento con ello, obliga a su esposa a acostarse todos los días con el cadáver del asesinado a pesar de la fetidez y la descomposición. Otro caso extremo que se repite a lo largo del libro es el del marido que mata al amante de su esposa y le da de beber a ella la sangre del muerto. O el de señoras de la alta sociedad francesa que en las fiestas se meten a los lavabos con sus sirvientas.

Son solamente tres ejemplos de una obra curiosa y divertida. Uno se enfrenta a este libro para descubrir cómo se trataba el asunto de la infidelidad hace siglos y descubre las barbaridades que se cometían, así como también la pasividad de algunos monarcas y emperadores que, lejos de levantar el escándalo, preferían asumir los deslices de sus esposas.

El autor avisa al principio que su intención no es hablar mal de las mujeres, sino que pretende reflejar este aspecto de las relaciones humanas. A medida que se suceden los relatos, podemos ver que, efectivamente, tan pecadores son los hombres como las mujeres. Al final pide disculpas por si alguna dama se ha sentido ofendida y asegura que ésa no era su intención.

Leer Mujeres que hacen el amor y sus maridos cornudos es adentrarse en una fabulosa colección de infidelidades, cornudos, asesinos y despechados. Un libro curioso, entretenido y muy libertino.

Manel Haro (para Anika Entre Libros).

'El día del oprichnik', Vladimir Sorokin

Año 2027: los oprichnik se encargan de velar por la continuidad y seguridad de Rusia, un país cercado por murallas y cuyo máximo gobernante es el Soberano, el bienamado. Por él pasan todas las cuestiones del imperio, todo pertenece a él y cualquier persona debe rendirle cuentas. El jefe de los oprichnik es Padre, un hombre con experiencia que se encarga de la formación de hombres valerosos para el cuidado de la patria y reprimir cualquier acto subversivo. Uno de ellos es Andrey Komyaga, un hombre experimentado, que entiende perfectamente cuál es su función en Rusia: eliminar a los enemigos del imperio, proporcionar amantes a la mujer del Soberano y cumplir con las obligaciones de cualquier guardia. A cambio, puede disfrutar de los grandes placeres de cada oprichnik: el rito de la sodomía, las drogas y la violación de las mujeres de los nobles rebeldes.

De Vladimir Sorokin se ha dicho mucho, pero quizá lo más notorio es que es una molestia para Putin. Los escritos de Sorokin son una metáfora punzante, ácida y mordaz, contra el Kremlin. En la novela se dan consignas tan directas y crueles como que hay que eliminar al enemigo sin miramientos (¡qué gusto da abatir a los enemigos de Rusia!). Uno no puede evitar recordar los asesinatos de Aleksandr Litvinenko –ex espía ruso envenenado, que fue crítico con Putin- y el de Anna Politkóvskaya –periodista rusa asesinada que arremetió contra el Kremlin- y se da cuenta entonces de que realmente Sorokin sabe de lo que habla y por qué lo hace.

En la Rusia de 2027 las drogas están permitidas. De hecho, los aspirantes a oprichnik son seleccionados por Padre debidamente enfarlopado y bebido, cómo sino se podría hacer una elección de tanta importancia. Las drogas hacen que la sociedad se relaje, que no tenga necesidad de anhelar nada más que el placer de estar enajenado. Es sí, las farmacias solamente las venden cuando acaba la jornada laboral, dado que todos deben cumplir activamente con su trabajo. Solamente están prohibidas las drogas que producen nerviosismo y descontrol. Claro que las prohibiciones no son para los oprichnik, que sí pueden disfrutar de lo que les plazca, como la oruga: una fila de guardias que se penetran el uno al otro, de forma que el más anciano esté delante y el más joven detrás; así la energía se pasa a través del semen, desde la cola a la cabeza. La sodomía, por cierto, también está prohibida en la sociedad futurista que dibuja Sorokin.

El día del oprichnik es el relato de un día en la vida de Andrey Komiaga. Así, el lector asiste a la cronología de la rutina de un guardia represor de la sociedad rusa, que sirve con fidelidad al Soberano y a Padre por el bien de su país. De tal modo, el lector es testigo de unas prácticas tan masoquistas como absurdas y surrealistas. La caricatura y la deformación de la realidad son las técnicas que utiliza Sorokin para hablarnos de esta sociedad opresora e hipercontrolada.

La novela es una ucronía –una historia alternativa a partir de ciertas variaciones históricas- a la vez que una distopía, es decir, lo contrario de una sociedad ideal, una contrautopía. Leyendo a Sorokin, nos remitimos a novelas como Nosotros, la gran obra distópica de Zamiatin -también una sociedad amurallada y controlada por un soberano- o incluso a Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, dado que en El día del oprichnik también hay ese gusto por quemar libros.

Cuando el lector descubre a Sorokin, se da cuenta de lo valioso de su visión literaria y de la realidad. Leer El día del oprichnik es adentrarse dentro de las fronteras de una Rusia opresora controlada por un todopoderoso capaz de dar consignas tan crueles, como el asesinato. Novela altamente recomendable.

Manel Haro.

lunes, 3 de marzo de 2008

'Sweeney Todd', lo último de Tim Burton y Johnny Depp

Quizá sea Tim Burton el director que más se preste a discutir sobre la calidad de sus películas. El más claro ejemplo es Charly y la fábrica de chocolate (2005), una película que no convenció demasiado, quizá debido a las expectativas que se habían depositado en ella. Otros, en cambio, disfrutaron con la adaptación de la novela infantil de Roald Dahl. Big fish (2003) es otro ejemplo, a algunos les pareció una película fallida, mientras que otros tantos piensan que es una obra maestra. Menos discusiones levantan sus películas de animación como La novia cadáver (2005) o Pesadilla antes de navidad (1993).

Hace unos días se estrenó Sweeney Todd, la adaptación del musical de Sondheim. Fui a verla al cine y a mi alrededor solamente escuchaba quejas, suspiros de aburrimiento y bostezos. A mí, en cambio, me gustó mucho. Me pareció una película muy lograda, a pesar de que un musical siempre es más difícil de ver que una película donde la música no forma parte del guión. En el cine había algunos que decían que no tenía argumento o que no les gustaba el final. Entiendo que el final -que obviamente no desvelaré- no convenza a todos, pero lo que sí es seguro es que la película sí tiene argumento.

Sweeney Todd (Johnny Depp) es un barbero recién salido de prisión después de estar haber estado quince años por un crimen que no cometió. Un juez se encaprichó de su esposa y decidió condenarlo para quedarse con ella. Al salir de la cárcel, en la cabeza de Sweeney Todd solamente hay un pensamiento: vengarse del juez y recuperar a su mujer e hija.

Para llevar a cabo su hazaña, cuenta con la ayuda de la señora Lovett, papel que interpreta Helena Bonham Carter (la esposa de Tim Burton). Raro será el día en que Bonham Carter o Johnny Depp no protagonicen una película de Tim Burton. Quizá esa recurrencia a los mismos actores permite crean una complicidad director-reparto-espectador. De ese modo, hay un momento en la película en que Depp coge una cuchilla, levanta el brazo y dice: “mi brazo vuelve a estar completo”. ¿Será un guiño a los fans de Eduardo Manostijeras?

El maquillaje, la dirección artística –que, por cierto, se llevó el Oscar-, la fotografía… siguen la línea de las películas lúgubres de Burton. Ese ambiente tétrico que tanto gusta a los espectadores. La sangre –que hay mucha- se nota artificial, pero precisamente ahí radica la gracia, en desdramatizar un poco los asesinatos que comete Todd.

Quizá no guste esta película a todo el mundo, pero personalmente creo que merece la pena ser vista. Los reacios a los musicales y/o al cine de Tim Burton, es mejor que no la vayan a ver. Para el resto, para los que somos unos apasionados de este director y de Depp, sin duda, hay que ver Sweeney Todd.

Manel Haro.