lunes, 17 de diciembre de 2007

Viajar y descubrir: todo por dos céntimos

Está claro: viajar sale barato. Tan barato que incluso algunos hacemos locuras de vez en cuando, como ir a comer al extranjero. No hace demasiado, un par de semanas, hice precisamente eso con mi familia: nos fuimos a comer a Oporto (Portugal). Salimos un viernes a las 7:00 de la mañana y regresamos sobre las 20:00 del mismo día. En esas horas vimos todo lo que pudimos ver: la Catedral, las impresionantes vistas de las tejados de la ciudad antigua, las callejuelas serpenteantes, el barrio de las orillas del Duero, el puente Luiz I, la torre dos Clérigos…

Dicen los entendidos en materia de viajes que las personas viajamos al destino más barato que nos ofrezcan los portales de Internet. No entramos pensando en una posible ciudad, sino que miramos lo más económico y allí vamos. Qué razón tienen, porque nosotros fuimos a Oporto porque era el destino más barato: tan sólo dos céntimos ida y vuelta (tasas incluidas). Por dos ridículos céntimos nos plantamos en Oporto, vimos la ciudad y volvimos. Otra cosa, claro está, es lo que te gastas en la ciudad y el transporte de ida al aeropuerto y de vuelta a casa. Fuimos con la compañía irlandesa Ryanair, por lo que salimos desde Gerona.

Lo curioso es que fuimos a una ciudad que nos daba cierta pereza. Portugal es un país que tendemos a infravalorar, quizá porque lo tenemos demasiado cerca o porque nos pensamos que es muy pobre. La cuestión es que con esos prejuicios fuimos a Oporto solamente porque Ryanair nos puso en bandeja la posibilidad de ir por un precio bajísimo.

Y nos encontramos con una ciudad que, personalmente, me pareció preciosa, acogedora y misteriosa. Me pregunto si habrá algún escritor portugués que escriba novela negra con Oporto de fondo, porque sin duda es una ciudad que se presta a ello: calles estrechas, inclinadas, niebla baja, el paso de un río, fachadas caóticas…

Oporto sí es una ciudad ciertamente humilde, porque había muchos edificios que parecían abandonados, destartalados, y en pleno centro de la ciudad. Esos edificios no los he visto ni en las capitales de la antigua Europa comunista.

Pero a pesar de las fachadas, la ciudad es encantadora, te atrapa. Dan ganas de pasar una larga temporada allí y disfrutar de sus calles, sus vinos –qué decir del vino de Oporto-, y su gastronomía. Porque si vas a Oporto, qué menos que probar el arroz tamboril –con rape y cilantro-, el bacalao Lagareiro –con verduras asadas-, alguna que otra sopa o caldo…

En resumen, que gracias a lo barato que sale viajar, descubrimos una ciudad que nunca pensamos que visitaríamos si el precio de los billetes hubiese sido mayor. Gracias a la oportunidad que ofreció Ryanair, vimos un destino quizá atípico –había poco turismo-, y ahora que ya conocemos Oporto, no me importaría volver, pero esta vez me quedaría unos días y no me importaría pagar unos cuantos euros más por los billetes.

Hay que visitar Oporto. Hay que viajar.

Manel Haro (texto y fotos).

2 comentarios:

Víctor Manuel dijo...

Prefiero esos viajes rápidos: que de un día para otro cambian tu sensación de lugar.

Adrian dijo...

Hola!!

Impresionante tu viaje por dos centimos. La próxima vez te recomiendo que planifiques tu viaje en Trivago, sin duda la mejor web de viajes. Además, puedes ganar un poco de dinerillo. Saludos