sábado, 30 de julio de 2011

‘Una comedia en tono menor’, Hans Keilson

Una comedia en tono menor
Hans Keilson
Editorial Minúscula
1ª edición, 2011
Trad. de Carles Andreu
150 páginas
ISBN 9788495587794


A pesar de que la obra del alemán Hans Keilson, fallecido a los 101 años el pasado 31 de mayo, supuso una importante aportación para la reconstrucción de la vida y la muerte bajo el nazismo, especialmente con su novela La muerte del adversario (Minúscula), lo cierto es que tanto su trayectoria como su defunción pasaron más que desapercibidas por España. Su muerte no entró en las páginas de cultura, sino que fue relegada a alguna esquela publicada un par de días después del deceso en el mejor de los casos. La muerte del adversario está a la altura de las mejores novelas del siglo XX sobre el advenimiento del nazismo y su fuerza radica en que en ella no encontramos asesinatos ni la brutalidad de los campos de concentración, sino que se narra, con inteligentes alusiones, el intento de comprender lo que motiva determinadas actitudes inexplicables en el ser humano. Y lo hace a través de la figura del adversario (el nazismo en general y Hitler en particular, aunque en el libro estas últimas palabras ni siquiera aparecen).

No fue hasta 2010 cuando en España pudimos leer su primera novela traducida al castellano, La muerte del adversario, la más importante de su carrera, que fue publicada en alemán en 1959. Ahora, nuevamente la editorial Minúscula pone a disposición del lector otra de las novelas de Keilson sobre la barbarie del nazismo: Una comedia en tono menor. En ella no hay comedia ni tampoco un humor descarnado, sino más bien un cúmulo de situaciones tan lamentables que uno no puede dejar de imaginarse que aquello Keilson lo quería presentar como una triste y grotesca caricatura de lo que él mismo vivió.

En Una comedia en tono menor, tenemos a un matrimonio holandés, Wim y Marie, que se ofrece a acoger a un judío que ha llegado huyendo de Alemania. Él, Nico (un pseudónimo que se pone a sí mismo para estar más seguro), no da detalles sobre quién es exactamente, nada sabemos de él, exceptuando que vive escondido mientras aguarda el momento en que la II Guerra Mundial llegue a su fin y Hitler sea derrotado. Pero la espera se hace demasiado larga y cada día sus fuerzas se van debilitando.

La historia de Nico contiene, en cierto sentido, los miedos que tuvo el propio Keilson cuando llegó a Holanda huyendo, como su personaje, del nazismo (sus padres no tuvieron esa suerte y murieron en Auschwitz). El autor alemán, testigo directo de casi todo el siglo XX (nació poco antes de la Primera Guerra Mundial, en 1909), traslada así al papel lo que él mismo sufrió; especialmente notables son algunos pasajes de La muerte del adversario. Y aunque Una comedia en tono menor no suponga un impacto tan fuerte como la anterior novela, sí al menos servirá para saber algo más del periplo del autor y para adentrarse en otro de los muchos episodios que se escribieron durante la Segunda Guerra Mundial: en este caso, la lucha por la supervivencia en el exilio y la colaboración de muchos holandeses con los exiliados.

miércoles, 6 de julio de 2011

El mismo ‘resacón’, pero en Tailandia


Si algo funciona, para qué cambiar. Eso debieron pensar los productores de Resacón 2, película que sigue con la fórmula de Resacón en Las Vegas, aquella en la que un grupo de solteros se iba a la ciudad de los casinos para celebrar que uno de ellos iba a casarse. Al día siguiente de la gran juerga, en cambio, veían que se encontraban en un estado lamentable mientras apreciaban en su entorno que durante esa noche algo se les había ido de las manos. En esta ocasión, tenemos la misma estructura, los mismos personajes y parecidas situaciones desmadradas, pero en vez lugar de ser en Las Vegas, es en Bangkok.

Stu (Ed Helms) va a casarse con una tailandesa, por lo que invita a su grupo de amigos a cruzar el océano para asistir a la boda. Aunque en principio Stu no tiene pensado celebrar ninguna despedida de soltero, finalmente acaba cediendo, de forma accidental, y repiten el despropósito de Las Vegas. A la mañana siguiente descubren que el hermano pequeño de la prometida de Stu ha desaparecido en Bangkok y se ponen a buscarlo contrarreloj, antes de que llegue el momento de la boda. Lo primero será recordar qué ha sucedido durante esa noche.

La película, como la primera parte, propone una aventura disparatada y entretenida, pero los momentos en los que uno se deja llevar por la carcajada no son más que dos o tres, aquellos en los que más allá de situaciones absurdas, hay cierto ingenio. Para el espectador que disfrutó con Resacón en Las Vegas, esta segunda entrega le divertirá del mismo modo porque contiene idénticos ingredientes (cambia el escenario, eso sí), pero si no les convenció la primera, no esperen encontrar una mejoría en Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia!. Eso sí, todo hay que decirlo, viendo las comedias que llegan últimamente de Hollywood, esta es de las que se salvan.