lunes, 5 de septiembre de 2011

El mismo ‘destino final’ de siempre…



Hay que reconocer que la idea de crear Destino final (película estrenada en España en el año 2000) fue un acierto, al menos en cuanto a repercusión taquillera. Hasta esa fecha no se había visto en cine, o al menos yo no lo recuerdo, una trama semejante, donde la muerte cobrara vida (permítanme el juego fácil de palabras) para conseguir llevar a su terreno a los que, gracias a una premonición, habían logrado esquivarla: “a la muerte no le gusta que la engañen, tened cuidado”, dice uno de los funestos personajes de la quinta entrega, que se ha estrenado recientemente en nuestros cines.

El argumento de cada una de estas cinco partes de la saga son idénticos: un grupo de chicos jóvenes están a punto de viajar en avión, en autobús o viendo una carrera de coches, cuando uno de ellos tiene una repentina visión: un accidente que los mata de forma bastante sanguinaria. Logran escaparse, porque el visionario les avisa, pero la muerte los va atrapando uno por uno, en el mismo orden en que debían haber muerto. Así que la lucha de los jóvenes por salvarse solamente supone un juego macabro de la muerte y el espectador solo tiene que esperar cómo van ir cayendo poco a poco. Y ahí está lo esencial de las películas de la saga, todo el mundo sabe cómo van a acabar, porque todas siguen el mismo patrón; el reto para los guionistas y el director es inventar muertes que se muevan entre el absurdo y lo excesivamente violento, aunque eso suponga rodar escenas totalmente inverosímiles (¿quién atraviesa un grueso cristal del ventanal de un edificio porque se le rompa el tacón de un zapato?).

Pero ahí parece radicar el juego de la saga, a falta de sorpresas para una trama ya de sobras conocida: ser más efectista que efectivo. Ser, sobre todo, espectacular. Y es que a las películas de Destino final les pasa lo mismo que a otras sagas (me viene a la cabeza la de Saw), donde da igual que una de las entregas caiga en el disparate: hay cierta filiación con el espectador que hace que no nos perdamos las nuevas películas, quizá sea porque dan morbo las tramas que coquetean con la muerte, sobre todo si son violentas e inverosímiles (por aquello de que gusta el espectáculo pero en el fondo debe quedar la sensación de que eso no va a ocurrir en realidad).

En ese sentido, Destino final 5, dirigida esta vez por Steven Quale, es más de lo mismo, aunque quizá con bastante más simplismo, al menos a nivel argumental. A los productores no parece interesarles innovar ni ser originales, básicamente porque la respuesta del público sigue siendo buena y hasta que la taquilla no se resienta (si algo funciona, para qué cambiarlo), la cosa seguirá siendo previsible, pero entretenida y espectacular.

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