martes, 10 de mayo de 2011

Miguel Fuster, el largo camino de un dibujante


Tras 15 años viviendo en la calle, Fuster ha publicado dos cómics explicando su historia

Manel Haro y Patricia Tena. Barcelona / Fotografías: M. Haro ©

Quizá no les diga demasiado el nombre de Miguel Fuster, pero si se adentran en su historia, verán que hay toda una aventura vital digna de una novela. O de un cómic. Porque en los años 70, Miguel Fuster trabajaba como dibujante profesional de cómics románticos (publicó, por ejemplo, en la Editorial Bruguera), pero un tiempo después pasó una mala racha con la pérdida de popularidad del género, lo que le dejó sin empleo, circunstancia que, además, coincidió con un terrible desengaño amoroso y la pérdida de su vivienda a causa de un incendio.

Estos sucesos, junto con unos hábitos de vida poco saludables marcados por los excesos, hicieron que Miguel acabara viviendo en la calle durante 15 años, hasta que decidió aceptar la ayuda de la Fundació Arrels, quienes le proporcionaron un techo donde cobijarse, alimentos y ayuda para dejar el alcohol. Desde allí le animaron a crear un blog en el que mostrar sus dibujos y explicar sus vivencias, bien fuera para exorcizar sus propios demonios o para poder ayudar a otros. Poco a poco, algunos aficionados al cómic se pusieron en contacto con él pidiéndole que creara una novela gráfica donde recopilara todas estas ideas. A Miguel le pareció una buena opción y una oportunidad única para volver a vivir de sus creaciones aunque, como él mismo confiesa, "del cómic es muy difícil vivir".

En 2010, la editorial Glenat publicó Miguel: 15 años en la calle, donde el autor explicaba ese cambio radical que había experimentado su vida y la sorpresa en la que él mismo se encontraba, dado que, ni en el peor de los casos, hubiese imaginado que acabaría en la calle. En 2011 aparece, bajo el mismo sello editorial, Miguel: 15 años en la calle. Llorarás donde nadie te vea. "En este segundo cómic explico que, después del golpe, acepto lo que me ha pasado y empiezo una vida como indigente", nos cuenta, y añade: "Ahora, tengo la oportunidad de estar en el otro lado de nuevo, pero sigo siendo alcohólico, porque aunque ya hace años que no bebo, uno no deja nunca de ser alcohólico; la prueba es que si no lo fuera, podría beberne ahora una copa y eso no supondría una recaída, y sabemos que eso no es así". Una frase del cómic lo deja claro: “Soy alcohólico en abstinencia, pero consciente de que seré alcohólico el resto de mi vida”.

Fuster confiesa que de toda su vida en la calle, los momentos más amargos se producían cuando escuchaba las confesiones de las mujeres indigentes (le impactaba mucho más). En la plaza Berenguer conoció a Teresa, una mujer que siempre había vivido bien hasta que dio con un mal tipo y se dejó llevar por él, su marido la echó de casa y le prohibió volver a ver a sus dos hijas. Ella cada noche se dormía al lado de Miguel con un cartón de vino en la mano y se repetía “por mis hijas, mañana dejo de beber, por mis hijas, mañana dejo de beber”, pero fue repitiendo ese mensaje durante 20 años.

En el prólogo del segundo libro, Luis García Mozos, dibujante, editor y pintor, dice que Miguel tiene un estilo gráfico que ni él mismo sabía que llevaba dentro, y que se gesta en la marginación y la desesperación de su propia experiencia. Otra frase de fuerza en el cómic: “Es una situación infernal, pero me sentía libre. Sólo tenía un dueño… que no tiene rostro. Era tal la imposibilidad de dejar de beber, había fracasado tantas veces, que ya ni siquiera merecía la pena darle más vueltas”.

Cuando uno se acerca a Miguel para pedirle una dedicatoria a uno de sus cómics, se muestra completamente confiado, como si entre el lector y el autor no mediase distancia. Dibuja y dedica, pero no deja de explicar detalles de su vida que hacen que cualquiera que le oiga se quede sorprendido de que, a pesar de haber estado quince años en la calle, jamás haya perdido su extraordinaria lucidez y una madurez que hacen que cada mensaje que pronuncie se convierta en una pequeña lección de perseverancia: "por muy mal que vayan las cosas, siempre hay que luchar, hay que seguir adelante porque nunca se sabe cuándo puede llegar una oportunidad". El público del Salón del Cómic de Barcelona eligió este año darle a Miguel el premio a la Mejor Obra de Autor Español 2010.



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