sábado, 5 de junio de 2010

En "Estado" crítico

Cuando España estaba en plena fase de crecimiento económico gracias al boom del sector inmobiliario, yo le comentaba a mis amigos que este país necesitaba que la burbuja inmobiliaria estallara. Mis razones se basaban en que era insostenible un sistema en que las inmobiliarias subieran tan descaradamente el precio de las viviendas, los bancos jugaran con tanta ventaja con los intereses de los créditos, los ciudadanos se hipotecaran hasta más allá de su jubilación y, mientras, el Gobierno permitiera sin ningún tipo de reparo aquella bestialidad llamada especulación.

El Gobierno de España no sólo no hizo nada para moderar un modelo de crecimiento basado en un sector (el inmobiliario) que escurría a los ciudadanos, sino que no fue capaz de, en tiempo de bonanza, buscar otras alternativas de progreso económico cuando muchos analistas avisaban de que el modelo de crecimiento español podía correr serios peligros en el futuro (ahora presente). Cuando Zapatero dice que su Gobierno no tiene culpa de la crisis porque es un situación de descontrol global, tiene razón. Él no tiene culpa. Pero de lo que sí tiene culpa es de que España sea uno de los países europeos qué más está notando los efectos de la crisis (aumento del déficit y del desempleo y peores perspectivas de futuro para salir de esta situación). Y esto ha ocurrido por una mala gestión (de la bonanza) económica basada en la inercia. Zapatero ha llevado a España durante años en uno de los automóviles más veloces de Europa, mientras asomaba la cabeza por la ventanilla para que sus vecinos vieran su capacidad. Lo malo es que se olvidó de ajustarse el cinturón de seguridad y ahora que al final de la carretera hay un Stop, el frenazo en España es mayor y las consecuencias peores. Ahora toca que nos den lecciones o reprimendas: Obama, Merkel...

Cuando les decía a mis amigos que España necesitaba el crash de la burbuja inmobiliaria (desde luego, no me refería a consecuencias tan duras como ésta), ellos me daban la razón porque sentían la amenaza de las llamadas "hipotecas hereditarias" demasiado cerca. Ahora me estoy dando cuenta de que los ciudadanos necesitábamos también una crisis a nivel europeo para darnos cuenta de que todo aquel armazón que la UE había montando (la unidad, la cohesión política, la Constitución Europea, la corrección, la protección...) en realidad tenía mucho de apariencia: ¿dónde está ahora Sarkozy, que tanto sacaba la cabeza antes? ¿por qué ahora Grecia y Hungría denuncian que los anteriores gobiernos habían manipulado los datos económicos del país? ¿por qué se le pide a Grecia que cumpla con imposibles? ¿por qué Merkel está tan disgustada con Zapatero? ¿por qué un país sufre tanto y otros tan poco? ¿por qué se le presta dinero a Grecia al mismo tiempo que Grecia gasta dinero en armamento, comprándolo precisamente a los mismos países que le prestan el dinero?

No digo que la idea de Europa haya fallado, ojo, que todavía nos queda Eurovisión y las becas Erasmus (...). Sólo que esta crisis ha servido para entender que en tiempos de vacas gordas, todo el mundo se apunta al baile, pero cuando las cuentas no salen, toca cerrar la puerta y, de paso, decirle al vecino que no ponga la música alta, que molesta a los demás. Y lo de siempre: los ciudadanos pecábamos de irresponsables por gastar demasiado y asumíamos no llegar a fin de mes; ahora pecamos de lo mismo por gastar tan poco y seguimos sin poder llegar a fin de mes. Eso sí, menos mal que somos europeos.


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