domingo, 14 de marzo de 2010

Valladolid da vida a la literatura en la despedida a Miguel Delibes


Hoy tengo la sensación de que Valladolid ha dado una lección de sensibilidad a España. Son muchos los escritores que dicen sentirse muy arraigados a sus ciudades, pero probablemente la compenetración que había entre Valladolid y Miguel Delibes es algo que escapa a la comprensión de los que no somos de esa ciudad.

Ver en los medios cómo los ciudadanos se han volcado para darle el último adiós a un grande de las letras, ver cómo la catedral se llenaba de personas y cómo la comitiva fúnebre iba arropada por centenares de vallisoletanos, hace que, desde Barcelona, sienta una tremenda emoción y esperanza. Esperanza porque la letras todavía producen algo de unión entre los lectores y emoción porque Delibes se ha marchado con todos los honores y cobijado por su gente. Entre nuestros problemas, individualidades y delirios, la esencia de la ciudadanía y de la literatura se ve reflejada en actos como éste.

Desde más allá de Valladolid, todos hemos lamentado la muerte de Delibes, pero ese dolor debe ser muy diferente al que han sentido en su ciudad, donde han perdido a alguien cercano (muy cercano), uno de sus símbolos universales. Ayer, una amiga me decía que su abuela la acababa de llamar para decirle que había muerto Delibes. Sin poder evitarlo, la mujer se puso a llorar al teléfono. Ella es de Valladolid y cada vez que escuchaba o leía algo de Delibes, renacían en su mente los recuerdos de su infancia en Pucela, rodeada de sus padres y familiares. La muerte de Delibes es, en cierta manera, la muerte de uno de los motores de sus recuerdos. Delibes no era sólo un escritor, era un símbolo. Hoy Miguel Delibes ha sido incinerado. Hoy Valladolid ha dado ejemplo.

1 comentarios:

Diego Fernández Magdaleno dijo...

Querido Manel: tienes razón. Delibes era una parte esencial de Valladolid, era -es- algo nuestro.
Me ha emocionado tu entrada.
Abrazos,

Diego