domingo, 31 de enero de 2010

Cuando el diablo se aburre, con el rabo mata moscas

Estos días estamos asistiendo en Cataluña a una agria polémica (otra más) en torno a la lengua catalana. Se trata de la nueva Ley del Cine que promueve la Generalitat y que obligará a doblar o subtitular al catalán una parte importante de las películas que se proyecten en cines. Actualmente, parece ser que, de los films doblados, un 97% son en castellano y un 3% en catalán. Con esta norma, la oferta de películas en catalán crecería y, por tanto, los catalanohablantes tendrían más donde escoger. Sin embargo, algunas salas de cine mañana estarán en huelga porque creen que, de seguir adelante con esta ley, habrá una estampida del público, provocando un descenso de los 20 millones de espectadores a tan sólo 4 millones.

La primera pregunta que me hago es por qué España sigue siendo de los pocos países de Europa que continúa doblando las películas extranjeras en vez de pasarlas en versión original. ¿Cómo un espectador puede juzgar si Javier Bardem mereció el Oscar a Mejor Actor tras haber visto No es país para viejos en catellano? ¿Cómo podemos asegurar que fue justo el Oscar a Sean Penn por su actuación en Mi nombre es Harvey Milk, si hemos visto la película en castellano? ¿Por como gesticulan? Porque, obviamente, para valorar la actuación de un actor en una película extranjera tanto daría seguir el film sin volumen que verla doblada. Quien habla, a fin de cuentas, no son los actores, sino especialistas de doblaje (sea en catalán o en castellano).

Esto siempre me recuerda una anécdota: cuando de vez en cuando en televisión se hacen reportajes sobre el doblaje en cine, siempre aparecen los que doblan las películas pornográficas y, mientras en segundo plano ves en una pantalla a una chica de poco más de 20 años, explosiva, en plena acción, en primer plano ves a una mujer que supera los cincuenta besándose la mano y diciéndo al aire "sí, sigue así, qué grande la tienes". Entonces le responde un hombre con barba y prominente barriga con las gafas semicaídas "¡sí, así, toma!". Pues lo del cine es un poco más de lo mismo. Si Penélope Cruz habla en inglés en Nine, qué mejor que ver cómo se defiende en inglés para decidir qué tal se le da Hollywood.

Así que ponerse a discutir ahora si es positivo o negativo que las películas se pasen en catalán es como discutir si para suicidarse es mejor tirarse desde un séptimo piso o desde un octavo: al final, el efecto será prácticamente el mismo.

En cualquier caso, puestos a doblar, no veo mal que haya más oferta en catalán, siempre y cuando se haya hecho algún estudio de mercado que justifique esta nueva ley (aquí parece que radica la polémica). En resumen, que esto es como el dicho ése que sueltan en mi pueblo: "esto es como el que tiene tos y se rasca los cojones".

1 comentarios:

J.E. Alamo dijo...

Estoy de acuerdo contigo en los puntos principales: No habría que doblar las peliculas o, al menos, la oferta de cintas en V.O. debería ser sensiblemente mayor. Y dos: que sea la demanda la que determine la cantidad de peliculas dobladas al catalán. A fin de cuentas el cine es un negocio, ¿no?