domingo, 31 de mayo de 2009

'La música del hambre', J.M.G. Le Clézio

La música del hambre
(Ritournelle de la faim)
Jean Marie Gustave Le Clézio
Traducción: Javier Albiñana Serain
Editorial Tusquets
Colección Andanzas
1ª edición, abril de 2009
Género: Novela
214 páginas
ISBN: 978-84-8383-153-3


En el París de los años treinta, la joven Ethel Brun vive más apegada a su tío abuelo Samuel Soliman que a sus padres, Alexandre y Justine. Pero cuando él fallece, a Ethel no le queda más remedio que enfrentarse a la realidad. Soliman le deja a ella toda la herencia, pero dado que es menor, le cede ante notario todos los poderes a su padre. Mientras Alexandre y Justine malgastan su fortuna en negocios de poca garantía, Ethel intenta pasar el máximo tiempo posible con su única amiga Xenia, una joven huida de la Revolución rusa que vive en la pobreza. A medida que Ethel va creciendo, se dará cuenta de las consecuencias del despilfarro de sus padres, de la soledad que siente, de la amenaza que supone la entrada de las tropas de Hitler en París y lo peor de todo: el hambre.

Después de que Jean-Marie-Gustave Le Clézio ganara el Premio Nobel de Literatura en 2008, las editoriales empezaron a rascarse el bolsillo para comprar los derechos de sus obras. Tusquets es quien más títulos se ha llevado al saco y ha editado, entre otros, El pez dorado, Desierto, Onithsa o este último, La música del hambre. Es lo que tiene el Nobel, que cuando lo anuncian te vuelves loco buscando títulos del ganador en las librerías y a las pocas semanas llega la avalancha. Bendito sea el galardón entonces, ya que nos permite conocer a autores como Le Clézio.

La música del hambre es el reflejo de cómo el mundo se desmorona ante los ojos de una niña algo inocentona que, a fuerza de golpes, se va haciendo adulta. Al principio, el autor nos muestra a una Ethel que vive feliz con su tío abuelo y con su amiga Xenia, pero su vida se va encrudeciendo a medida que pasa el tiempo. Como es normal en las obras de Le Clézio, hay un claro contraste entre la contención de la primera mitad del libro y el tono desgarrador de la segunda parte. Los personajes de Le Clézio tienden a estar siempre tristemente marcados por las circunstancias que les han tocado vivir y se convierten, poco a poco, en seres derrotados. Pero de entre esa derrota siempre queda un halo de fuerza y de esperanza. En este caso es la heroicidad de Ethel frente al desgaste de Justine y Alexandre.

De ese modo, Le Clézio nos brinda un duro relato con algunos pasajes que parece que arañen el alma del lector. Una narración sencilla, sin artificios, que le permite reflejar con naturalidad los puntos extremos del ser humano. La música del hambre es, a todas luces, una excelente novela.

miércoles, 27 de mayo de 2009

'Dream', Kim Ki-Duk

Qué difícil lo debe tener un maestro en su disciplina. Claro, todo el mundo le exige la excelencia en su trabajo, pero es humano, por lo que no siempre puede estar al máximo nivel. Un ejemplo es el director de cine surcoreano Kim Ki-Duk. ¿Quién no le reconoce la calidad en películas como Aliento, Hierro 3 o Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera? Sin embargo, con su última película me ha dejado a cuadros.

Hablemos de Dream (2008). Jin ha tenido una pesadilla: conducía su vehículo cuando choca con otro coche y decide huir. Cuando despierta, va al lugar del accidente, donde comprueba que su sueño ha ocurrido de verdad. Decide seguir a los policías para ver quién ha sido el causante de la colisión. De ese modo, llega a Ran, que es detenida por darse a la fuga. Jin explica a la policía que él tiene la culpa por haberlo soñado, pero lo toman por loco. Él se dará cuenta de que todo lo que sueña, le ocurre a Ran, por lo que ambos intentarán mantenerse despiertos las 24 horas. Esto les llevará a torturarse para no soñar.


Dream supone un giro en el cine de Kim Ki-Duk, porque pasa de lo sugerente a lo explícito y de lo simbólico a lo surrealista. Conserva algunas referencias a sus películas anteriores, como suele hacer siempre, pero esta vez intenta ir más allá hasta casi perder el norte. ¿Es necesario que esta vez haya caído en lo gore y muestre cómo el personaje se clava agujas en la cabeza o se corta por las piernas? Hay un momento que recurre al simbolismo de una mariposa... ¿era necesario llevarlo al extremo que muestra al final de la película?



Tengo la sensación de que ha querido ser tan sublime y exquisito, que se ha vuelto demasiado surrealista. Kim Ki-Duk no ha seducido a la crítica y, desde luego, tampoco a mí. Pero entiendo que rodar una película por año conlleva estas cosas: dar una vuelta de tuerca a sus propias paranoias hasta desgastarse a sí mismo y decepcionar de vez en cuando a los espectadores.

martes, 19 de mayo de 2009

'Muerte a seis veinticinco', Jordi Cervera

Muerte a seis veinticinco
La mort a sis vint-i-cinc

Jordi Cervera
Editorial Edebé
1ª edición, marzo de 2009
Colección: Periscopio
Premio Edebé de Literatura Juvenil
Género: Novela negra (de 12 a 16 años)
280 páginas
ISBN: 978-84-236-9573-7 (ed. castellano)
ISBN: 978-84-236-9574-4 (ed. catalán)

Ray Barbosa ha encestado el último triple que le ha dado la Copa ULEB al DKV Joventut frente al Dynamo de Moscow. Mientras celebra el título, un asesino a sueldo entra en su casa y mata a su mujer e hijo. La alegría del campeonato se transforma en tragedia. El inspector Joan Pons se pone manos a la obra para averiguar quién está detrás del crimen. Éste se encontrará con un retorcido plan que llevaba años gestándose. La venganza es un plato que se sirve frío.

Sospecho que escribir una novela negra juvenil tiene que ser harto difícil, porque el autor debe montar una historia atractiva, sugerente, que suponga un esfuerzo al joven lector para que averigüe quién es el asesino antes de que acabe el libro. Tiene que estar escrita de una forma sencilla, que la prosa no suponga una traba al lector, pero sin descuidos, que la juventud del público no está reñida con la inteligencia. Pero no sólo eso, porque la literatura juvenil, desde hace años, se ha ganado el favor del público adulto, por lo que no hay que olvidar que esto de los géneros por edades está cada vez más pasado de moda.

Difícil lo ha tenido Jordi Cervera para escribir esta novela y, como colofón, llevarse el Premio Edebé de Literatura Juvenil. Muerte a seis veinticinco engancha desde las primeras páginas y no suelta al lector hasta el desenlace. Es una historia bien construida, con personajes creíbles y el tono adecuado para un público amplio. Asistimos, además, al nacimiento de un personaje con miras al futuro: Carla Pons, hija del sargento que lleva el caso y con aspiraciones policiacas, que protagonizará próximas novelas de Jordi Cervera. Esperemos que así sea porque, de momento, la primera entrega deja un excelente sabor de boca.

lunes, 18 de mayo de 2009

'Gotholàndia', Pep Blay

Gotholàndia
Pep Blay
Editorial Montena
1ª edición, marzo de 2009
Género: Novela Juvenil (Fantástica)
De 9 a 13 años aprox.
271 páginas
ISBN: 978-84-8441-504-6

Albert ha recibido un regalo estupendo de su madre: un videojuego de fantasía, Gotholàndia. Gracias a este regalo, el chico puede pasarse horas enteras enfrascado en el mundo de mitos y leyendas que le ofrece el videojuego. Pero la madre del pequeño no quiere que su hijo pase tanto rato frente a la pantalla de la consola y no lea nada, por lo que decide enviarlo una temporada a casa de su excéntrico tío, que vive en un pueblo aislado en la montaña. Albert no entiende que su madre le regale un juego y después no le permita jugar, así que decide llevárselo escondido en la maleta para seguir entretenido. Pero lo que Albert no esperaba era que su imprudencia provocara que él mismo acabara absorbido por el videojuego y pasara a ser un personaje más de Gotholàndia. Para volver a casa tiene que cumplir una importante misión. En caso contrario, no podrá salir del videojuego nunca más.

Cuando Pep Blay pensó en Gotholàndia, en realidad estaba ideando la manera para que su sobrino aparcara por unos instantes los videojuegos y empezara a leer. Pensó que, si tanto le gustaban las consolas, lo mejor era escribir una novela fantástica de mitos y leyendas donde el eje central fuera un videojuego. El resultado fue que el sobrino de Pep Blay agarró el libro y no lo soltó hasta que llegó a la última página. Cosa rara en él, dice el autor, porque no es lector habitual.

Por lo tanto esta novela juvenil de género fantástico tiene los ingredientes precisos para convencer, no sólo a los ávidos lectores, sino también a aquellos que disfrutan más de la imagen que de la letra impresa. Porque la gracia de Gotholàndia es precisamente su fuerza visual. El joven lector sentirá que, con cada capítulo que lee, se adentrará en una nueva pantalla llena de aventuras y personajes mitológicos.

Aunque el público objetivo de este libro sean los chicos y chicas de entre 9 y 13 años, lo cierto es que cualquier lector interesado en los argumentos fantásticos podrá dejarse llevar por esta aventura de leyendas y seres mágicos. Hasta la fecha, Gotholàndia solamente puede leerse en catalán (Editorial Montena), pero esperemos que en el futuro sea traducida al castellano para disfrute de un mayor número de jóvenes lectores.

Se apagó la voz de Mario Benedetti

Fragmento de su poema:

Certificado de existencia



...vivir / después de todo
no es tan fundamental
lo importante es que alguien
debidamente autorizado
certifique que uno
probadamente existe
cuando abro el diario y leo
mi propia necrológica
me apena que no sepan
que estoy en condiciones
de mostrar dondequiera
y a quien sea
un vigente prolijo y minucioso
certificado de existencia

Hoy, 17 de mayo de 2009, la voz del poeta uruguayo Mario Benedetti se ha apagado para siempre. No obstante, sus propios versos certifican que "probadamente existe". Descanse en paz, maestro.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Entrevista con Ana Cabrera Vivanco

Ana Cabrera Vivanco espera en uno de los sillones del salón principal del Hotel Hesperia Presidente, en Barcelona. Antes de empezar la entrevista, pide unos minutos de pausa para tomar el aire. Cuando sube, ya recuperada de tantas horas de promoción, me dice que para ella es más fácil hablar del castrismo que de su novela. Hablar sobre Las horas del alma parece suponer un ejercicio de profunda interiorización.

Ana Cabrera Vivanco se declara desterrada de Cuba y se siente con una relativa comodidad de poder hablar con libertad de lo que ella y su familia han vivido en la isla. Todo ese caudal interior lo ha reflejado en Las horas del alma, novela de sagas familiares, que nos recuerda a las obras más relevantes de Hispanoamérica, como Cien años de soledad o La casa de los espíritus.

Manel Haro. Barcelona (Texto y fotos ©)

¿Cuándo surge la idea de escribir esta novela?
Yo estaba trabajando en una colección de libros sobre las mejores poetisas hispanoamericanas. Cuando acabé la biografía de Dulce María Loynaz, ya estaba con esta novela. Tenías unas vivencias existenciales que me estaban golpeando muchísimo, piensa que yo dejé el periodismo porque la censura no me permitía escribir lo que realmente quería. Entonces empezó a gestarse este proyecto, que para mí era muy ambicioso, por lo que me centré en él. Me documenté y empecé a escribir.

¿Esta saga familiar que hay en Las horas del alma es en parte la suya?
Sí, algunos personajes ya estaban en mi mente porque forman parte de mi familia. Todos los personajes son de ficción, que conste, pero muchos de ellos están basados en parientes míos. Quizá quien más se parezca a mí es Isabel, que vive el periodismo, la censura, el no poder escribir, el querer meterse en una novela… Pero yo no he sido infiel, como Isabel, que quede claro (risas).

¿Le ha costado perfilar tantos personajes?
La verdad es que hay un momento en que los personajes se te van de las manos. Ellos, llegados un punto, empiezan a hablar por sí mismos, los diálogos vienen solos. Por ejemplo, yo quería ponerle palabras en sus bocas, pero ellos se negaban. La narrativa tiene la magia de permitirte crear un mundo de personajes que ni tú mismo conoces.

¿Tenía claro todo el árbol genealógico?
Yo hice un árbol genealógico previo, es el que está en la novela. Eso me servía como guía, porque yo quería escribir sobre cinco generaciones, un siglo de vida. Yo sabía que tenía que analizar cinco generaciones, pero no sabía si un personaje iba a tener un hijo varón o no. Algunos sí estaban claros, pero otros no del todo. Como decía antes, los personajes a veces van solos. Yo pretendía hacer un retrato de la sociedad cubana, con los diferentes cambios de gobierno, situaciones históricas… Todo ello a través de estas cinco generaciones.

Un siglo de vida son cien años… ¿Le ha dicho alguien que su novela se parece a Cien años de soledad?
Tengo mucho miedo de encontrarme algún día con García Márquez (risas). Yo le admiro, como admiro a Vargas Llosa. Sí que me han dicho que mi novela se parece a Isabel Allende o a Cien años de soledad. Para mí es un halago, incluso cuando algún especialista me dice que hay aspectos de realismo mágico en Las horas del alma.

¿Le ha costado contenerse como autora y ceder el discurso a sus personajes a la hora de hablar de los diferentes regímenes cubanos?
Me halaga muchísimo esa pregunta, porque es algo que me preocupaba. De hecho, era el mayor reto de todos. Yo provengo de una familia de clase media acomodada a la que se lo quitaron todo cuando la Revolución. Mi familia no se sumó al tren del triunfo castrista, por lo que fuimos perjudicados. Yo tenía mucha rabia, claro, y era difícil contenerse. Yo me levantaba por la noche para escribir mientras me tomaba termos enteros de café y me echaba a llorar para evitar que mi rabia saliera en la novela. Por cierto, que escribía con una pluma estilográfica Parker y mercromina, ya que en Cuba no había tinta ni bolígrafos.

En su novela le da mucha importancia al mar…
Sí, se habla poco de la tragedia del mar en Cuba. El que emigra no lo hace por hambre, sino por desesperación o desesperanza, por la necesidad de libertad. Cada vez que mi hija se iba a la playa con sus amigos, regresaba uno menos. Yo siempre tenía miedo, por si le tocaba a mi hija o incluso a mí. El mar en Cuba es la única vía de escape. Yo misma tuve que irme para evitar caer.

En cambio, sí que hay autores que lo han sabido reflejar, como Reinaldo Arenas
Sí, además Reinaldo Arenas tuvo una vida dura. Esto sirve para hablar de la homosexualidad. Ahora se dice que la homosexualidad no está perseguida en Cuba, pero no hay que olvidar que a los gays se les metía en campos de trabajo. Perdimos a Reinaldo Arenas, un talento tan grande, por ser homosexual. Parece que ahora debemos olvidar y perdonar, pero hubo mucha gente que sufrió y que perdió a familiares porque los fusilaron. Para entender eso hay que pensar como un revolucionario. Ellos eran los malos de la película, pero hay que ponerse en su piel para entender lo que hacían.

Las horas del alma fue escrita en Cuba, ¿no corría peligro?
Yo traje la novela mutilada a España. La tuve que reescribir, porque eliminé capítulos que hablaban de la Revolución. Cuando llegué a España tuve que reescribir los capítulos que dejé en Cuba. No puedes imaginar lo que pasé. Luego mi hija se arriesgó y los trajo a España. A mí me registraban por ser escritora, pero ella salía como turista, así que no tenía tanto peligro. Pero aunque yo estuviera en España, mi marido seguía en Cuba, por lo que no podía publicar nada hasta que no estuviéramos los tres aquí. He tenido mucho trabajo con esta novela.

¿Se siente usted una escritora exiliada?
Sí, lo soy. Todos los emigrantes del mundo tenemos problemas, pero los cubanos no podemos volver a nuestro país. No es, por lo tanto, exilio, sino destierro. Los cubanos somos desterrados, algunos viven treinta años fuera de Cuba sin poder ver a su familia. Mi padre murió en Cuba y no pude ir. A Celia Cruz se le murió familia en Cuba y no pudo ir.

Pongamos que su novela tiene éxito. ¿Le gustaría recuperar a algún personaje para una segunda parte?
Ésta es una pregunta genial (risas). Yo quiero escribir una segunda parte, pero desde el punto de vista de aquí. Mi intención es hacer un triángulo: La Habana, Barcelona y Miami (ya que habría personajes en los tres sitios). Es un reto, pero si he podido con Las horas del alma… Todo depende de la acogida de esta novela. Además, ya tengo otra novela escrita, que no tiene nada que ver con ésta, por lo que tendría tiempo para dedicarme plenamente a la segunda parte.

He notado que, a pesar del drama que narra, usted no ha querido cebarse en determinadas escenas trágicas, como las muertes…
¿Sí? Qué bien, porque también era algo que me preocupaba. Yo quería hablar de toda la tragedia, pero al mismo tiempo pretendía que el lector se lo pasara bien, que se divirtiera. Mi idea era que el lector se conmoviera, pero que no hiciera un gran drama de la lectura. Los cubanos somos un pueblo con un gran sentido del humor. Yo me marché porque me cansé de reírme de mis desgracias.

miércoles, 6 de mayo de 2009

'El día antes de la felicidad', Erri de Luca

El día antes de la felicidad
(Il giorno prima della felicità)
Erri de Luca
Traducción de Carlos Gumpert
Editorial Siruela
Colección: Nuevos Tiempos
1ª edición, marzo de 2009
131 páginas
ISBN: 978-84-9841-294-9

Un joven huérfano de Nápoles vive muy apegado al portero de su comunidad de vecinos, Don Gaetano. Éste es quien le da lecciones sobre la vida, quien le enseña a relacionarse con las mujeres, a formarse como adulto y a afrontar los problemas de la calle. Don Gaetano se convierte en algo así como un padre para el chico.

El día antes de la felicidad ha vendido ya miles de ejemplares en Italia, llegando incluso a superar a alguno de los títulos de Stieg Larsson. Erri de Luca es un autor de culto, de esos que escriben novelas fuera de corrientes bestselleras, que apuestan desde hace años por un estilo sencillo y sin florituras. Sin ir más lejos, la anterior novela publicada en España, En el nombre de la madre (Siruela, 2007), era un relato transparente y directo sobre la divina concepción de María y el viaje que hace junto a José a Belén, donde nace el niño Jesús.

El día antes de la felicidad es la historia de una relación entre un chico y un adulto. Don Gaetano es de esos hombres que las ha visto de todos los colores y tiene a sus espaldas un saco de experiencias; el muchacho, en cambio, no ha tenido a nadie en quien fijarse y ha pasado gran parte de su tiempo libre leyendo en un sótano. Más allá de los libros, el joven se enfrenta a la realidad napolitana y a los relatos de la guerra de Don Gaetano. Casi sin quererlo, el discípulo se hace adulto a pasos agigantados.

Erri de Luca ha trazado un argumento atractivo, bien escrito. No obstante, a pesar del valor moral que la crítica italiana le ha dado a la novela, no creo que sea para tanto. Estamos ante una novela corta de formación, sí, pero es exagerado decir que encierra grandes lecciones de moral. La sensación que me queda después de leer El día antes de la felicidad es que guarda un argumento atractivo pero el relato acaba resultando demasiado contenido.

martes, 5 de mayo de 2009

Entrevista con Ricardo Menéndez Salmón

Ricardo Menéndez Salmón es de esos hombres que no hablan por hablar, de esos interlocutores que dicen lo justo, lo preciso. Quizá por eso sus novelas sean siempre cortas, porque la paja está demás. Precisamente esa es una de las líneas de su nueva novela, El corrector (Seix Barral): la banalidad del lenguaje.

Cuando los terroristas reventaban los trenes de Madrid en 2004, a Ricardo Menéndez Salmón se le caía uno de los velos que cada persona llevamos puestos en nuestra vida: la inocencia en torno a la política, si quedaba algo, caía como una hoja arrancada en época de tormenta. Las ineficaces muestras de manipulación del lenguaje por parte del PP en las semanas posteriores al atentado del 11-M fueron la chispa que arrancó el motor de este libro.

Manel Haro. Barcelona © / Foto: Susana Carro ©


¿En qué momento preciso se le activó el chip para escribir esta historia?
Creo que el 29 de noviembre del año 2004, cuando oí a José María Aznar decir en cierta comisión aquello de que los atentados de Madrid no habían sido urdidos en «lejanas montañas ni en remotos desiertos». Su «sostenella y no enmendalla» me causó una profunda impresión. Primero fue el dolor; luego, el estupor; finalmente, la indignación.

Sus novelas son cortas, pero las escribe durante un par o tres de años. ¿Significa eso que corrige mucho o que se despista fácilmente?
Pregunta un poco perversa, ergo inteligente. Corrijo mucho y me despisto fácilmente, si entendemos «despistarse» por tener abiertos varios frentes a un tiempo. En general, suelo escribir más de un libro a la vez. Al menos con mis tres novelas para Seix Barral ha sucedido eso.

De algún modo, en todas sus novelas siempre está el telón de fondo del terror. ¿Por qué le interesa tanto este aspecto?
Porque me parece constitutivo no sólo de nuestro tiempo, sino del propio concepto de humanidad. Hay una intuición de Roberto Arlt en Los siete locos que asumo como propia: «Sólo el mal», dice el escritor argentino, «afirma la presencia del hombre sobre la tierra». Frase terrible pero muy certera, porque a poco que uno reflexione se da cuenta de que la maldad y, por extensión, el terror son privilegio de nuestra especie.

En La ofensa el protagonista perdía la sensibilidad ante el terror. En El corrector parece que quienes la pierden son los políticos que durante horas intentaron anteponer sus intereses de partido por encima del dolor de los españoles. ¿Por qué le gusta insistir en esa pérdida de sensibilidad del ser humano?
Porque también me parece una constante humana. Quizá porque soportamos mal un exceso de realidad y necesitamos atajos para escapar a ella. De todos modos existe una diferencia de grado entre la insensibilidad de Kurt, el protagonista de La ofensa, y la de la clase política que nos gobernaba durante las jornadas de marzo. Kurt pierde la sensibilidad porque su ingenuidad, aquello en lo que él creía de un modo bastante naïf, entra en conflicto con el mundo; los políticos se hacen insensibles e impermeables a la verdad defendiendo una posición de privilegio.

Volvamos a las declaraciones del PP después de los atentados: ¿Qué sentía exactamente usted cuando las escuchaba?
Como se explica en la novela, e igual que le sucedió a la inmensa mayoría de los españoles, yo creí a nuestro Gobierno hasta que las noticias que llegaban de muchas partes (sobre todo de fuera de España) comenzaron a desaconsejarlo. Aquel día todos perdimos doblemente la inocencia: primero, porque sentimos que podíamos haber viajado en esos trenes; segundo, porque aprendimos que el poder político, con tal de mantener su espacio, es capaz de alcanzar increíbles cotas de miseria.

¿Podríamos decir que la esencia de El corrector es la corrupción del lenguaje?
Es una de las líneas principales de reflexión, sin duda. El lenguaje es un instrumento poderosísimo pero al tiempo muy frágil. Es poderosísimo porque sólo con el lenguaje podemos adueñarnos del mundo, pero a la vez muy frágil porque las palabras pueden decir lo que la realidad no ha dicho. Todo esto lo explicó insuperablemente Orwell en 1984. Quien detenta el poder, detenta el lenguaje; quien detenta el lenguaje, detenta la capacidad de transformar e incluso de abolir la realidad.

Usted dijo una vez que en todo discurso filosófico es imposible escapar a Platón. En esta novela Vladimir parece un Platón moderno.
Platón es un gran constructor de metáforas. Pensemos en dos de ellas, que aparecen con cierta obstinación en mis libros: la vida falsa que todos experimentamos a través de los simulacros (el esclavo en la caverna) y el sueño de una República ideal dirigida por sabios (tan querida por todos los tiranos ilustrados). Platón es fascinante y peligroso a partes iguales. No sé si Vladimir es un Platón moderno (sospecho que a mí, como a otros escritores, Platón nos querría ver lejos de su República), aunque es cierto que algunas de sus reflexiones indagan en las grandes preguntas platónicas: ¿dónde empieza el conocimiento y hasta dónde llega la opinión?, ¿qué relación existe entre gobernante y gobernado?, ¿debe el dirigente permitir que el artista se inmiscuya en los negocios de la polis?

¿Serían los dirigentes actuales los nuevos sofistas o sería mucho decir?
Un sofista, para el imaginario griego, es, entre otras cosas, aquella persona capaz de defender algo y su opuesto. Desde esa lógica es plausible ver en el político moderno un sofista cultivado. Creo que lo que Platón, por seguir con el tema, detestaba de los sofistas es lo que Robertson Davies ha sugerido en Ángeles rebeldes al definir el escepticismo: el cauteloso reconocimiento de que es posible afirmar la contradicción de cualquier proposición general sin que sea menos digna de crédito que la proposición misma. Dicho en román paladino: que un día nuestros sofistas proponen un Estado laico y al día siguiente llenan de dinero los bolsillos a la Iglesia sin que entre un acto y el otro medie contradicción aparente.

¿Cree que la política española es especialmente pertinaz en la banalidad del lenguaje o es algo generalizado en todos los gobiernos?
Sólo puedo hablar con conocimiento de causa de nuestros políticos, aunque imagino que la banalización mencionada es pandémica. Si sirve de respuesta, diré que percibo la misma banalización en el ámbito municipal que en el regional y, por descontado, en el nacional. Esto es: que la palabra democracia, por ejemplo, suena igual en boca de un alcalde, un presidente autonómico y un ministro.

¿Cree que las nuevas tecnologías permiten desactivar de algún modo la manipulación de los políticos?
Depende de quién esté detrás de ellas, claro, pero, en general, creo que Internet supone un sano ejercicio de desacralización. Quiero decir que, así como es muy interesante ver una reseña que destroza con argumentos a un pope de la literatura consagrado por la academia, es igualmente grato escuchar a gente que, a través de la Red, expresa sin censura sus opiniones acerca de sus gobernantes.

En sus novelas parece haber un exhaustivo proceso de limpieza, de pulimiento. Es decir, de corrección. ¿Hay un Vladimir dentro de Ricardo Menéndez Salmón?
Lo hubo, lo hay, lo habrá siempre. Fui corrector profesional durante años, lo sigo siendo en ocasiones y lo seré siempre ante mis textos y, por deformación, ante los textos ajenos. A veces voy caminando por la calle y pongo una tilde a un anuncio o descubro una aliteración en un titular de prensa. Esta obsesión siempre fracasada por la obra perfecta, limpia de mancha, la intenté explicar en un relato al que le tengo mucho cariño, «Para una historia privada de la literatura», un homenaje a Kafka que publiqué en mi libro Gritar.

¿Qué le dicen los lectores de El corrector cuando tiene oportunidad de hablar con ellos?
Hay de todo. Gente a la que la intromisión de la política le ha molestado, y que valora sobre todo la parte íntima del libro, la que mira al amor de pareja y filial; gente que, por el contrario, dice que ya era hora de que alguien se atreviera con el tema y que está cansada del estilo Sheraton en literatura o del epatar al burgués tan de moda hoy. No se puede escribir a gusto de todos, por descontado. El lector es soberano a la hora de escoger qué lee; el escritor, a la hora de decidir en qué va a invertir su fuerza.

Su novela me ha recordado a Don DeLillo y resulta que a Vladimir le gusta mucho este autor. ¿Es casualidad?
DeLillo es un gigante; en mi opinión, y hasta donde yo conozco, el mayor escritor vivo. No obstante, no es El hombre del salto, la novela con la que quizá se pueda emparentar El corrector, la que más me gusta de él. A mí me fascina el DeLillo de Ruido de fondo, Mao II y Submundo, una trilogía insuperada de la estupidez, la violencia y la maravilla que encierra nuestra contemporaneidad.

¿Se sintió cómodo cuando lo agruparon dentro de la Generación Nocilla?
Si alguien me regaló ese marbete es que no había leído mis libros. De todos modos, me siento cómodo en compañía de los buenos escritores. Y en eso que se ha dado en llamar Generación Nocilla, hay unos cuantos.

¿Está trabajando en otra novela?
Sí. Una historia entre el ensayo y la ficción con la pintura como protagonista. Hay cuadros blasfemos, aparece Mark Rothko y un escritor que, sospechosamente, responde al nombre de RMS.

lunes, 4 de mayo de 2009

'El Patriota de Dios', Ian West

El Patriota de Dios
(The Lord's Patriot)
Ian West
Editorial: La Factoría de Ideas
1ª edición, 2009
Género: Thriller
320 páginas
ISBN: 978-84-9800-442-7

Año 2012, el primer presidente negro de los Estados Unidos afronta las nuevas elecciones con poca confianza, después de una mala legislatura. Para colmo, el terrorismo islámico vuelve a apuntar a América y una serie de asesinatos empiezan a sucederse en el Capitolio, uno de los lugares más controlados del planeta. La agente Alexandra Kolbe tiene el objetivo de descubrir y detener al asesino, pero su vida se ve amenazada por los intereses de la Casa Blanca: si los crímenes salen a la luz, la reelección del presidente podría correr serio peligro.

La promoción de la novela viene con palabras como ‹‹censura›› y ‹‹pseudónimo››. Ian West no existe, es el nombre que ha elegido un supuesto agente de la policía del Capitolio para vender una novela que ha sido censurada en Estados Unidos. Aceptemos que esto es realmente así, que la novela ha sido perseguida en su país. ¿Es para tanto? Lo que no cabe duda es que El Patriota de Dios es una novela muy arriesgada por lo que relata. Ya no sólo porque ponga en tela de juicio la seguridad del Capitolio y el autor se dedique a jugar con temas tan peliagudos como el terrorismo, sino por lo que envuelve a uno de los personajes centrales de la novela: el presidente de los Estados Unidos. No hay que ser muy hábil para darse cuenta de que, a pesar de que en ningún momento lo nombre, estamos hablando del trasunto de Barack Obama.

A pesar de que el autor que se esconde detrás de Ian West se ampare en la ficción (esta obra no es otra cosa), el riesgo es innegable porque anticipa una mala legislatura del primer presidente negro, se adelanta a una futura invasión de Irán, a la continuación del terrorismo y a otros temas que no desvelaré. Pero además, la trama se sitúa en 2012, lo que permite al lector imaginar que en un futuro algo así podrá pasar. ¿Qué ocurrirá con esta novela cuando llegue ese año? ¿Morirá la obra como tal? ¿Ha escrito conscientemente Ian West una novela con fecha de caducidad?

Y podríamos seguir hablando de riesgo, porque todas las tramas que se centran en edificios oficiales implican que el lector pondrá en tela de juicio la verosimilitud del relato. ¿Puede ocurrir esto en el Capitolio? ¿Realmente puede haber un asesino suelto por uno de los lugares más vigilados del planeta? Si el lector es demasiado exigente con estos detalles, seguramente no disfrutará de la novela y se perderá una intrigante obra de ficción.

El Patriota de Dios es una trama acelerada, que no deja respirar al lector. Tiene un excelente inicio y un buen nudo argumental. Flojea, sin embargo, el desenlace, que puede resultar demasiado rocambolesco y llevado al extremo, pero así lo ha querido Ian West: ha llevado el riesgo hasta la última página y asume las consecuencias.

sábado, 2 de mayo de 2009

Entrevista con Mario Escobar

Mario Escobar es un escritor trabajador, de los de jornada completa. No es raro encontrar varias novelas suyas en un año. Se le nota una persona imaginativa y que vive plenamente con la literatura. Además se le ve agradecido y humilde, de esos autores con los que es fácil intercambiar opiniones sobre su novela.

Mario Escobar responde con la confianza que le da el éxito de ventas de Conspiración Maine, El Mesías ario y, ahora, El secreto de los Assassini. Este año, además de esta última novela, donde recupera a sus protagonistas detectives (Alicia, Lincoln y Hércules), ha publicado Sol rojo sobre Hiroshima, una novela “más intimista”.

Manel Haro. Barcelona

Mario, dos novelas en un año (El secreto de los Assassini y Sol rojo sobre Hiroshima). ¿Cómo se consigue ser tan productivo?
Trabajo, trabajo y trabajo. Una familia que me apoya, grandes dosis de imaginación y capacidad de sacrificio, amor por los libros. Después está la coincidencia editorial. Los Assassini los escribí en el 2008 y Sol rojo en el 2007.

En El secreto de los Assassini recupera a Hércules, Alicia y Lincoln. En Sol rojo sobre Hiroshima, en cambio, se vas por otros cauces. ¿Con qué novela se ha sentido más cómodo?
Con las dos. Aunque Assassini es mucho más fácil de escribir, ya que conozco muy bien a los personajes y la historia es más de aventuras. Un largo viaje, acción, temas interesantes. Sol rojo es una novela más intimista, una duda moral entre el deber y la moral.

Vayamos a El secreto de los Assassini, la novela que nos ocupa esta entrevista. ¿Cómo surge la idea de esta nueva aventura?
En el verano del 2006 diseñé dos historias más de Hércules y Lincoln. Conspiración Maine había recibido una buena acogida y quería seguir con los personajes. En aquel verano desarrollé los argumentos de El Mesías Ario y El secreto de los Assassini. El secreto quería que fuera una novela más oriental, con el viejo sabor de las películas de los años treinta y cuarenta.

¿Por qué ha decidido incluir elementos fantásticos?
Era una apuesta arriesgada, aunque creo que no me he excedido. La parte fantástica engrasa a la parte real. Pero la apuesta más arriesgada era escribir un libro de suspense más que de intriga, en Assassini el suspense es más importante que el misterio.

¿No cree que da un cambio radical con esta novela respecto a las anteriores protagonizadas por Hércules y compañía?
El cambio se nota, pero no creo que sea radical. Egipto, Atenas, Estambul o Armenia son sitios mágicos, de esta forma me salía del ambiente espeso de una Europa en guerra. Aunque en las dos próximas entregas el realismo y la intriga volverán a tomar protagonismo. La cuarta parte está en marcha y espero que salga para octubre de este año.

¿Cree que sus lectores aceptarán bien estos elementos fantásticos?
Por ahora la acogida de la novela ha sido muy buena. Conan Doyle hizo lo mismo con algunas de sus novelas de Sherlock Holmes. El juego está en poner a los personajes al límite y observar cómo responden. Lo fantástico es un elemento más.

El escenario es África. Con cada novela, se va a un lugar del planeta totalmente distinto. Desde luego, nadie puede acusarle de que se repita... ¿Se le ocurren primero los escenarios o las historias?
Surgen a la par. Pienso en la historia y en el escenario donde pueden desarrollarse, muchas veces suprimo algunos para que las novelas no se hagan muy largas. En Assassini, en la primera versión había varios capítulos en Creta, pero suprimí este escenario.

Para que nadie se confunda, los Assassini existieron en realidad, ¿no es cierto?
Los Assassini son una secta real que atemorizó al mundo cristiano y musulmán desde el siglo XI hasta el XIII. La llegada de los mogoles terminó con su poder, pero sobrevivieron como grupo hasta el siglo XX.

Y también es cierto que los romanos fueron al corazón de África, no sólo al norte… Sí, de la expedición hablan algunos escritores clásicos. Sobre todo Séneca y Plinio. Lo que nunca se aclaró fue en que consistía la misión y porque estuvo compuesta por pretorianos.

En diversas ocasiones en su obra recurre al personaje de Churchill. ¿Le cae bien este hombre?
La verdad es que la primera mitad del siglo XX no se entiende sin este personaje. Churchill fue corresponsal de prensa en la Guerra de Cuba, primer lord del Almirantazgo en la Batalla de Gallipoli y, regresó a Londres en el tiempo en el que estoy escribiendo mi nueva novela. Cosas del destino.

Veo en la novela un cuidado máximo a la hora de hablar del Islam. ¿Es algo que ha tenido muy en cuenta cuando escribía la novela?
No me gusta satanizar a nadie. Los grupos radicales siempre han existido, pero los musulmanes en general son gente pacífica y hospitalaria. El genocidio armenio lo produjeron burócratas secularizados, el extermino nazi, funcionarios del estado. El peligro está en el hombre. La novela refleja que el mal se retroalimenta con más mal, por eso el sacrificio por amor es lo único que puede salvarnos de él.

Mario, ¿larga vida a Hércules, Lincoln y Alicia?
Por ahora hasta el 2010, por lo menos Lincoln y Hércules. Se resisten a abandonarme, la verdad es que les debo mucho. Ellos me ayudaron a publicar mi primera novela, han conseguido que mis libros lleguen a otros países e idiomas.

¿Por dónde nos llevará su próxima novela?
Ahora sale un libro policiaco, pero el lector tendrá que buscarme, lo publico con seudónimo. Para octubre la cuarta parte de Hércules y Lincoln, pero ya hay nuevos proyectos en el tintero.

viernes, 1 de mayo de 2009

La tentación de Jamaa el Fna

La plaza está siempre atestada de puestos de comida, que humean tentando el olfato de los viandantes. Nadie que se pasee por allí puede pretender salir de la plaza sin haberse llevado a la boca alguno de los manjares que ofrecen los camareros. "Pruebe nuestro kus kus, amigo", "¿quiere una harira?", son algunas de las recomendaciones que se oyen siempre al pasar cerca de las mesas apretadas de comensales.


La plaza Jamaa el Fna es uno de los mayores atractivos de Marrakech, sobre todo de noche, si se sube a una de las terrazas de los pisos superiores de los restaurantes. Ver la explosión de humo y luz, el desfilar de centenares de personas es una estampa de las que no se borran de la memoria.

La harira, uno de los platos nacionales de Marruecos, es una sopa espesa de fideos, garbanzos, ternera, tomate, cebolla y algunas de las sorprendentes especies marroquís. Es un entrante económico, en euros pueden ser unos cincuenta céntimos. Después del ramadán la harira es uno de los primeros platos que golpea el estómago vacío de los musulmanes. No es extraño ver a los marroquís tomar un tazón de esta sopa a cualquier hora del día, como si de un café caliente se tratara. Basta sentarse y pedir un cuenco de la sustancia que aguarda en las grandes cazuelas a cualquier hora del día. Claro que hay que andarse con ojo si uno es escrupuloso, porque no es de extrañar ver cómo los cocineros comprueban el punto de sal hundiendo el dedo en la sopa y llevándoselo a la boca.


Después del entrante, quizá la mejor opción es entretenerse con el kus kus, al que hay que enfrentarse con hambre pantagruélica. Se puede pedir de verduras, de pollo, de ternera o incluso de pescado, normalmente sardinas. Depende del gusto de cada uno, desde luego, el preferido por los turistas, a simple golpe de vista, parece ser el de ternera.

El kus kus es un tipo de grano que puede recordar a la sémola, aunque no tiene nada que ver una cosa con otra. Se sirve en un plato, normalmente, de arcilla, tapado, a la espera de que el comensal lo destape y hunda la cuchara. Hay que tener un estómago a prueba de bombas para acabarse el plato, pero la tentación es grande y resistirse casi imposible.


Quizá por esa razón lo mejor para culminar el banquete es conformarse con un postre suave, un té moruno, con hojas de menta, por supuesto. Los atrevidos lo toman sin azúcar, pero los marroquís se echan un par de terrones, por norma general. Dejarse llevar por el aroma de siglos de historia de cultura gastronómica marroquí es la mejor forma de acabar la comilona. Eso sí, ¿puede alguien ser capaz después, paseando entre los encantadores de serpiente y los contadores de cuentos, de resistirse a los zumos de naranja o limón? Decir que no es más costoso que sacar una moneda y abrir el gaznate.

Manel Haro (texto y fotos).