viernes, 20 de noviembre de 2009

¿Y si se quemara Ikea?

El otro día tuve la amarga experiencia de ir a comprar una estantería a Ikea para un amigo. Todo el mundo conoce el mecanismo de la multinacional sueca para que no nos perdamos ningún detalle de lo que venden: da igual que quieras comprar una lámpara, no puedes ir directamente a ella y tienes que ver las tazas, los sofás, las cocinas, los accesorios de oficina, las plantas... Un pasillito te dice por dónde tienes que ir y te obliga a recorrer la tienda de principio a fin. Y son hábiles, porque resulta que el pasillo es lo suficientemente estrecho como para que no quepan más de dos personas una al lado de la otra. De ese modo, cuando tienes el típico matrimonio delante que echa la tarde tranquilamente en Ikea, no hay forma de que los adelantes y te evites la lentitud y el sopor de ver sofás y cucharas (sobre todo si vas con un carrito).

Además, para que la tarde sea completa, te ponen el restaurante a mitad de camino para que descanses, cojas aire y sigas gastando. Es más: lo que uno merienda es tan barato, que tras llenar el estómago, es fácil pensar en lo asequible que es Ikea y en su estupenda filosofía de precios. Así que a comprar más (sobre todo esas velas de colores que huelen a frambuesa y vainilla, pero que nunca encendemos).

Si intentas apartarte del pasillo marcado, indudablemente te pierdes y acababas volviendo al principio. Hagas lo que hagas, vas a ver las cucharas, las tazas, los sofás... Lo único que puedes hacer es seguir el camino para verlo sólo una vez. Pero yo me pregunto: si de repente hubiese un incendio en Ikea, ¿cómo escaparíamos de ahí? Tendríamos que ir gritando eso de "¡fuego, fuego, ay qué cucharas tan majas por 1 euro, fuegooooooooo!". Y te estarías asfixiando por el humo, pero no te perderías el maldito sofá, las tazas ya ennegredecidas (pero muy baratas)...

Y no hablo por hablar: estuve más de media hora para llegar a la estantería, de la que ya sabía la referencia y de la que conocía su ubicación exacta para recogerla antes de pagar. Quedé muy bien con mi amigo, pero acabé estresado y con un paquete de velas que no sé dónde diablos meter.

1 comentarios:

J.E. Alamo dijo...

Ja,ja,ja. ¡Qué bien lo has descrito! Aunque pensándolo bien, que no nos pille un incendio o cualquier cosa que obligue a salir de estampida. No solo es que te pierdas, son esos pasillos estrechos llenos de gente queriendo huir... No vuelvas, Manel, no vuelvas.