domingo, 25 de octubre de 2009

¡Larga vida a Gutenberg!

Hace poco más de una semana publiqué en La Vanguardia, junto con Francesc Bracero, un artículo sobre la llegada de los aparatos e-book al mercado español. En él, mostrábamos la experiencia de uso de los profesionales de la edición, así como agentes literarios. Entre otras cosas, nos contaban que para ellos uno de estos dispositivos es una herramienta fundamental de trabajo: cargan decenas de originales y pueden ir leyéndolos en el metro, en el tren, en el parque o donde sea. Sin embargo, todos reconocían que para ocio siguen prefiriendo el libro de toda la vida.

Durante las últimas semanas, mis amigos me han preguntado si creo que la tinta electrónica sustituirá al papel. Mi respuesta siempre ha sido inexacta, porque mientras yo no usara los e-book, no podía lanzar un pronóstico. En cambio, ahora que ya tengo uno (y que hace dos semanas que leo a través de él), puedo dar mi opinión al respecto.

¿Triunfará el e-book? Sí, lo hará (muy probablemente a partir de esta navidad) ¿Sustituirá al libro clásico? No, no lo hará. Mi pronóstico y el de la mayoría es que ambas formas de lectura convivirán de forma normal. No hay que olvidarse del efecto fetiche. El lector de toda la vida disfruta pasando páginas, oliendo los libros viejos, hasta el punto que incluso en ocasiones vamos a nuestra biblioteca por el simple placer de coger un libro y hojearlo. ¿O cuántas veces nos habremos acercado a una librería de viejo para sentirnos envueltos por la literatura? ¿Se imaginan un Sant Jordi comprando archivos PDF de forma desenfrenada en vez de libros en papel?

Entrar en un portal de internet, dar tus datos bancarios, descargar un PDF e introducirlo en el dispositivo electrónico es demasiado frío, distante. Da la sensación de que los personajes están a años luz del lector. Después de leer un par de novelas en mi e-book (en realidad, se llama e-reader), he sentido la imperiosa necesidad de volver al papel de forma inmediata para descansar de la pantalla (me he decidido, por cierto, por uno de Henning Mankell). No es que leer con e-book canse, es que el papel se echa de menos.

El libro técnico seguramente sí tendrá mucha acogida en formato digital (de hecho, ya la tiene desde hace tiempo). Pero la literatura (Blasco Ibáñez, Unamuno, Lorca, Auster, Mankell, Marsé, Mendoza, Saramago, García Márquez...) no puede prescindir del papel. Todavía no me veo disfrutando de la poesía de García Lorca en tinta electrónica (aunque leer a Dan Brown imagino que es otra cosa).

En conclusión: el e-book ya está entre nosotros y es cuestión de tiempo que muchos lectores tengamos uno (yo ya lo tengo). Pero por muchas obras que puedas cargar y por muy cómoda que sea la lectura, no podremos prescindir tan fácilmente de ir a una librería, de coger un libro, ver sus portadas, oler los más antiguos, pedir al autor que nos lo firme, marcar las páginas que más nos guste con un lápiz, usar los puntos de libros que siempre coleccionamos y salir de una librería con una bolsa cargada de libros y llegar a casa y volverlos a repasar como si no supiéramos qué hemos comprado. La literatura no está en peligro, simplemente ofrece a partir de ahora una nueva manera de consumirla. ¡Larga vida a Gutenberg!

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