sábado, 18 de julio de 2009

Qué noche la de este día

Noche de viernes de julio. Ha sido una noche, para mí, bastante completa. A las 22.00 horas estaba en el parque de la Ciutadella con un amigo, donde una pianista, Claudia C. Valetta, interpretaba piezas de Scarlatti, Mozart, Albéniz, Prokofiev y Liszt. Ha sido interesante, sobre todo por el doble reto que se le presentaba a la pianista: en primer lugar, luchar contra una acústica bastante mala (el escenario era una pérgola, al aire libre); en segundo lugar, interpretar con el piano las sonatas de Scarlatti, cuando suenan mucho mejor en clavicémbalo. Pero Valetta ha cumplido.



Seguidamente nos hemos ido a cenar a un japonés de estos giratorios donde pagas poco dinero y te inflas de sushi hasta no poder respirar. Sin comentarios. Más estimulante ha sido tomar una cerveza en el Café de la Ópera de Las Ramblas, donde por dos botellines hemos pagado la friolera de 12 euros. He aguantado estoicamente el gesto de satisfacción del camarero al traer la cuenta y, para vacilarle, he estado a punto de pedirle otra ronda. Pero no está el horno para bollos ni la cuenta para despilfarros.



Hemos acabado en la plaza dels Àngels, donde han arrancado las fiestas del Raval. Un escenario donde primero una orquesta tocaba piezas clásicas del folklore español: pasodobles y rumbas. Los más mayores se animaban: las mujeres clavaban el dedo pulgar en la espalda de los hombres (siempre he querido saber por qué hay que hacerlo así), mientras ellos miraban atentamente a sus parejas intentando contar los pasos y demostrar a los demás que las clases en el centro cívico les habían servido para algo. Pero luego, mientras los lateros disimulaban ante la Guardia Urbana, otra orquesta tomaba el relevo y se soltaban con los temas de Alaska, Carlinhos Brown, Amaral y demás miembros de la música popera, salsera, rockera y lo que se prestara. El público había cambiado: los jóvenes invadían la pista y yo, poco a poco, cedía a un cansancio acumulado durante toda la semana. Así que de vuelta al coche, todavía con el meneo en la cintura y el palo en las costillas por los 12 euros de las cervezas. Qué noche la de este día.

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