miércoles, 8 de abril de 2009

Un relato de no ficción

Imagine que usted vive en una bonita zona rural del centro de Italia. Tiene una vida más o menos cómoda, sin el agetreo de las grandes ciudades. Es feliz viviendo con su famila, tiene su casa pagada y sus hijos van bien en la escuela. Pero una noche, mientras su familia y usted duermen, un terremoto echa abajo su casa. Su esposa y uno de sus hijos fallecen, el otro logra salvarse porque se ha resguardado debajo de la cama. Sorprendentemente, usted ha sobrevivido a la tragedia. Los equipos de rescate se llevan los cuerpos de su esposa e hijo. Usted y su otro hijo se marchan a una zona habilitada para los afectados por el terremoto. Sabe que tiene que mantener la calma por su pequeño y además tendrá que explicarle lo ocurrido.

Mientras está en esa zona de afectados, se entera de que su hermana también ha muerto, la casa se le vino encima cuando intentaba devolver el sueño a su hijo recién nacido. Las noticias no hacen más que empeorar las cosas, los fallecidos ya son más de 250. Hay 1.500 heridos y 17.000 personas se han quedado sin hogar. Pero llega la persona que debe devolver la esperanza al pueblo, la que tiene que consolar a las víctimas. Llega el Primer Ministro.

Usted no tiene televisión para enterarse de cuál es su discurso, pero por radio escucha una frase del Primer Ministro que les dice a las víctimas: "Es como un fin de semana de acampada". Usted se queda perplejo, gira a su alrededor y ve que no hay niños corriendo, mira a su derecha y ve a una mujer desesperada llorando porque ha perdido su hogar. Vuelve la cabeza a la izquierda y descubre a un hombre abatido porque no encuentra a su esposa. Y usted mira a su hijo dormir pensando que tiene que explicarle que su madre y su hermano han muerto.

¿Qué clase de acampada es esa? ¿Podrá usted recoger su tienda de campaña y volver cuando quiera a casa? ¿Le habrá servido ese fin de semana de relax? Usted, que es un tipo inteligente, de repente entiende las palabras de su Primer Ministro: "acampada" viene de "campo" y el campo al que se refiere debe ser uno de concentración, como el de Mauthausen, en el que ponía "Vosotros que entráis, dejad aquí toda esperanza". Ahora lo entiende usted todo. Incluso siente cierta tranquilidad porque sabe que, si bien los que vivían en Mauthausen estaban bajo el poder de Hitler, usted, al menos, vive plácidamente bajo el mando de Silvio Berlusconi. Y eso da mucha tranquilidad...

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