jueves, 2 de abril de 2009

Gotas de dignidad

En la puerta del Hotel Pulitzer de la calle Bergara, en pleno centro de Barcelona, hay una mujer enfundada en una gabardina color crema. Lleva unas gruesas botas marrones y un sombrero de tela color oscuro. Por la guía de viajes que lleva en la mano –Barcelone pone en la portada-, se deduce que es turista. Está ligeramente apoyada sobre un gran paraguas que todavía no ha desplegado.

Las gotas resbalan sobre el cristal de sus gafas de montura nacarada. Podría estar dentro del vestíbulo del hotel, pero parece preferir el portal, tal vez para dejar que las gotas golpeen las pocas zonas de su cuerpo que están al descubierto. Su rostro está relajado, de vez en cuando frunce el ceño cuando mira hacia arriba, quizá para evitar que alguna gota entre en sus pupilas. Es posible que ella no lleve gafas normalmente, porque no ha reparado que, aunque abra los ojos, la lluvia no pasará de los cristales.

Por la calle Bergara sube un taxi con la luz verde indicando que está disponible. Parece que ella va a hacer un amago de levantar la mano, pero en realidad lo que hace es llevarse la muñeca a la vista: pasan veinticinco minutos de las cuatro de la tarde.

La mujer gira la cabeza, escruta el interior del hotel. Da un paso al frente, sale del portal, se pone la guía bajo la axila derecha y abre el paraguas, en el que se puede leer, en letras grandes, Hotel Pulitzer. Se marcha hacia Plaza Cataluña. Solo unos minutos después sale un hombre, gran barriga, pelo blanco, polo Lacoste verde oscuro. No lleva chaqueta ni paraguas. Acelera el paso mientras se oyen los chasquidos del agua sobre la acera. Se pone al lado de la mujer y a cubierto bajo el paraguas. Ella no gira la cabeza, él insiste en buscarla con la mirada.

3 comentarios:

J.E. Alamo dijo...

Como ya he dicho muchas veces, el germen de una buena historia pasa a diario por nuestro lado. Espléndida entrada.

Manel Haro dijo...

Para este blog es un honor tenerte como lector. Para mí es un privilegio leer comentarios como éste.

ALBERT dijo...

Éste y el post homenaje a Antonio Vega, dos de los mejores que he leído en tu espacio. ¡Gracias por le lectura que me proporciona tu bló en tórridas e insomnes noches de julio!