viernes, 20 de marzo de 2009

Cuando el poder pierde las formas, pierde la razón

Estos días he estado fuera de Barcelona y totalmente desconectado de los medios de comunicación. Este mediodía, mientras comía en un restaurante de Peñíscola (Castellón), he visto en el televisor (en Canal 9) cómo los Mossos d'Esquadra perseguían a chavales jóvenes por el centro de Barcelona. No había sonido en el televisor, solamente las imágenes, por lo que no podía entender de qué se trataba. Yo intentaba comprender qué clase de actos vandálicos habían hecho esos jóvenes para que la policía autonómica les persiguiera y les golpeara con tanta violencia.

Unos segundos después he podido ver una pancarta con la palabra "Bolonia". Entonces he deducido que los jóvenes se estaban manifestando por sus derechos. Pero lo que no he podido digerir es que la policía les golpeara de ese modo. ¿Realmente la actuación policial no podría haber sido otra? Aunque parezca una tontería, me ha resultado impactante ver esa noticia sin sonido, solamente observando las imágenes. De ese modo, al principio parecía una guerra de guerrillas y luego he comprendido la realidad (y gravedad) del asunto.



Recuerdo que Hannah Arendt decía que las revueltas estudiantiles –la public happiness- habían hecho que los jóvenes se dieran cuenta de que “cuando actuaban públicamente, accedían a una determinada dimensión de la existencia humana que, de otro modo, le queda oculta y que de alguna manera forma parte de la felicidad plena”. Es decir, una fuerza política importante eran (y son) las concentraciones de estudiantes o jóvenes formadas de manera espontánea y que combaten la mentira o van contra ciertos aspectos de la política. Esa actuación pública da resultados y eso les lleva a la satisfacción, a sentir que, de alguna manera, el poder no solamente viene del pueblo, sino que es del pueblo.

Pero, ante la desproporcionada violencia de los Mossos, ese derecho ha sido aniquilado. ¿No se quejaba la gente de que los jóvenes no protestaba por sus derechos? A estos chicos hay que escucharles. La Generalitat (la del tripartito, con el Conseller d'Universitats, Josep Huguet, a la cabeza) ha demostrado una completa falta de humanidad con los estudiantes.

No se trata del sí o no a Bolonia (eso es algo que trae otro debate), sino una cuestión de dignidad y de respeto. Actuaciones como la de los Mossos solamente sirven para dejar manifiesta la auténtica cara de unos políticos que, desde hace años, han perdido la confianza de sus electores.

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