jueves, 29 de enero de 2009

Respuesta al artículo de Maruja Torres de hoy en El País

Hoy he leído en la cotraportada de El País el artículo semanal de Maruja Torres. En él explicaba cómo de pequeña le enseñaron que para progresar en la vida había que trabajar duro y con honestidad. Sin embargo, esa sentencia chocaba con los que hasta ahora han querido enriquecerse a costa de aplastar al prójimo (ya saben, los especuladores).

Maruja Torres ponía como ejemplo de trabajo digno al obrero que al lado de su piso de Barcelona estaba trabajando en las reformas de la fachada del edificio contiguo (tarea laboral a pico y pala, digámoslo así). Torres iba más allá y, con la naturalidad que le caracteriza, decía que los especuladores "para hacerse ricos especularon con nuestro trabajo y, quizá, también con nuestra salud. A ellos debemos la crisis que nos aplasta". Y termina de forma brillante: "Que san Pancracio les juzgue y que, de paso, bendiga al obrero de la construcción que hoy golpetea a mi lado".

Veo en este artículo bastante sensatez, pero a la vez noto cierta demagogia o quizá ingenuidad. Cualquiera sabe que las inmobiliarias tienen la culpa de todo esto, no olviden aquello de "la explotación del hombre por el hombre". Los agentes inmobiliarios han querido enriquecerse rápidamente a costa de los ciudadanos, pero no solamente ellos son culpables. También lo son los bancos que quisieron sacar el máximo beneficio con interés desproporcionados (pagando altísimas mensualidad durante años para amortizar, en primer lugar, los intereses). Y los políticos, también, han tenido la culpa por haber permitido esta masacre, por tolerar especulaciones, estafas, irregularidades y por violar el artículo 47 de la Constitución: "Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación". Los políticos nos dieron la espalda.



Pero lo más grave, Maruja Torres, es que aquel obrero que pica al lado de su casa seguramente pagó 360.000 euros por un piso que no valía más de 220.000 euros. Ese hombre, como muchos, toleraron el abuso, aceptaron pagar cuotas mensuales de 1.500 euros para pagar una superhipoteca. Y ellos dieron pie a que los agentes inmobiliarios siguieran subiendo precios y que los bancos siguieran llenando sus arcas y, de ese modo, que la economía española creciera (pero la de los españoles menguara).

Ese obrero que pica tan dignamente, que trabaja duro y que seguramente teme perder el trabajo y no poder asumir los 1.500 euros de hipoteca es tan culpable como los demás. No olvide, Maruja, que no fueron los ciudadanos los que dijeron basta a la especulación, fueron los bancos que cerraron el grifo porque sus hipotecas basura no podían ser asumidas. Ahora se pagan las consecuencias, pero los que dijeron en su momento NO a la especulación sienten el macabro sabor dulce de la crisis y un cierto alivio viendo cómo el barco se hunde y ellos jamás llegaron a subirse a él.

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