jueves, 24 de enero de 2008

Daniel Sánchez Arévalo ("AzulOscuroCasiNegro") rueda su segunda película: "Gordos"

Ya ha empezado la segunda fase del rodaje de la nueva película de Daniel Sánchez Arévalo, cuyo título es Gordos. El director de AzulOscuroCasiNegro (2006) -película que ganó tres Premios Goya-, rueda ahora una comedia sobre los excesos y las carencias de la vida. Un grupo de personas que hacen terapia de grupo para afrontar los problemas de obesidad que padecen. Así, en la película se habla de los complejos, las fobias, las obsesiones, los traumas, los errores, los miedos, la culpa, los deseos, las ilusiones, los compromisos, las metas, las relaciones, el amor, el sexo, la salud, la familia... Varias historias protagonizadas por los actores Antonio de la Torre (Goya Mejor Actor de Reparto por AzulOscuroCasiNegro), Raúl Arévalo (Premio Revelación a Mejor Actor Protagonista de la Unión de Actores por AzulOscuroCasiNegro) y una actriz debutante, Leticia Herrero.

Película coral cuyo voz principal es la de Antonio de la Torre, un hombre con problemas de peso que crea unas pastillas adelgazantes para venderlas en un espacio publicitario de televisión.

Gordos se rueda en cinco fases, cuya primera se llevó a cabo en diciembre. Ahora se retoma la segunda y la tercera será en abril. Tanto salto en el tiempo de rodaje se debe a un plan de producción marcado por los cambios físicos de algunos de los actores protagonistas, que deben engordar o adelgazar según marca el guión.

Después del prometedor debut de Sánchez Arévalo con AzulOscuroCasiNegro, esperamos este segundo proyecto con la casi seguridad de que será una película que cumplirá con las expectativas generadas.

Quedamos a la espera de saber más detalles. El estreno en 2009.

miércoles, 23 de enero de 2008

Muere el actor Heath Ledger

Qué cosas tiene esto del mundo hollywoodiense. Estaba esta noche en casa leyendo La Vanguardia cuando en la sección de necrológicas veo que falleció el protagonista de El Cliente, Brad Renfro. No murió ayer, pero La Vanguardia le ha dedicado una columna en la edición de hoy, 22 de enero de 2008. En esa columna, Lluís Bonet Mojica -quien la escribe- hace mención a la cantidad de jóvenes actores -jóvenes prodigios los llama él- que han muerto de forma prematura en plena carrera cinematográfica. Son ejemplos Natalie Wood, la actriz de Esplendor en la hierba o Rebelde sin causa, que murió ahogada con 43 años; Judy Garland, que actuó en Ha nacido una estrella, y que fue encontrada muerta a los 47 años por una sobredosis de barbitúricos; James Dean, fallecido en un accidente de coche con 24 años... A Brad Renfro lo encontraron muerto por sobredosis.

En el mismo saco, Bonet Mojica menciona a los que, aunque no han muerto a una temprana edad, han visto como sus carreras iban a pique por culpa de las drogas. Son el caso de Macaulay Culkin -ya saben, el de Solo en casa-, de Haley Joel Osment -El sexto sentido- y acaba nombrando a Drew Barrimore, de la que sabemos que ya en la preadolescencia consumía desenfrenadamente drogas y alcohol. Ésta última, por fortuna, se recuperó.

El caso es que después de leer la columna de Bonet Mojica, decidí entrar en internet para curiosear sobre estas estrellas del celuloide que han visto como sus carreras se veían truncadas por las drogas o por la muerte repentina. Y cuál es mi sorpresa cuando leo en distintos medios de prensa -edición digital- que Heath Ledger, uno de los coprotagonistas de Brokeback Mountain, ha sido encontrado muerto por posible sobredosis.

Ledger tan sólo tenía 28 años y fue nominado al Oscar por su papel en Brokeback Mountain, que ganó finalmente Seymour Hoffman por su papel de Capote. Acababa de trabajar en la última entrega de Batman, todavía no estrenada.

Lo cierto es que todavía no salgo de mi asombro. Parece ser que los hechos dan la razón a Lluís Bonet Mojica en su columna Hollywood se cobra otro joven prodigio, que escribió a propósito de la muerte de Brad Renfro. Hoy le ha tocado a otro joven actor, no diría tanto como "prodigio", pero actor en plena proyección a fin de cuentas.

En Hollywood, como en la vida, también se da ese macabro juego de luces y sombras. Hoy la luz cayó sobre Bardem con su nominación al Oscar por No country for old men; en terreno de sombras anda ya Heath Ledger.

Manel Haro.

lunes, 14 de enero de 2008

"Madame Bovary", Gustave Flaubert

Después de mucho tiempo sin leer un clásico de la literatura universal y dedicar mi tiempo a leer y reseñar novedades, estos días he preferido hacer una pausa y buscar un libro de aquellos imprescindibles de leer. Entre la larga lista de posibles lecturas, decidí adentrarme en la vida de Madame Bovary, la protagonista de la novela de Gustave Flaubert. No era la primera vez que leía novela realista, ya lo hice en mi adolescencia y la verdad es que quedé enganchado a esta época literaria, después de leer Anna Karenina, de León Tolstoi, compré todo lo que pude de Balzac, Flaubert y compañía. Entre ellos, Madame Bovary.

Siempre que leo una novela, me gusta hacer una breve reflexión. En este caso es complicado, dado que sobre los clásicos de la literatura, ya está casi todo dicho. No obstante, prescindo de los análisis críticos para centrarme en la reflexión personal de la lectura.

Manos a la obra. Madame Bovary me ha decepcionado bastante. Quizá alguien ya se lleve las manos a la cabeza ante esta afirmación, pero permítanme que les continúe explicando. Evidentemente es una obra con mucha carga trágica, como todas las novelas realistas. Estamos ante un género donde las protagonistas son mujeres desesperadas, no satisfechas con su vida amorosa, que buscan escapar de su casa a pesar de lo que piense el resto de la sociedad. Son mujeres valientes que luchan por su felicidad. Así recordaba a Anna Karenina loca de pasión abandonando a un marido egoísta para irse con otro hombre, a pesar de lo que supone para una mujer de su época lanzarse a tamaña aventura.

Pero resulta que en el caso de los Bovary, Charles -el marido- no es un mal hombre, sino una persona descuidada que piensa que su enorme amor por Emma ya es suficiente para que ella sea feliz. Así, Emma Bovary cae en una tediosa rutina que la insatisface, lo que acaba por llevarla a los brazos de otros hombres. Yo creo que no podemos equiparar a Madame Bovary con Anna Karenina o con Eugène Grandet, ya que en este caso Emma Bovary me resulta una mujer caprichosa y mimada que busca su placer personal sin pensar demasiado en los demás. Ni siquiera intenta explicar a Charles Bovary lo que siente, él está ciego de amor y cree que ella es feliz, y lo cree, entre otras cosas, porque ella no le demuestra lo contrario. Sin embargo, su vía de escape es buscar otros hombres y parece no tener demasiados problemas en que sea uno u otro, ya que en toda la novela, se enamora de casi todo el que se le presenta, exceptuando al boticario.

Cómo podemos culpar a Charles de ser un mal marido cuando ni siquiera Emma le cuenta que le van a embargar los bienes por unas deudas. El pobre Charles parece que empieza a sospechar algo, pero ama demasiado a su mujer. Solo al final de la novela encuentra una carta de uno de los amantes de Emma e intuye que quizá ha habido una aventura entre ambos, pero en el colmo de su bondad, prefiere creer que es un amor platónico de un hombre hacia su mujer.

Charles es igual de mártir que lo es Emma, con la diferencia de que ella tiene un comportamiento egoísta hacia él y Charles peca solamente de despistado.

Dicho todo esto, debo remarcar que la novela me ha parecido, en líneas generales, más bien aburrida. La tragedia, aunque uno ya sabe cómo acaban las féminas de la novela realista, no llega hasta el final de la novela. No es el caso, por ejemplo, de Anna Karenina, donde el drama impregna las más de 800 páginas del libro.

La novela de Flaubert se centra en narrar los amoríos de Emma y parece que la historia no avanza. Podría haber habido tantos amantes como el autor hubiese querido. No veo, por ejemplo, que refleje demasiado a la sociedad francesa. Cierto es que hay personajes que ven mal la actitud de Emma Bovary cuando va con alguno de sus amantes incluso el narrador dice que tiene una actitud de ir contra el mundo cuando incluso acompaña a un hombre y ella fa fumando un cigarrillo. Pero, en otras novelas de Balzac, Tosltoi... está más trabajado el perfil de la sociedad opresora.

Me ha costado mucho avanzar en la lectura por lo dicho: tenía la sensación de que pasaba páginas y la novela no progresaba. Podía saltarme páginas enteras y la novela no cojeaba, lo que demuestra que no todo es imprescindible en esta historia. Creo que el autor podría haberle dado algo más de agilidad o incluir alguna variante, para escapar un poco de los amoríos de Emma. Quizá Charles debería haberse dado cuenta de lo que ocurría con su esposa y así hubiese dado más juego este personaje, la tragedia hubiese llegado antes.

Es un clásico, no dudo del valor de la novela para el momento en que fue escrita. Unos tiempos donde la mujer no podía tomar las riendas de su vida sin que fuera condenada por la sociedad. Valoro la intención de la novela, pero no creo que la historia esté planteada de la mejor manera.

Que cada uno haga su particular lectura de Madame Bovary.

Manel Haro.

viernes, 11 de enero de 2008

Entrevista con Carles Porta

A Carles Porta saltó se le empezó a conocer en esto de la literatura cuando publicó Tor: tretze cases i tres morts en la editorial La Campana. Más tarde Anagrama lo tradujo al castellano bajo el título Tor: la montaña maldita.

Carles Porta subió a la montaña de Tor para hacer un reportaje encargado por Televisión de Cataluña sobre unos asesinatos que hubo años atrás. Al llegar a esa zona de los Pirineos catalanes, se encontró con una realidad chocante: una sorprendente historia sobre la propiedad de la montaña en un pueblo de sólo trece casas sin corriente eléctrica ni suministro de agua; un proyecto entre manos para hacer una pista de esquí en Tor y gente que está dispuesta a lo que sea para impedirlo; personas que se sienten todavía en peligro por posibles nuevos ataques; habitantes de Tor que lo amenazan si sigue investigando; muchos posibles sospechosos; detenidos que defienden su inocencia; testigos de cargo que no son considerados válidos; contrabandistas que deben negociar un peaje al pasar por Tor… Trece casas, tres muertos, muchos sospechosos y ningún culpable.

Carles Porta subió con el ánimo de hacer un reportaje para televisión y acabó implicándose tanto que no quería marcharse sin descubrir quién era el asesino del viejo Sansa. Después de emitir el reportaje, tenía tanto material acumulado, que decidió escribir este libro que tantos quebraderos de cabeza le ha dado.

Manel Haro. Barcelona

¿Cómo surge la idea de escribir un libro sobre lo ocurrido en la montaña de Tor?

Yo creo que todos los periodistas quieren escribir un libro un día u otro. A mí me pasaba eso desde hacía unos años. En el caso de Tor, tenía una cantidad de información tremenda y me pareció que era un buen tema para hacer un libro. Siempre lo había intentado, lo que pasa que me costaba. Hace unos años me presenté al Premio Lleida de Narrativa, en el que te dan 12.000 euros para escribir un libro, es un incentivo para la creación. Te obligan a escribirlo en un año, sino tienes que devolver la subvención. Eso fue lo que acabó de empujarme a ponerme. Gracias al premio me puse a escribir y tuve la suerte de encontrar el hilo y hacerlo.

¿Dudó entre hacer una novela de misterio o escribir un reportaje?


Sí, piensa que escribir una cosa con nombres reales siempre es muy complicado y ahora ya te lo puedo garantizar totalmente. A mí me pareció que había suficientes elementos como para hacer una novela, que es un género que a priori es más apreciado por todos, lectores y crítica, lo que pasa es que cuando hablé con la editora, Isabel Martí, y con mi agente, Gloria Gutiérrez, consideraron que había tantos elementos reales tan potentes, que era una lástima ficcionarlo. Como estaba todo contrastado y había un trabajo periodístico sólido detrás, decidimos dejarlo como estaba, como una novela de no ficción.

¿Cuando dice que es complicado escribir los nombres reales de las personas y que ahora puede garantizarlo totalmente, se refieres a que tras escribir la novela, ha tenido problemas con alguno de los protagonistas?

He tenido todo tipo de problemas, desde amenazas que todavía se producen dos años después de salir el libro hasta los personajes reales que salen en la tele diciendo que todo es mentira. A esos personajes les preguntas qué es mentira y ellos dicen que da igual, que todo es mentira y ya está. Es gente que está viva y tiene todo el derecho de expresar lo que piensa y siente. También te encuentras con querellas que no han prosperado por suerte y porque el libro está bien hecho, supongo (risas). Y después ocurre en positivo que la gente puede ir al lugar de los hechos y hablar con los personajes, que están vivos. En negativo pasan cosas surrealistas, como personas que me piden que interceda por ellos ante otros miembros de la familia con los que no se hablan o especuladores inmobiliarios que se piensan que puedo hacerles de mediador con la venta de la montaña de Tor. Eso en una novela no pasa.

¿Hay muchos lectores que se hayan desplazado a Tor tras leer el libro?

Miles de lectores. Muchísima gente ha ido. Tor se ha convertido en uno de los lugares más visitados del Pirineo en estos dos últimos años.

¿Le ha resultado complicado no posicionarse en el libro en relación a quien cree que es el asesino de Sansa?

Claro, ha costado mucho. Además de una historia muy apasionante, yo soy muy apasionado. Cuando entras en un caso como este, entras con cierta voluntad de resolverlo. Por lo tanto, tienes cierta tendencia a posicionarte, pero yo creía y sigo pensándolo que mi posición era la de narrador y observador, en primera persona, pero solo la de narrador. Dejar que la historia y la relación entre los personajes llevaran al lector a su propia conclusión. Ha costado mantenerse frío; a pesar de ello, hay una serie de indicios que permiten que el lector intuya que hay personajes a los que les tengo cariño y hay otros a los que no.

Antonio Gil dijo haber presenciado el asesinato, pero finalmente no se le considera un testigo fiable en su declaración. Este personaje es más clave de lo que parece en toda esta historia.

Tienes toda la razón (risas). Yo tengo más elementos, pero no los he podido poner en el libro porque hay un momento en que yo debía decidir si hacía un libro para el placer del lector o iba a intentar descubrir un asesinato. Entre la prueba periodística y la prueba judicial o policial hay una distancia muy grande, aunque hoy, mediáticamente, no lo parezca. Una cosa es lo que a mí, como periodista, me pueda declarar un ganadero del Pallars y otra muy diferente es que eso pueda considerarse como prueba contundente por parte de un fiscal o de un juez. En este caso yo creo que el señor Antonio Gil José o vio el asesinato o lo vivió. A partir de aquí que cada uno entienda lo que estoy diciendo, yo no voy más allá. Es un personaje clave, sí.

Y al final no se le tuvo en cuenta…

Es evidente que hay un hecho que se pasó por alto y es que la instrucción fue penosa. Teniendo un testigo de cargo, alguien que afirma que ha presenciado el asesinato, cómo es posible que ni la guardia civil, ni ningún abogado, ni la fiscalía no contraste este testimonio. Hasta el punto que el día del juicio la defensa de los detenidos ridiculiza el testigo y la instrucción. Después nadie ha querido recuperar nada de este caso, la familia del muerto porque está muy dispersa y la fiscalía porque tiene otro trabajo y alrededor del crimen no hay alarma social ni presión mediática.

Tanto en el libro como en el reportaje que se emitió en televisión dice Antonio Gil José que sabe algo más, pero que sólo lo diría delante de un juez. ¿Llegó a decirle algo que no sepamos los lectores o los espectadores del reportaje?

Yo tengo mucha más información, pero no la puse en el libro porque llega un momento que no puedes poner solamente indicios. Lo que hay en el libro va a misa y está enormemente demostrado. Luego hay una serie de información que yo tengo que no me pareció apropiado poner en el libro porque hubiese pasado a ser una acusación que no me corresponde a mí. Yo lo he puesto en conocimiento del fiscal y de la acusación particular y corresponde a los Mossos, a los jueces y a la familia continuar con todo esto. Yo ya hice todo lo que tenía que hacer.

¿En qué momento decide que ya tienes suficiente y que ya no vas a investigar más?

Cuando decidí escribir el libro, debía poner un punto y final. Hay un elemento en contra cuando se decide escribir un libro de este tipo y es que todavía me llama gente para explicarme cosas sobre Tor, cuando voy a dar charlas, aparecen otros testigos. Podría estar eternamente investigando, pero llegó un punto en que tuve que decir basta. Lo decidí cuando acabé el libro. Si aparecían más cosas, perfecto, pero yo no iba a investigar más. Eso fue en 2003 ó 2004, pero luego recogí más información como para escribir otro libro.

Vaya, ¿y no habrá una segunda parte?

Piensa que todavía los ánimos están muy calientes, la última sentencia todavía no se ha ejecutado y algunos protagonistas están muy soliviantados con la humanidad y especialmente conmigo. Nadie se ha quejado del contenido del libro, pero muchos se quejan de mí porque dicen que me estoy forrando a costa de esta historia.

Otra cosa que llama la atención es su relación con los personajes. Por ejemplo con Palanca, un vecino de Tor y enemigo de Sansa.

Yo a Palanca lo quiero mucho, sobre todo porque lo entiendo. No comparto cómo va por el mundo ni cómo se comporta, pero entiendo al personaje. Una cosa que no ha trascendido en el libro y que ahora ya puedo explicar después del tiempo que ha pasado, es que yo he solucionado muchos problemas a Palanca, desde burocráticos hasta personales. Palanca encontró un hombre muerto por allí arriba y me llamó a mí antes que a los Mossos. Palanca, además, fue el principal distribuidor del libro en el Pirineo. Él compraba libros a precio de distribuidor y él mismo los llevaba a los bares y a las zonas de allí arriba.

Supongo que ya no tienes relación con otros personajes, como con Ruben Castañer.

Ruben me llama cada quince días (risas). Ellos no cambian de carácter, es algo que la gente debería tener muy presente. Si alguien viene conmigo a ver a Palanca, lo primero que le diría este señor sería insultarlo, luego ya estaría tomando una cerveza con él, después almorzando y finalmente Palanca le pediría ayuda porque se siente solo. Con Ruben Castañer ocurre algo parecido, que sabe que lo que dice el libro es verdad, pero no le gusta. Ahora con Ruben hay muy buena relación, pero antes estaba muy enfadado porque decía que lo dejaba muy mal.

Por lo que veo, ha dejado de investigar, pero no ha sacado a Tor de tu vida.

No, es un problema que ahora llevo con cierta serenidad. Soy yo quien se ha buscado esta historia y soy yo el que debe bailar la música que toque. No he conseguido sacarlo de mi vida ni creo que lo consiga ya nunca más porque parece que todavía crece.

¿En qué anda ahora?

Ahora estoy investigando el crimen de Fago. Cada sábado subo a hablar con Santiago Mainar. A ver qué ocurre...

jueves, 10 de enero de 2008

"El prado de las estrellas", una película de Mario Camus

En esto del cine ocurre como en literatura, que los premios parece que los den a ciegas. Sería más exacto decir que los premios están dados de antemano, porque de otro modo no se entiende cómo es posible que algunas películas que son pequeñas obras maestras no tengan ningún reconocimiento y otros fiascos tengan varios Goya... ¿Podemos decir que una película que tiene varios Premios Goya es mejor que una que no tiene ninguno? Porque si siguiéramos ese estúpido razonamiento, diríamos que Un franco, 14 pesetas (Carlos Iglesias) es una película malísima porque solamente consiguió una nominación y no se llevó el premio y otra película como Mortadelo y Filemón (Javier Fesser) es una película de una calidad que asusta porque se llevó cinco Goyas de seis nominaciones. En ambos casos diríamos una tontería.

Digo todo esto para hablar del cine español y de la Academia. ¿Cómo es posible que la Academia dé tantas nominaciones a Las 13 rosas de Emilio Martínez Lázaro y tan pocas a otras películas tan estupendas como El prado de las estrellas de Mario Camus? Las 13 rosas, una película que a mí me pareció bastante floja, tiene 13 nominaciones, aunque obviamente El orfanato privará a la película de Martínez Lázaro de toda gloria en la próxima gala de los Goya. El prado de las estrellas, en cambio, solamente tiene dos nominaciones (Mejor Actor y Mejor Actor Revelación). El protagonista es Álvaro de Luna y hace un papel realmente abrumador, maravilloso, una actuación sobresaliente. El joven Óscar Abad no lo hace mal, su papel no es demasiado complicado así que la interpretación la resuelve bastante bien. Otros miembros del reparto han demostrado, creo yo, su valía, como Marian Aguilera o la impagable y arrebatadora actuación de Mari González en el papel de Nanda.

El prado de las estrellas relata una historia de humildad; de hecho el film empieza con una cita del poeta T.S. Elliot sobre la humildad. Los protagonistas son mayoritariamente gente de campo, de aldea. Alfonso (Álvaro de Luna) es un viejo campesino ilusionado con la vida que no quiere más de lo que necesita. Cuando tiene tiempo se escapa a la residencia de ancianos, donde está ingresada Nanda (Mari González), una amiga y antigua vecina que está internada y que no ve a su familia desde hace meses. Nanda solamente tiene a Alfonso. Nanda tiene varias propiedades, pero las mantiene alquiladas a cambio de bajísimas cuotas a campesinos que necesitan sus tierras para subsistir. Un día aparece un administrador de un hijo de Nanda para hacer un inventario de sus propiedades ya que su hijo quiere construir una urbanización en un prado de la anciana. Ese prado es el de las estrellas, el lugar donde Alfonso, cuando era niño, subía el ganado y se echaba durante la noche observando el cielo.

Por otro lado, Luisa (Marian González) es una joven independiente que trabaja en la residencia de ancianos. Es también propietaria de algunas tierras, pero su interés es ir a la costa para trabajar de lo que realmente le gusta, asistente social. Su hermano, Martín, es un joven soñador que vive con el deseo de ser ciclista profesional. Cuando entrena, es visto por Alfonso y ambos se ponen manos a la obra, junto con algunos amigos de Alfonso, para hacer de Martín un gran campeón a la vez de un gran muchacho.

La película está escrita y dirigida por Mario Camus, un director de esos que huyen a toda costa de las producciones comerciales y se centran en contar historias humanas. El prado de las estrellas es una apuesta clarísima por un tipo de cine que pretende transmitir unos valores, unas emociones que, sin duda, calan en el espectador. Camus configura un mundo de gente humilde y maravillosa que intenta vivir al margen de la corrupción de las grandes ciudades. Una película de contrastes rodada en parajes preciosos de Cantabria.

Mario Camus es uno de esos directores que hace que ir al cine valga la pena y que dan aliento a un cine español que muchas veces se ve ahogado por películas de una calidad subterránea que, sin embargo, están nominadas a los Goya.

Hay que ir a ver El prado de las estrellas, una película estupenda que exalta los valores humanos. En cines a partir del 11 de enero.

Manel Haro.

viernes, 4 de enero de 2008

"Tor: la montaña maldita", Carles Porta

Tor es el nombre de una montaña maldita situada en el Pirineo catalán a poca distancia de Andorra. O al menos así se le conoce desde hace unos cuantos años. En esa montaña hay un pueblo –con el mismo nombre- de tan solo trece casas. Algunas de ellas están derruidas y en las que quedan en pie ni siquiera hay corriente eléctrica. Un pueblo extraño, pues a pesar de que hay pocos habitantes, ha habido tres asesinatos.

La montaña de Tor era en un principio propiedad de las trece casas, pero la condición imprescindible para la propiedad era que los habitantes de esas casas estuvieran todo el año en el pueblo. La avaricia de un par de vecinos hizo que llevaran a los tribunales al resto por no vivir todo el año en Tor. Y el juez decidió que la montaña pasase a ser propiedad exclusiva de uno de los denunciantes (Sansa). A partir de ahí, Sansa empieza a cobrar peajes a los contrabandistas que bajan de Andorra, hace tratos con un empresario andorrano para construir una pista de esquí en la montaña, pacta la venta de los mismos terrenos a unos belgas… Y sobre todo, empieza a ganarse enemigos.

A los cinco meses de la sentencia del juez, Sansa aparece asesinado en su casa. Es el tercer asesinato después de que dos trabajadores de un vecino –y principal enemigo de Sansa- fueran abatidos a tiros por los guardaespaldas del empresario andorrano.

Parece haber indicios de que Sansa no fue asesinado en su casa, pero ¿quién lo mató? ¿Sus vecinos que habían perdido la propiedad de Tor? ¿Los contrabandistas hartos de los peajes de Sansa? ¿El empresario andorrano que vio que no se cumplía el trato de las pistas de esquí? ¿Unos hippys del pueblo que podrían haberse peleado con él? ¿Un joven de estética skin que vivía con él y que en los últimos días Sansa lo había echado de casa?

Carles Porta se adentra en una investigación exhaustiva para averiguar todo lo que pueda sobre los asesinatos y hacer un reportaje para televisión. Pero en Tor se encuentra con amenazas, negativas y otros riesgos.

El libro puede leerse de dos formas distintas. Puede tomarse como una maravillosa y apasionante novela de misterio basada en hechos escrupulosamente reales. O también puede leerse como un asombroso trabajo periodístico. De hecho, Tor surgió como un reportaje para televisión, pero lo que el periodista Carles Porta se encontró en el Pirineo fue tan extraño y subyugante que decidió tirar del hilo, entrevistar a los vecinos, al empresario andorrano, a algún contrabandista… Es decir, se metió hasta donde podía meterse. De ahí a que en algunas ocasiones lo amenazaran si seguía investigando.

Pero el objetivo de aquella estancia en el Pirineo era media hora aproximadamente de reportaje para la televisión autonómica catalana. El reportaje duró unos cuarenta minutos y fue un éxito de audiencia. Más tarde surgió la idea de plasmar todo aquel material en un libro.

Podemos leer de primera mano cómo fue la investigación, qué problemas tuvo, qué misterios encierran todavía el asesinato de Sansa. Y sobre todo podemos leer las dificultades de un periodista ante la negativa constante de los personajes principales de la historia de Tor a colaborar con él. Más cuando tiene una fecha final para la emisión del reportaje y necesita grabar más imágenes y entrevistar a más personajes.

Tor nos recuerda mucho al libro A sangre fría de Truman Capote. Un periodista que va a la escena de un crimen a hacer un pequeño reportaje y acaba implicándose tanto en la historia que finalmente escribe una novela. Y tras esa novela, la dificultad de olvidar todo lo vivido en esa montaña maldita pero a la vez inquietante.

Un libro que bien merece la etiqueta de clásico del periodismo de investigación para los años venideros. Una obra para no olvidar.

* La edición en catalán, editada por La Campana, incluye el DVD del reportaje emitido en televisión.

Manel Haro.

jueves, 3 de enero de 2008

Entrevista con Tim Harford

Tim Harford es tutor en el área de economía de la Universidad de Oxford, escribe para el Financial Times y es redactor de la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial, donde ha escrito los informes más mencionados de esta institución. Anteriormente escribió The Market for Aid junto con Michael Klein, todavía no traducido al español.

Su última obra es El economista camuflado: la economía de las pequeñas cosas, publicado por Temas de Hoy. En tan solo unos pocos meses ya ha alcanzado la sexta edición en España y el libro se ha alzado en las listas de los más vendidos en varios países del mundo. Ha sido traducido a 21 idiomas y ha sido alabado por escritores y publicaciones de fama internacional.

Entrevista publicada en Anika Entre Libros en Junio de 2007.

ENTREVISTA DE MANEL HARO A TIM HARFORD

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Tim, ¿la intención del libro es acercar a los lectores el mundo de la economía?
Sí, hay básicamente dos razones, la primera es que los fenómenos que nos rodean, atascos, cafés, supermercados…, se pueden explicar por razones económicas. Para entender nuestra vida conviene entender la economía. En segundo lugar, a mí me gusta pensar, cuando entro a un café o a un supermercado, el porqué de esas razones económicas y quería compartir ese gusto con los lectores.
Para los que todavía no han leído el libro, ¿qué entendemos como “economista camuflado”?
Un economista camuflado es una persona que lleva una vida normal, entra a cafeterías, va a supermercados, sufre atascos… La diferencia es que esa persona está observando esa vida cotidiana como el economista que lleva dentro, está mirando lo que hay a su alrededor y se cuestiona el porqué de todo ello, cuáles son las razones económicas que motivan lo que sucede.
El libro trata muchos temas, uno de ellos es las estrategias de las empresas para obtener más beneficios. ¿Podemos decir que, de entre los muchos motivos que hay, el principal de que un producto sea caro, es que el cliente está dispuesto a pagarlo?
Sí, en países como España o Inglaterra tenemos mucha suerte, somos muy ricos si comparamos nuestra situación con la de los africanos o incluso con la de nuestros propios abuelos. Así que cuando vamos a comprar algo, nuestro peor enemigo somos nosotros mismos, porque somos vulnerables a que los vendedores nos convenzan de que debemos pagar un determinado precio. Las cosas son muy caras si nosotros dejamos que sean caras.
Dices que durante un tiempo Amazon ponía precios variables a un mismo artículo según el tipo de cliente y lo que estaba dispuesto a pagar utilizando un sistema de seguimiento con las cookies del ordenador. ¿Actualmente hay empresas que utilicen técnicas semejantes?
Sí, por supuesto (ríe). Todo depende de la percepción del consumidor y de la etiqueta que los vendedores quieran poner. Pongamos un ejemplo, tenemos dos cafés, uno es normal y cuesta 1 euro y el otro es de comercio justo y cuesta 1,10 euros. Si el vendedor de café normal te dice que es café normal, no pasa nada, pero si el vendedor de café normal, te dice que es café de explotación y te cobra menos porque explota a sus empleados, a ti no te parecerá bien. El error de Amazon es que fueron muy torpes en la manera en que presentaron esto, no supieron maquillarlo bien, ponerle la etiqueta correcta. Es lo mismo que cuando vas a comprar una cámara digital y te cobran una cantidad determinada por una normal y otra muy superior por una profesional. Te dicen que la profesional es mejor, qué tiene más ventajas y es cierto. Pero el problema es que el software es el mismo, pero van desactivando cosas para que esa misma cámara sea amateur y no profesional. Eso es terrible.
Lo mismo ocurre con las impresoras según cuentas en el libro. Hay algunas marcas que tienen dos modelos diferentes: uno es mejor, imprime más rápido y otro modelo va más lento, pero en realidad es el mismo software, con la diferencia de que la más económica lleva instalado un chip que hace que vaya más lenta.
Sí, exactamente. Hay algunos ejemplos más en el libro.
Una multinacional como McDonalds ¿en función de qué pone fija sus precios? ¿Quizá depende de la ciudad en la que se encuentre?
Sí, depende mucho del contexto en el que estén los consumidores. Por ejemplo, en Moscú, cuando se abrió un McDonalds era caro porque era un lujo, era una novedad, nunca había habido algo parecido allí. En Nepal ocurría lo mismo, era caro porque era un lujo, un signo de sofisticación. En cambio en América es donde comen los pobres, depende mucho de la percepción que tengan los consumidores y el contexto en el que estén.
Ahora se me ocurre que hay empresas de venta por Internet a las que puede acceder todo el mundo, como algunas aerolíneas, que venden billetes de avión a 0 euros. ¿Cuál es su estrategia?
Algunas empresas hacen esto como reclamo, ponen un precio barato, pero luego acaba siendo más caro porque cobran gastos de gestión, tasas, suplemento por tarjeta de crédito, suplemento por escoger asiento… De todos modos hay varias razones que explican estos precios bajos. Por un lado, la compañía, mientras venda una porción del pasaje al precio normal, realmente no le supone nada vender pasajes más baratos. Si ya tienes el avión medio lleno, poner unos asientos económicos, no es muy costoso para la compañía. Por otro lado, hay experimentos que se han hecho con ebay, donde se pone un precio bajo, pero el precio final acaba siendo más alto, es decir, el consumidor se apresura a comprar en el caso de la aerolínea o a pujar en el caso de ebay porque ve que el precio es barato. Estás más dispuesto si ves una oferta, aunque luego el precio suba.
Hobbes decía que la naturaleza humana era profundamente egoísta y expone que la inseguridad les lleva a la anticipación y al dominio sobre los demás. En el libro aparece varias veces la palabra “egoísmo”. ¿Podemos decir que es uno de los aspectos claves del actual sistema económico?
Sí, me recuerda el personaje de Michael Douglas en Wall Street cuando dice que la avaricia es buena, a mí eso no me gusta. Reconozco que la gente es egoísta y avariciosa, es una pena, pero eso no necesariamente significa que el mundo sea malo. Creo que este sistema económico canaliza ese egoísmo de manera positiva; es decir, el egoísmo que bajo otras circunstancias o regímenes puede convertirse en violencia, en robo… en este sistema económico se manifiesta en la necesidad de producir más y mejor, de comerciar, intercambiar mercancía… O sea que este sistema económico utiliza el egoísmo de manera productiva. En Wall Street se ven a los corredores de bolsa muy agresivos, gritando… da un poco de miedo, pero es mucho mejor esto antes que esa misma gente utilice la agresividad con las armas.
Entonces aquella famosa frase de “la explotación del hombre por el hombre” sería un radicalismo…
Sí (ríe), Adam Smith decía que el carnicero no nos da la carne porque nos quiera, sino porque le interesa por su propio beneficio, para ganar dinero. Creo que eso es lo fundamental de la economía.
¿Los gobiernos de los países desarrollados intervienen demasiado o más bien poco en el mercado empresarial del país?
En los países desarrollados tenemos un buen balance; es decir, hay un aspecto amplio de intervencionismo. Por ejemplo, Estados Unidos tiene un gobierno poco intervencionista, pero hay otros que son más intervencionistas, como España. En Suecia la regulación es baja, es muy fácil comerciar y tener iniciativas, aunque hay muchos impuestos. Creo, de todos modos, que la cuestión no es tanto de intervencionismo en cuanto a más gobierno o menos gobierno, sino buen gobierno o mal gobierno. Por ejemplo, los gobiernos africanos son malos, pero en Europa son buenos. Ahí está la clave, en cuán positiva es esa intervención.
Antes has mencionado a Adam Smith y a propósito de esta última pregunta, me viene a la cabeza la teoría de la mano invisible…
Sí, yo creo que la teoría funciona todavía, los mercados funcionan muy bien, aunque tienen problemas, claro: la desigualdad, el impacto ambiental, la mala información, si no se está bien informado, no se puede decidir bien, la existencia de monopolios… Pero en general creo que el mercado funciona bien, es positivo. Lo que es importante es cómo abordar específicamente cada uno de estos problemas.
Por ejemplo, en cuanto a lo del impacto ambiental parece que estamos ante una situación de pánico.
Por un lado me parece algo exagerado la que se está montando, pero por otro uno se da cuenta de que un mandatario está en un gobierno cuatro u ocho años y en cambio, el calentamiento global produce cambios en el clima en períodos muy largos de tiempo, así que quizá sea necesario crear un pánico para que se hagan políticas a largo plazo para combatir este asunto.
En el libro también hablas del impacto ambiental en los transportes y propones que los coches más contaminantes, paguen más impuestos. Precisamente en España se acaba de aprobar esta ley. ¿Crees que es una buena solución o es un simple parche al problema?
Me parece bien, pero hay que tener mucho cuidado con la cuantía de estos impuestos porque hay mucha política y manipulación en la manera en que se fijan estos impuestos. Por ejemplo, en el Reino Unido a los coches grandes quieren imponerles un impuesto que es el triple de lo que paga un coche normal y en realidad estos coches no contaminan tanto, no el triple que otro coche. Por esa razón hay que ir con cuidado con la forma como se fijan estos impuestos, el consumidor debe estar atento.
Fíjate que por cada tonelada de monóxido de carbono que emite una central eléctrica, tiene que pagar cinco euros. En cambio, por cada tonelada que emite uno de estos coches, tiene que pagar 25.000 euros. Claro, el consumidor no los paga porque no emite una tonelada, emite un kilo, tiene que pagar 25 euros, mientras que la central pagaría por un kilo solamente 0,005 euros. A mí esa disparidad me parece injusta, que un coche deba pagar esa cantidad y una central eléctrica menos.
Cuando tratas el tema de los países pobres, te refieres básicamente a la corrupción de los gobiernos y de las instituciones públicas del mismo país. ¿Pero no hay factores externos que también ayuden al crecimiento de la pobreza? Por ejemplo, los altos intereses de los préstamos…
El problema no son los altos intereses, por ejemplo los préstamos del Banco Mundial no tienen intereses en los primeros 25 años. Un préstamo personal que tuviera esta ventaja sería una maravilla, nadie pondría objeciones a eso. Hay problemas económicos más severos de fondo en la economía de los países africanos. Nosotros vivimos en países europeos donde el mercado funciona de una forma increíblemente bien y creemos que eso es lo normal, pero en realidad no lo es. Es algo extraordinario.
Se hizo un experimento para explicar la corrupción en países africanos, es decir, eso se puede arreglar porque es algo coyuntural o es que está en la cultura de los habitantes de Camerún. Se hizo un estudio con los diplomáticos en Nueva York y sus multas de tráfico y se descubrió que los diplomáticos sudaneses, por ejemplo, acumulaban 2.000 multas, que no tenían que pagar, claro. En cambio, los diplomáticos escandinavos solo tenían 12 y sí las pagaban. Se cambió la ley en Nueva York y se impuso una multa que sí se debía pagar y la retirada del coche y en ese momento las multas de los funcionarios sudaneses descendieron drásticamente. Así que sí, los cambios en las leyes pueden mejorar la cultura de corrupción en un país.
¿Temes que alguna de las frases del libro pueda sacarse de contexto, como por ejemplo en cuanto al tema de las empresas explotadoras en el tercer mundo?
Siempre es posible cuando uno escribe un libro que haya alguna frase que pueda resultar ofensiva. Seguramente si no las hubiera, sería un libro aburrido. El mensaje del libro sobre estas grandes fábricas es que cada país las tiene. Lo preocupante es que el miedo a este tipo de horrendos lugares se convierta en un prejuicio contra economías extranjeras. Yo no cuestiono los motivos que puedan tener una ONG de derechos humanos ni un grupo de estudiantes que protestan porque en China hay este tipo de fábricas donde se explota a los trabajadores. A mí lo que me preocupa es cuando un grupo de trabajadores de una fábrica occidental ataca o protesta contra el gobierno chino porque se plantea si no hay ahí un intento de competencia desleal. Yo he estado en esas fábricas, las he visitado. La gente me puede acusar de equivocarme en cuanto a cuál es la solución o cómo abordar este problema, pero nadie podrá acusarme de no haberme preocupado, porque sí he reflexionado, sí me he preocupado y sí he escrito sobre el tema.

martes, 1 de enero de 2008

"El caníbal", Isabel-Clara Simó

Blai es un muchacho que parece no tener inquietudes y que supone gran preocupación para sus padres que intentan que su hijo encuentre su lugar en la sociedad. Y, tras varios trabajos frustrados, lo consigue en el momento en que entra de ayudante de cocina en un pequeño restaurante de unos conocidos de su padre. A partir de entonces la pasión por la cocina va a cambiar el carácter de Blai.

Y es que este joven va a empezar a formarse como gran chef hasta llegar a sus últimas consecuencias. Su interés, obsesivo, por la alta cocina se fusionarán con el gran amor de su vida, Rosario (una colombiana a la que acoge en su casa y con la que se une en matrimonio). Pero tras encontrarla muerta un día que regresa del trabajo, empieza a valorar que el acto supremo de amor lo conseguiría si se comiese a su esposa.

Que nadie se asuste al leer el argumento ni piense que he desvelado toda la trama de la novela. Desde el principio sabemos lo que va a suceder al final, de alguna manera es una novela circular, se empieza comentando, grosso modo, el hecho importante de la trama y se acaba en el mismo punto.

Eso es importante porque implica que la autora no se ha centrado en crear un misterio sobre un delito de canibalismo o asesinato. Lo que importa es cómo trata el tema, rompiendo del todo las reglas típicas de las tramas novelescas.

Sabemos cómo empieza y cómo acaba, pero no sabemos qué pasa entremedio. Ahí entra a trabajar la calidad narrativa de la autora, haciéndonos disfrutar página tras páginas de unos personajes perfectamente definidos (el Blai de esta novela nos recuerda al Nor de Adéu-suau por sus pocas aspiraciones que demuestra al principio de la novela) y un argumento bien hilvanado.

Y se nos desprende del argumento que la forma más absoluta del amor, más allá de los límites, es tener lo más dentro posible al ser amado. Cuántas veces habremos dicho eso de: cariño, es que te comería... No es por lo tanto demasiado extraño este exceso en el amor.

La autora ha sabido exprimir una idea que ha dado un excelente jugo: El caníbal. Una novela que una vez más, demuestra que Isabel Clara Simó s una autora comprometida con un estilo que intenta huir de convencionalismos y tópicos que acaban desgastando la creación literaria.

Manel Haro.

Editorial Columna (1ª edición: febrero de 2007)
Género: Novela
ISBN: 8466407855
135 Páginas
Precio: 20 euros