martes, 23 de septiembre de 2008

La (dudosa) libertad de prensa en Italia y otros asuntos inexplicables

Estos días he estado recorriendo algunas ciudades de Italia (Perugia, Roma, Mentepulciano...), y en una de esas ciudades conocí a un estudiante italiano. No nos conocíamos de nada, pero tuvimos la oportunidad de hablar de muchas cosas. Siempre que he estado en Italia (sea la ciudad que sea), me ha sorprendido no encontrar a nadie que apoye abiertamente a Berlusconi. Cierto es que siempre que he hablado con alguien, ha sido con gente joven (quizá más afín a la izquierda y el progreso), pero de cualquier modo, nadie apoya a Berlusconi.


Pregunté a Francesco (así se llama el chico) qué opinaba sobre Berlusconi. No lo hice de forma demasiado directa, sino en plan broma, sacando el tema del segundo disco que pensaba sacar el presidente italiano. "¡Oh, dios mío! Qué vergüenza que esto se sepa en Europa...", me dijo Francesco. "Bueno -dije yo-, no es para tanto, deja que el hombre cante sus canciones de amor".

Solamente fue necesario eso para que Francesco se explayara: "Berlusconi sacó su primer disco antes de ser el político que es ahora, pero es que siento vergüenza de él, no entiendo cómo puede gobernar".

- Si gobierna es porque la gente lo vota -le dije.
- Sí, pero es que no lo entiendo, porque nadie le vota, pero gana -me dijo.
- ¿No me dirás que Berlusconi comete fraude electoral?
- Es inexplicable -fue su respuesta.

Franceso se mostraba indignado con lo que estaba pasando en Italia: "cuando Italia estaba en crisis, siempre pensábamos que España estaba peor, pero ahora incluso España está por encima de Italia". "Italia -seguía- va para abajo y seguirá hundiéndose con Berlusconi". Yo insistía en que la gente era quien había puesto a Berlusconi en el gobierno. "A Romano Prodi, poverino, lo sacrificaron -decía Francesco-, era muy heroico, pero no tuvo apoyo suficiente". "Romano Prodi quería dar más derechos a las personas -continuaba-, como ciertos derechos a las parejas homosexuales, pero el Vaticano tiene demasiada fuerza en Italia y para hacer según qué cambios, hay que contar con el Papa".

En ese momento recordé una entrevista que hice a la escritora italiana Melissa P., que me dijo precisamente que el Vaticano tenía demasiada intervención en el gobierno italiano. De hecho, hay un cardenal, un tal Ruini, que está más dedicado a la política que a los asuntos de la Iglesia. Me sorprendió otra afirmación:

- En Italia la libertad de prensa está como en el lugar setenta en el ranking del mundo, a la altura de países como Botswana -me dijo Francesco.
- Hombre...
- Sí, por ejemplo, en Italia hay cinco cadenas de televisión: tres son privadas y dos públicas. Las privadas son de Berlusconi y las públicas son del gobierno, o sea, también de Berlusconi.
- Visto así... -dije yo.
- Hace tiempo hubo un escándalo, porque una periodista de una cadena independiente de radio italiana criticaba mucho al gobierno de Berlusconi y éste dijo en público que esa periodista no le gustaba nada y que debería marcharse. En pocos días, fue despedida. En Italia se montó un escándalo tan grande, que ahora parece que no hay tanta intervención, pero igualmente no hay libertad de prensa -decía resignado Francesco.

Le pregunté, al azar, por algún diario de Italia, el más famoso, Corriere della sera: "ese -me dijo- es un diario que apoya al gobierno: si gobierna la izquierda, es un diario de izquierdas; si está la derecha, es conservador".

Yo en Italia con el Corriere della sera

La conversación siguió, me dijo que Berlusconi era un mal político pero un tipo muy inteligente. Me habló de la mafia y me recomendó que leyera Gomorra, de Roberto Saviano: es un brutal libro que explica cómo funciona la mafia en Italia.


Luego hablamos de Alemano, el alcalde de Roma: "es lo que te decía -apuntaba Francesco-, no se entiende lo que está pasando en Italia: Roma siempre ha sido de izquierdas, Walter Veltroni no era un buen político, pero era mejor que el actual alcalde Alemano. Éste es fascista, no me refiero a conservador, sino a pura y simplemente fascista". Es curioso, porque cuando recorrí, días después, las calles de Roma, me encontré en varias ocasiones con este cartel:

"Tengo el corazón negro, no me importa y escupo en la cara al mundo entero"

Me sorprendió que a lo largo de los días no viniera ningún funcionario a quitar esos carteles. Cuando saqué mi cámara para fotografiarlo, una mujer me miró con asco. No sé si pensaba que al hacer la foto, apoyaba el fascismo o si lamentaba que me llevara esa imagen de Roma. Sea como sea, nadie me impidió conocer un poco más a fondo la turbia esencia italiana.

2 comentarios:

Patricia Tena dijo...

Vaya Manel, un viaje muy fructífero, sin duda!

Diego Fernández Magdaleno dijo...

Es terrible el deterioro democrático italiano. Incomprensible la elección de Berlusconi. Insoportable su política.
Una lástima.
Saludos,
Diego