viernes, 22 de agosto de 2008

Barajas, 14:45

Durante largo tiempo he tenido un miedo terrible a los aviones. Cada vez que subía a uno de ellos, no podía evitar estar histérico todo el trayecto. El remedio para dejar de temer fue volar mucho. El verano pasado despegué 18 veces (las mismas que aterricé) y la sensación de estar ya acostumbrado a los vuelos me hizo perder el miedo. Fue concretamente en un trayecto en el que mi mente pensó que, a fin de cuentas, si algo debía pasarme, lo haría independientemente de si volara o no, que hay cosas que uno no puede controlar. Además, siempre estaba aquello de que el avión es el medio más seguro. El trayecto en el que perdí definitivamente el miedo fue uno que hice en julio pasado: un Madrid - Las Palmas de Gran Canaria, de Spanair. Aquel vuelo en el que yo perdí el miedo, en el que recuperé la confianza en la aviación, ayer se estrelló en Barajas.

En unos días tengo que volar a Perugia y me he planteado si debería anular el vuelo. Pero he pensado lo mismo que pensé en el Madrid-Las Palmas: se estrellan pocos aviones en comparación con los que despegan. Así que no hay nada que temer.

De todos modos, cuando subo a un avión el único momento en el que me pongo nervioso es en el despegue. Desde el momento en que el avión toma velocidad en la pista hasta que se estabiliza en el aire es ciertamente angustioso. Eso sé que me costará evitarlo y más ahora. Imagino qué debería sentir la gente cuando vio que el motor ardía y que el aparato se precipitaba al vacío. Esos padres con hijos al lado, ¿qué harían: gritar o intentar proteger a los niños del impacto? En el avión había familias enteras: ¿se mirarían los unos a los otros cuando vieron lo que les iba a pasar? Son unos pocos segundos de angustia antes de la colisión, pero ahí están. ¿Qué pensaría el piloto cuando vio que había perdido el control? ¿Y el resto de la tripulación?

Obviamente ahora toca estudiar las causas del accidente, por qué si el avión tuvo que pasar por revisión antes de despegar, acabó estrellándose. Los familiares no obtendrán ninguna recompensa. Tengan seguro de viaje las víctimas o no o si Spanair tiene que dar alguna indemnización, lo que puedan recibir en nada cubrirá el daño por la pérdida de sus allegados. Esas cosas no tienen remedio.

Da miedo mirar la lista de pasajeros que iba en ese avión y comprobar la coincidencia de los apellidos, la de las familias enteras. Da realmente pavor. Me pregunto si la gente dejará de confiar en Spanair y preferirá otras compañías. Con Spanair han muerto 153 pasajeros, aunque la investigación dirá si ha habido algún tipo de negligencia. De momento, como piden los responsables de la compañía, prudencia.

Prudencia porque, teniendo en cuenta la crisis económica que sufre Spanair últimamente, y que ha dicho que no piensa tomar más medidas extraordinarias porque no hay motivo para ello, puede que los futuros pasajeros elijan otra compañía. Y eso, claro está, pueda ser otro batacazo para Spanair. El tiempo esclarecerá lo sucedido. De momento prudencia y, sobre todo, respeto y dolor por las 153 vidas que se perdieron en Barajas.

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