sábado, 19 de julio de 2008

Si está cerca del Coliseo de Roma: ¡no beba, no coma, no grite! (bueno, si paga, sí)

Me pregunto qué quiere realmente un ayuntamiento que impone la prohibición de comer cerca de los puntos de interés turísticos de una ciudad. Es el caso de Roma, uno de los destinos con más visitas de Europa. Al parecer, en el consistorio romano han pensado que para conservar el patrimonio, lo mejor es una ordenanza que impida comer, beber y hacer ruido en el casco histórico de la capital italiana.

Es una normativa nueva impuesta por el alcalde conservador Gianni Alemanno, que ganó las elecciones municipales el pasado mes de abril. Resulta sorprendente que se lleven a cabo iniciativas como estas. Todo el mundo estará de acuerdo con la importancia de la conservación de monumentos tan importantes como el Coliseo, la Piazza Navona, la Fontana di Trevi y un largo etcétera. Pero, ¿qué encierra realmente esta ordenanza?

Cualquiera que se acerque a alguno de los puntos turísticos, podrá ver que está lleno de quioscos de comida rápida (bocatas de pollo, cervezas, patatas...). ¿Tendrá que marcharse la gente que vive de esto? ¿O dejarán que vendan pero no que los compradores lo consuman? Además, me pregunto con qué derecho se violan mis libertades individuales de comer en la calle. Entendería que me prohibieran beber dentro del Coliseo, pero no si estoy sentado en un banco cercano.

Las multas por consumir bebida o comida en los alrededores de estos lugares ascienden a 50 euros. Sigo haciéndome preguntas: ¿los restaurantes que cobran cantidades indecentes de dinero a los turistas por tomar un café en plena Piazza Navona tendrán que cerrar sus terrazas? ¿O si pagas 4 euros por un café no es una falta de civismo? ¿A partir de qué distancia una terraza es incívica?

Si yo estoy sentado en un banco con un bocata y a mi lado hay un tipo tomando una cerveza en una terraza y a esa persona se le cae la jarra al suelo y llena la historia de Roma de doble malta, ¿a quién lo pondrían la multa? ¿A mí o a él?

¿No será que la normativa lo único que pretende es dar fuerza a la débil economía italiana? Dicho de otro modo, si pretendes comer al lado de un monumento, debes sentarte en una terraza y pagar 50-60 euros por cenar. De lo contrario, pagarás la multa de 50 euros y te quedarás sin la cena. Es una hábil forma de incitar a los turistas a que consuman en los restaurantes italianos, que se olviden del pan y la mortadela y gasten: que paguen 6 euros por una coca cola y 15 por una pizza; 4 por un café y 10 por una copa. Ya se sabe, cuando uno se sienta, no se conforma con una única consumición.

Así que ya saben, si de repente no aguantan el calor sofocante al lado de la Fontana di Trevi, no se atrevan a sacar un refresco de sus mochilas. Pueden pagar 50 euros por la cara. Lo mejor es sentarse en la terraza, dar dinero a la ciudad y todos contentos.

Por cierto, me pregunto también si la suciedad que hay en las calles de Roma y el claro abandono que sufren algunos de sus símbolos patrimoniales es fruto de que alguien haya bebido al lado o comido un bocata. ¿O es el resultado de años de mala gestión municipal?

Ya saben el dicho, ¿no? Hecha la ley, hecha la trampa.

1 comentarios:

Patricia Tena dijo...

Cuando vi esta noticia por televisión me quedé helada. A todos nos gusta sentarnos en una buena terracita, disfrutando de una buena comida mientras contemplamos el paisaje. Pero, desgraciadamente, con lo caro que está todo no se puede hacer. Yo siempre que viajo, como o ceno dos veces en un sitio agradable y típico, y las otras tiro de bocatas, de puestecitos ambulantes... Evidentemente, si el precio fuera más asequible, todos preferiríamos comer sentaditos y tranquilos. Ya no saben qué inventar ni cómo jodernos, sinceramente. Precisamente, Roma es uno de los destinos que me gustaría visitar próximamente. Pero sólo tengo dos opciones: o empiezo a ahorrar desde ya mismo para ir de restaurantes todo el día, o voy a la ciudad y, cómo no tendré dinero para comer de lujo, aprovecharé para quedarme como una modelo...


hora cuando viaje tendré que ahorrar todo el año para comer de restaurantes o ir de viaje y aprovechar para quedarme como una modelo anoréxica porque no tendré dinero para comer donde quieren.