miércoles, 16 de julio de 2008

Las dos caras de Ingrid Betancourt

Estos días me ha dado por recordar a la joven Natascha Kampusch, la chica que estuvo secuestrada durante más de ocho años en Austria. Cuando logró escapar y los austríacos se enteraron de su libertad, el país se volcó con ella. La llenaron de mimos, de apoyo, prácticamente la ovacionaron. Pero con el tiempo, la otra cara de Kampusch salió a la luz: en realidad era una chica que no mostró síntomas de flaqueza. Era arrogante y reacia a dar detalles de su cautiverio. Algunos medios hablaban del síndrome de Estocolmo. Muchos austríacos han pasado de admirarla a sentir cierto rechazo hacia ella.

Y si estos días me estoy acordando de Natascha Kampusch es, ni más ni menos, porque preveo -no hay que ser muy listo- que va a pasar lo mismo con Ingrid Betancourt. Mientras estuvo secuestrada por las FARC, el mundo entero -especialmente Francia- mostraba su apoyo con el marido que no descansaba de luchar por su libertad. Las noticias sobre su estado de salud eran alarmantes, algunos medios informaban que podría estar a punto de morir si no se le hacía un transplante. Todo ello sumado al papel heroico de super Sarko, que anunciaba a bombo y platillo que iba a traerse a Ingrid Betancourt (quizá después del subidón de su actuación en el Chad con el asunto de la ONG y del tráfico de niños).

Y después de que las FARC se dejara quitar a Betancourt, resulta que lo que vemos no es lo que pensábamos. Para empezar, su estado de salud no era, ni mucho menos, como se informaba. Se la veía entera, sin aparencia demacrada. Hoy decía La Vanguardia que el marido podría estar asumiendo que el amor de Betancourt hacia él podría haberse perdido en la selva. Eso a juzgar a cómo reaccionó la secuestrada cuando vio de nuevo a su marido después de tanto tiempo (un simple abrazo de cara a los fotógrafos). Y además de todo ello, resulta que empiezan las pugnas dialécticas entre ella y Clara Rojas (otra secuestrada de las FARC). Esta última dice que Betancourt no es coherente ni sincera, que se inventa cosas. Cuando la prensa le pregunta ciertos temas sobre su cautiverio (si había sido obligada a mantener sexo), ella decía que lo que había pasado en la selva se quedaba en la selva. Lo que es lo mismo, una forma más de reconocer que algo había ocurrido pero que no quería que se supiese.

Y ahora le han dado la Legión de Honor de Francia y algunos la quieren postular al Premio Nobel de la Paz. Tanta exageración, tanto show montado alrededor de su secuestro tiene que tener unas graves consecuencias. ¿Hasta qué punto Ingrid Betancourt aprovechará su imagen para proyectarse internacionalmente? ¿Hasta cuándo el mundo la seguirá viendo como una víctima?

Algunos ya empiezan a fruncir el ceño con el tema Betancourt y si esto sigue así, a esta mujer le pasará como a la Kampusch: le saldrán detractores por todos lados. Claro que ambos casos son diferentes: una ha acabado metida en un programa de televisión austríaco y la otra empieza a sonar para el Nobel de la Paz. Pero, ¿qué pasará con Ingrid Betancourt en el futuro? ¿Hasta cuándo durará su matrimonio con Sarkozy?

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