jueves, 5 de junio de 2008

Otro que pone multas porque le sale de los...

Hace unos días escribí un post sobre lo ligera que tienen la mano muchos guardias municipales en Barcelona a la hora de poner multas. Citaba los ejemplos aparecidos en La Vanguardia, de un hombre al que multaron por morder una manzana mientras conducía, y el de una chica sancionada por tocarse el pelo en una curva. Mencionaba además cuatro casos de amigos míos, que habían sido multados por la real gana de los Mossos d'Esquadra o de la Guardia Urbana. Uno de esos casos, por cierto, lo viví yo mismo.

El caso es que hoy ha aparecido en El Periódico otra de esas irregularidades, por llamarlo con un eufemismo. Se trata de un agente de la Guardia Urbana de Barcelona que ha sido condenado por multar a un hombre 11 veces en 17 días. Resulta que estas multas eran por aparcar sobre la acera en una zona en obras (en el distrito de Sant Martí) donde no hay habilitado espacio de estacionamiento y donde hay un "acuerdo no escrito" con los agentes de que ahí se puede aparcar mientras duren las obras. Resulta además que esa zona es industrial, está apartada y apenas hay tráfico (según cuenta El Periódico). Para colmo, de todos los coches que estacionaban sobre la acera, solamente se llevaba la multa uno de ellos.

El Periódico explica que semanas antes este agente de la Guardia Urbana había tenido un "leve accidente" con el afectado, motivo por el cual había decidido ensañarse con él. El afectado mostró que algunas de esas multas eran tan incoherentes que incluso le multaban cuando su coche estaba a decenas de quilómetros de distancia (en Santa Perpètua de la Mogoda).

El ensañamiento de este agente provocó que el afectado haya podido demostrar el delito que ha sufrido. Pero, ¿qué hubiese pasado si este agente, en lugar de ponerle 11 multas, le hubiese puesto solamente dos? Pues que el afectado, como ciudadano honrado, hubiese tenido que pagar y callar en un ejemplo más de las irregularidades que de vez en cuando (demasiado a menudo parece ser) se cometen en Barcelona.

El tribunal ha pedido al Gobierno que rebaje la pena al agente para evitar que entre en prisión. Personalmente creo que el calvario que ha tenido que sufrir el afectado no tiene precio. Y, como dije en mi otro post, aquellos que se la juegan a un ciudadano honesto no merecen la más mínima consideración. Y espero, claro está, que todo aquel que torea a la justicia española se encuentre tarde o temprano con la justicia divina. Son esos momentos en que a uno le hace ilusión pensar que existe el juicio final.

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