lunes, 7 de enero de 2008

Llegaron las rebajas

Ya están aquí. Las rebajas son como los reyes magos, no perdonan ningún año (aunque las rebajas incluso se repiten). Vienen un día después de que sus majestades dejen los regalos en cada una de las casas de los que se han portado bien durante el año.

La gente sale con locura desatada a la calle con la cartera llena y la tarjeta de crédito lubricada para que no se encalle en la caja. Las más veteranas se apelotonan en las puertas de El Corte Inglés para correr por los pasillos, subir de dos en dos los escalones de las escaleras mecánicas y salir en los titulares de todos los informativos. Los demás salen del trabajo o aprovechan para ir antes de su horario laboral para luchar por esa prenda rebajada al 50 %, aquella camisa que han visto en navidades por 30 euros y que han esperado a las rebajas para comprarla por 15. Y descubren que los percheros están atiborrados de modelos horteras, ropa que nadie compraría ni en un estado de desenfreno consumista.

Los compradores no se dan cuenta de que las tiendas sacan partido a las técnicas de merchandising y los primeros días llenan los aparadores de lo peor que tienen en los almacenes porque son los primeros días –sobre todo el primero- cuando la gente mira menos lo que compra. Si una prenda está a 10 euros, qué más da si se la van a acabar poniendo o no, la cuestión es que es una ganga y hay que comprarla. Obviamente si las prendas horteras las sacan los últimos días de rebajas, los consumidores no compran nada porque ya va de bajón lo de las rebajas y la gente es consciente de que no hay nada que hacer en el llamado “remate final”.

Los que son gatos viejos en esto de las rebajas aguardan el momento adecuado para salir a comprar lo que realmente vale la pena. Es decir, pasados unos días de la fiebre inicial de rebajas es cuando las prendas valen realmente la pena. O, al menos, saben que lo que van a comprar no es esa ropa horrible que al mes de haberla comprado, se preguntan “¿pero por qué me compré esto si no me queda bien?”. Y, claro, esa ropa se acaba tirando o regalando.

Alguien debería poner un enorme cartel en los escaparates de las tiendas en época de rebajas: “Las autoridades comerciales advierten que las rebajas causan adicción a usted y a los que le rodean”.

Y de paso que se avise a la gente que no caigan en la tentación de comprarse una talla menos de pantalón alegando que después del atracón de Navidad, vienen unos meses de gimnasio y, en consecuencia, de severo adelgazamiento. Ya veo a esos hombres mirándose al espejo embutidos en una talla pequeña de pantalón, metiendo barriga y con los testículos bien apretaditos. Entonces, claro está, habría que poner otro cartel: “Las autoridades comerciales advierten que las rebajas dañan la calidad de su esperma”.

Al tanto…


Manel Haro.

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