jueves, 24 de enero de 2008

Cobran doble billete a los obesos mórbidos

Hace pocos días ha salido en algún medio de prensa que los que padecen obesidad mórbida reclaman ser considerados como enfermos con discapacidad. Las compañías aéreas y RENFE consideran que son personas con discapacidad aquellos que tienen movilidad reducida o deterioro de las facultades mentales. Por ello, algunas empresas aéreas o RENFE ofrecen descuentos especiales a estos enfermos.

El caso es que los obesos mórbidos no solamente no son considerados enfermos con limitación de movilidad –por lo que no se benefician de descuentos-, sino que además se les cobra doble billete cuando viajan en tren o avión. Entienden las compañías que si por su volumen ocupan dos asientos, deben pagar por ambos (excluyendo, eso sí, en caso de los aviones una doble tasa de aeropuerto y doble gasto de gestión/emisión).

Los obesos mórbidos han puesto el grito en el cielo y han pedido a través del Defensor del Paciente a la Ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, que se garanticen sus derechos y que sean considerados igual que cualquier otro ciudadano. La obesidad mórbida es considerada por la Organización Mundial de la Salud como enfermedad crónica.

A los que han apoyado esta norma de las compañías de cobrar doble billete a los obesos, les han caído las críticas de ser poco solidarios y egoístas. Qué injusto es, pues, que una persona tenga que pagar el doble por hacer el mismo trayecto que una persona delgada o de talla media.

Pero pensemos con sensatez y veamos el otro lado de la moneda. Yo, por ejemplo, recuerdo un viaje en autobús que hice desde Barcelona a Madrid y al lado me tocó una persona obesa. Era verano y sus dimensiones hicieron que parte de su cuerpo invadiera mi asiento. Tenía su brazo pegado al mío y su pierna estaba encima de la mía. Un calor sofocante y yo apenas podía moverme. Esa persona no parecía importarle que yo estuviera incómodo. Hubiese querido bajar el reposabrazos para marcar la distancia, pero era imposible. Estuve siete horas y media de viaje en pleno verano aprisionado y acalorado. Ambos pagamos el mismo billete, pero yo estuve siete horas horribles (se dicen pronto, pero siete horas de trayecto son siete horas). No me atreví a ser desconsiderado y no le dije nada a esa persona, porque, entre otras cosas, poco se podía hacer. El autobús iba lleno.

Me parece difícil enfrentarse a la vida diaria siendo obeso, ya no solo por las limitaciones físicas que ello supone, sino por la discriminación social. Más duro es, además, ponerle otras trabas como esta doble tarifa. Por ello, no creo que la solución sea hacerles pagar dos billetes, sino hacer en alguna fila del avión o del tren, asientos más anchos especiales para este tipo de persona, sin cobrarles suplementos.

Pero en el caso de que las compañías se nieguen a hacer estos asientos más anchos –me consta que algunas si lo han hecho-, lo que tampoco es justo es que los usuarios que no somos obesos tengamos que viajar apretados, con una pierna encima y una brazo sobre nuestro hombro, sobre todo si el viaje es largo. Yo pago por un asiento, no por la mitad ni por tres cuartos. También hay que entenderme, como usuario. También tengo mis derechos.

En caso de que las compañías no tengan asientos más anchos, lo normal es que, antes de que otro usuario sufra incomodidad sin comerlo ni beberlo, los enfermos de obesidad mórbida paguen esos dos asientos. Algunos dirían que la compañía debería ceder gratuitamente un segundo asiento, pero tampoco sería justo que Iberia, por ejemplo, perdiera el dinero de la venta de un billete. No pensarán que una compañía iba a renunciar a los casi mil euros, por ejemplo, que vale un asiento de ida y vuelta a Buenos Aires. Eso sí, esa tasa doble solamente debería ser abonada en caso de que el avión vaya completo, es decir, en el caso en que quede demostrado que la compañía pierda dinero si no cede un asiento de forma gratuita a un obeso mórbido. Por lo que si una vez abonado el importe, el viajero comprueba que hay más asientos libres, la compañía debería devolverles el importe de ese segundo billete pagado, porque, a fin de cuentas, esa persona no ha incomodado a nadie pagando solamente un billete.

En definitiva, a los que se hayan sentido ofendidos por este artículo, les pido disculpas. Pero entiendan antes de echarse las manos a la cabeza que yo creo triste que un obeso mórbido deba pagar doble billete, que la solución sería hacer asientos más anchos o cederles un segundo asiento gratuitamente si hay disponibles. Pero en ningún caso los afectados debemos ser el resto de usuarios que pagamos un asiento y no podemos disfrutar plenamente de sus medidas porque nuestro vecino invada lo que nosotros hemos pagado.

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