jueves, 17 de enero de 2008

Coaching, el entrenamiento del espíritu para seguir creciendo

Carmen Yates habló ayer de la importancia de liderar nuestra vida para cumplir con nuestros propósitos

Manel Haro. Barcelona

Al entrar en la sala del Ámbito Cultural El Corte Inglés de Portal de l’Àngel (Barcelona), se ve el anuncio de la conferencia que tiene lugar a las 19:00 horas: Coaching: aprende a vivir, vive con un propósito. La ponencia va a cargo de la especialista Carmen Yates. Para algunos es un nombre desconocido, pero esta mujer que cruza la sala con paso firme ha recorrido varias ciudades para hablar del desarrollo humano.

Al inicio de la sesión, cuarenta de las setenta sillas están ocupadas. Con rigurosa puntualidad, Carmen Yates sube a la palestra, deja su chaqueta sobre la silla y llena su copa de agua. No bebe. Coge el micro con la mano derecha y saluda a los asistentes. Recuerda que hay que tener los móviles apagados. El público no se mueve, nadie busca en bolsos ni bolsillos, por lo que los teléfonos están en silencio.

Nadie presenta a Carmen Yates, tampoco lo hace ella. Empieza la conferencia con la importancia de tener un propósito en la vida. Aunque los expertos en imagen de vestuario recomienden llevar colores discretos para no desviar la atención del público, Carmen Yates va ataviada con un conjunto rojo chillón. Aún así, todos están atentos a sus palabras, que aseguran que hay gente que encuentra su propósito desde pequeños y hay quien lo hace más tarde. “Lo importante no es cuándo, lo importante es encontrar ese propósito”. Algunos oyentes afirman con la cabeza, la mayoría de ellos supera los cuarenta años. Su discurso es seguro, ella permanece de pie con el micro en la mano derecha mientras que con la izquierda apoya sus palabras con gestos decididos.

“Nosotros somos los únicos que nos ponemos límites, no el mundo”, “cada uno somos un genio en potencia”, “todos tenemos talento”, “hay que confiar en nosotros”. El público sigue su discurso con interés, algunos sonríen tímidamente. Pasados veinte minutos del inicio, todavía entra gente a la sala. El acto es un éxito de asistencia. Carmen Yate no se detiene a beber agua. “Tengan en cuenta cómo nos beneficia el miedo”, “hay que valorar los dos lados de una moneda, no solamente el positivo”, “si tenemos problemas o miedos, debemos aprender de ellos para el futuro”, “nosotros lideramos nuestra vida”. Ella, se pone como ejemplo, desde pequeña quiso “llevar el amor, la armonía y el equilibrio por el mundo”. Dice haberlo conseguido.

Cuarenta minutos después de iniciar su conferencia, cede la palabra al público. Sólo da tiempo a tres preguntas, porque sus respuestas son largas. A las ocho, Carmen Yates dice que el tiempo ha acabado. ”Espero que lo que he dicho sea una semilla que he dejado en vuestros corazones que os permita seguir creciendo”. Todos aplauden. Su copa sigue estando llena, no ha probado el agua.

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