lunes, 21 de enero de 2008

Adictos al DVD

No sé si usted que está leyendo esto que ahora digo se declara un aficionado al cine. Quizá solamente vea películas muy de vez en cuando o puede que, como yo, sea un adicto al séptimo arte. No vengo a referirme a ir al cine compulsivamente –un vicio muy sano, por cierto-, sino a un fenómeno que nos afecta a muchos españoles: la compra sin medida de películas en DVD.

De verdad, algunos estamos completamente enfermos con este asunto. Uno va paseando por un centro comercial y ve una tienda de DVD’s al fondo, rápidamente las pulsaciones se le aceleran, le tiemblan las piernas y siente el impulso de echar a correr hacia esos mostradores llenos de carátulas. Sabe el susodicho que toda tienda de DVD’s tiene unos ofertones irresistibles, tales como clásicos del cine a 5,95 euros. Incluso, si sigue mirando, verá que las películas que hace no demasiado estaban en el cine, ahora las tiene delante por 14,95 euros. Uno no puede girar la cabeza y negar la evidencia, siente la necesidad que comprar, de empezar a coger DVD’s y decir “esta película marcó mi infancia” o “siempre he querido comprarme esta película”. Pero no os engañéis, no hace falta que os excuséis con vosotros mismos, compradla porque os da la gana y punto. Seguramente habéis visto una película en DVD en la tienda, de la que no recordabais su existencia, y de repente: “estaba buscando esta película desde hacía tanto tiempo…”. ¿Por qué ponernos reparos? Somos enfermos, consumidores compulsivos de cine, asumámoslo.

El otro día fui a una tienda y vi en la estantería Marcelino pan y vino, una película que marcó mi infancia (excusas…), dirigida por Ladislao Vajda y protagonizada por Pablito Calvo (no, no es Joselito el intérprete). Claro, me la tuve que comprar (por tan solo 11,95 euros). Luego, más adelante vi que por 7,95 euros podía llevarme Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera, de Kim Ki Duk. Me marché antes de coger más películas y gastarme todo el sueldo.

Pero como soy un adicto, hoy he vuelto a ir a esa misma tienda y he descubierto unas ofertas que no había visto la última vez. Por 12,95 euros me llevo La doble vida de Verónika (excepcional película de uno de mis directores favoritos, Kieslowski) y casi al lado por 9,95 euros Taxidermia, un rarísimo film del húngaro György Pálfi. Y antes de volver la cabeza veo al fondo por 10 euros Tiempos modernos, de Chaplin (el genio entre los genios). Todo al carrito de la compra. Entonces ha sido cuando he ido rápidamente a la caja a pagar porque corría el riesgo de quedarme sin un duro para la semana ya estando a lunes.

Pero antes he mirado hacia arriba y he visto la planta de libros, también soy adicto, y he pensado en si debía subir a echar un vistazo. Pero me he contenido, he caído en la cuenta de que, seguramente, mañana volveré por ahí y que me acabaré comprando algo, pero por hoy ya era suficiente.

Dicen que en los bingos un ludópata puede dar su foto para que no le dejen pasar y así ahorrarse el gasto de la mensualidad. ¿Podré hacer yo lo mismo con las tiendas de DVD’s?

Manel Haro.

2 comentarios:

David Muñoz dijo...

Tranquilo, Manel, estamos en las mismas. Cuando entro en la FNAC tengo que ponerme cinta aislanta en las manos porque sino me acabaría llevando hasta la pintura de las parades. Lo mismo me pasa cuando viajo. Si me meto por calles raras, ten por seguro que iré mirando a ver si encuentro tiendas de DVD's y CD's.

Una amiga mía dice que es tontería gastarse dinero en pelis, pues en Internet están todas y son de calidad (ejem). Me niego. De Internet me bajaría, no sé, una de la saga de American Pie. Pero sería incapaz de darle al botón de "upload" con según qué directores: kim-ki-duk, Haneke...

De mayor (cuando tenga mi piso, mejor dicho) quiero tener una pared entera llena de películas: del suelo al techo.

Por cierto, cuando pasen los exámenes me uniré al clan Carola-Manel, en cuanto a trapicheos con DVD's. Ya haremos "yo te dejo esta", "yo tengo una buenísima".

Estreno importante de la semana: "4 meses, 3 semanas y 2 días"

http://www.youtube.com/watch?v=jUNDev9B054

ALBERT dijo...

Vale. Diría aquello de "este post es con el más me identifico" si no fuera porque desterré esta expresión hace años cuando Rodríguez-Fischer en una de sus clases tildó a aquellos que la emplean como engreídos que vulgarizan aquello con lo que dicen sentirse identificados al pretender asemejarse a la situación original planteada y utilizar la fórmula como refugio ante una incapacidad de análisis literario de mayor calado. Así que me limitaré a decir que tengo en mi posesión alrededor de... no sé, tres cientos devedés (sin contar otros tantos, que pertenecen a mis padres, cinéfilos donde los haya). De mis tres cientos, una cuarta parte está nutrida de aquellas colecciones a las que dedicaste un post. Y es que por aquel entonces no leía tu bló para andar prevenido... y sí leía ya (y leo todavía hoy) El País, que me anunciaba los mejores clásicos del cine, en una edición de lujo, de esas de formato libro... a las que, como es razonable, no pude decir que no. Ni en la primera colección. Ni en la reedición de dicha colección. Los restantes proceden en su mayoría del FNAC, del extinto (?) Discos Castelló, del 8 y 1/2 de Madrid, de las tiendas de devedés y cedés londinensas (que dan para un post aparte con sus módicos precios y títulos reeditados e inexistentes en Spain, porque Spain is different) y hasta del Carrefour del GV2... Vaya, sin más rodeos, quiero concluir diciéndote que hubiera caído rendido yo también ante la peli de Kim Ki Duk, que ví en su día en el cine Verdi y me encantó, o ante Tiempos modernos, porque es una peli que viene aparejada al recuerdo de Virginia Trueba y sus clases de Literatura Moderna. Nosotros no necesitamos rehab. Asumismos que somos consumidores compulsivos.