viernes, 28 de diciembre de 2007

"Las 13 rosas", Emilio Martínez Lázaro

Hasta esta semana no había visto la película Las 13 rosas, de Emilio Martínez Lázaro. Hacía días que quería verla, sobre todo por ser la película más nominada para los próximos Premios Goya, junto con El orfanato, de Bayona. Así que, sin más demora, fui al cine para comprobar si la película es tan buena como para merecer tantas nominaciones.

Las 13 rosas relata la detención de un grupo de simpatizantes republicanos, que luchan activamente contra Franco repartiendo panfletos y lanzando gritos antifascistas. Hay un traidor, el que delata a los demás para que los detengan y él se salve. Ese traidor es nada más y nada menos que Fran Perea, un actor bastante mediocre cuyo trabajo no me gusta ni en las series de televisión. Entre los detenidos hay hombres y mujeres, pero la película gira entorno al grupo de mujeres –ya lo dice el título-. Al principio no me salen las cuentas, voy repasando las mujeres que detienen y no veo que haya trece. De hecho, las importantes son cuatro o cinco. Solamente cuando las van a llevar al patíbulo –ya al final de la película-, aparece el resto, ahora sí son trece.

Da la sensación de que lo que el guionista y el director querían era sobre todo emocionar al espectador con un final muy triste –aunque previsible-; es decir, que el espectador se familiarizase con los personajes para finalmente llorar desconsoladamente por su fusilamiento. Todo lo demás no tiene importancia, o eso parece, dado lo poco trabajado que está el desarrollo de la película. No hay un papel que destaque por encima de otro, no hay una protagonista clara, todas parecen tener el mismo peso en el argumento. Solamente al final Pilar López de Ayala sobresale cuando lee la carta que escribe a su hijo, pero eso no implica que sea la verdadera protagonista.

Todo resulta un poco caótico. El director no ha sabido darle la importancia dramática que requería una historia como esta. En lugar de centrarse más en la relación entre las mujeres y su familia, lo que hace es darle más peso a la relación entre las detenidas. Eso implica que la relación entre el personaje de Pilar López de Ayala y su hijo sea un tanto superficial, no acabamos de entrar en ella. Lo mismo ocurre con Verónica Sánchez y su madre y hermanas. Así que si tan poco peso tiene la familia, que el director no pretenda que luego nos echemos a llorar cuando hijos, madres y hermanas asumen la muerte de las trece rosas.

Además de que hay poca carga dramática, la misma película la contrarresta con canciones, sonrisas, alegrías y demás. Las trece rosas no sufren en la cárcel, son felices, cantan juntas, bailan… Al final, de repente, son condenadas a muerte. Uno entiende lo que ya he dicho, que el director y guionista querían que nos enterneciéramos con ellas para luego llorar en la escena más importante, le ejecución. Pero no es así porque el espectador no acaba de creerse del todo lo que le están contando.

El equipo de maquillaje está nominado en los Goya. Espero que la Academia tenga en cuenta que esos peinados que no se mueven, ese maquillaje que no se borra hacen que nos demos cuenta de que la historia que nos cuenta no tiene nada de creíble. Yo pensaba que en las cárceles franquistas uno estaba tan desesperado que acababa demacrado y no tenía ganas para bailar o cantar. En la película nos han contado otra historia.

Las 13 rosas me ha resultado una película superficial, previsible –a pesar de que era obvio el desenlace-, mal dirigida y donde se nota que han prescindido de escenas duras para llegar a un público lo más amplio posible.

Manel Haro.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Entrevista con Martí Gironell ("El puente de los judíos / El pont dels jueus")

Martí Gironell nació en 1971 en Besalú (Gerona). Es licenciado en Filología Inglesa y Periodismo, profesión que ejerce actualmente en la televisión autonómica de Cataluña, TV3. Parte de su juventud la pasó haciendo de guía turístico de Besalú, por lo que es un gran conocedor de su la ciudad donde nació y de la que se narran los hechos históricos de su novela El puente de los judíos (El Andén, 2007).

Anteriormente publicó La ciudad de las sonrisas, un libro donde explica sus experiencias en sus viajes a Bombay, por lo que El puente de los judíos es su primera incursión en la narrativa.

Esta novela ha sido un éxito rotundo en su edición en catalán y ahora la editorial El Andén ha publicado la correspondiente traducción al castellano para llegar a un público lector más amplio. Hablamos con Martí Gironell sobre este éxito literario.

ENTREVISTA DE MANEL HARO A MARTÍ GIRONELL

Realizada en Septiembre de 2007

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Martí, tú que has nacido en Besalú y has pasado allí tu adolescencia, donde además fuiste guía turístico, ¿en qué momento te surge la idea de escribir una novela sobre tu ciudad?
No sabría decirte el momento, pero dado que me gusta mucho la historia y Besalú y además soy bastante imaginativo, pensé cómo debía ser aquella época y cómo debía ser la persona que hizo el puente. Me pregunté cómo era la gente que durante aquella época, en que Besalú era un condado potente, vivía en esas calles que todavía pueden pisarse. Empecé a documentarme y a ponerme en contacto con historiadores y gente que pudiese adentrarme en aquella época para yo poder recoger toda la información y trasladarla a una novela. Quería que la gente pudiera entrar en el Besalú medieval, del siglo XI. Eso debió pasar hace unos cinco años, que es cuando empecé a buscar documentación y ponerme en serio con la intención de acabar algún día una novela con el puente como protagonista.
Supongo que a medida que ibas escribiendo la novela, ibas recordando tus años de infancia y adolescencia en Besalú.
Sí, en cierta manera no deja de ser una invitación a los lectores a que se paseen por las calles que tenían otra vida, otro aire, habitadas por otra gente… En los veranos, semana santa, fines de semana y puentes, cuando yo hacía de guía con quince o dieciséis años, la idea era intentar transmitir del mejor modo posible cómo era el Besalú del siglo XI. Entonces tenía unas nociones muy básicas: la historia de lo que debía visitar la gente, los datos de los monumentos, etc. Pero como siempre me ha gustado la comunicación y el contacto con la gente, también les ayudaba a que se imaginaran cómo era la ciudad en la época en que llegaron los judíos, dónde tocaba el río, cómo eran los baños judíos… Sí, ha sido como retroceder en el tiempo, me veo como en aquella etapa de guía. A veces se hacen clubs de lectura, que son lectores de El puente de los judíos que vienen a recorrer Besalú conmigo por los escenarios del pueblo para que puedan entrar de pleno en aquella época y en esta historia.
¿Y qué es lo que queda todavía de ese Besalú del siglo XI que nos narras en la novela?
Queda toda la parte de los baños judíos, el puente, el monasterio, la iglesia, la estructura del casco antiguo y poco más. Besalú fue una capital de condado, importante y poderosa, con capacidad y poder de decisión en un pueblo de 3.000 habitantes. Ahora la ciudad es conocida y ha logrado, en los últimos quince años, situarse en el mapa, que gente de todo el mundo sepa dónde está Besalú. Todo gracias al pasado medieval que tiene, es la forma de conectar la Besalú medieval con la actual. Es la posibilidad de viajar al pasado paseando actualmente por las calles, yendo a algún restaurante y probando alguna receta medieval, que se han recuperado muchas. Puedes entrar en aquella época, saber qué comían, qué gustos tenían aquellos que estaban ahí hace muchos años... Lo que se intenta es que eso no se pierda y sacar un buen rendimiento.
La verdad es que una vez leída la novela, dan ganas de ir a Besalú.
Sí, es una de las cosas que más ilusión me hace, cuando la gente lee el libro y te dice que tiene ganas de ir allí y pasear bajo el puente y por todas las zonas que la trama recorre…
Martí, ¿por qué has decidido que la historia principal, la de Primo e Ítram, estuviera dentro de otra historia, la de Pedro Baró, en lugar de narrar solamente la principal, que es la importante?
Porque aunque sea una novela y, por lo tanto, una recreación, lo que quería hacer es algo que se acercara a la realidad lo máximo posible. El problema es que hay pocos documentos de aquella época y todo lo que hay lo he utilizado para el libro, por lo que el resto de lagunas los he debido imaginar y recrear. Lo que me fue bien es que encontré personajes reales, que conectaban muy bien la Historia con la historia de la novela. Uno de ellos es Pedro Baró, que es uno de los últimos hallazgos que se hicieron; se encontró el documento que abre el libro, que dice que en 1716 se contrató los servicios de este maestro de Perpiñán. Era una buena manera de conectar la realidad y la ficción. Una persona que llega, que reconstruye un puente que fue originariamente levantado hacía 250 ó 300 años atrás, era una buena manera de entrar en la época, situando personajes reales y ficticios. Por ejemplo, de la persona que construyó el puente original de Besalú, sabemos que venía de la Lombardía, pero no sé si se llamaba Primo o Humberto, así que el nombre se lo pongo yo. Lo que sí sabemos es que llegó, se quedó, creó escuela, se encontró con la comunidad judía, tuvo muchos impedimentos, hubo alguien en Empúries que estaba siempre guerreando contra Besalú, etc. La combinación de Historia y ficción era lo que me interesaba, eso es lo que cuento en las notas del final, es decir, que la gente no se lo tome como un libro para aprender historia, sino que lo coja para pasarlo bien y, de paso, aprender algunos datos históricos de Besalú.
Recuerdo que el día antes del Día del Libro (23 de abril) en el informativo de TV3 se emitió una pequeña pieza donde salíais Francesc Miralles y tú, y en el que se decía que estabais luchando por encontrar un hueco por donde colaros en el mundo de la literatura, lo cual era muy difícil. Al día siguiente, Día del Libro, resulta que arrasas.
Sí, yo buscaba que a la gente le gustara, que se lo recomendaran los unos a los otros, que es lo que hace que tú y yo estemos ahora hablando de este libro. Era mi deseo y se hizo realidad, el drama hubiese sido que la gente hubiese pasado del libro y al cabo de quince días ya nadie recordara que había un libro que se llamaba El puente de los judíos, y que pretendía novelar la construcción del puente de Besalú. Afortunadamente no ha sido así porque a los libreros les ha gustado la novela y lo han recomendado a sus clientes y los lectores han hecho eso tan bueno que es el boca a oreja. Eso hace que hablemos de once ediciones en catalán, siete en castellano, la traducción al italiano, al portugués, y esperemos que en Frankfurt podamos ir ligando otras traducciones, que hay países que se lo están leyendo y que están esperando a la Feria de Frankfurt para dar el sí o el no, como Francia, Alemania, Grecia, Holanda, Inglaterra… Claro, lo que ha pasado desde el Día del Libro hasta aquí ha superado mis expectativas. Yo quería encontrar un hueco en un mundo literario complicado, donde se publican tantos libros, sobre todo para esas fechas.
Desde luego, debes estar satisfecho.
Evidentemente, hace casi cinco años empecé a trabajar en este libro poco a poco, ya que mi trabajo es otro, en medio pude hacer un libro sobre una experiencia de dos veranos con una ONG en Bombay, que todavía funciona y estoy muy contento porque los beneficios son para la ONG. Pero, como ya digo, lo iba haciendo poco a poco porque me hacía ilusión, me divertía documentarme y escribir y recrear una historia en el Besalú medieval y por nada del mundo te imaginas que vaya a pasar lo que ha pasado. Claro que lo deseas, pero veintiséis semanas en el número uno de las más vendidos en catalán… Si me lo hubiesen dicho, no me lo hubiese creído.
Supongo que el principal handicap para escribir esta novela es la falta de documentación.
Sí, pero siendo una novela, donde lo que haces es una recreación, no debes ceñirte a una historia cien por cien cierta, sino que puedes inventarte cosas, pero que sean creíbles. Si no encuentras documentación, recurres a lo que han dicho los historiadores o lo que han ido diciendo de forma popular… Donde la documentación no llegaba, lo hacía la imaginación. Yo no he hecho una novela histórica, sino una novela de aventuras con un trasfondo histórico, por lo que eso te permite jugar con la realidad y la ficción. Es una novela, no un libro de ensayo. Por eso tenía interés en avisar al lector al final qué es verdad y qué mentira de lo que acaba de leer.
¿Los pasajes donde incluyes algunos elementos fantásticos, forman parte de las leyendas de Besalú o proviene de tu imaginación?
Algunas cosas sí vienen de las leyendas populares y éste fue uno de los puntos con más tira y afloja entre la gente a la que dejé el libro para leer y los historiadores. Algunos de estos puntos fantásticos a algunos les gustaba, pero a otros les molestaba. Entonces intenté encontrar un punto medio. Por ejemplo, el bosque de los Queirons decidí ponerlo, porque es un bosque que hay en una montaña muy tétrica, cerca de casa. Utilizo la conversación que Primo oye un día de un mercader que llega a la caverna, para que cuando oiga unos ruidos, se piense que es un Queiró, un monstruo del bosque, pero luego resulta ser un terremoto. También la lengua de agua que sale del río, que es el dios Numen, y que parece ser una invocación maligna, no es más que una manguera de agua que expulsa el río. Todo esto es una tradición popular y oral de la superstición que tenía le gente y me interesaba ponerla para que el lector supiera cómo eran y cómo pensaban los que vivían en Besalú en la Edad Media.
Martí, al leer la novela, uno tiene la sensación de que, si hubieses querido, podría haber tenido seiscientas páginas, podrías haber alargado ciertos pasajes. En cambio, has preferido que la novela sea más ágil, más corta.
Sí, mi intención era hacer una novela que se pudiera leer, no solo para los que están acostumbrados a la lectura, sino también para los que no lo están. Quería que fuera una novela para los amantes de lo histórico, para los que estén interesados en el tema de los judíos… es decir, llegar a cuanta más gente, mejor. Lo que tenía claro es que debía escribir con un lenguaje sencillo, con capítulos cortos y accesibles. Además, también temía que me quedara una novela muy larga con demasiados personajes y yo no supiera hacerlo bien y se me quedaran aspectos colgados. Prefería matar las cosas y no alargarme para no pecar de hacer algo enorme y que fuera insoportable. Quería hacer algo fácil, aunque a veces hacer las cosas fáciles resulta difícil y a la vez interesante. Muchos pueden pensar que podría haber alargado la novela con doscientas páginas más, pero quizá no hubiese gustado tanto o quizá se hubiesen perdido, etc. Por lo tanto, preferí ser cauto y no pasarme, además tenía ganas de acabar la novela y poder leerla toda de un tirón. Mejor que te digan que se le has hecho corto, que lo contrario.
Cuando uno lee una novela de género histórico, es fácil que haya comparaciones con otros libros publicados. Por ejemplo, seguro que cuando el lector lee El puente de los judíos, no puede evitar pensar en La catedral del mar. Me gustaría remarcar que no es que hayas aprovechado el boom de La catedral del mar para escribir tu novela, sino que cuando se publica la obra de Falcones, tú ya llevas unos cuantos años trabajando en la tuya.
Claro, yo hace casi cinco años empecé a trabajar en el tema y además yo soy incapaz de escribir una novela de un año para otro. El interés de los lectores más el interés del ámbito editorial ha hecho que El puente de los judíos pueda funcionar. Además hay que tener en cuenta que a la gente cada vez le gusta más leer historias que pasen alrededor nuestro y no tener que ir a buscarlas a Francia o Inglaterra. Los lectores prefieren que les hablen de territorio cercanos, como Besalú. Pero ya te digo, que cuando aparece La catedral del mar yo ya hacía años que trabajaba en El puente de los judíos.
Martí, hay un valor añadido en el éxito de tu novela, y es que ese hueco que encuentras en el mundo de la literatura, lo haces en un momento difícil, donde coincide precisamente un año de éxitos de La catedral del mar con la publicación de novelas como El sello del algebrista, de Maeso de la Torre, que también habla de Besalú, además de que es el momento de mayor oferta editorial…
Claro, era difícil porque hay muchas novelas de este tipo y que se fijen en la mía, me hace estar orgulloso y contento. La verdad es que todavía no entiendo este éxito, supongo que se han sumado una serie de factores. Yo no creo que los lectores vengan a El puente de los judíos a buscar algo como La catedral del mar, porque ésta todavía se vende y mucho, y además porque son diferentes. Lo único parecido es que se basa en la construcción de una obra civil, en mi caso es un puente y en el otro es una iglesia, que salen judíos y que ocurre todo en la época medieval, aunque la mía sucede en el siglo XI y la de Falcones en el XIV. Además, en una novela se habla de un pequeño condado como Besalú y en la otra es Barcelona, mucho más grande. Es decir, tienen puntos en común, pero muchas cosas son diferentes, claro. Yo he preferido que sea de un ritmo más rápido y en La catedral del mar se explica todo mucho mejor, con más detalle y por eso tiene tantas páginas. Pero volviendo a tu pregunta, sí es verdad que era difícil destacar porque hay muchos libros publicados, no esperaba que funcionara también. Por ejemplo, en el resto de España se están haciendo varias ediciones, los de la editorial El Andén están también sorprendidos, porque es difícil vender un autor catalán y una obra catalana al resto de España, pero con El puente de los judíos todo está yendo muy bien. Por lo tanto, es un placer estar con una primera novela entre nombres tan importantes como Falcones, Maeso de la Torre, Mássimo Manfredi… ¡Es fantástico!

lunes, 24 de diciembre de 2007

Entrevista con Zoé Valdés

Zoé Valdés nació en La Habana en 1959. Trabajó en la Delegación de Cuba ante la UNESCO en París entre los años 1984 y 1988. Entre 1990 y 1995 fue subdirectora de la revista Cine Cubano y guionista del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos. Ese año se exilia a París, donde vive actualmente esperando el momento en que Cuba sea un país libre del todo.

Zoé Valdés es pintora, poeta y novelista. Algunos poemarios suyos son Vagón para fumadores (Lumen, 1996), Cuerdas para el lince (Lumen, 1999) o Breve beso de la espera (Lumen, 2002). Ha escrito cuentos para niños, como Luna en el cafetal (Everest, 2003) o Los aretes de la luna (Everest, 1998). Pero, sin duda, es más conocida por su faceta novelística con títulos como Sangre azul (Emecé, 1996), La nada cotidiana (Emecé 1996) o Querido primer novio (Planeta, 1999).

Ha ganado varios premios, como el Premio de Novela Fernando Lara 2003 con Lobas de mar, el Premio de Novela Ciudad de Torrevieja con La eternidad del instante y en 1996 fue Finalista del Premio Planeta con Te di la vida entera.

Acaba de publicar en Plaza & Janés La cazadora de astros, una novela autobiográfica en la que no solo se retrata a ella misma, sino que ahonda en la vida de una pintora surrealista tan impresionante como olvidada: Remedios Varo.


ENTREVISTA DE MANEL HARO A ZOÉ VALDÉS

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Zoé, ¿por qué decides escribir una novela sobre Remedios Varo?

Fue a través de su obra. Yo tengo muchos amigos pintores, a mí me interesa la pintura, yo misma pinto, aunque no tengo ninguna pretensión, pinto porque me hace sentir bien. Uno de estos amigos me descubrió un catálogo en el que vi la obra de ella y descubrí que no solamente era una excelente pintora con una técnica exquisita, sino que además tenía un mundo interior muy ligado a su obra. Cada cuadro narra una historia, en cada cuadro hay una novela. A partir de ahí empecé a investigar y a leer sobre ella.


Yo soy más bien una escritora que prefiero salir de los libros, prefiero imaginar y el misterio antes que ir a hacer comprobaciones periodísticas. Eso no significa que no respete a ese tipo de escritores, sí los respeto, Tom Wolfe, por ejemplo, es un escritor y periodista que tiene un gran valor y que admiro mucho, pero mi caso es diferente. A través de lo que había escrito sobre ella, la biografía que escribió Janet Kaplan, los libros que cito en la novela y, sobre todo, el libro de Beatriz Varo, su sobrina, un libro muy cercano, empiezo a novelar algunos de los momentos y pasajes de su vida que me interesaban; los tomé con una lupa y los amplié. Todo contado por una escritora, que tiene mucho de autobiografía.

Desde luego es una novela muy autobiográfica, porque incluso la forma en que la protagonista conoce la obra de Remedios Varo es idéntica a la tuya.

Exacto, sí, es la misma forma.

En la novela se dice que en su momento fue una pintora infravalorada, hasta que Rivera dice que es una de las grandes pintoras surrealistas. También lo dice Breton.

Sí, ella era una exiliada, eso te quita mucha fuerza de soporte y apoyo que puedas recibir de los demás. Después ella llega de la mano de Benjamin Péret, es una entrada por la puerta grande, pero al mismo tiempo llega como una pintora que pertenecía al logicofobismo, al noucentismo de Barcelona, que había escapado de una guerra… Hay un reconocimiento más político que artístico, pero ella lo que quería el reconocimiento artístico, trabajaba mucho, pinta, dibuja, es una de las creadoras del tarot surrealista… Su vida está muy vinculada al arte porque, como ella decía, no vale la pena vivir la vida sin arte. No fue valorada en su momento aunque, como tú dices, Breton, cuando muere ella, reconoce que es una de las grandes figuras del surrealismo.

A Remedios Varo le interesaba sobre todo el proceso de creación y no tanto la posesión de sus cuadros, porque una vez los pintaba tenía facilidad para desprenderse de ellos, los regalaba a amigos.


Sí, hacía muchos regalos, en eso nos parecemos mucho ella y yo (risas), con una gran diferencia: mis cuadros no valen lo que valen los de ella. Era una mujer muy generosa, en esas dos grandes exposiciones que tuvo en México antes de su muerte, vendió mucho.


Hay una gran cantidad de coleccionistas que conservan sus obras, entre ellos creo que se encuentra Madonna, que es una gran coleccionista de Frida Kahlo y de Remedios Varo, e incluso la cantante hizo un videoclip inspirado en la obra de ella, se llama bedtime y se puede ver en youtube o en mi página.


Remedios Varo fue una mujer muy trabajadora, pero tenía una conciencia más clara de la inmediatez, le interesaba la necesidad de expresión más que lo que pudiera ocurrir luego con sus cuadros.

¿Y por qué es una pintora tan olvidada actualmente?

Porque fue una exiliada, lo primero, ese es el gran problema del exilio. Y también porque probablemente el arte de ella se desarrolló en México y en Francia, donde se la considera más. Pero es muy duro que aquí no se sepa demasiado de ella, en el gremio de los escritores y artistas sí que se conoce, claro, pero esta mujer merece un pedestal en la historia del arte.

Además de pintar, también escribía…

Sí, era una gran escritora, tenía una sintaxis correcta, con un nivel de pensamiento y conceptualismo, de poesía y de expresión extraordinarios. Existe el Catálogo razonado, donde están los poemas que hizo ella sobre sus cuadros.

Antes comentabas que preferías huir de la excesiva documentación, ¿has tenido que ficcionar mucho con la figura de Remedios Varo?

Hay ficción a partir de la realidad siempre, y a partir de una realidad que es bastante surrealista. Ella tuvo una vida muy surrealista.

Zoé, hablemos de la simbología en la novela. Por ejemplo, Remedios Varo se identifica con la luna.

Sí, eso es la vitalidad de la mujer. Yo creo que la luna es el símbolo por antonomasia de la mujer, no solo físicamente, sino por el misterio, por la poesía, por la belleza, la luminosidad… La mujer es un ser de luz, pero una luz misteriosa, poética, fuerte, y a la vez de una elegancia frágil.

Todo eso lo comprendió muy bien la pintora. Hay un momento en que dice que sueña con la luna y que pare la luna, es un sueño que yo también tuve. De hecho, es un sueño que se repite en las mujeres que dependemos mucho de ese astro. Hay una relación extraña entre ese astro y el cuerpo femenino: una relación que tiene que ver con el ciclo menstrual. Es decir, hay una relación física y espiritual entre la luna y la mujer.

Y si hablamos de Zamia, la protagonista, el símbolo que la identifica es el mar, el océano.

El mar porque Zamia soy yo y yo soy una persona más de mar que de tierra. El escritor está más en las profundidades, más a ras de mar y a ras de tierra; el pintor, en cambio, está como levitando, en las alturas. El pintor está elevado en un limbo que es la imagen, está absorbido por la imagen. Así es como yo veo a Remedios Varo, incluso en sus cuadros la mayoría de personajes levitan.

(En ese instante, Zoé Valdés muestra una luna que lleva tatuada en la nuca, igual que la mujer de la portada de su novela e igual que la protagonista).

Vaya, tenía curiosidad por saber si lo del tatuaje también formaba parte de tu vida o era ficción, veo que incluso esto es autobiográfico en la novela. Zoé Valdés:Sí, por eso me gusta mucho la portada de la novela. La mujer de la portada es la mujer que ella imagina en el futuro, era una pregunta que ella siempre se hacía, cómo será la mujer del futuro, qué hará la mujer de los siglos venideros, qué les permitirán hacer…

En la novela hay pasajes en los que describes los cuadros de Remedios Varo, ¿eras consciente cuando empezaste a escribir la novela de lo difícil que podía resultar describir una imagen tan potente como son los cuadros de esta pintora y que el lector se llevara una idea aproximada de esos cuadros?

Sí, era consciente porque yo sé que no podía traicionar la visión que ella tuvo tanto en la pintura como por escrito, porque como te dije, ella escribía sus propios cuadros además de pintarlos. Yo tenía que jugar con esas dos vertientes, la escritura y la pintura, y tampoco quedarme por debajo porque el nivel que te pone Remedios Varo es muy alto.
Hace poco en un blog alguien decía “miren con qué pintora se ha metido Zoé Valdés”, pues sí, es cierto, me he metido con un pedazo de pintora y con un pedazo de mujer. El riesgo era muy grande y no podía permitirme quedarme por debajo.
Zoé, dime si estás de acuerdo. A esta novela pueden llegar dos tipos de lectores. El lector que ya conoce tu obra y no tiene ni idea de quién es Remedios Varo, en ese caso pueden tomarla como un personaje de ficción. La otra es el lector que ya conoce a esta pintora y que lee la novela porque tiene curiosidad por saber más.

Claro, estoy de acuerdo. Además, yo misma he entrado en mi propia obra gracias a ella. Me sentí identificada con Remedios Varo y ella me hizo descubrir muchas cosas, me salvó de muchas dudas que yo tenía. Ese es el misterio de la literatura, el misterio del arte, cuando se establece una comunicación extra dimensional, digamos que no hay dimensiones en esas cosas.

¿Hay algún escritor con el que te sientas identificada ahora mismo?

Sí, el escritor que más me toca ahora es Sándor Márai, por muchas razones: por su concepción de la vida, por cómo la vivió, el exilio, las dos guerras que vivió, los dos sistemas que fueron el fascismo y el comunismo, y por el suicidio. Casi todos los escritores estamos fascinados con el suicidio.

En la novela hay un juego de alusiones, segundas intenciones y mensajes secretos. A la protagonista, Zamia, que está escribiendo una novela sobre Remedios Varo, igual que tú, se la acusa de estar pasando un mensaje secreto contra el régimen a través de su novela.

Eso me pasó, pero no con Remedios Varo. Me pasó con Ajmatova, yo tenía un trabajo sobre ella y cuando se lo doy a una persona que consideraba una amiga, ella lo entrega a la Seguridad del Estado. Ahí se provoca una situación muy parecida a la que cuento en la novela, hubo torturas psicológicas.
En Cuba la tortura psicológica es normal si la vives desde dentro, pero cuando sales de Cuba, te das cuenta de lo que realmente es. Afortunadamente no sufrí torturas físicas, pero sí tengo una amiga que pasó por eso. El personaje cuenta cosas que me pasaron a mí, pero que también pasaron a amigos míos.

A Zamia la califica el régimen castrista de pornógrafa, igual que te tildaron a ti en su momento.

Sí, voy a terminar un día por escribir una novela realmente pornógrafa. Pero voy a poner a todos los dirigentes: al ministro de cultura templando con el ministro del interior, al ministro del interior metiendo el rabo a Fidel Castro, voy a hacer realmente la novela pornógrafa que ellos se merecen (risas).
Cuando Zamia está en París tiene muchos problemas con el gobierno cubano, no le quieren dar el pasaporte para evitar que salga del país, etc. ¿Te pasó también a ti?

Justo así. No me permitían irme porque el embajador tenía que autorizarme. Cuando tú eres cubano y trabajas en un organismo internacional y tienes un pasaporte diplomático o un pasaporte oficial cubano, tu pasaporte te lo quitan al llegar al país, porque así tú no puedes irte a ninguna parte. Es un control inmediato.

En la novela dices “cuando cambias de lugar no cambias de vida, tu vida es tuya hasta el último segundo, y con ella arrastras tu marca de nacimiento”. Es decir, aunque te exilias, no puedes huir de ciertas cosas.

Sí, hay un poema de Kavafis que se titula Itaca, que por cierto le gustaba mucho a Cabrera Infante, que describe ese viaje que haces más allá de tu Itaca, pero cuando vuelvas, ya no es la misma. O sea, nunca vuelves al lugar que dejaste, porque el exilio es una marca que llevas para toda la vida.

En tu web, bajo una foto tuya hay una cita que dice “ella viene de una isla que quiere construir el paraíso”. ¿Si Castro sale del poder, crees que los cubanos podrán construir ese paraíso?

No, pasará mucho tiempo. Las secuelas serán largas y hay que reconstruir muchas cosas, lo más importante es la moral cubana. Me refiero a todo lo que tiene que ver con la dignidad, con el ser cubano.
Afirmaste en alguna ocasión que para los escritores cubanos la mejor forma de salir de esa dictadura y de la persecución es la poesía, la literatura. En cambio, no nos llegan noticias de demasiados poetas cubanos que residan en Cuba actualmente y cuya poesía refleje esa necesidad de escape.

Claro, porque los que se conocen son los que el régimen quiere que se conozcan. Hay muchos escritores cubanos que son buenos y que viven en Cuba, como Leonardo Padura.
Pedro Juan Gutiérrez es otro escritor que vive en Cuba según él, aunque yo lo veo más en Europa, él va, marca la tarjeta en Cuba, pero más bien en Europa. Él dice que no se interesa en la política, pero decir eso con todo lo que está pasando en Cuba, ya es tener una actitud política.
Hay una escritora que me gustaba mucho como poetisa, pero no me gusta nada como novelista, que tuvo un premio muy curioso, porque hubo un solo jurado, Eduardo Mendoza, y el premio no volvió a hacerse, además lo convocaba una editorial que estaba casi desaparecida.

Estamos hablando de Wendy Guerra

Sí, Wendy Guerra. No quiero decir que Wendy Guerra esté al servicio del castrismo, pero que puede ser manipulada por el castrismo sí. He leído sus artículos y sé por dónde van los tiros con ella. Me pregunto si con Wendy Guerra no pasó lo mismo que lo que pasó en un momento determinado, con todo el respeto y admiración que tengo por Eduardo Mendoza, con Jorge Edwards. Una editorial americana compró los derechos de Persona non grata, esa editorial acababa de crearse y desapareció. El contrato tenía una vigencia, desde el punto de vista legal, por otra empresa, lo que provocó que Jorge Edwards no pudiera publicar durante mucho tiempo, según me contó Cabrera Infante.
Son maniobras que hace Cuba, compra los libros, te hace pensar que vas a ser publicado o te dan una especie de premio. Incluso aúpan a algún autor que les interesa, porque ya están manipulados, le dan una casa, un carro…
Volviendo a la pregunta, hay muchos escritores en Cuba, pero el problema es que el estado, que dice que lo mejor es la educación y la cultura, no es capaz de promover sus autores y dependen de España o Francia. Además hay que hacer la labor en contra de los escritores exiliados.

Supongo que te has visto afectada por esto que dices…

A mí, por ejemplo, me están siguiendo la pista todo el tiempo. Yo hago un disco con alguien y allá va Padura a hacer otro disco con no sé quién. Todo el tiempo van por donde yo voy. Me cambio de editorial en Francia, me voy a Gallimard, y enseguida todos, que estaban en otras editoriales, se quieren venir a Gallimard. Y lo consiguen porque son fuertes, tienen un estado detrás que, en lugar de producir sus productos, le joden el trabajo a los demás. Te utilizan.

En la novela lo dices, llevas escribiendo una novela sobre Batista desde hace años, se te ocurre comentarlo una vez y enseguida aparecen otros escritores interesados en Batista.

Mira, te voy a citar un ejemplo. Yo escribí La nada cotidiana, El pie de mi padre, Te di la vida entera… todo fueron críticas violentas contra mí. Pero sale Pedro Juan Gutiérrez con una novela, que no es novela, que son cachitos, viñetas, la Trilogía sucia de La Habana y ya dicen que es el Bukowski de la literatura cubana, el más grande…
Primero, vives en Cuba, tu discurso según tú es antipolítico y tienes una onda medio extraña, ambigua, te vendes como que fuiste zapatero… Mira, chico, yo en Cuba pinté paredes, hice las uñas, hice zapatos al lado de la catedral, pero eso ya no lo pongo en mi currículum. Porque eso en Cuba lo ha hecho todo el mundo, esa manipulación y esa sensación de que te quieren aplastar por poner a un macho cubano por encima de ti, me molesta mucho. No tengo pelos en la lengua para decírselo. Él es intelectual para darse cuenta que llegó después de mí, con una obra menor que la mía y con un discurso totalmente manipulado. A mí me han hecho la guerra con todas las armas: culturales, políticas y personales.

Zoé, veo que tienes mucho que contar…

Sí, porque cuando he necesitado gente para que cuide de mi familia o de mi casa, me han puesto gente para destruir a mi familia. Claro, como comprenderás, no tengo por qué callarme. Lo he sufrido yo, igual que lo sufrió Cabrera Infante, como Reinaldo Arenas que se suicidó, como Guillermo Rosales que se suicidó o Carlos Victoria que también se suicidó…

Desde luego, tienes derecho a decir lo que has sufrido.

Te pongo otro ejemplo. Si lees la novela de Wendy Guerra, que ganó un premio que solo se creó para premiarla a ella, verás que hay un personaje que se llama Cloe y que se pone sombreros en La Habana y que anda por la calle recitando poemas franceses y que además dice que quiere templarse a su marido, cosa que no es cierta, porque se refiere a mí y yo templarme a su marido nunca jamás. Por eso la he puesto en esta novela. Escribió una novela para atacarme a mí; gastan energías y dinero para joder a una persona. Yo no soy el imperialismo yanqui, yo soy una persona.

Zoé, espero que sigas luchando por ti misma y por los miles de lectores que tienes.

Sí, hay que ser fuerte, como lo era Remedios Varo.

sábado, 22 de diciembre de 2007

"La fascinació del periodisme: Cròniques (1930-1936)", Irene Polo

El libro recoge las crónicas que Irene Polo escribió entre los años 1930 y 1936 para la revista Imatges y los diarios La Humanitat, L’opinió, L’instant, entre otros. En ellas podemos leer periodismo donde se percibe el auténtico periodismo de calle de una mujer perseverante y tenaz, que no descansaba ante las adversidades y si no conseguía lo que buscaba, hacía del intento frustrado la crónica. Así, podemos leer cómo Irene Polo persigue al alcalde de Madrid, Pedro Rico, para que haga algunas declaraciones para el medio en que trabaja la periodista, pero éste da evasivas e Irene Polo se queda sin sus palabras. Pero lo sabemos porque hizo de ese intento frustrado, lo que debía publicar. Lo mismo ocurre con el intento frustrado de sacar algunas palabras a Francesc Cambó en su regreso a Barcelona.

Pero como hemos dicho, no solamente hay contacto con las altas esferas políticas, la Polo se desplazaba donde hiciera falta para reflejar la angustia de la gente más desfavorecida, por lo que no duda en querer entrar en una mina en Sallent, donde unos mineros están haciendo huelga de brazos caídos, aunque su entrada a la mina es denegada. O podemos leer el estupendo reportaje que hace sobre las casas de empeño de Barcelona.

Y es que en el periodismo de Irene Polo no solamente se ve gran profesionalidad, sino también un compromiso social. Da voz a los ciudadanos cuando se quejan de lo mal que van los autobuses Roca en Barcelona y ella no duda en subirse a uno y escribir sobre estas incomodidades. Incluso es capaz de escribir segundas y terceras versiones a medida que los ciudadanos le escriben.

No solo eso, podemos ver un seguimiento de las elecciones en el Paralelo (Barcelona) donde Lerroux cae y gana Francesc Macià. Y si hablamos de elecciones, también podemos leer las que se vivieron en Andorra con España y Francia como custodios al acecho, en que las versiones oficiales parecían contradecir los resultados de las mesas electorales, lo que provocó una confusión entre los periodistas, que no sabían cuál había sido el resultado real.

Impagable es su reportaje sobre las huelgas de obreros, apelotonados varias familias en espacios reducidos en condiciones infrahumanas, con la única voluntad de trabajar para salir adelante como pueden. Igual de importante y meritorio es su investigación para descubrir a algún empresario avaricioso que no duda en bajar el sueldo a sus empleados para mayor ganancia suya. Y si hablamos de denuncias sociales, no podemos dejar de hablar de los sanatorios en condiciones tercermundistas, donde uno puede salir con infecciones si circula por sus pasillos.

La fascinació del periodisme, que de momento solo está editado en catalán por Quaderns Crema, es una excelente antología de esas crónicas que escribió esta mujer dura, convencida de cuáles eran sus deberes, que luchó contra las arremetidas constantes que recibía y que no amilanaba ante nada.

Su labor periodística cesó cuando se marcha con la compañía de teatro de Margarita Xirgu a América, para trabajar con ella. Algunos dicen que la Polo se enamoró de ella, y no pudo soportar que la Xirgu no la correspondiera. Otros dicen que esto no es posible por el carácter de la periodista. Sea como fuere, la cuestión es que mientras la Guerra Civil se cerníaen España, Irene Polo acabó en una depresión que lallevó al suicidio.

Y una curiosidad, se dice en la introducción escrita por Glòria Santa-Maria y Pilar Tur, que Margarita Xirgu le ofreció ir a América, porque le quedó una plaza libre que debía ocupar otra persona: Federico García Lorca. Éste no aceptó y prefirió quedarse en una España fascista que acabó con él.

En definitiva, un libro muy recomendable para los amantes del periodismo y, sobre todo, para los amantes de un género periodístico que ha perdido fuerza a lo largo de los años: el reportaje. Y si lo que les interesa no es el periodismo, igualmente pueden acercarse a este libro para ver cómo era la sociedad española y cómo estaba la política en aquellos seis años que precedieron a la guerra civil.


Manel Haro.

Editorial Quaderns Crema (1ª edición, abril de 2003)
Edición original en catalán, no hay edición en castellano
Género: Crónicas (Periodismo)
ISBN: 84-7727-389-8
301 Páginas
Precio: 18 euros

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Entrevista con Melissa P., autora de 'En el nombre del amor'

Melissa P. (Melissa Panarello) nació en un pueblo de Sicilia en 1985 y con tan solo 17 años publicó Los cien golpes, un libro escrito en forma de diario donde explica detalladamente su vida sexual durante la adolescencia (llevada al cine por Luca Guadagnino y protagonizada por la actriz española María Valverde). Esta novela se tradujo a más de treinta lenguas y fue un éxito dentro y fuera de su país. Hace dos años publicó El aroma de tu aliento, otra novela autobiográfica pero en diferente línea que la primera y ahora llega a España su última obra, En nombre del amor (Plaza & Janés).

En nombre del amor es una carta abierta al cardenal Ruini, donde la autora expone sus opiniones sobre la posición de la Iglesia ante temas como el aborto, el divorcio, las bodas homosexuales y su intromisión en la vida política italiana. Con un tono respetuoso y humilde, Melissa ha escrito esta carta que todavía hoy no ha obtenido respuesta. Melissa, una joven italiana que en el único dios en el que cree, es en el del amor.

Manel Haro. Barcelona

Melissa, dices que el libro nace de la rabia cuando la muerte de Juan Pablo II y la elección de Benedicto XVI acentúan un fundamentalismo religioso que creías existía solo en los libros de historia.

Sí, Juan Pablo II fue un Papa bastante tolerante, pero un Papa a fin de cuentas; era bueno, sí, pero un Papa. Benedicto XVI es muy diferente, es más duro, hace restricciones, pone límites y es más fundamentalista, claro. Su elección fue algo muy traumático; por ejemplo, el día que Benedicto fue elegido, habemus papam (risas), yo estaba en el hospital porque tenía un problema y estaba en la cama y allí estaba el televisor; yo tenía una hemorragia y cuando Benedicto apareció en el balcón del Vaticano, los doctores centraron su atención en él y se olvidaron de mí, entonces pensé que estábamos en el fundamentalismo. No sé por qué, pero lo pensé y la verdad es que ahora podemos ver los resultados; por ejemplo, Benedicto quiere introducir de nuevo el latín en las misas, quiere una serie de cosas que Juan Pablo nunca hizo.

¿Y ha sido difícil canalizar toda esa rabia para poder escribir un libro en un tono tan respetuoso y educado?

Muy difícil, sí, porque yo soy muy feroz (risas), no soy buena por decir las cosas de forma dulce y educada, pero intenté hacerlo y creo que lo conseguí.

¿Y con qué intenciones escribiste este libro?

Pensé en hablar sobre estos temas, contra la Iglesia, porque ningún intelectual en Italia lo hace. Entonces yo, que soy muy leída, pensé que alguien podía escucharme y pensar en luchar contra la Iglesia y un sistema político que siempre hace lo que la Iglesia dice.

¿Crees que has conseguido lo que te proponías?

Sí, porque la gente ha apreciado mucho lo que escribí, sobre todo la gente que en los setenta luchó por el divorcio, el aborto… y ahora sienten que se ha hecho un paso atrás. Esa gente, que tanto ha luchado en el pasado, vuelve ha sentir lo mismo que sentía antes y piensa que está recomenzando otra vez el camino.

¿Ha sido el sector que más te ha apoyado o quizá más los jóvenes?

Lo jóvenes, sí, más que los adultos, porque los adultos tienen ya familia, pareja, hijos… ya han elegido las cosas de su vida, pero los jóvenes no. Los jóvenes sienten amenazadas las elecciones de su vida y son más afines a este sentimiento, claro.

¿Y quiénes te han criticado más?

Los políticos, sobre todo de derechas (risas), son más hipócritas. Ellos me han criticado por este libro porque creen que yo no tengo que hablar de estas cosas, que escribo pornografía, que soy muy joven y no comprendo nada de este sistema… Me han criticado mucho, pero realmente no soy la única que pienso así, mucha gente piensa igual y es joven como yo y tampoco tiene estudios…

Leí que incluso un político te comparaba con Ciciolina, decía que las dos hacíais lo mismo, pero ella no se metía con el Papa.

Sí, es terrible, porque esos políticos, en particular de derechas, tienen más de una pareja, hijos con diferentes mujeres, pero critican esas cosas, son muy hipócritas. Pero con los políticos de izquierda pasa lo mismo, son hipócritas, han prometido cosas que no han cumplido: las parejas de hecho, los derechos de los homosexuales... y para mí eso es peor.

Cierto, recuerdo un viaje que hice a Roma y en la propaganda electoral de Prodi se prometía las bodas homosexuales, pero no parece que se cumpla.

Sí, pero no se hacen por el Vaticano, claro, porque ellos no quieren. El Vaticano es más poderoso que Prodi. El político medio italiano tiene miedo, no hace la ley por miedo.

¿Y crees que la Iglesia recapacitará algún día sobre estos temas?

No, nunca, porque así ha nacido y así seguirá.

¿Crees realmente que la Iglesia tiene más fuerza que el amor o el sexo en las relaciones entre personas?

Bueno, la religión puede tener más fuerza cuando un sistema político permite que la Iglesia tenga más fuerza. Cuando el estado, el gobierno, no permiten que sean ellos los que digan qué se puede hacer y qué no, entonces la Iglesia no tiene más fuerza, claro. La gente debe poder elegir sobre su vida y elegir también si quieren seguir los dogmas o no, pero claro, el Vaticano está ahí muy cerca.

Vosotros tenéis al cardenal Ruini y nosotros a Rouco Varela, un hombre que cuando el gobierno español aprobó las bodas entre homosexuales, salió a manifestarse junto con la derecha española y, en cambio, se quedó en casa cuando España entró en Iraq.

Ya, ¿qué se puede decir de esto? Es gente que está a favor de la pena de muerte, pero dicen que el aborto es un homicidio, ¿acaso la pena de muerte no lo es? Hace poco la BBC hizo un reportaje sobre los crímenes sexuales de la Iglesia y en los países católicos no se ha emitido porque es muy fuerte. La Iglesia permite a los sacerdotes cometer crímenes sexuales, porque existen, pero los guardan en secreto. ¿Por qué se meten contra los homosexuales diciendo que van contra natura y toda esa mierda si ellos hacen cosas mucho peores? Ellos cometen pedofilia, no se puede decir que sean hipócritas, son mucho peor que eso. Parece que viven en un mundo paralelo.

¿Por qué dices que hay que buscar el lado B de las cosas?

Porque el lado B es lado que nadie ve, el lado oculto, secreto. La gente muchas veces ve el lado A de las cosas. Por ejemplo, los que dicen que los homosexuales no puedan casarse, solo están viendo el lado A, lo relacionan con temas únicamente sexuales, pero obviamente existe amor. ¿Por qué el amor es contra natura si dos hombres se aman? No sabemos por qué lo dicen.

Melissa, el libro es una carta abierta, ¿ha habido respuesta?


No, no he recibido ninguna todavía.

Ibas a hacer también una entrevista doble con un cura en algún medio, pero éste parece que acabó negándose por miedo. ¿Acabó aceptando?

No, nunca se llegó a hacer, pero por qué él no quiso.

¿Te gusta que se te asocie siempre como la autora de Los cien golpes o crees que ya es hora de que también te relacionen con tus otros libros que has ido escribiendo y que son bastante diferentes entre sí? Es decir, ¿hay que hablar ya de otra Melissa?

Bueno, fue mi primer libro, el primer éxito y la gente compara las cosas, pero soy autora de otros libros, ahora estoy escribiendo otro, Melissa es la autora, no soy el personaje, solo soy la autora. Por esa razón he decidido ser en mi próximo libro Melissa Panarello y no Melissa P., así nadie se confundirá.

¿Será una novela tu próxima obra?

Sí, es una novela, no autobiográfica, hablo en tercera persona, es otra cosa.

martes, 18 de diciembre de 2007

Entrevista con Mario Escobar, autor de "El mesías ario"

Mario Escobar nace en Madrid en 1971. Es licenciado en Historia y Diplomado en Estudios Avanzados de Historia Moderna. Actualmente es director adjunto de una ONG y director de la revista Nueva Historia para el Debate. Ha publicado libros sobre la Inquisición, la Reforma Protestante y sectas religiosas.

Su pasión por los enigmas históricos lo llevó hace un par de años a publicar Conspiración Maine, novela que quedó segunda en el ranking de la Casa del Libro del Libro del Verano. Ahora ha publicado su segunda obra de ficción, El mesías ario, un thriller donde los agentes Hércules y Lincoln deben adentrarse en los orígenes del nazismo para encontrar un libro de profecías traído de la India por Vasco de Gama y cambiar así el rumbo de la historia.

Hemos hablado con Mario Escobar sobre su segunda novela, El mesías ario, publicado por La Factoría de Ideas.

ENTREVISTA DE MANEL HARO A MARIO ESCOBAR
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¿Cuándo y cómo decides escribir El mesías ario?

Cuando terminé Conspiración Maine ya sabía que los dos protagonistas, Hércules y Lincoln, no se conformarían con vivir juntos una sola aventura. Preparé dos historias más, una era El mesías ario y otra la aventura que comenzará a escribir el año que viene y que se desarrolla en Egipto. Aunque en la actualidad ya estoy preparando una última aventura de los personajes en Rusia.

¿Por qué decides recuperar a los personajes de Conspiración Maine?


Los personajes de Conspiración Maine eran muy fuertes, de esos que no se olvidan y que levantan el interés en los lectores. Yo disfruté especialmente dibujándolos en el papel y creía que su talento podría ser muy útil para explicar otros acontecimientos recientes de la historia de Europa y para vivir una nueva aventura. A pesar de todo, siempre hay protagonistas secundarios nuevos. Alicia y Valle-Inclán en El mesías ario, en la próxima se unirá a ellos una princesa árabe.

Con Conspiración Maine obtuviste un extraordinario reconocimiento de los lectores, tu novela fue la segunda más votada en el concurso Libro del verano de la Casa del Libro. ¿Añade eso presión cuando escribes la siguiente novela?

La verdad es que no. Mi intención en la segunda novela era la misma que en la primera, que la gente aprendiera y se entretuviera. Siempre intento escoger temas poco trillados, a pesar de que sé que esto me aleja de las mesas de novedades plagadas de templarios y misterios alrededor de la Iglesia Católica. Creo que el lector quiere vientos nuevos y nuevas aventuras e intento proporcionárselo.

Supongo que hay un exhaustivo proceso de documentación detrás de esta novela.

Esa es la parte más larga y difícil, pero también es el germen de toda novela histórica. En medio de la investigación descubro muchas cosas que completan y enriquecen la trama. Durante varios meses leo muchos sobre el tema principal de la novela, a veces hasta la obsesión. Después, en el proceso creativo, el esfuerzo se ve y todo sale más natural.

Tienes la extraordinaria capacidad de unir datos históricos tan alejados entre sí, que parece imposible que un escritor pueda establecer alguna relación entre ellos. En el caso de El mesías ario, por ejemplo, se tocan varios momentos históricos. ¿Cómo se unen tantos cabos en la mente de Mario Escobar?

Debo de tener alguna disfunción cerebral (risas). No, lo cierto es que nos han enseñado la historia en departamentos estancos. De esta fecha a esa fecha, historia antigua, después medieval, etc. La historia no es una línea dividida en partes, es un gran círculo en el que muchas veces actos realizados varios cientos de años antes vuelven para sacudirnos. Un ejemplo, los extremismos islámicos es hijo de la colonización de finales del Siglo XIX, de las Cruzadas y de la visión violenta de propagar su fe del profeta Mahoma. En la novela ocurre lo mismo. La idea de ario es muy antigua y no es un producto exclusivo de los nazis.

Eres un gran amante de los enigmas históricos, parece que el nazismo es un episodio de la historia que se presta a muchos enigmas. ¿Por qué crees que hay tanto misterio todavía entorno al nazismo?

El origen del mal es siempre un misterio. Los sociólogos, los historiadores o psicólogos siguen especulando sobre que llevó a Alemania, uno de los países más culos y avanzados de su época, a actuar con tanta crueldad. En la novela intentó demostrar que había algo profundo e irracional que estaba detrás de la mentalidad alemana. Una especio de enfermedad que llevaba incubándose cientos de años y que se expresó en toda su fuerza en la década de los cuarenta del Siglo XX.

Tanto en Conspiración Maine como en El mesías ario podemos ver a escritores que ayudan a completar la historia. Unamuno, Ganivet, Valle Inclán… ¿A qué se debe esta decisión?

Algunos me han criticado el que introduzca a escritores que no parecen encajar en nuestro perfil de hombres de acción, pero estos hombres, a demás de dramaturgos o escritores eran hombres de su tiempo y se interesaban por lo que pasaba en el mundo. Por ejemplo, Valle- Inclán viajó a Francia en plena guerra mundial para interesarse por al situación de los soldados, además tenía un cierto alo histérico y una gran atracción por lo oculto, es especial por la Teosofía.

En tu novela hay enigmas, sociedades secretas, conspiraciones, dos personas que luchan para cambiar el rumbo de la historia... Cualquiera pensaría que tu novela es del estilo a El código da Vinci, pero yo creo que nada tiene que ver tu novela con la Dan Brown. Más bien la asociaría con otras novelas de autores como Javier Sierra o Julia Navarro. ¿Qué opinas?

Creo que el estilo estético y el tratamiento del tema se diferencian mucho de Dan Brown, pero sí utilizo una técnica americana de capítulos cortos, que parecen casi escenas cinematográficas, para acelerar la acción. Javier Sierra me parece un escritor por descubrir para muchos “intelectuales” que juzgan todo lo que no se parezca a sus aburridos mamotretos experimentales. El otro día estaba leyendo un libro publicado recientemente por uno de esos “escritores de culto”, que aunque son muy puristas se están subiendo al tren de la novela histórica, el autor había omitido todas las comas del texto para demostrar su gran habilidad. Eso sí que está alejado de mi idea de escritor. No creo en los dioses del Olimpo.

Precisamente hace unos años comparar la novela de un escritor con El código da Vinci era un punto a favor para vender ejemplares, ahora es más bien lo contrario. Nadie se atreve a decir que su novela se parece a la de Dan Brown. ¿Significa eso que hemos conseguido situar El código da Vinci en un justificado olvido? ¿O crees que las novelas que reescriben la historia a su antojo ya no tienen cabida en el panorama literario actual?

Creo que el próximo libro de Brown barrerá en las librerías. Hay un grupo de gente que está harta de que les digan que solo lo que aburre es bueno. Pero toda esa gente se deja llevar por el marketing y las pilas de libros. Muy pocos, aunque cada vez más, se meten entre los estantes y miran otras novedades.

Hablemos del rigor histórico. Tanto en Conspiración Maine como en El mesías ario incluyes al final unas aclaraciones históricas. ¿Es una cuestión de principios o de temor a que los historiadores se te puedan echar encima?
Los historiadores, al ser uno de ellos, me parecen en su gran mayoría gente sensata, aunque hay algún periodista metido a historiador que está haciendo mucho daño. Lo verdaderamente peligroso no es la novela histórica manipulada, lo verdaderamente peligroso es la historia manipulada. Nunca se había escrito tanta historia ficción haciéndola pasar por historia de verdad.

¿Hasta qué punto podemos jugar con la historia para escribir una novela?

Hasta el límite. Lo que no me gustan los escritores vagos, que escriben una novela de la época de la Reforma Protestante o de la Edad Media y para no tener que investigar te dicen que es una época imaginaria y libre. Eso me parece un timo. Si no quieren trabajar la investigación, que escriban historia ficción.

Mario, ¿qué novelas históricas han marcado tu formación como novelista histórico?


Hay varias, pero sobre todo las novelas de Gore Vidal, Renault, Graves, Yourcenar y Dumas. Memorias de Adriano, Claudio el dios y su esposa mesalina, Opus Nigrum, Lincoln, Imperio, Los Cuatro Mosqueteros y otros clásicos de la novela histórica.

Tan pronto escribes sobre un episodio histórico como de otro. ¿Qué momentos históricos son tus favoritos?

Mi especialidad es la Historia Moderna, pero me interesa la historia en general. Después de la Reforma Protestante, el Siglo XIX y el Siglo XX hasta la 2ª Guerra Mundial me parecen dos épocas apasionantes. En especial me entusiasma el nazismo y la revolución rusa.

Pasemos a otro tema. Antes comentabas lo de los capítulos cortos, apenas unas páginas cada uno. ¿Además de escribirlos así para acelerar la acción, lo haces también por una cuestión estructural de la trama?

La intención es doble. Por una lado, al escribir en escenas, el escritor comunica lo justo para que el lector imagine la escena. Hace cien años los lectores no tenían una imagen mental de casi todo. Si le hablabas de una isla tropical tenías que describirla, pero ahora no. Además el lector actual está acostumbrado al cine y por eso valora tanto los buenos diálogos, todo eso acelera el ritmo del relato. Los capítulos largos están bien para otro tipo de novelas, pero las novelas de aventuras tienen que ser rápidas.

¿Qué debe tener en cuenta un escritor de novela histórica para que su obra funcione?

No lo sé. Imagino que ser veraz, ameno y conciso. Hay mucho ladrillo por las librerías en el que el escritor no ha realizado el trabajo de seleccionar lo importante y lo superfluo. La novela es eso novela, no un libro de historia camuflado.

Por el contrario, ¿cuáles crees que son los fallos más comunes de los escritores de novela histórica?

Hay gente que sabe mucho de un periodo pero no tiene la técnica para hacer vivida esa historia. Algunos quieren cargar de datos sus libros por miedo a la crítica y los hacen pesados. En el término medio está la perfección.

Antes hablabas de tus próximas novelas… háblanos más de ellas.

En las mesas de alguna editorial está mi próxima novela. Es también histórica pero se centra en los últimos meses de la 2ª Guerra Mundial. En ella narró los entresijos de la diplomacia y lo que había detrás de las últimas decisiones de la guerra.

¿Seguirás con Hércules y Lincoln?


Espero que sí. Pero eso depende en gran parte de los lectores. Si siguen igual de apasionados con los protagonistas, ellos volverán, sin sus lectores no son nada.

Mario, está claro que los lectores hace tiempo que han demostrado interés en tus libros. Pero ¿qué tal se ha portado la crítica contigo?

La verdad es que muy bien. No me puedo quejar. En el primer libro fue mucho más dura e intenté corregir los defectos de los que se acusaba al primer libro y dio resultado.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Viajar y descubrir: todo por dos céntimos

Está claro: viajar sale barato. Tan barato que incluso algunos hacemos locuras de vez en cuando, como ir a comer al extranjero. No hace demasiado, un par de semanas, hice precisamente eso con mi familia: nos fuimos a comer a Oporto (Portugal). Salimos un viernes a las 7:00 de la mañana y regresamos sobre las 20:00 del mismo día. En esas horas vimos todo lo que pudimos ver: la Catedral, las impresionantes vistas de las tejados de la ciudad antigua, las callejuelas serpenteantes, el barrio de las orillas del Duero, el puente Luiz I, la torre dos Clérigos…

Dicen los entendidos en materia de viajes que las personas viajamos al destino más barato que nos ofrezcan los portales de Internet. No entramos pensando en una posible ciudad, sino que miramos lo más económico y allí vamos. Qué razón tienen, porque nosotros fuimos a Oporto porque era el destino más barato: tan sólo dos céntimos ida y vuelta (tasas incluidas). Por dos ridículos céntimos nos plantamos en Oporto, vimos la ciudad y volvimos. Otra cosa, claro está, es lo que te gastas en la ciudad y el transporte de ida al aeropuerto y de vuelta a casa. Fuimos con la compañía irlandesa Ryanair, por lo que salimos desde Gerona.

Lo curioso es que fuimos a una ciudad que nos daba cierta pereza. Portugal es un país que tendemos a infravalorar, quizá porque lo tenemos demasiado cerca o porque nos pensamos que es muy pobre. La cuestión es que con esos prejuicios fuimos a Oporto solamente porque Ryanair nos puso en bandeja la posibilidad de ir por un precio bajísimo.

Y nos encontramos con una ciudad que, personalmente, me pareció preciosa, acogedora y misteriosa. Me pregunto si habrá algún escritor portugués que escriba novela negra con Oporto de fondo, porque sin duda es una ciudad que se presta a ello: calles estrechas, inclinadas, niebla baja, el paso de un río, fachadas caóticas…

Oporto sí es una ciudad ciertamente humilde, porque había muchos edificios que parecían abandonados, destartalados, y en pleno centro de la ciudad. Esos edificios no los he visto ni en las capitales de la antigua Europa comunista.

Pero a pesar de las fachadas, la ciudad es encantadora, te atrapa. Dan ganas de pasar una larga temporada allí y disfrutar de sus calles, sus vinos –qué decir del vino de Oporto-, y su gastronomía. Porque si vas a Oporto, qué menos que probar el arroz tamboril –con rape y cilantro-, el bacalao Lagareiro –con verduras asadas-, alguna que otra sopa o caldo…

En resumen, que gracias a lo barato que sale viajar, descubrimos una ciudad que nunca pensamos que visitaríamos si el precio de los billetes hubiese sido mayor. Gracias a la oportunidad que ofreció Ryanair, vimos un destino quizá atípico –había poco turismo-, y ahora que ya conocemos Oporto, no me importaría volver, pero esta vez me quedaría unos días y no me importaría pagar unos cuantos euros más por los billetes.

Hay que visitar Oporto. Hay que viajar.

Manel Haro (texto y fotos).

sábado, 15 de diciembre de 2007

"Los siete locos", Roberto Arlt

Remo Erdosain es un hombre desquiciado al que han delatado por robar en la empresa azucarera en la que trabaja. El director de la empresa le obliga a devolver inmediatamente lo sustraído, pero Erdosain se lo ha gastado. Así que no le queda más remedio que pedir esa cantidad para no ser denunciado.

El primo de su esposa, Barsut, un hombre al que odia profundamente pero a la vez la persona más cercana que tiene, le niega la ayuda económica. Remo va a casa del Astrólogo, un amigo, y este le dice que tampoco puede ayudarle, pero le explica de paso sus proyectos de futuro.

El Rufián Melancólico, un proxeneta amigo del Astrólogo que se haya en ese momento en casa de éste, le da el dinero sin pensarlo. Erdosain atiende cuál es el proyecto que el Astrólogo y el Rufián quieren llevar a cabo.

Y se trata de una sociedad que sirva para cambiar el mundo, un grupo revolucionario que llegue al poder y pueda hacer y deshacer a su antojo. Para ello deben convencer a la población y engañarles, hacerles creer que sea cual sea su sueño, esa sociedad se lo va a proporcionar. Además, el sustento económico del grupo revolucionario son una cadena de prostíbulos.

Cuando Erdosain regresa a su casa, se encuentra a su esposa y a un militar de aviación, que le comunican que ambos se aman y que su mujer lo abandona. A partir de ahí, Erdosain se une a la sociedad del Astrólogo con otros personajes igual de disparatados que él. A partir de ahí, empiezan las más absurdas situaciones.

Casi podríamos decir que igual de extraños resultan los personajes de esta novela como el propio Roberto Arlt. Este era un argentino que buscaba la fórmula maestra para ganar dinero, mucho dinero. Creía que eso lo conseguiría con el oficio de inventor, pero nada de lo que ingeniaba tenía éxito, igual que le ocurre al protagonista de la novela, Erdosain, que también es inventor.

Y el éxito le llega a través de la escritura. Algunos contemporáneos suyos dicen de él que era un escritor que escribía mal, pero los jóvenes autores lo toman como modelo varios años después de la publicación de la novela, ya cuando Arlt muere. La obra aparece en 1929, momento en que las vanguardias y las nuevas formas de expresión despegan con fuerza.

1929 es, además, un momento difícil para los argentinos. Época en que la crisis está ya arraigada en el país. Y ese panorama es el que podemos ver en la novela. Una sociedad desquiciada, que no sabe qué hacer para mantenerse a flote. Gente que está acostumbrada a las revoluciones y a los golpes de estado en Latinoamérica. Además figura aquí el engaño como medida para llegar al poder, así como la obtención de financiación mediante formas turbias. Y ante ese panorama, vemos estos siete personajes, siete locos, que buscan su forma para sostenerse en esa sociedad y además revolucionar, no solo Argentina, sino el mundo. Situaciones disparatadas y absurdas que nos arrancan la carcajada en todo momento.

Dicen de Arlt que fue un precursor del existencialismo, y la verdad es que cuando uno lee Los siete locos recuerda ese existencialismo absurdo del teatro de Beckett o de las novelas de Kafka.

En definitiva, una novela loca que sirve, no solo para hacernos disfrutar, sino también para hacer un reflejo de lo que era la sociedad argentina de los años 20-30. Una maravilla.

Manel Haro.

Editorial Losada (48ª edición, 2003, Buenos Aires)
Género: Novela
ISBN: 9500300362
330 Páginas
Precio: 8,50 euros

jueves, 13 de diciembre de 2007

"El mesías ario", Mario Escobar

El mesías ario
Mario Escobar
Editoria La Factoría de Ideas
1ª edición, 2007
Género: Novela / Histórica / Misterio
384 páginas
ISBN: 978-84-9800-348-2

Vuelven a la carga los intrépidos Hércules y Lincoln, los agentes que se adentraron hace unos años en la conspiración Maine. En esta ocasión, el español y el estadounidense investigarán unos extraños sucesos: tres profesores –un antropólogo, un historiador y un especialista en lenguas muertas- aparecen en la Biblioteca Nacional automutilados y en estado de shock. ¿Qué explicación hay para que uno se haya arrancado los ojos con las manos, otro se haya cortado la lengua con los dientes y otro se haya cercenado las orejas? ¿Qué han descubierto para haber llegado a ese extremo de locura?

Un libro traído por Vasco da Gama de su viaje a la India parece ser una posible explicación. En él hay encerrada una profecía que se remonta a los orígenes del cristianismo y que avisa de la llegada de un mesías ario que gobernará el mundo. La Primera Guerra Mundial está a punto de estallar (1914) y Hércules y Lincoln van contrarreloj, antes de que las bombas caigan en Europa, tienen que encontrar ese libro para saber cuál es el siguiente paso a dar para evitar que se cumplan las profecías en la que tantos hombres parecen estar interesados.

Ya hace unos cuantos años que, desde la publicación de El código da Vinci, las novelas sobre enigmas históricos, sociedades secretas, conspiraciones, y demás llenan las librerías de toda España. Por un lado es un dato maravilloso, porque el mundo de la literatura ganó a miles de lectores. Pero por otro lado, aquel dichoso libro hizo que englobáramos en el mismo saco a autores tan dispares como Matilde Asensi, Julia Navarro, Javier Sierra, etc. Es decir, todo aquel libro que se presentara como novela histórica o que jugara con enigmas históricos y conspiraciones, inmediatamente se tachaba de ser “una novela más” o, peor aún, novela “tipo El código da Vinci”. Esa ha sido la gran lacra de la literatura histórica. Porque no todo el género histórico es tan mediocre como aquella novelucha de Dan Brown, afortunadamente.

Mario Escobar Golderos ha demostrado con El mesías ario que la novela histórica está a salvo. Porque para armar una trama tan compleja como la que hay en esta novela y que además resulte creíble, hay que cumplir muchos requisitos: por un lado basarse en datos históricos demostrables y que la ficción no vulnere flagrantemente el rigor histórico y el sentido común; proponer una lectura histórica paralela a la que ya conocemos, de forma tal que nos entretenga y que además nos ofrezca un abanico de datos y enigmas reales que hagan que el lector, además de entretenerse, aprenda; que el autor no se recree en descripciones innecesarias que sirvan solamente para cargar de paja la novela; que los personajes estén bien definidos y caracterizados para que ayuden a recrear una historia creíble; la lectura sea ágil y que el lector tenga la sensación que la historia avanza, por lo tanto hay que dominar el ritmo narrativo; finalmente, que la voz el narrador –la del escritor, a fin de cuentas- no abuse de su poder magnánimo para sacare de la manga situaciones que no encajan con la historia narrativa y con el contexto histórico. Y resulta que Mario Escobar borda con hilo de oro cada uno de estos puntos, ha escrito una novela con maestría y primor.

Y fíjense que escribir esta novela es especialmente difícil, porque el autor juega con unos datos históricos que el lector conoce de sobra, como el advenimiento de la Primera Guerra Mundial, el modo en que estalla… Además, no hay que ser un lumbrera para deducir quién es el mesías ario ya desde el principio –sólo hay que mirar la portada y salir de dudas-, por lo que Mario Escobar se ha echado a la espalda la dura tarea de sorprender al lector aun teniendo todas las cartas encima de la mesa. Y ¿cómo lo consigue? Con habilidad, rizando el rizo o dando otra vuelta de tuerca a lo que el lector espera del desenlace. Un desenlace que, por cierto, es creíble y consecuente.

El mesías ario es una de esas novelas que cuando uno las acaba de leer, tiene la sensación de que el escritor ha asumido perfectamente aquellos valores literarios que proponía Borges “entretener y conmover”. Pero además enseñar, porque si algo hay de ficticio en los datos históricos que se detallan en esta novela, el autor los aclara al final, como ya hizo con Conspiración maine. Por lo tanto, Mario Escobar es un escritor consecuente con el rigor histórico.

Así que si lo que están ustedes buscando es disfrutar de una novela con enigmas históricos, personajes reales y ficticios, conspiraciones, una trama retorcida y una lectura ágil –porque los capítulos son tan cortos que el lector siempre piensa aquello de “me leo uno más… y uno más… y otro…”-, El mesías ario es una obra más que recomendable.