sábado, 1 de diciembre de 2007

El sistema educativo a examen una vez más (y las que faltan)

En los últimos días la prensa española está dedicando algunas páginas, en algunos casos incluso portadas, a poner en duda nuestro sistema educativo. El Periódico, por ejemplo, se está haciendo eco de los estudios que van apareciendo a nivel internacional en cuanto a materia educativa. Ayer, viernes, sin ir más lejos, este diario sacó una portada impactante: unas enormes oreja de burro rodeadas de la foto de los ministros de educación y los consellers d’ensenyament que ha tenido España desde el fin de la dictadura franquista. El titular era “El suspenso a España provoca el debate sobre la educación”. Fijémonos en un detalle curioso, el titular no dice “suspenso en España”, sino “suspenso a España”. Si leemos las páginas interiores, El Periódico abre con este tema y dedica el editorial, veremos que para hacer esa portada se han basado en los resultados que ha dado el Informe Pisa sobre calidad educativa. Descubrimos, al leer los resultados del estudio, que España tiene una insuficiente inversión en educación y que, consecuentemente, los alumnos no salen bien preparados de la enseñanza obligatoria. El informe lanza unas cifras reveladoras: los alumnos no llegamos a la media europea en cuanto a resultados en ciencias (el que mejor puntuación tiene es Finlandia).

La verdad es que resulta alarmante cada vez que un estudio muestra la pésima calidad educativa en España. Los índices revelan que en nuestro país leemos poco, obtenemos malos resultados en ciencias, etc. Todo ello, inevitablemente, remite a la falta de inversión. El Periódico pone como modelo de enseñanza el que lleva a cabo Finlandia. Este modelo se sustenta en dos grandes pilares: inversión y formación del profesorado.

El país nórdico hace una rigurosa selección de sus docentes y sitúa a los mejores, no en niveles superiores, sino en los elementales, en la enseñanza primaria, ya que es ahí donde los alumnos aprenden los fundamentos “de todos los posteriores aprendizajes”. Para ser profesor de primaria en Finlandia es necesario “acreditar un expediente académico de bachillerato y reválida con nota media superior a 9 y pasar dos fases de selección antes de iniciar la licenciatura que culminan con un periodo de prácticas y unas tesina obligatoria”. Así, en Finlandia el profesor está considerado como uno de los profesionales más importantes de la sociedad, porque son los formadores de los que dirigirán el futuro del país. El artículo de El Periódico apunta que “el modelo finlandés se basa en la planificación de una sociedad del conocimiento como garantía de la supervivencia cultural y económica del país”, y sigue “a diferencia de lo que ocurre en España, las familias no delegan la responsabilidad en las escuelas”. Apunta además que, según una tesis doctoral realizada por Melgarejo, en Finlandia el 55% de las familias se consideran los primeros responsables de la educación de sus hijos, mientras que en España apenas llega al 15%. Esto implica, necesariamente, darse cuenta de las diferencias que hay entre dos países que tienen dos modelos educativos y, sobre todo, sociales muy distintos.

Pero no solamente eso, si acabamos de mencionar los aspectos sociales del modelo finlandés, detengámonos ahora en el modelo económico. En Finlandia la educación es gratuita desde la guardería hasta el doctorado (según informa el artícuo del diario) . Esa gratuidad implica también a los libros de texto, el transporte, la comida… Es decir, la implicación por parte del gobierno en materia educativa es total. Eso provoca que se trabaje con esos dos pilares que sin fundamentales en cualquier sistema de enseñanza: plano social y plano económico. En España fallan ambas cosas. Al profesor no se le respeta, muchas familias delegan en el profesorado los problemas sociales de sus hijos, no hay inversión para formar buenos profesores –en los últimos días se apuntaba a que un buen profesor debe ser competente en conocimientos y en vocación-, y, en general, no hay inversión para que las familias puedan permitirse que sus hijos estudien hasta el nivel que deseen (hasta doctorado, como en el caso de Finlandia).

En España la guardería cuesta mucho dinero al mes; la enseñanza primaria, secundaria y bachillerato supone enormes gastos en libros de texto, transporte, etc.; en la universidad hay que pagar unas cuotas bastante elevadas (hay alumnos que se ven obligados a estudiar en universidades privadas pagando unas cuotas de 9.000 euros por curso porque en la pública ponen enormes obstáculos para que el alumno pueda acceder). En cambio, según recoge el modelo finlandés, se facilita el acceso a los estudios en todo momento.

Por lo tanto, para que haya un modelo educativo de calidad es necesario atender a una mejor inversión (empezando en la enseñanza primaria) y devolver el prestigio al profesor como educador, lo que implica una serie de reformas de carácter social. Para ello es bueno que no solamente se invierta en la formación del alumnado, sino también en la del profesorado. El modelo finlandés deja unos resultados reveladores: si el profesor está bien y hay inversión, los resultados académicos son los mejores de Europa.


Manel Haro.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

me parece excelente el comentario de este articulo