miércoles, 21 de noviembre de 2007

El Diario de Patricia (carroñeros al acecho)

Empezaremos por lo más importante: El Diario de Patricia me parece el programa más repugnante que hay actualmente en la parrilla televisiva. Hacía ya tiempo que pensaba escribir un artículo sobre este programa en concreto –sin dejar de mencionar la telebasura de fondo-, pero tenía ciertas reticencias porque eso de la telebasura –Sánchez Dragó lo llama telemierda- es un tema que está tan sobado, que aburre.

No obstante, las noticias mandan. Ayer leímos en la prensa que uno de los participantes en ese programa había matado a su ex novia –a la que previamente había pedido matrimonio en directo-, de varias cuchilladas. Al parecer, la mató por haberle dicho que no en directo y haberlo dejado en evidencia ante toda España. Entre el programa y el asesinato han pasado unos pocos días: justo el tiempo que debe necesitar un maltratador para no soportar las risas y las burlas de sus colegas y decidir que la culpable de su desdicha era su ex novia y que el único remedio era el asesinato.

La dirección del programa no hizo demasiados esfuerzos para averiguar si quien estaba llevando a la tele tenía antecedentes penales o no. No es excusa decir que no pueden “solicitar ese tipo de información”, porque cuando un programa invita a alguien a participar, debe estar seguro de a quién, exactamente, están cediendo la palabra. Por ejemplo, hubiese sido más correcto dejarse de tonterías y secretismo y preguntarle a la novia si estaba dispuesta a que un ex novio le vaya a pedir matrimonio. Así ella hubiese caído en la cuenta de que se trataba del maltratador y se hubiese ahorrado el viaje, él se hubiese ahorrado el ridículo y España un asesinato más. Pero el morbo, el asqueante morbo televisivo que difunden programas tan bochornosos como El Diario de Patricia, es lo que importa en algunos programas de televisión. La dirección dice que a la ex novia “se le preguntó si se podría sentir incómoda por la presencia de alguien y ella no dijo nada”, por lo que creyeron “que no era contraproducente que apareciera su novio en televisión”. Resulta que la mujer –de nacionalidad rusa- acudió a la llamada del programa pensándose que un familiar de Rusia le quería dar una sorpresa. ¿Cómo pueden preguntarle simplemente si “se podría sentir incómoda por la presencia de alguien”? ¿Qué alguien? Si ella va porque piensa que es un familiar, claro que no se opondrá, a pesar de que ella no contestó nada, solamente guardó silencio. Así que aquel silencio fue suficiente para pensar que “no era contraproducente que apareciera su novio en televisión”.

Vende mucho ver cómo una persona da calabazas a su pareja –o ex pareja- en directo. El ridículo y el bochorno da audiencia y los que llevan a cabo este programa lo saben muy bien. Igual que saben que vende mucho ver a obesos rogando que alguien se preste a reducirles el estómago; también vende ver a homosexuales diciendo que son gays en directo sin saber cómo va a reaccionar el padre, la madre o el hermano (ya se sabe que cafres hay muchos). Recuerdo a un personaje garrulo y típico macho ibérico que, en tono amenazante, increpó a un homosexual por llamarle “típico heterosexual”. El paleto dijo “ese me ha llamado heterosexual, a mí que no me insulte”. ¿Cómo se puede llevar a la tele a gente de esa calaña? Porque vende, claro.

Da igual que jueguen con los sentimientos de una persona, lo que importa es la audiencia. Si los españoles pierden su tiempo viendo esa porquería mediática, ellos seguirán empobreciendo la cultura televisiva. Podría ser otro tipo de programas y en lugar de dejar que un obeso llore para que algún médico llame y se ofrezca gratis a operarle el estómago, podrían ellos mismos pagarles esa operación y dejarse de esos espectáculos (ya que algunos se van por donde han venido y sin haber conseguido esa operación).

Me cuesta entender que la gente pierda el tiempo viendo ese tipo de programas, que empobrecen al ser humano y, en la mayoría de los casos, los humillan. En la película de Almodóvar Volver, hay una escena en la que Blanca Portillo –cuyo personaje es una enferma de cáncer- va a un programa de televisión para conseguir recabar información sobre la desaparición de su madre; la presentadora –Yolanda Ramos- no duda en presionarla para que dé detalles morbosos y dice en directo que la invitada tiene cáncer para darle juego al asunto (dice la presentadora “Agustina tiene cáncer, tienes cáncer Agustina, venga un fuerte aplauso para Agustina”). Almodóvar reflejó perfectamente lo que es esa telemierda –término sánchezdragoniano, insito- y a eso es a lo que acostumbra El Diario de Patricia.

Manel Haro.

3 comentarios:

David Muñoz dijo...

Como en clase ya hemos hablado del tema de El diario de Patricia (ui, ¡he dicho tema!), me ciño a comentar la escena de Volver.

El programa al que acude Agustina se llama "Donde quiera que estés", metáfora de lo perdidos que están tanto los invitados como el equipo del programa: unos por no saber arreglar sus problemas en casa y los otros por no conocer la dignidad.

Agustina está totalmente desubicada y mira a su alrededor asustada. Yolanda Ramos, por su parte, es la imagen perfecta de conductora de un talk-show: una tipa chafardera y grosera. Entre cotilleos, amenazas y salidas de tono, la escena de Almodóvar nos pone frente a un espejo para que veamos lo ridículos que somos a veces.

¡Qué cabeza tiene Pedro!

David Muñoz dijo...

Envíame el relato a aliciateveo@gmail.com

David Muñoz dijo...

Al no saber si el relato es teatro, cine o qué, me lío; sobretodo me lío porque no especificas quién habla -aunque se puede ir deduciendo-. A parte de estos detalles "técnicos", la historia que cuentas me gusta. Es interesante que partas de un encuentro entre amigos (algo que un principio debería ser motivo de alegría y juerga) para hablar de mentiras e infelicidad.

Te digo algunas cosas que me han llamado la atención (en positivo):

- El juego entre los nombres de Laura Pineda y Laura González.
- Que se cree tensión hablando de una tal Laura que vendrá y que, finalmente, por culpa de un accidente, acaba muriendo.
- El personaje que vive en Murcia y tiene una pensión: es un hombre entrañable.
- Que Diego sí se besase con un hombre. Al principio he pensado que el otro se lo habría inventado.

Quizás yo no especificaría tanto marcas de ropa y coches, pero eso va con la manera de escribir de cada uno.

Muy bien, Manel.