sábado, 27 de octubre de 2007

Premios Príncipe de Asturias


Hoy se han entregado en Oviedo los Premios Príncipe de Asturias 2007. Entre los galardonados se encuentran, como ya todo el mundo sabe, Al Gore, Michael Shumacher, Amos Oz, Bob Dylan y otros tantos. A uno siempre le da por pensar cada vez que se fallan estos premios cuál es su auténtica utilidad. Hace ya un par de años leí un excelente artículo de Higinio Polo, doctor en Historia que escribe en El Viejo Topo, donde resaltaba el valor mediático y propagandístico de los Premios Príncipe de Asturias. Se refería concretamente a que la Fundación Príncipe de Asturias daba este premio a varias personalidades de diferentes ámbitos (ciencias, artes, letras, deportes…) para resaltar el valor de la monarquía española. No es de extrañar que alguien piense así, puesto que en 1980 se creó esta fundación cuyos “objetivos primordiales de la Fundación son consolidar los vínculos existentes entre el Principado y el Príncipe de Asturias y contribuir a la exaltación y promoción de cuantos valores científicos, culturales y humanísticos son patrimonio universal”. El nombre de la fundación no es el de “Juan Carlos I” o el de “Rey de España”, sino el de “Príncipe de Asturias”, es decir, el que es sucesor de la corona, que perpetuará la monarquía en España.

Desde el punto de vista mediático suena bien que nuestro príncipe esté metido en causas de reconocimiento de valores humanísticos, científicos o artísticos. Al igual de bien que suena asociar Nobel con casi idénticos valores, sin que mucha gente recuerde que Alfred Nobel hizo algunos inventos importantes para la industria militar. No obstante, ya sabemos que este señor sueco creó sus premios para resarcirse de sus experimentos con la pólvora. No es el caso del Príncipe de Asturias, obviamente.

La cuestión es que en los últimos años hemos visto cómo estos premios iban a parar a manos de gente que nos sorprendían. Por ejemplo, el de los deportes: ¿tenía sentido premiar a Fernando Alonso? El asturiano no había ganado absolutamente nada cuando le dieron este premio, su único mérito fue estar respaldado por una potente campaña de Tele 5, que provocó que se sumaran espectadores ante la pantalla para ver a unos hombres coger el volante (no entiendo que a esto se le llame deporte). En cualquier caso, este año se lo ha llevado otro corredor de Fórmula 1, aunque éste sí, ya tiene unos cuantos mundiales antes de recoger el premio y además ha participado en campañas benéficas.

El mismo poco sentido tenía darle el galardón el año pasado a la selección española de baloncesto, solamente por haber ganado un mundial. ¿Por qué no se lo dieron a la selección de fútbol de Grecia cuando ganó la Eurocopa? ¿Por qué no a Francia que además de la Eurocopa se llevó un Mundial? Incluso me atrevería a preguntar ¿por qué no se lo dan a la sección de balonmano del Barcelona o a la de fútbol del Real Madrid? Son cosas que a uno se le escapan… Pero quizá lo entendamos si pensamos que Alonso tiene un boom mediático, igual que lo tuvo la selección española de baloncesto, y que asociar este premio a esta gente, beneficia a todos, incluso al príncipe.

¿Sería demasiado retorcido mencionar ahora el premio de la Concordia que le dieron a J.K. Rowling, la autora de Harry Potter? ¿Quién salió ganado con ese premio: el que lo daba o el que lo recibía?

Pero cambiemos de ámbito. El premio de Cooperación Internacional se lo ha llevado Al Gore. Quedé muy sorprendido cuando escuché la noticia hace ya algunos meses. ¿Qué ha hecho este buen hombre para ayudar al mundo? Que yo sepa se ha valido de una gran plataforma mediática y económica para difundir que nos estamos cargando la Tierra, cosa que ya sabemos. Es decir, sus palabras no han disminuido el número de emisiones a la atmósfera. Solamente ha hecho una campaña, por la que ha cobrado cantidades astronómicas de dinero, y se ha valido de la fama que tiene por haber sido, no el vicepresidente de Clinton, sino el derrotado en las elecciones que ganó Bush. Yo creo que cualquiera que tuviera esas posibilidades, se dedicaría a viajar de país en país para decir que el mundo agoniza. Parece que sale a cuenta.

Y luego viene el señor Mariano Rajoy y unos días antes de que Al Gore recoja el premio en Oviedo, no se le ocurre otra cosa que decir que es un exagerado. Pero hombre, Mariano, ¿no sé da cuenta que con esas declaraciones pone en entredicho a la Fundación Príncipe de Asturias y por extensión a la monarquía? Propaganda, Mariano, propaganda… Y la verdad es que tiene razón el jefe de la oposición, porque Aznar sí firmó Kyoto y Clinton – y consecuentemente Al Gore, pues era su vicepresidente- no lo hizo. Que estamos maltratando a nuestro planeta es cierto, pero no porque lo diga Al Gore, hace demasiados años que hemos puesto en jaque al mundo. Quizá sí sea exagerado en esta campaña, pero hay una realidad palpable que no podemos negar.

Lo que sí me pareció exagerado es que le dieran el Príncipe de Asturias a Al Gore, más todavía cuando vi que le daban el Nobel. Pero uno piensa y se da cuenta de que el Príncipe de Asturias a Al Gore es para que corra la noticia de que estos premios reconocen a una persona aparentemente comprometida con el medio ambiente, un quid pro quo. Y el Nobel… ¿han premiado al salvador del mundo Al Gore o han dado un batacazo a la política ambiental de Bush? En cualquier caso no sabremos la verdad.

Manel Haro.

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