martes, 23 de octubre de 2007

El Alzheimer de Maragall


Desde que Maragall anunció que le habían diagnosticado un principio de Alzheimer, se han disparado los comentarios de compañeros políticos que han recordado lo buen alcalde que ha sido en su etapa de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 o con la batalla del Estatut siendo presidente de la Generalitat. Ahora toca mencionar lo buen enfermo que va a ser.

No es que Maragall no merezca las buenas palabras que le dirigen, el problema del asunto es que hablan de él como si ya estuviera en una fase muy avanzada de la enfermedad o, peor todavía, como si ya no estuviera con nosotros. Es decir, el ex presidente de la Generalitat anuncia que va a luchar contra esta enfermedad y de repente crecen esas palabras tan funestas “Maragall ha sido…” o “Maragall fue…”. Ante todo Maragall sigue siendo alguien.

Habría que resaltar también que desde el momento en que el propio afectado hace las declaraciones de su enfermedad, se disparan en los medios de comunicación los trabajos periodísticos sobre los terribles efectos del Alzheimer. Un ejemplo: escuchaba el sábado el programa de la cadena SER, A vivir que son dos días -conducido por Àngels Barceló-, y la verdad es que me sorprendió la manera como se trató la noticia. Empezaron a entrar llamadas de familiares de afectados de Alzheimer diciendo el lamentable estado en que acaban quedando los enfermos –se olvidan de comer, de hablar, se olvidan de quiénes son…-, como si quisieran decir al señor Maragall: “mire, Pascual, así quedará usted, no se olvide, usted es muy fuerte, pero esto es lo que hay”.

Maragall no es el primer enfermo de Alzheimer ni será el último, existía esta enfermedad antes de sus declaraciones y todos sabíamos cuáles son sus consecuencias. Por lo tanto, lo que necesitaba el ex alcalde de Barcelona no era que le recordaran esto, no necesita artículos, reportajes, declaraciones, entrevistas donde expliquen lo duro que es el Alzheimer. Quizá hubiese sido mejor decir que lo que padece es un proceso muy lento y que todavía podemos disfrutar de muchos años de su claridad de ideas. Quizá ese hubiese sido el mejor modo de ayudarlo.

No sé si Maragall reconoció lo que padece por valentía o por necesidad, porque estas cosas se acaban sabiendo a la larga y es mejor decirlo por uno mismo antes de que a alguien se le ocurra justificar su marcha de la política por alguna barbaridad. Pero la cuestión es que ha dado un paso adelante y va a luchar todo lo que pueda; eso es, sin lugar a dudas, admirable. Pero dudo, dudo mucho, que los familiares de los afectados de Alzheimer se sientan menos angustiados porque un político de la trayectoria de Maragall también lo padezca. Porque, seguro que muchos pensarán aquello de “mal de muchos, consuelo de tontos”. Desde aquí, mis ánimos a todos los enfermos y a sus familiares.

Manel Haro.

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